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La Sombra Sin Dios - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo XV — No es lo que parece
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16: Capítulo XV — No es lo que parece.

16: Capítulo XV — No es lo que parece.

La sensación de paz que había tenido en ese lugar desconocido comenzó a desvanecerse poco a poco.

Elior abrió los ojos con lentitud, como si su cuerpo se negara a regresar del todo.

Habían pasado ya tres horas desde el momento en que había caído inconsciente en el sillón del departamento de Seraphine.

No sentía dolor.

Solo un leve zumbido persistente en la cabeza, molesto, pero lejos de ser insoportable.

—Ahg… —murmuró—.

¿Qué acaba de pasar…?

Eso fue… intenso.

Se acomodó un poco en el sillón y entonces se percató..

Seraphine estaba dormida sentada junto a él, con la espalda apoyada de forma incómoda y la cabeza ladeada.

Elior frunció levemente el ceño y dejó escapar un suspiro corto.

—Sera… Sera… —dijo en voz baja, moviéndola con cuidado—.

Despierta.

Te va a doler la espalda si sigues así.

Ella comenzó a abrir los ojos poco a poco.

—¿Elior…?

¿Elior?

—se incorporó de golpe—.

¡Elior!

¿Estás bien?

¿Ya te sientes mejor?

—Sí, sí —respondió él con rapidez—.

Ya me siento mucho mejor, de verdad.

Gracias por ayudarme.

Seraphine lo observó con atención, como evaluándolo.

—¿Seguro?

Antes no te veías nada bien… —Estoy bien, en serio —repitió—.

No te preocupes.

Dudó un segundo antes de agregar: —Pero tengo una pregunta… —Dime.

—¿Dónde está mi polera?

—Pfff… —Seraphine desvió la mirada—.

La eché a lavar.

Estaba completamente sucia.

Mientras estabas inconsciente te puse compresas frías para bajarte la fiebre y… bueno, decidí lavarla.

Debe estar secándose ya.

—¿En serio…?

—Elior bajó un poco la cabeza—.

Gracias.

Otra vez.

—Elior… —ella dudó, y luego lo miró directo—.

¿Qué fue lo que pasó?

Estabas cubierto de sangre… y corriendo por las calles.

Hubo unos segundos de silencio.

Elior inhaló despacio antes de hablar.

—¿Me creerías si te digo que no recuerdo absolutamente nada?

—dijo—.

Solo que choqué contigo.

Era una mentira.

Clara.

Pero ella no tenía porqué saberlo.

Seraphine entrecerró los ojos.

—No.

La verdad… no te creo —respondió con honestidad—.

Pero está bien, si no quieres contármelo… Se levantó, algo molesta.

—Siempre sales con lo mismo… —murmuró para sí misma, apretando los dientes con frustración.

Elior se dio cuenta de inmediato.

—Sera… —se levantó también y fue hacia ella —.

De verdad lo siento.

No quiero meterte en este tipo de cosas.

Solo… quiero que estés a salvo.

—¿A salvo?

—ella se giró de golpe—.

¿A salvo de qué, Elior?

Pensé que había quedado claro hace unas horas que esas cosas no me asustan.

Y además… no necesito que me protejas.

No soy una niña.

Puedo defenderme sola.

—Lo sé —respondió rápido—.

Lo sé, Seraphine.

Perdón.

No quise decir eso.

Solo… no quiero perder a nadie más.

Se quedó en silencio unos segundos antes de continuar: —No puedo deshacerme de Hina.

Incluso cuando intento alejarla, sigue ahí.

Y… si algo le pasara por mi culpa… yo… —¿Hina…?

—repitió Seraphine.

Entonces abrió los ojos de golpe.

—¡Ay, no!

—exclamó—.

¡No, no, no!

Tomó su celular y miró la hora.

—Son las 14:30… quedé con Hina a las dos para almorzar en el centro comercial… —Oh… —Elior trataba de evitar burlarse—.

Buena suerte.

Sabes cómo se pone cuando uno llega tarde.

—¿Crees que se moleste…?

—Si es la primera vez, no —respondió—.

Pero igual deberías llamarla.

Seraphine asintió.

—Tu polera está en la secadora, en el baño.

Ve a buscarla.

Yo me cambio rápido y salgo.

—Está bien.

Elior se dirigió al baño mientras ella corría a su habitación.

Sin embargo, antes de que pudiera siquiera ponerse las calcetas, se escuchó el sonido de la puerta.

Seraphine salió corriendo, colocándose la polera a medio camino y desordenándose el cabello.

Abrió de par en par.

—¡Hina!

—dijo, abrazándola—.

¡Hola!

Pasa, pasa, ya casi estoy lista.

Hina entró, observando el sillón desordenado, la manta caída y las compresas aún húmedas.

—Déjame adivinar —suspiró—.

Te quedaste dormida.

—Ehh… sí… se me pasó la hora… Pero el ambiente se congeló cuando una voz salió desde el baño.

—Ya encontré la polera, Sera, grac— Elior se detuvo al ver a Hina.

Hina lo vio a él.

Sin polera.

Luego miró el sillón.

Luego a Seraphine, sin calcetas y con el cabello revuelto.

—Oh… —dijo lentamente—.

¿Qué demonios pasó aquí?

—¡No, no, no!

—dijeron Elior y Seraphine al mismo tiempo—.

¡No es nada de lo que parece!

—Ok… —Hina levantó una mano—.

No quiero detalles.

Mejor no interrumpo.

Se dio media vuelta para irse.

—¡Hina, espera!

—dijo Elior—.

De verdad no es lo que piensas.

Te lo explicaré después, ¿sí?

Se puso la polera, las zapatillas y fue hacia la puerta.

—Ustedes iban saliendo… y yo estoy sumamente apurado.

Hina lo miró fijamente.

—Elior… no querré pensar que estás arrancando, ¿verdad?

Elior, ya en la puerta, encogió los hombros y escondió el cuello entre ellos.

—No… en absoluto.

Nos vemos más tarde.

Pasenlo bien.

Miró a Seraphine.

—Y gracias.

—No hay de qué —respondió ella con una sonrisa.

Hina ahora la observaba a ella con atención.

Elior salió del departamento y suspiró profundamente.

—Okey… me salvé por ahora, debo ir a casa… —murmuró—.

Kael y los niños se irán pronto… Elior caminó por el vecindario de regreso a casa.

El aire se volvió frío de un momento a otro, como si el invierno hubiera decidido llegar sin avisar.

Se frotó ligeramente los brazos.

—Tiene pinta de que va a llover… —murmuró—.

Necesito un café antes de volver.

Entró a una cafetería pequeña del sector.

El timbre de la puerta sonó suavemente.

—Hola —dijo—.

¿Me darías un café doble, por favor?

—Claro, dame un segundo —respondió el camarero.

Elior se sentó en el mesón, cerca de la puerta, mirando hacia afuera mientras esperaba.

El vidrio empañado reflejaba vagamente su rostro.

Sin darse cuenta, su mente volvió a ese recuerdo.

La mujer que no logró identificar.

El lugar desconocido.

La sensación de estar viviendo algo que no le pertenecía.

Todo se sentía demasiado real.

Demasiado vivido.

Pero, en el fondo, lo sabía: ese no era su destino.

El camino que había elegido jamás lo llevaría a una vida así.

Mientras se perdía en esos pensamientos, recordó que debía comprar frutas y algunas cosas para la casa.

Tomó el café cuando llegó y bebió con calma.

Entonces, el ambiente cambió.

No fue algo visible.

Nadie más pareció notarlo.

Pero él sí.

Una presión abismal.

Una presencia que le heló la sangre.

Era la misma aura que había sentido durante su pelea con la Muerte.

Elior tensó el cuerpo, intentando recomponer el aliento.

—¿Te molesta si me siento un momento?

Levantó la mirada de golpe.

Frente a él estaba una mujer de piel pálida, cabello negro perfectamente amarrado y unos ojos verdes tan profundos que parecían devorar el alma.

Elior reaccionó al instante, tensando los músculos.

—Hey, cálmate —dijo ella rápido—.

No voy a iniciar una pelea en un café tan hermoso.

Esta vez solo vine a hablar.

Sin esperar respuesta, se sentó frente a él.

El camarero llegó poco después, quedándose un segundo más de lo normal, claramente distraído por la belleza de la mujer.

—Hola… bienvenida nuevamente —dijo—.

¿Le gustaría el mismo café de siempre?

—Sí, por favor —respondió ella—.

Sin azúcar esta vez.

Y si es posible, también un trozo de pie de limón.

—Enseguida se lo traigo.

Elior no apartó la mirada de ella ni un segundo, preparado para cualquier cosa.

—Oye, chico —dijo la mujer con una leve risa—.

De verdad, cálmate.

Si hubiera querido lastimarte… o humillarte otra vez, lo habría hecho mientras dormías en aquel sillón.

Al lado de la chica, que por cierto.

Es muy linda.

y a la vez peligrosa… —Si te atreves a tocarla… —interrumpió Elior, con la voz baja y la mirada dura.

—Oye —respondió ella—.

Te dije que te calmaras.

Y además, aunque sea la Muerte, no me llevo a las personas porque sí.

Hay reglas.

No voy por ahí matando gente indiscriminadamente.

Se inclinó un poco hacia adelante.

—Como te dije, solo quiero hablar.

Elior apretó la mandíbula.

—¿Qué quieres?

—Ay, Dios santo… de verdad eres complicado —suspiró—.

Bueno, al punto.

Necesito que me hagas un favor.

—No.

—Primero —continuó ella, ignorándolo—,me lo debes por dejarte vivir, cuando no deberías.

Segundo, por haber entrado al Vacío.

De verdad, eres un chico raro.

Tan autodestructivo como para meterte en un lugar así.

La orden llegó.

—Gracias, Mateo, siempre tan rápido —dijo ella con naturalidad.

—De nada, espero que lo disfrute —respondió el camarero antes de irse.

—Es un buen chico —comentó ella—.

Lástima que morirá dentro de unos días.

Elior quedó helado.

La frialdad con la que lo dijo le revolvió el estómago.

—Ya no quiero seguir escuchándote —dijo—.

Me voy.

—Oh, por favor, Elior —respondió ella con calma—.

¿No quieres ser más fuerte?

¿Cumplir tu objetivo?

Aunque, por cierto, es bastante extremista… pero eso me da igual.

son ligeros detalles.

Apoyó el codo en la mesa.

—Ven conmigo en unos días.

Podrás comprenderte mejor.

y ya que al escapar, dejaste un caos en el purgatorio.

Hay unos perros un tanto asquerosos y bestias que no tengo ganas de manejar.

Requieren tiempo… y esfuerzo, y no quiero gastar ninguno.

Sonrió.

—Así que, como soy una muy buena persona y me debes un favor, pensé en ti.

Si no puedes encargarte de ellos y mueres… pues también me sirve.

Elior juntó las manos, molesto.

Sabía que lo había atrapado.

Él estaba sediento de poder.

De fuerza.

—Tengo entendido que pronto terminarán tus clases —añadió—.

Ahí vendré a buscarte.

Elior tomó un sorbo de café.

—Ah… —frunció el ceño—.

Ya está frío.

—Mmm —dijo ella—.

Qué rico estaba este pie de limón.

Limpió el tenedor con la lengua sin pudor alguno mientras miraba a Elior.

—Bueno.

Ya dije lo que tenía que decir.

Hora de trabajar.

Levantó la voz: —¿Podrías traernos la cuenta, por favor?

—Oh, el chico que tengo enfrente pagará —añadió, mirando a Elior.

Elior suspiró con fastidio y pagó.

—Gracias por la atención —dijo al camarero.

—Que vuelvan pronto.

Ya en la calle, la Muerte caminaba a su lado.

—Wow… no sé si es porque estaba concentrada peleando contigo la otra vez, pero no me había dado cuenta de lo alto que eres.

¿Cuánto mides?

¿Uno noventa?

—Puedes irte —dijo Elior—.

Y no, mido uno ochenta y cuatro.

—Igual eres alto.

Normal que te vaya bien con las chicas — se burló.

Elior se detuvo.

—Por favor, ya puedes parar.

Miró atrás.

No estaba.

—Al fin… —murmuró.

Cuando volvió a mirar al frente, ella estaba justo frente a su cara.

—Ah, casi lo olvido —dijo—.

Hay alguien… o quizás algunas personas… que no te aprecian mucho.

Vendrán por ti en estos días.

Yo estaría alerta.

Rió suavemente.

—¿De qué estás hablando…?

—preguntó Elior.

—Ya di demasiada información —respondió—.

Nos vemos en unos días.

Y desapareció como humo.

—Solo quiero silencio… —susurró Elior—.

Por favor… que no vuelva.

Siguió su camino, compró lo necesario para la casa y finalmente llegó.

Kael y los niños estaban terminando de almorzar.

—Elior, ¿dónde estabas?

—preguntó Kael.

—Lo siento —respondió—.

Estaba con Seraphine y luego pasé por un café.

Se me pasó la hora.

—¿Seraphine es tu novia?

—preguntó Aramis de inmediato.

—¿Qué?

—Elior casi se atragantó—.

No.

En lo absoluto.

¿De dónde sacas esas cosas, mocoso?

—¿Ya tienes listas las cosas para el viaje?

—preguntó Elior.

—Solo falta lo de Lia.

Elior se acercó a ella.

—Termina de comer y yo preparo tus cosas —le dijo, dándole un beso en la cabeza.

—Hijo —dijo Kael—.

¿Quieres que te sirva almuerzo?

—No, gracias.

Ordeno lo de Lia primero y luego como.

—Está bien.

Pero no se te haga muy tarde.

Mientras ordenaba, Elior no podía dejar de pensar en la oferta de la Muerte.

En sus palabras.

En la advertencia.

—¿Debería ir…?

—pensó—.

¿Y quién vendrá por mí…?

Cerró los ojos un segundo.

—Menudo caos… —susurró—.

Yo solo quiero un poco de paz estos días.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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