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La Sombra Sin Dios - Capítulo 21

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21: Capítulo XX — Corazón roto.

21: Capítulo XX — Corazón roto.

Era el último día .

El día había llegado finalmente a su punto final.

Elior debía cumplir con su parte del favor que debía, y lo sabía desde el momento en que abrió los ojos esa mañana.

Aun así, temprano se dispuso a ponerse el uniforme escolar por última vez.

No había nervios visibles, no había apuro… todo estaba preparado.

Tenía el permiso de Kael y la autorización de la escuela para el supuesto viaje de ayuda humanitaria organizado que comenzaría al día siguiente.

La excusa era perfecta.

Y aun así… algo no lo tranquilizaba.

Durante esas dos semanas, Elior solo se había dedicado a entrenar.

Había dejado de lado casi por completo a Hina y, en especial, a Seraphine.

Ella no le había hablado desde aquella vez en que dijo que saldría con una amiga.

Creo que me está evitando… pensó Elior mientras miraba la pantalla de su celular.

Al llegar a la escuela, vio a Hina en la entrada.

Sin pensarlo, se acercó rápidamente y la tomó por los hombros, empujándola hacia atrás con brusquedad.

—¡Oye, idiota!

—protestó Hina, girándose molesta—.

¿Qué te pasa…?

Se detuvo al verlo.

—…Eres tú —dijo, frunciendo el ceño—.

Idiota.

—¿Lista para el último día?

—preguntó Elior con una sonrisa.

—¡Por supuesto!

—respondió Hina con un grito, levantando los brazos con exagerada felicidad.

Elior sonrió.

—¿Y Seraphine?

—preguntó.

—Creo que debe estar en la sala —respondió Hina—.

—Oh… pensé que habían llegado juntas.

—No.

Esta vez vino sola.

Hina lo miró con atención.

—¿Han podido hablar?

—La verdad es que no —admitió Elior, suspirando—.

Ni siquiera me ha respondido los mensajes.

Debe estar molesta por algo… quizá.

—Mmm… no lo sé —dijo Hina—.

Pero deberías preguntarle.

Así sales de la duda.

—Sí… —respondió Elior—.

Quizá deba hacerlo, pero bueno vamos a clases.

El día transcurrió con normalidad.

Demasiada normalidad para ser el último.

Todos celebraban el fin de clases.

Algunos reían, otros lloraban, otros simplemente parecían aliviados.

Durante la ceremonia, varios estudiantes fueron premiados por su rendimiento académico.

Los dos primeros lugares fueron anunciados juntos.

Emily.

Y Elior.

Los aplausos llenaron la sala.

Ambos, además, liderarían la misión de ayuda humanitaria.

Elior giró levemente el rostro, sorprendido al notar que Emily también participaría.

Aquello complicaba un poco sus planes… porque él no iría realmente.

Hina y Seraphine observaban desde el público.

Hina, sin pensar demasiado, apoyó su mano sobre la de Seraphine.

El gesto solo logró que Seraphine se tensara aún más al saber que irían juntos.

Elior intentó buscar su mirada.

No lo logró.

Algo claramente no estaba bien.

Cuando la reunión terminó y todos comenzaron a retirarse, Elior pasó disimuladamente junto a Seraphine.

Como una sombra, deslizó un pequeño papel dentro del bolsillo de su abrigo y se marcho.

Hina y Seraphine caminaron juntas por los pasillos.

—¿Qué harás estas vacaciones?

—preguntó Hina.

—La verdad… no lo sé aún —respondió Seraphine—.

Quizá vaya un tiempo a casa de mi madre, fuera de la ciudad.

—¿Y tú?

—Mmm… como Elior no estará, iré una semana a Velmira a ver a los niños —respondió Hina—.

Después me quedaré en casa de mi abuela el resto de las vacaciones.

Y entrenar… pensó para sí.

—Eso suena interesante —dijo Seraphine.

—Si gustas, puedes ir conmigo —añadió Hina—.

Allá la pasaremos bien.

Hay cerros, aire limpio… —¿En serio?

—preguntó Seraphine, animándose—.

Me encantaría.

Si logro liberarme un poco, te aviso.

—Te estaré esperando —sonrió Hina.

Luego, su tono cambió.

—Y otra cosa, Seraphine… quizá este tiempo te ayude a aclarar lo que pasa con Elior.

Pero yo creo que hoy deberías decirle lo que sientes.

Aliviar el corazón también es importante.

Dicho eso, se adelantó para buscar las mochilas.

Seraphine se quedó quieta.

Hina tenía razón.

Suspiró y metió la mano en el bolsillo.

Tocó algo doblado.

Sacó el papel.

Hola, ¿cómo estás?

Espero que estés bien.

Sé que no hemos hablado mucho estas semanas y me gustaría remediarlo.

Si gustas, te estaré esperando al final de clases en la entrada de la escuela para ir por el café que nos prometimos.

— Elior Aunque no quiso… sonrió.

Hina volvió justo a tiempo para verlo.

—Aaaah… —dijo quitándole el papel y leyéndolo—.

¿Irás?

—No lo sé… —respondió Seraphine—.

Quizá.

—Es lo mejor que puedes hacer —afirmó Hina, entregándole la mochila y el papel.

El final de clases llegó rápido.

El viento soplaba con fuerza.

La nieve comenzó a caer sin aviso.

Seraphine caminó hacia la entrada de la escuela.

Elior la esperaba afuera.

De pie.

Mirando la nieve caer.

Algo en esa imagen le apretó el pecho.

—Hola —dijo Elior al verla.

—Hola —respondió ella con una sonrisa.

—¿Te apetece un café y algo para comer?

Con este frío… —Me apetece todo lo que dé calor —respondió Seraphine.

La tensión de las últimas semanas se desvaneció en segundos.

Caminaron riendo, hablando de cosas triviales.

Seraphine estaba roja de tanto reír.

Elior no podía apartar la mirada.

El gorro cubriendo su cabello.

Sus manos tapándole la boca mientras reía.

Las mejillas rojas por el frío.

Guardó esa imagen en su mente de forma automática.

Al llegar a la cafetería, Elior notó una foto y unas flores.

Reconoció al camarero que lo había atendido junto a la Muerte.

—¿Qué te apetece beber?

—preguntó.

—Un cappuccino —respondió ella.

—Dos cappuccinos y unos rollos de canela, por favor —pidió Elior.

Seraphine los miró fascinada.

—Espero que los disfrutes —dijo él.

La hora pasó tranquila.

Risas, burlas suaves, miradas largas.

—¿Recuerdas que tu historia quedó a medias?

—preguntó Elior—.

Me gustaría escucharla.

si no te molesta Seraphine asintió.

—Nací en Raincity, en el continente del sur… —¿El sur?

—interrumpió Elior—.

Dicen que son muy religiosos.

—Demasiado —respondió ella—.

La religión allá es ley.

Pero yo no soy así.

Le habló de su madre y como su padre no es parte de la vida de ella.

De su mudanza.

De lo feliz que está de tener amigas como Hina.

—…y de ti —añadió, bajando la voz.

—¿Soy el último en mencionar?

—sonrió Elior.

—No seas bobo —rió ella.

—Elior, ¿A qué hora sale tu viaje?

—preguntó Seraphine.

—A las nueve.

—Tenemos tiempo entonces.

—Mucho tiempo — dijo con una sonrisa mientras terminaba su café.

Al terminar ya se hacía tarde y Seraphine debía buscar ya refugio para el frío que hacía así que.

Caminaron hasta su edificio.

—Supongo que hasta aquí llega la aventura —dijo Elior.

—Eso parece… Elior la besó en la mejilla y le dio un abrazo.

—Espero que descanses estas vacaciones.

—Y yo que les vaya bien… y vuelvan a salvo.

Se despidieron.

Pero bastaron tres pasos.

Ambos se giraron.

—Sera… —Elior… Rieron nerviosos.

—Dime —dijo él.

—Elior…Lo diré de la forma más cruda posible, porque si no me arrepentire, pero no sé qué mierda hiciste conmigo —dijo ella, sin rodeos.

—¿Qué…?

—preguntó, sorprendido—.

¿Qué hice?

Seraphine respiró hondo.

—Nada malo, solo que no puedo dejar de mirarte y tampoco quiero y de querer estar cerca.

De querer protegerte.

Me molestó ver a Emily contigo… y que ahora te vayas con ella… me molesta aún más.

—Elior, tu me g….

—No, Seraphine —interrumpió Elior—.

Por favor… no lo digas.

—Elior, yo… —No puedo decir que sienta lo mismo —dijo él—.

Estoy muerto por dentro.

No puedo , no puedo.

Si te incluyo más en mi vida, solo te lastimaré.

Ella lo miró en silencio.

—Tenía que decirlo —respondió—.

Para sanar.

Perdón por haberte incomodado.

—No me incomodaste Sera, solo es que —respondió Elior—.

Si mi vida fuera otra… quizá todo sería distinto.

Pero ya elegí mi camino.

Perdoname, pero jamás podría sentir lo que tu sientes.

Se dio la vuelta.

Seraphine lo miró alejarse.

Esperó.

—Por favor, por favor, vuelve — pensó Pero él no volvió.

Aunque sabía la respuesta de antemano, no podía evitar que una parte de ella tuviera fe, de que elior aceptara lo que sentía y que él le dijera que sentía lo mismo..

Entró a su departamento y sin pensarlo llamó a Hina.

Esta no tardó demasiado en llegar.

Cuando finalmente se sentó frente a Seraphine, ya no quedaban lágrimas guardadas.

Seraphine habló sin detenerse, como si cada palabra que salía de su boca hubiera estado presionando su pecho durante semanas.

Hina escuchó todo.

No la interrumpió ni una sola vez.

Cada gesto, cada silencio, cada quiebre en la voz.

Ambas sabían la respuesta de Elior incluso antes de que él la pronunciara.

No había mucho que hacer con eso.

Aun así, Hina estaba molesta.

No… estaba furiosa.

Había cosas que Elior no debió decir.

Había formas que no debió usar.

—No… —murmuró Hina poniéndose de pie—.

Esto no termina así.

Sin perder tiempo, tomó las llaves del auto y salió.

Lo confrontaría.

Tenía que hacerlo antes de que se fuera.

El aeropuerto estaba lleno.

Risas, despedidas, mochilas apoyadas contra las paredes, profesores organizando grupos.

Hina recorrió el lugar con la mirada una y otra vez.

Todos estaban ahí.

Todos… menos Elior.

Su corazón se hundió.

Se acercó rápidamente a Emily.

—Emily —dijo con el ceño fruncido—, ¿dónde está Elior?

Emily parpadeó, confundida.

—¿Elior?

—repitió—.

Hace horas dijo que no podía ir… tenía que volver a su pueblo.

¿Está bien él?

Hina apretó los labios.

—Sí… —respondió sin pensarlo—.

No te preocupes.

Que tengas buen viaje, Emi.

—Gracias… —respondió Emily, aún confundida.

Hina no esperó más.

Corrió de regreso al auto mientras marcaba el número de Elior una y otra vez.

Nada.

Silencio.

—Vamos, Elior… —susurró golpeando el volante—.

¿Qué estás tramando esta vez…?

Mientras tanto, Elior caminaba solo camino a la casa, mientras veía el vecindario tranquilo.

Había enviado un último mensaje a Kael y a los niños, diciendo que volvería pronto.

Todos pensaban que viajaría con la escuela.

Nadie dudó de ello.

Al llegar a casa, abrió la puerta con calma.

Preparó una última taza de café.

El aroma llenó el lugar.

Se quedó de pie, sosteniendo la taza, saboreando la luz del hogar, la comodidad, el silencio… el buen café.

Aún tenía dudas.

Pero ya estaba preparado.

Lavó la taza, la dejó en su lugar y respiró hondo.

Visualizó el lugar.

El aire vibró.

El portal se abrió.

Avanzó paso a paso hacia él.

Entonces— La puerta de la casa se abrió de par en par.

—¡ELIOR!

Las luces comenzaron a parpadear.

Hina entró corriendo, temiendo lo peor… y se quedó completamente atónita.

Frente a ella, Elior estaba cruzando un portal.

—¿Hina…?

—murmuró él al girarse.

—¿¡Qué estás haciendo!?

—gritó ella acercándose—.

¿¡Qué es todo esto!?

—Perdóname, Hina… Elior estiró la mano.

El aire se tensó.

—¡¿QUÉ ES ESTO, ELIOR?!

—gritó ella— ¡No me puedo mover!

—Te lo prometo —dijo él con voz firme—.

Te lo contaré todo cuando vuelva.

Por favor… confía en mí.

—¡Siempre he confiado en ti!

—respondió ella, con lágrimas cayendo—.

¡Pero tú jamás confías en mí!

Su voz temblaba.

—Siempre haces todo a mis espaldas.

Actúas sin pensar en las consecuencias.

Te jactas de no querer lastimar a nadie… ¡pero nos lastimas a todos!

Elior quedó inmóvil.

—¿Qué…?

—susurró.

—Sabes lo que ella siente por ti, ¿no?

—continuó Hina—.

¡Y no puedes negar que tú sientes lo mismo!

¡Y aun así te alejas de ella… de mí… de todos!

—Yo no tengo sentimientos, Hina —respondió Elior con frialdad—.

Tengo cosas que hacer.

Dio media vuelta.

—¡Espera!

—gritó ella, secándose las lágrimas—.

¿A dónde vas?

—No lo sé exactamente —respondió—.

Pero debo un pequeño favor a la Muerte.

—¿Qué estás diciendo…?

—susurró Hina, horrorizada—.

No puedes ir con ella.

¿¡Y cómo puedes abrir estos tipos de portales!?

—Hina… —interrumpió—.

Yo tomo mis decisiones.

Debo volverme más fuerte.

por ti, por todos los que quiero.

Elior sabía que ella no estaría tranquila jamás después de ver esto.

Extendió la mano.

Una flor apareció.

La Flor de la Vida.

—Vuelvo por ella —dijo—.

Guárdala.

Mientras brille y tenga pétalos… significa que sigo vivo y no debes preocuparte.

Se acercó rápidamente y la abrazó.

—Tú eres mi hermana… mi otra mitad.

Si hago esto… es para que quienes amo vivan en un mundo tranquilo.

—Elior… por favor… no te vayas así… —Estaré bien.

Cuida la flor.

Ve a Velmira con Kael.

La abrazó con fuerza.

—Perdóname… Con un golpe preciso en la nuca, Hina cayó inconsciente.

Elior la recostó con cuidado en el sillón y la cubrió del frío.

Luego, sin mirar atrás, cruzó el portal.

Este se cerró.

Y con él… terminó su etapa en Geheris.

Elior caminó secándose una lágrima.

“Lastimas a todos.” Las palabras de Hina se repetían una y otra vez.

pero ya no había tiempo para prestar atención a esas palabras.

En su residencia, Alice abrió la puerta.

—Elior… todo está listo.

Los ancianos revisaban armas y la vestimenta negra.

Hecha a medida.

Resistente.

Dagas unidas a su sangre.

para que siempre acudan a su llamado sin importar donde estén.

Un abrigo de rey cubierto de pelo de lobos del purgatorio.

que le brindaría la protección necesaria del frío que allá hacia.

Alice se acercó y, sin que él lo notara, colocó un amuleto antiguo bajo su abrigo.

Una moneda con un símbolo gastado pero con una frase que aún se veía “Recuerda por lo que vives”.

Elior se probó la vestimenta viendo que todo calzaba perfecto —Parezco un ninja — pensó mientras se reía.

Al estar listo salió de su residencia tocandose con una escena que lo conmovió Todo el reino se arrodilló frente a él.

—Por favor —dijo Elior—.

No lo hagan.

Jamás se arrodillen ante mí, somos iguales y por lo mismo les pediré unos favores.

Protejan a los débiles.

Protejan este hogar.

Nuestro hogar El aplauso fue ensordecedor.

todos prometían proteger el lugar.

Así que ya listo para marcharse se dirige a la montaña, para observar al reino de lo lejos.

sintiendo la brisa helada del momento Entonces— —¿Te tardaste en llegar, Azriel?

—Para ti sigo siendo la Muerte, mocoso.

Ambos listos cruzaron al dominio de la muerte, Azriel se disponía a entrar en su casa gritándole a Elior que se apurara.

Toma… La lista cayó en sus manos.

—Tu misión es bastante simple.

Mata a los líderes —dijo—.… o morirás.

Aunque ambas cosas me sirven.

y toma esto también.

La llave brilló.

—¿Cuándo empieza?— preguntó Elior mientras guardaba la lista y la llave.

—Ahora.

Elior fue lanzado a la entrada del purgatorio.

El frío lo atravesó.

El hedor era insoportable.

—Recuerda , la llave que te entregue es para que salgas del purgatorio, solo podrás salir tu, si la pierdes, deberás buscar tu mismo la forma de salir, se que hay más en esa parte que irás, pero no se donde exactamente.

Adiós mocoso.

Elior escuchó la voz de Azriel desaparecer en la nada, y se dispuso a amarrar bien su abrigo y acercarse a una de las puertas.

Abrió la puerta.

El abismo era claro y este lo esperaba.

—Está bien… —susurró—.

Esto lo quise yo.

no debes tener miedo.

Respiró hondo.

—Es hora de volverme más fuerte.

recuerda por lo que estás aquí y por quienes estás aquí.

Y dio el primer paso, adentrándose en lo que sería el comienzo de una catástrofe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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