La Sombra Sin Dios - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo XIII — El entrenamiento Parte 1
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14: Capítulo XIII — El entrenamiento, Parte 1.
14: Capítulo XIII — El entrenamiento, Parte 1.
lior estaba completamente empapado en sudor, casi derrotado, tendido en el suelo mientras jadeaba desesperadamente en busca de aire.
Cada inhalación quemaba sus pulmones.
Su cuerpo ya no respondía más.
Se giró bruscamente y terminó vomitando sobre el suelo oscuro.
Cuando al fin terminó, se limpió la boca con el dorso de la mano.
—Yo puedo… —murmuró con la voz quebrada—.
Esto no es nada.
Tengo que ser más fuerte… concéntrate.
Apretando los dientes, se obligó a incorporarse.
Aún temblando, levantó la mirada hacia los cuatro ancianos.
—¿Cuál es la siguiente parte del entrenamiento…?
—preguntó mientras se limpiaba el sudor de la frente.
Uno de los ancianos lo observó en silencio durante un segundo eterno, y luego habló con calma: —Mi señor… esto ha sido solo el calentamiento.
El entrenamiento aún no comienza.
Los ojos de Elior se abrieron de par en par.
—¿¡Qué!?
—gritó, incrédulo—.
¿¡Esto era solo el calentamiento!?
¡Pero si fue lo más intenso que he hecho en toda mi vida!
Respiró con dificultad, intentando recuperar el aliento.
Aun así, apretó los puños con determinación.
—Vamos entonces… —dijo con voz firme—.
Sigamos.
¿Cómo comenzamos?
Otro de los ancianos dio un paso al frente.
—Primero, mi señor, hoy analizaremos sus límites y cualidades.
Debemos comprender su verdadero nivel.
—Por ahora, siga al señor Hope.
Él se encargará de la primera fase del entrenamiento.
—Perfecto —respondió Elior, todavía exhausto, pero decidido—.
Lo sigo.
El anciano Hope se adelantó.
—Aquí comenzará la primera fase, mi señor.
Entrenamiento cuerpo a cuerpo… pero con ciertas prohibiciones.
—¿Prohibiciones?
—preguntó Elior, confundido—.
¿De qué tipo?
—No puede usar sus sombras, ni emplear el entorno como arma.
Además —continuó—, con este amuleto no podrá usar regeneración ni poder alguno.
Hope le entregó un amuleto.
Elior lo observó con atención.
Tenía la forma de una flor… extrañamente similar a la que su hermana solía llevar.
—Por favor, colóquelo sobre su pecho.
El amuleto reaccionó por sí solo, formando un collar que se ajustó a su cuerpo.
—Me gusta —comentó Elior con una leve sonrisa—.
Señor Hope… ¿contra quién entrenaré?
—Contra mí.
El anciano se quitó la túnica y adoptó posición de combate.
Solo con verlo, Elior sintió una presión abrumadora.
Su instinto gritaba peligro.
—Perfecto, mi rey.
Comencemos— No terminó la frase.
Hope apareció frente a él en un instante y lanzó un golpe directo.
Elior logró bloquearlo, pero el impacto fue tan brutal que su brazo salió despedido hacia atrás.
Es fuerte… Elior reaccionó de inmediato y lanzó una patada rápida.
Hope la bloqueó con una sola mano, agarró su pierna y lo lanzó lejos.
Elior rodó por el suelo, apenas reincorporándose cuando una rodilla se estrelló contra su rostro.
Salió disparado y chocó contra un pilar.
No tuvo tiempo de respirar.
Hope avanzó y lanzó una patada, pero Elior logró bloquearla y empujarla hacia atrás.
Se levantó de un salto y contraatacó sin darle espacio.
Sus golpes se volvieron cada vez más rápidos, cambiando de estilo una y otra vez.
Todas las artes marciales que había aprendido entraron en juego.
El anciano bloqueaba con calma… aunque algo en su mirada había cambiado.
Elior lanzó una patada al estómago.
Fue bloqueada, pero la presión envió al anciano rodando varios metros.
El cuerpo de Elior temblaba.
Sin regeneración, el dolor era real.
Abrumador.
—Muy bien, mi señor —dijo Hope—.
Ahora… más intensidad.
Elior no logró seguir su velocidad.
Un golpe certero al estómago lo dejó sin aire.
Desorientado, lanzó un golpe al azar.
Hope atrapó su brazo… y lo rompió.
—¡Aghhh…!
Elior apretó los dientes, jadeando.
Volvió a lanzarse, recibiendo otro impacto directo en el brazo roto.
El anciano atacó por la espalda.
Elior levantó la pierna, bloqueó, giró con el impulso y logró golpear el estómago de Hope.
Por un instante… esquivó.
Por un instante… respondió.
Incluso con su brazo roto, logró conectar dos golpes seguidos.
Pero no fue suficiente.
En un movimiento imposible de seguir, Hope atacó todas sus articulaciones y puntos vitales.
Elior cayó al suelo, incapaz siquiera de respirar.
—Eso es todo por esta fase, mi señor.
Lo hizo excelente.
Elior no escuchaba.
Un pitido constante llenaba sus oídos.
Cuando por fin recuperó algo de aire… volvió a vomitar.
—No se preocupe —dijo Hope con serenidad—.
Al antiguo rey le ocurrió exactamente lo mismo.
Puede quitarse el amuleto.
Elior lo hizo sin dudar.
Minutos después, su brazo comenzó a sanar.
Las heridas cerraron.
La fuerza volvió… pero el cansancio permanecía.
Hope tomó su túnica y se retiró junto a los otros ancianos.
—¡Señor Hope…!
—llamó Elior con dificultad—.
Gracias… por este entrenamiento.
El anciano se detuvo y sonrió.
—No es ningún problema, mi señor.
Estoy aquí para ayudarlo en todo lo que pueda.
Elior llegó a duras penas hasta donde se encontraba el segundo anciano, quien ya estaba preparado para comenzar.
—Mi señor, por favor, lo mismo que antes —dijo con calma—.
Colóquese nuevamente el amuleto.
Elior no respondió.
Aceptó en silencio.
Aún estaba nervioso y confundido cuando se detuvo frente a la mesa repleta de armas: arcos, espadas, dagas, lanzas… Cada una emanaba una presencia distinta.
—Más que combate —continuó el anciano—, en esta fase evaluaremos su capacidad para trabajar con estos objetos.
Dígame, ¿alguna vez ha peleado con alguno de ellos?
—Solo un poco… con la espada y con dagas —respondió Elior.
—Eso es suficiente.
Entonces omitiremos la introducción con esas dos armas.
Comenzaremos con el arco y luego continuaremos con la lanza.
Tome el arco, mi señor.
Elior se acercó y lo tomó.
El anciano hizo lo mismo.
—Observe bien —dijo—.
Primero, tome la flecha y colóquela aquí.
La mano que sostiene el arco debe estar firme, pero no rígida.
Si la tensión es excesiva, el disparo se desviará.
Ahora tense la cuerda… no con fuerza bruta, sino con control.
Cuando esté listo, respire.
Relaje los hombros… y suelte.
Elior escuchó atentamente, imitando cada movimiento.
Los objetivos eran dos calabazas ubicadas a unos veinte metros.
El anciano disparó primero.
La flecha voló limpia y precisa.
La calabaza estalló en el aire.
Luego fue el turno de Elior.
Falló.
Y volvió a fallar.
Una y otra vez.
La frustración se reflejaba claramente en su rostro.
Apretó los dientes, cerró los ojos por un momento y respiró hondo.
Concéntrate… Disparó.
La flecha se clavó apenas en el borde.
Había acertado por muy poco, pero para Elior fue suficiente.
El arco, definitivamente, no era lo suyo.
—Bien hecho, mi señor —dijo el anciano—.
Ahora pasaremos a la segunda arma.
La lanza.
Por favor, tómela y póngase en guardia.
Elior obedeció.
—Primero le enseñaré cómo utilizarla correctamente.
Luego comprobaremos si ha comprendido.
Se dispusieron a un combate corto.
Elior solo podía defenderse; no atacar.
Al inicio lo hacía bien, pero pronto comenzó a descoordinarse.
La lanza del anciano lo alcanzó en el rostro.
Luego en el pecho.
Después, sin darle respiro, en las costillas y en las piernas.
Elior cayó al suelo.
Golpeó el piso con la mano y volvió a levantarse.
Observó cómo el anciano movía la lanza por su espalda y trató de imitarlo.
No tuvo mucho éxito, pero logró bloquear varios golpes.
Hasta que intentó detener el último.
La lanza del anciano fue más fuerte.
Rompió la suya.
Elior quedó completamente expuesto y recibió un golpe directo en la cabeza.
Cayó otra vez.
—Dos fallas… —murmuró, apretando los dientes por la frustración—.
Fallé con dos armas… Sin descanso alguno, el anciano lo condujo a la siguiente prueba.
—Ahora será combate uno contra uno —dijo.
Elior respiró hondo, tomó su espada y se puso en guardia.
—¡Vamos!
—gritó.
Las espadas chocaron con fuerza.
El combate fue intenso, digno.
Elior sabía usar la espada, pero aún le faltaba experiencia… y el anciano no perdonaba.
Cortes en los brazos, en el cuello, en la pierna.
El anciano parecía divertirse.
Sus golpes eran rápidos, precisos.
Elior observaba cada movimiento, cada trayectoria.
Y de pronto, pasó al ataque.
Se movía a la misma velocidad que el anciano.
Estaba leyendo la pelea con claridad.
Pero confió demasiado.
Lanzó un golpe rápido.
El anciano lo esquivó y apareció a su espalda.
Elior lo siguió con el rabillo del ojo, giró… pero fue tarde.
La espada atravesó su muslo.
—¡Ahhh… otra vez…!
Aun sangrando, se levantó.
Se puso en guardia.
El anciano atacó nuevamente.
Elior bloqueó, pero sus movimientos eran inestables, la herida no le daba seguridad, ni estabilidad.
Se acercó y atrapó la espada del anciano con la axila.
Por un instante, el anciano quedó sorprendido.
Entonces, un cabezazo.
Elior atacó de nuevo, pero la espada del anciano ya estaba en su cuello.
—Eso es todo —dijo—.
Lo hizo muy bien para no tener tanta experiencia.
—Muchas gracias, señor Demir —respondió Elior, haciendo una reverencia.
Se quitó el amuleto y la herida sanó casi al instante.
Habían pasado horas entrenando.
Necesitaba descansar.
Antes de continuar con las otras fases, se tomaron una pausa.
Alice se acercó rápidamente y lo felicitó.
—Lo estás haciendo bien.
Elior la miró con expresión neutra.
—¿Viste el entrenamiento, verdad?
—dijo, sonriendo—.
Me estaban destrozando.
Me humillaron.
Rió y se dejó caer sobre el pasto verde oscuro.
—Toma —dijo Alice—.
Te traje agua y una toalla.
—Gracias, Alice… estoy exhausto.
—Me lo imagino, mi señ— —Por favor —la interrumpió Elior—.
Basta con eso.
No me gusta que me llamen “mi señor” o “mi rey”.
Al menos tú… dime Elior.
—Está bien, mi se… —corrigió con una risa—.
Elior.
Alice guardó silencio un momento.
—Alice,Tengo una duda que no puedo sacarme de la cabeza… y quizás no sea el momento , pero necesito distraerme ¿Cómo era el antiguo rey?
¿Qué tan fuerte era?
—Era muy fuerte —respondió ella—, pero también era normal.
Fue uno de los pocos que rechazó ir a Aetheris, pese a ser considerado poderoso.
Eligió la tranquilidad.
Con el tiempo compartimos, crecimos juntos… hasta formar un reino.
—¿Era más alto que yo?
—preguntó Elior.
—Un poco.
Y le gustaba llevar el cabello largo.
Pasaba arreglándolo… su pelo crecía rápido.
Manejar tanto poder hacía que su cuerpo creciera a una velocidad incomprensible.
—Entonces… —interrumpió Elior— ¿no murió antes de ser rey?
—Nunca murió —respondió Alice—.
Nació con lo que él llamaba una maldición.
Vio morir a todos sus seres amados mientras su cuerpo permanecía intacto… y no al mismo tiempo.
Fue su poder lo que le dio esa longevidad.
La razón exacta es un misterio que se llevó cuando desapareció.
—¿No saben si está muerto…?
—No.
Un día presenció una guerra y que debía proteger a quienes no podían defenderse.
La guerra terminó… pero él nunca volvió.
—Es una lástima —murmuró Elior—.
Me habría gustado conocerlo.
Entonces… ¿por eso me confundieron con él?
—Por tus ojos —dijo Alice—.
Tu mirada, tu gentileza… y sobre todo el aura con la que llegaste.
Era imposible no notarlo.
—Sinceramente, Alice… no creo ser un rey.
Ni siquiera termino la escuela.
—No es tan difícil ser rey aquí —sonrió ella—.
La mayoría ya estamos muertos.
No pasamos hambre ni sed.
Solo queremos vivir en paz.
Y tú ya les has dado más de lo que crees.
—Aun así… quiero conocer sus historias —dijo Elior—.
Cómo llegaron aquí.
Por qué dudan.
Seguro hay gente esperándolos… —Algunos aún tenemos asuntos pendientes —admitió Alice.
Elior miró sus manos.
—Ojalá llegue el día en que puedan volver con quienes aman… Quiero que todos aquí sean felices.
—Tienes un corazón enorme —dijo ella—.
Es increíble que solo tengas dieciséis años.
Eres muy maduro para tu edad.
—No tengo opción —respondió—.
Tengo hermanos que proteger.
Hizo una pausa.
—Además… me están cazando o eso creo.
—¿Cazando?
—Sí.
Tengo una misión.
Voy a acabar con todos los demonios de Gehenna… —levantó la mirada— y con todos los ángeles.
Alice abrió los ojos, alarmada.
— ¿¡Qué!?,Elior… eso es una locura.
Es una misión suicida.
—Lo sé —rió nervioso—.
Pero necesito hacerlo… o nunca podré descansar.
—¿Qué te hicieron…?
Pero antes de que pudiera responder, los ancianos llamaron: —Mi señor, es momento de continuar.
Elior se levantó y le ofreció la mano a Alice.
Con una sonrisa, acepto su ayuda.
—Gracias —dijo Elior—.
De verdad.
Hablar contigo hace que todo sea más llevadero.
—Elior…, Prométeme algo —pidió ella—.
Sobrevive.
No hablo de morir… sino de no perderte en esa venganza que quieres llevar a cabo..
Siempre se ha dicho que quien caza monstruos… puede convertirse en uno.
Elior con un suspiro asintió.
—Cumple tu objetivo… pero mantén la cabeza en alto.
y tus pensamiento en orden, no te dejes corromper…
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