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La Sombra Sin Dios - Capítulo 13

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Capítulo 13: Capítulo XII — Mantente cerca…

Elior permanecía de pie, observándolos a todos. Nadie se atrevía a hablar. Nadie podía.

El ambiente estaba cargado de una tensión sofocante, como si pronunciar una sola palabra fuera a provocar un error irreparable.

El aura que emanaba Elior era aplastante.

Incluso Hina, Lia y Aramis sentían un miedo instintivo, al ver a Elior

Lo único que se escuchaba era su respiración agitada,jadeante. Sus pulmones aún no se recuperaban del agotamiento ni del frío antinatural del dominio de la Muerte.

—Si nadie va a decir nada… —murmuró—, me iré a dar una ducha.

Su voz era baja, seca.

Elior apenas distinguía las siluetas que estaban frente a él. El uso excesivo de su cuerpo lo había llevado a un estado cercano a la ceguera temporal. No lograba ver bien los rostros, ni los gestos, ni siquiera lo que tenía enfrente.

Al darse vuelta para marcharse, chocó levemente con la mesa. casi perdiendo el equilibrio.

Seraphine fue la primera en reaccionar. Estiró los brazos, instintivamente, como si fuera a sostenerlo…

Pero se detuvo de forma inmediata

Su cuerpo no respondió.

Elior se apoyó en una silla mientras avanzaba cojeando hacia el pasillo. Entonces, su instinto se activó.

Un ruido.

Detrás de él.

Sin girarse, lanzó con la fuerza que aún le quedaba un cuchillo de la mesa.

El movimiento fue imposible de seguir a simple vista.

Un segundo después, el arma estaba incrustada en la pared, junto a un trozo de tela, que fue mecido por el viento.

Las miradas se clavaron en Elior.

El miedo se volvió palpable.

—Lamento asustarlos —dijo, sacudiendo la cabeza—. Supongo que estoy un poco paranoico.

Suspiró.

—Señora Aurora… —añadió—. Disculpe el inconveniente. Estoy demasiado cansado para explicar nada ahora. Kael las pondrá al tanto. No teman… nadie aquí les hará daño.

Sin esperar respuesta, continuó hacia su habitación.

Kael lo observó en silencio. Logrando ver cómo la mano de Elior hacía pequeños movimientos involuntarios, como si su cuerpo intentará recolocar cada hueso por sí mismo.

La puerta se cerró.

El sonido de la ducha comenzó casi de inmediato.

La tensión contenida explotó en respiraciones agitadas.

—Kael… —murmuró Aurora —. Hablaremos de esto luego. Cualquier cosa, avísame.

Seraphine, nos vamos. Ahora.

Hina se acercó rápidamente a Seraphine.

—Por favor… no le tengas miedo a Elior —dijo—. Sé que lo que pasó fue aterrador, pero él no es malo. Te prometo que mañana te explicaré todo.

Seraphine sonrió ligeramente, dejando ver su preocupación, aunque su mirada seguía fija en el pasillo. Algo le había ocurrido a Elior. Lo sentía. Pero no sabía cómo acercarse a él.

De momento sabía que no podía hacer nada así que obedeció a su madre y se marchó.

La casa quedó en silencio otra vez.

Lia seguía asustada…

—No se preocupen —dijo Kael—. Solo necesita descansar, no tienen nada que temer.

—No le tengo miedo —intervino Lia de inmediato—. Solo… aún tiene el olor de la cosa que se lo llevó.

Kael la miró con atención. Sabía que Lia tenía una conexión especial con Elior, pero no comprendía cómo era capaz de percibir algo casi imperceptible para él.

Hina suspiró.y miró su celular, tenía cerca de 20 llamadas perdidas.

—Debo irme —dijo—. Mis padres deben estar preocupados por el temblor. No paran de llamarme

No quería irse. Necesitaba ver a Elior, asegurarse de que estaba bien. Pero el llamado de su madre fue insistente. Así que desesperada se mordió el labio, se despidió y salió corriendo.

Mientras tanto el agua corría en la ducha.

La sangre se deslizaba por el cuerpo de Elior mientras repasaba cada instante de la pelea,los bloqueos, los golpes, la forma en que ella se movía.

Si vuelve… tengo que estar preparado

Se repetía una y otra vez

A medida que su cuerpo se relajaba, las heridas comenzaron a cerrarse. Los cortes desaparecieron. Los moretones se desvanecieron.

Recordó el momento en que había alejado a la Muerte con solo un movimiento de la mano.

Aún no sé cómo lo hice… no entiendo nada

Pero debía entenderlo. Practicarlo. Descubrir hasta dónde podía llegar su cuerpo.

Al salir de la ducha, ya caminaba con normalidad.

Se vistió y, antes de abrir la puerta, apoyó la frente en ella.

No sabía qué decir. No tenía fuerzas para explicar nada.

Pero los niños estaban asustados. debía buscar una forma de tranquilizarlo

Respiró hondo y salió.

Una sola mirada bastó para que Kael entendiera. Elior no quería hablar.

Ambos arreglaron la sala en silencio, cubriendo como pudieron los ventanales rotos.

Luego, Elior necesitaba calmar la tensión, así que fue a la habitación de los niños. Sentándose frente a ellos.

La habitación estaba en completo silencio

—No quiero pensar que me tienen miedo —dijo con una sonrisa cansada—. ¿No me van a abrazar?

Lia fue la primera en moverse. sin dudarlo

Corrió hacia él.

Aramis la siguió.

Los tres cayeron al suelo junto con la silla.

—Perdón por asustarlos —susurró Elior, besándoles la frente.

Aramis, sin decir nada, lo abrazó con fuerza. No pudo contener las lágrimas.

En lo que quedaba de la tarde, solo se dedicaron a jugar los 3, para que ya en la noche los niños se durmieron entre sus brazos, escuchando una historia de él en Velmira… de una fuente, de risas, de sus juegos con su hermana pequeña.

Más tarde, Kael entró en silencio.

—Me quedaré aquí esta noche —susurró Elior.

Kael asintió y cerró la puerta.

Con miles de preocupaciones en la cabeza. Salió de la casa.

Necesitaba pensar.

No caminó más de cuatro cuadras antes de encontrarse con Aurora, Seraphine y Midas.

—Tenemos que hablar —dijeron.

—No aquí —respondió Kael—. Elior podría sentirlos.

No les quedaba de otra opción que volar hacia las afueras de la ciudad.

En el borde del bosque, lejos de miradas humanas, los cuatro se detuvieron.

Había llegado el momento de enfrentar la verdad.

Antes de que Kael pudiera siquiera decir una palabra, fue Seraphine quien habló primero.

—¿Elior… está bien?

No logró ocultar su preocupación. Ni siquiera lo intentó.

Midas, que permanecía unos pasos más atrás, sonrió para sí mismo al verla. Ver a su estudiante mostrar una debilidad tan clara, tan humana, era algo poco común… y aun así, no dijo nada.

Kael respondió segundos después.

—Elior ya está mejor. Sus heridas se curaron —dijo con voz grave—. Está casi como nuevo.

Evitó deliberadamente profundizar.

—Supongo que hablaremos del tema cuando las cosas se calmen… pero sí, ya es el Elior de siempre.

Seraphine soltó el aire que había estado conteniendo. Sus hombros descendieron tras aliviar la tensión..

—Gracias…

—¿Qué fue exactamente lo que pasó? —preguntó Midas, frunciendo el ceño—. No estoy comprendiendo nada.

Kael comenzó a relatar lo sucedido. Cada palabra hizo que la expresión de Midas se volviera más seria… hasta que finalmente abrió los ojos con incredulidad.

—O sea que estás insinuando que ese chico… peleó con la mismísima Muerte —dijo—.

—¿La fría y egocéntrica Muerte?

—Es lo que supongo —respondió Kael—. Elior no es tonto. Sabe que la Muerte es un ángel. Y si se dejó llevar por la ira, como siempre en estas cosas… probablemente la enfrentó.

—Con todo respeto maestro, Pero no puedes decir que el chico no es tonto, si se lanza directamente a un enfretamento con la muerte…— dijo midas con un tono burlesco

—Eso es casi espeluznante —intervino Aurora—. Si arriba ya le temen al chico, si se enteran de esta supuesta pelea… le temerán el triple.

—Por eso no deben enterarse. Al menos por ahora.—dijo Seraphine mientras, pasaba sus manos por el cuello.

Aurora rápidamente miró a Kael con seriedad.

—Kael, sabes que mientras más esperes, peor será para Elior. Tienes que decirle tu verdadera naturaleza. Así no tendrás que ocultar tu poder cuando sucedan cosas como las de hoy.

Kael refunfuñó.

Sabía que Aurora tenía razón… pero no estaba listo.

¿Cómo lo tomaría Elior?

¿Cómo lo tomarían los niños?

No quería pensarlo.

—No le daré vueltas a ese tema por ahora —dijo finalmente—. Hablemos del verdadero asunto.

—¿Qué descubriste Midas? ¿Están planeando algo?

—No lo sé con exactitud —respondió—, pero es obvio que algo traman.

—Naor y un par de ángeles fueron citados a una reunión con el Concejo.

—¿Naor? —repitió Kael.

—Uno de mis estudiantes —explicó—. Prácticamente el único que le pisa los talones a Seraphine.

—Fue criado bajo reglas estrictas. No es un mal chico, pero, si el Concejo le ordena algo… lo hará sin cuestionar.

El viento comenzó a soplar con más fuerza de lo normal. Se escuchaban las ramas como si algo estuviera encima de ellas.

—Shhh —susurró Midas de inmediato.

Mientras escuchaba cada hoja y rama, algo no andaba bien.

Ahí fue cuando los demás lo sintieron.

Presencias con un olor completamente desagradable, se escuchaban por todas partes.

Varias figuras se posaron entre los árboles. Ángeles… pero deformados, corrompidos. Sus ojos eran completamente negros, reflejando apenas la luz de la luna.

—OH….Creo que nos descubrieron muy rápido —dijo uno de ellos, mientras reia—. Pero no esperaba menos de ti, Midas.

—No es nada personal —continuó—. Pero tendré que llevármelos.

—Algunos necesitamos alimentarnos.

Los cuatro se pusieron en guardia.

Kael dio un paso al frente.

Solo uno.

Y aun así, los ángeles caídos instintivamente retrocedieron. Su sola presencia los hacía temblar y dudar de lo que hacian.

—Todos ustedes fueron rechazados en Aetheris —dijo Aurora—. Y corrieron a refugiarse con los demonios de Gehenna.

—¿Para qué? ¿Más poder? Son miserables.

—Como dije… esto no es personal, vieja —sonrió el caído.

Lanzándose al ataque.

El bosque se convirtió en un campo de batalla.

Seraphine peleaba de igual a igual,pero al verse en desventaja tuvo que desenvainar su espada eliminando enemigos con precisión.

Midas esquivaba y decapitaba con movimientos limpios.

Aurora luchaba contra tres a la vez con su daga, demostrando años de experiencia.

Y Kael…

Verlo pelear era entender por qué alguna vez fue considerado el arcángel más fuerte.

Cada movimiento era exacto.

Cada golpe, era lapidario.

Con una sola mano neutralizaba a los enemigos.

mientras que con sus dagas, los dejaba incrustados en los árboles.

Ya sin su dagas se dispuso a acercarse al que era supuestamente el líder, este se lanzó con rapidez, como aquel que tiene miedo y actúa en base a ello, pero sus esfuerzo eran en vano, Kael golpeó de forma rápida todos los puntos vitales del demonio, dejándolo sin fuerza en los musculos, Asi que esquivo el último golpe del demonio, tomándolo del cuello y aplastarlo contra el suelo.

Kael apoyó su pie sobre la rodilla del demonio y clavó ambas dagas en sus alas.

—¡AAHHG!, ¡MALDITO HIJO DE PERRA!

—Ahora dime exactamente qué haces aquí —dijo con calma—.

—¿Cuál es tu verdadero objetivo?

—Tú —rió el demonio, mientras aguantaba el dolor—. Pero todo será a su tiempo. no te preocupes.

Intentó atacar. rasgando sus alas.

Kael lo estampó nuevamente contra el suelo.

—Esta vez, te dejaré vivir, así que, dile al que sea que te envió que lo estaré esperando.

—Rápido… vete antes que cambie de opinión.

El ángel caído corría en dirección al bosque, pero no para escapar, tomó una de las espadas de otro muerto y se lanzó contra Kael.

Pero Seraphine lo interceptó arrojándolo contra un árbol ,antes de que lastimara a Kael. La ira que había estado acumulando estalló.así que mientras lo tenía atrapado contra el árbol, comenzó a golpearlo sin parar

—¡Seraphine!, ya es suficiente…— exclamó Aurora , preocupada por su hija.

— Si, tienes razón madre, es suficiente…

Mientras el ángel caído no podía reaccionar por los golpes, Seraphine, clavó sus manos en el pecho de este,liberando su poder , los ojos de Seraphne comenzaron a brillar de forma intensa, mientras el demonio comenzó a gritar por el extremo dolor.

—¡BASTAAA! , ¡POR FAVOR, PARAAAA! —Gritaba desesperado

Cada Célula, cada nervio de aquel desviado, estaba siendo destruida una por una, llegando al punto de la desintegración total, no era solo un ataque físico, el poder se Seraphine aniquilaba, hasta el alma del individuo,

—Mereces morir — dijo Seraphine ,mientras lo miraba a los ojos

El demonio gritó nuevamente … y se desintegró. creando una gran onda expansiva.

—Seraphine… no había necesidad alguna de torturarlo así.— dijo Aurora mientras miraba molesta a su hija por perder el control.

—Perdón… —murmuró Seraphine.

—No es momento de que le llames la atención, Aurora —dijo Kael—. Fue mi culpa, por pensar que realmente ese se iría. Me salvaste, Seraphine Gracias.

—Alguien los envió —concluyó Midas— Sin lugar a dudas hay alguien moviendo los hilos, y no quiere ser descubierto…

—¿Cómo sabes eso?— Pregunto Seraphine sin comprender

—Primero, sabía de alguna manera que estaríamos acá y por último… los demonios que mando ,si bien eran ángeles caídos, eran débiles, en comparación a otros, así que, lo más probables era que no estuviera testeando.

—Lo mejor que podemos hacer ahora es marcharnos, no estoy de ánimos para seguir luchando — dijo Aurora con tono serio.

Mientras Aurora se disponía a hacer el portal, Seraphine se acercaba a Kael.

—Maestro, por favor,¿Me podría avisar si ocurre algo con Elior?

—Por supuesto, ve tranquila, te avisaré cualquier cosa — dijo Kael con una sonrisa.

—Cuidense y mantenganme informado de cualquier información

Mientras los 3 cruzaron el portal hacia Aetheris,Kael solo observaba los cuerpos de los angeles desintegrarse poco a poco, así que se dispuso a ir a casa , necesitaba descansar.

Y a después de una larga caminata y de regreso a casa, Kael pasó frente a la habitación de los niños.

Elior dormía entre ellos, estaban aferrados a su ropa como si temieran que desapareciera otra vez.

Kael cerró la puerta con cuidado. para evitar despertarlo

Al llegar a su habitación, agotado por el largo dia ,se dejó caer sobre la cama y miró al techo.

Hacía muchísimos años que no hacía esto.

—Dios…

Su voz salió baja. Resignada.

—Por favor… protégelos. Protege a mis niños.

Cerró los ojos.

—No entiendo por qué le impones estas pruebas a Elior. Sé que quizás debes tener una razón… pero lo estás lastimando.

—Ya ha sufrido demasiado.

Su respiración tembló.

—Él merece una vida tranquila. Feliz.

—Quiero verlo actuar como un niño de su edad… que su mayor preocupación sea estudiar, no pelear con su vida.

Apretó los puños.

—Siento que le estoy fallando a sus padres.

—Nunca lo he visto con amigos de su edad… ni siquiera con una chica o chico. Solo con esa carga responsabilidades puesta sobre sus hombros que no le corresponden.

Un silencio pesado llenó la habitación.

—Solo… por favor —susurró—. Déjale encontrar su felicidad.Dejalo encontrar quién es realmente sin estas batallas constantes.

Por favor…

Kael, después de la charla con Dios, no lograba conciliar el sueño. Por más que Kael permaneció acostado, exhausto, el sueño no llegaba.

Algo no lo dejaba descansar.

Se dio vuelta una y otra vez, pasando las horas, hasta que finalmente se rindió. Se incorporó lentamente y miró el reloj.

05:00 a. m.

—Tch…

Suspiró. Ya no valía la pena seguir intentándolo.

Se levantó con la intención de prepararse un café, pero al abrir la puerta que daba al patio trasero se detuvo en seco.

Allí estaba Elior.

Sentado en la entrada al patio, sosteniendo una taza humeante entre las manos, mirando la luna enorme que colgaba sobre la casa.

Elior giró la cabeza al escuchar la puerta y sonrió levemente.

—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó.

Kael negó con la cabeza.

—La verdad es que no… y por lo que veo, tú tampoco.

—Acertaste —respondió Elior con calma—. Dejé más agua caliente por si quieres café.

Kael no dijo nada. Solo sonrió con cansancio y fue a prepararse uno.

Cuando regresó, se sentó al lado de Elior. Ninguno habló de inmediato. Ambos contemplaron la luna en silencio.

—Fue un día bastante caótico ayer… —murmuró Elior tras un sorbo de café.

—Ni que lo digas —respondió Kael—. Pero lo bueno es que no pasó nada del todo grave.

—yep,Supongo que tienes razón.

Hubo una breve pausa.

—Oye, Kael… —dijo Elior—. ¿Qué les dijiste a Seraphine y a su madre? Debió ser difícil para ellas ver todo eso.

—Les expliqué lo necesario —respondió Kael—. Estaban asustadas, pero creo que entendieron.

Mintió.

—Eso es bueno —dijo Elior, mirando fijamente la luna—. Espero que no se distancie…

Bajó un poco la voz.

—Le mandé un mensaje hace un rato. No respondió… pero quizá fue porque lo envié a las tres de la madrugada —añadió, esbozando una sonrisa.

—Sí… es lo más probable —repitió Kael.

Elior apretó la taza con más fuerza.

—Necesito hablar con ella. No quiero que me tema. Iba a hacerlo apenas llegué, pero… no podía. Estaba demasiado agotado.

Kael suspiró.

Guardó silencio unos segundos… hasta que finalmente habló.

—¿Qué fue lo que pasó ahí, hijo?

Elior se quedó quieto.

Dejó la taza a un lado.

—Resumiendo… — dijo soltando una risa nerviosa— la Muerte es casi invencible. Al menos por ahora .No importa cuántas veces lo intentara, ella solo jugaba conmigo.

—Golpea más fuerte de lo que te puedes imaginas… y estoy seguro de que no usó ni la mitad de su poder.

Apretó los dientes.

—Fue frustrante. Yo peleaba en serio y ella solo reía. La diferencia de fuerza era… humillante.

—Llegó un punto en que dijo que quería conversar conmigo… pero no la dejé. Me lancé de nuevo.

Kael escuchaba en silencio.

Era real todo lo que supuso.

Elior había peleado con la Muerte.

Parte de él había esperado que esa diferencia de poder lo hiciera desistir. Que entendiera que había seres mucho más fuertes que él.

Pero no.

Lo que veía ahora era otra cosa.

Frustración. Ira. Determinación.

Elior giró el rostro hacia Kael.

—Por eso… por favor —dijo sin rodeos—. ¿Podemos volver a entrenar? Como cuando era un niño.

—Necesito ser más fuerte. A este nivel no lograré lo que quiero.

Lo miró directamente.

—Te necesito, Kael. Por favor.

Kael cerró los ojos un instante.

Ese pequeño deseo —que Elior se detuviera— se desmoronó.

—No, hijo —dijo al fin.

Elior parpadeó, sorprendido.

—Esta vez… no podré ayudarte —continuó Kael, elevando un poco la voz—. No quiero seguir entrenándote para que te lances contra otros buscando un final.

—Sinceramente, creo que esta pelea es solo una excusa para morir.

Elior se quedó en silencio.

—Dime que miento, hijo —insistió Kael—. Dime que no piensas lanzarte siempre contra seres más fuertes.

Elior apretó los puños.

—Es cierto —dijo finalmente, con la voz temblando—. Desde hace años busco un final.pero no para mi, si no para ellos.

—Solo quiero estar con mi familia. Los extraño todos los días.

Levantó la voz, molesto.

—Ni siquiera soy capaz de ir al cementerio. Me perturba pensar que están bajo tierra.

—He sufrido… y sigo sufriendo.

Sus ojos reflejaban la angustia.

—Ellos me quitaron todo Kael, ¡TODO!. Y yo… yo les quitaré todo. No habrá medias tintas.

—Y sí, soy humano. Moriré de todas formas. ¿Qué más da si es temprano o tarde?

Respiró hondo.

—Pero de esto debes estar seguro… no moriré sin antes minimo acabar con quien asesinó a mi familia y a la gente de mi pueblo.

—Si caigo, me lo llevaré conmigo. Lo juro.

Miró a Kael con firmeza.

—Así que si no quieres entrenarme, lo entiendo. Pero no me pidas que desista de lo único que me mantiene fuera del piloto automático.

—Me cuesta encontrar otro motivo para vivir.

Kael sintió un nudo en la garganta. hasta que pudo hablar.

—A veces… de verdad siento que estoy decepcionando a tus padres —dijo con voz baja—.

—Hay noches en que aún los veo en mis sueños. Estoy seguro de que no habrían querido esta vida para ti.

Bajó la mirada.

—Y lo peor… es que es culpa mía.

Antes de que pudiera seguir, Elior lo interrumpió.

—Yo también sé que ellos no habrían querido esto para mí —dijo—. Pero fue mi decisión.

Se acercó un paso.

—Y no te subestimes tanto. Aunque no seas mi padre… me has criado.

—Y sigues criando a Aramis y a Lia.

Lo miró con sinceridad absoluta.

—Para mí, has hecho un trabajo más que excelente.

—Eres como mi padre también.

Kael sintió que algo se quebraba dentro de él.

—Así que… buenas noches. O buenos días, no sé —añadió Elior—. Iré a dormir un poco más.

—Al final no hay clases hoy por el temblor de ayer. Van a inspeccionar la escuela.

Comenzó a alejarse.

—Hablamos en la mañana.

Kael se quedó inmóvil.

Las palabras resonaban una y otra vez.

“Has hecho un trabajo más que suficiente.”

“Eres como mi padre.”

Las lágrimas brotaron sin que pudiera detenerlas.

—Que descanses… —alcanzó a decir, con la voz quebrada.

Elior no se dio vuelta.

Y Kael lo observó alejarse por el pasillo, mientras comprendía que, pasara lo que pasara…

Ese chico aunque no de sangre, era su hijo.

Elior en su habitación era incapaz de volver a dormir, se preparó para salir a correr.

Avanzaba a pasos lentos, dejando que su cuerpo se moviera casi por inercia, mientras observaba la situación de su vecindario tras el temblor del día anterior. Algunas casas tenían grietas visibles, ventanas cubiertas con tablas improvisadas; la ciudad aún no despertaba del todo.

Mientras más corría, más despejada se sentía su mente.

Llegó hasta la escuela, casi en las afueras de la ciudad. Los rayos del sol aún no se atrevían a salir por completo, así que continuó un poco más, hasta detenerse en el puente. No en el puente en sí, sino en el pequeño parque que se encontraba a un costado, un lugar desde donde la vista era hermosa y se podía ver el sol emerger lentamente entre las montañas.

Fue allí, respirando algo agitado, cuando la vio.

Seraphine.

Y Seraphine lo vio a él.

Ella no supo cómo reaccionar.

Él tampoco.

Elior sonrió de forma automática al verla.

—Ey… ¿cómo estás? —dijo.

Seraphine se tomó una pausa, parpadeó un par de veces.

—Hola —respondió con una voz algo débil, notándose lo cansada que estaba—. Estoy bien… ¿y tú?

—Estoy bien.

La mente de Elior estaba completamente despejada frente a ella. La calma y el silencio se apoderaron del lugar.

—¿Qué haces por aquí a estas horas? —preguntó Elior—. Tu vestimenta no es como para ejercitarte. ¿Segura estás bien?

Ella sostuvo su mirada, pero no por mucho tiempo. Sintió un leve nerviosismo.

—Sí, estoy bien… solo quizás estoy algo agitada por todo.

Elior desvió la mirada de inmediato, asumiendo que hablaba por culpa de él.

Seraphine se dio cuenta al instante y corrigió.

—No lo digo por lo de ayer. Solo me preocupa la escuela y otros asuntos.

Elior sonrió levemente. Ya no tenía nada que decir.

—Sera… —dijo tras unos segundos—. ¿Te apetece que nos sentemos un rato? Quizás nos haga bien conversar.

Extendió la mano hacia ella.

Seraphine dudó un instante… pero la tomó.

Caminaron por el borde del parque, iluminado aún por las farolas. El silencio era parte del momento; ninguno se atrevía a romperlo.

—Listo, llegamos —dijo Elior—. Este es el mejor lugar.

—¿El mejor lugar? —preguntó Seraphine, incrédula.

—Sí. Aquí puedes ver el amanecer perfecto. No es como en mi pueblo, pero es casi igual de lindo.

Se sentaron.

La brisa era fría, anunciando la cercanía del invierno. El viento desordenaba el cabello de Elior mientras ambos se miraban de reojo.

—Dime la verdad —preguntó Seraphine, sin poder contenerse—. ¿En serio estás bien? Ayer no lo parecías.

—Solo fue un día difícil. No tienes que preocuparte —respondió—. Estoy bien, Sera.

Me preocupas tú.

Ella lo miró.

—Viste cosas que pocos ven. No sería la primera vez que alguien se queda con miedo después de algo así… créeme, sé lo malo que es. Y encontrarte aquí a estas horas me preocupó aún más. De verdad lo lamento.

—Elior —intervino Seraphine—. En serio, no te preocupes. Estoy bien.

Pero no te voy a mentir… me preocupé mucho por ti cuando desapareciste y volviste cubierto de sangre..

— Mírame, Sera ¿Cómo me ves ahora? —preguntó él—. No tengo heridas. Y esto no se volverá a repetir.

—¿Qué tan seguro estás de eso? —replicó ella, elevando un poco la voz—. Lo que vi ayer no es normal, en absoluto. ¿Cómo puedes saber que no volverá a pasar Elior?

Al terminar, desvió la mirada, molesta.

—Okay okay Perdón… —dijo Elior enseguida—. Tienes razón. No lo sé.

Mi mundo dejó de ser normal hace mucho tiempo. A estas alturas ni siquiera sé qué es la normalidad.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Seraphine mientras lo miraba de reojo.

Elior miró al horizonte, donde el sol comenzaba a aparecer.

—Bueno… ya no creo quedar como un loco ni espantarte —dijo con una risa nerviosa—.

es aburrida. ¿De verdad quieres escuchar mi historia?

—Elior —respondió ella, acercándose un poco más—. Tu historia no podría aburrirme. Es tu historia. me encantaría poder escucharla.

Él sonrió.

—Está bien… te contaré.

Mientras hablaba, las expresiones de Seraphine cambiaron por completo. Ella ya conocía la historia, pero escucharla desde la voz de Elior era distinto. Más pesado. Más real.

Tanto dolor.

Tanta angustia.

Se preguntó qué habría hecho ella en su lugar.

Captando así el profundo odio de Elior hacia demonios y ángeles. No pudo evitar que lágrimas cayeran.

—Ahora —continuó él—, lo peor es aprender a equilibrar mi fuerza. Si golpeo a un humano con todo lo que tengo… lo mataría. Cuando era niño fue horrible.

Hizo una pausa.

—Nadie me creyó jamás. Mi ira creció… no solo hacia los ángeles, sino también hacia los humanos. Siempre decían que los ángeles eran protectores. Yo no puedo estar más en desacuerdo.

Solo somos carne de cañón. escudos frente de sus guerras insignificantes. jamás se preocupaban por nosotros.

Seraphine escuchaba sin interrumpir.

—Vivo con la angustia de cuándo será mi último día —siguió—. Todo empeora. Y hace una hora discutí con Kael. No quiere ayudarme a entrenar. Necesito ser más fuerte… o nunca vengaré a mi familia.

Se dejó caer contra el respaldo de la banca.

—Perdón… hablé demasiado. no podía parar

—Elior… —susurró Seraphine—. Lo siento tanto. De verdad lo siento.

—¿Por qué te disculpas? —preguntó él, confundido.

—No lo sé… —respondió—. Solo lo siento.

Ella bajó la mirada.

—¿Cómo puedes cargar con tanto?

—Si no hubiera tenido a Kael… a Lia, a Aramis, a Hina… mi mundo se habría descontrolado. Quizás no estaría aquí.

Seraphine lo miró en silencio.

Ambos apoyaron la espalda en la banca.

Mientras ambos respiraban tras la pesada historia que Elior había contado, el sol comenzó a lanzar sus primeros rayos, enfocándose directamente en el rostro de Elior. Al sentir la molesta luz sobre su piel, abrió lentamente los ojos.

Seraphine no pudo apartar la vista.

La escena era tan hermosa que casi parecía una señal enviada solo para ella. En ese instante lo supo con claridad: tenía que proteger a ese hombre, sin importar las consecuencias. Ver cómo sus ojos brillaban al chocar con la luz del sol era algo único, casi sagrado. Una señal de que todo estaría bien.

Pero esa sensación no era compartida.

Para Elior, el sol era solo eso: sol.

No significaba nada más.

El simple hecho de que la luz lo tocara era una coincidencia, nada relevante. No había calidez, no había consuelo, no había nada.

Rápidamente, para no verse atrapado por sus pensamientos pesimistas, habló:

—Y… ¿qué hay de ti, Seraphine? —dijo—. Solo hablamos de mí. ¿Cuál es tu historia? ¿Por qué estás tan estresada? Quizás hablarlo aliviane tu carga.

Seraphine miró hacia adelante y sonrió.

—Está bien —dijo con suavidad—. Es mi turno.

Pero antes de que pudiera continuar, el momento se rompió.

Elior sintió algo.

Una presencia.

Misteriosa. Densa.

Seraphine también la sintió, pero no podía reaccionar cerca de él. Elior cerró los ojos de inmediato, rastreando a través de sus sentidos cada movimiento, cada fluctuación… hasta dar con uno en particular. Lejos. En la cima de un edificio. Alguien está observando.

Elior se levantó de la banca y miró a Seraphine.

—Lo mejor es que nos vayamos de aquí.

Cuando volvió a mirar el edificio, la figura ya no estaba. La presencia había desaparecido.

Por un momento dudó.

¿Había sido real… o solo su imaginación?

—Seraphine… de verdad perdón por interrumpirte —dijo—. Fue todo súper anticlimático. No quiero asustarte ni nada…

—Elior, tranquilo —respondió ella con una sonrisa—. Lo comprendo. Además, sabiendo que lo que hay fuera de la Geheris es real… me alegra al menos estar aquí, a tu lado, y no en otro lugar.

Al decirlo, se arrepintió al instante.

Se ruborizó de inmediato.

—E-es mejor que nos vayamos —añadió rápido.

A Elior le llamó la atención la ligereza con la que ella tomaba todo. Lo de ayer, lo de hoy… era como si ya lo hubiera vivido antes. Pensó en preguntarle, pero decidió guardar ese pensamiento para no agobiarla.

—Vamos —dijo—. Te acompaño a tu casa.

—¿Estás seguro? No está muy lejos…

—No quiero dejarte sola.

El camino fue tranquilo, en cierto modo. Elior seguía alerta por aquella presencia, pero Seraphine lo interrumpió con preguntas y bromas. Todo fluía con normalidad.

—A ver, Elior —dijo ella caminando de espaldas—. Dijiste que eres fuerte… y te jactaste de eso antes. ¿Pero qué tan fuerte eres?

—¿Es que no me crees? —respondió él sonriendo.

Se detuvieron cerca de un auto. Elior miró a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie y, sin esfuerzo alguno, se agachó y levantó el vehículo por encima de su cabeza.

Seraphine quedó sin palabras.

—¿De verdad… levantas un auto así como si nada?

—Sí…

—Okey, admito que estoy sorprendida, pero ahora me gustaría ver cómo lo bajas sin dañarlo —dijo ella riendo.

—No había pensado en eso —respondió Elior, algo asustado.

Con cuidado logró bajarlo y siguieron caminando.

Al llegar a casa de Seraphine, ambos se quedaron de pie frente a la puerta, sin saber cómo despedirse.

—Aún me debes tu historia —dijo Elior.

—Es verdad —respondió ella sonriendo—. No pude contártela.

—Quizás… —dijo él— podríamos ir por algo algún día, y me la cuentas.

Seraphine parpadeó varias veces, incrédula.

¿Me está invitando a salir…?

—S-sí —respondió—. Sería un placer.

—Ahh , casi lo olvido, Elior, con respecto a tu mensaje — dijo Seraphine con una voz más baja

—No tienes que preocuparte, no creo que haya algo que me pueda asustar de ti y por favor… no tienes que alejarte — Mencionó, mientras apretaba un poco la manga de su polera — Solo mantente más cerca…

Elior no sabía como actuar ni reaccionar.

El corazón de ambos comenzó a latir con fuerza. Había algo que los atraía, acercándolos más de lo que pensaban. Cada uno daba un paso adelante sin dejar de mirarse a los ojos.

—Elior… —susurró Seraphine.

Pero de pronto, una parte de Elior se cerró por completo. Los recuerdos volvieron. El dolor. Las pérdidas. Se alejó de golpe.

—¿Estás bien? —preguntó ella, preocupada.

—Sí, sí… estoy bien. Es mejor que entres, Sera. Debo volver a casa.

Antes de irse, Elior se acercó y le dio un ligero beso en la mejilla.

Seraphine cerró los ojos y sonrió ligeramente.

El momento fue interrumpido por Aurora, la madre de Seraphine, quien abrió la puerta. Elior hizo una reverencia.

—Perdón por lo de ayer… espero no haberle causado muchos problemas.

—No te preocupes, Elior —respondió Aurora con una sonrisa—. Kael me contó todo, puede estar tranquilo ya estoy lo suficientemente mayor como para asustarme por eso.

—Gracias… Fue un gusto verla. Que estén bien.

Elior se fue corriendo con sus audífonos puestos.

La mañana pasó lentamente repasando la pelea una y otra vez, buscando información sobre la Muerte en libros antiguos. Nada. Entonces recordó a Alice.

Ella debe saber más.

Extendió su mano, pero no pasó nada.

—¿Cómo lo hice antes…?

Recordó las palabras de Alice. Respiró. Meditó. Se dejó llevar por las sombras.

El reino respondió.

Al llegar, todo estaba reparado. no había rastro de la pelea que tuvo ayer, mientras observaba todo, corrió en busca de Alice.

—¡Alice!

—Mi señor, ¿qué hace aquí?

—Necesito tu ayuda.

Cuando él mencionó a la Muerte,ella se preocupó.

—No pienso ir tras ella —aclaró Elior—. Solo quiero estar preparado.

—Por favor , tú debes conocer a los que entrenaron al antiguo rey, necesito hacerme mas fuerte— dijo elior decidido.

—Sí, sé quienes son, pero señor, ¿está seguro de eso?

—Estoy muy seguro de lo que pido, Alice, por favor , ayudame.

—Está bien… traeré a quienes entrenaban con el antiguo rey. Mientras espere en su residencia.

Minutos después, Alice regresó con cuatro ancianos.Que se arrodillaron apenas vieron a Elior..

—Por favor, levántense —dijo Elior—.No hay necesidad de que se arrodillen ante mí, no me gusta eso.

—Supongo que Alice les comento el porque los llamaron. ¿no es así?

Los 4 anciano asintieron

—Perfecto, necesito entrenar y ser mucho más fuerte par así proteger de mejor manera el reino y a la gente que quiero, así que, por favor, no tengan piedad. Necesito ser mucho más fuerte.

Los ancianos sonrieron.

—Entonces comencemos, mi señor —dijeron—. Será letal. y como usted quiere, no habrá misericordia con su entrenamiento.

—Eso es lo que espero —respondió Elior—. A estas alturas… ya no hay retorno. y estoy más que listo para entrenar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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