La Sombra Sin Dios - Capítulo 22
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Capítulo 22: Capítulo XXI — El salvador…
La sangre se derramaba por las rocas del lugar, mientras los rugidos de aquellos demonios que aún vivían se lanzaban con todo. No había lugar donde poder ocultarse. Toda esa llanura ya estaba repleta de demonios que se habían adentrado desde Gehenna hacia el Purgatorio. Tras alimentarse de las almas, eran mucho más fuertes que antes.
Todo apestaba a sangre y polvo.
—¡Edith! ¡No, basta! ¡Ven y vámonos! —gritó el chico con su tono grave.
La sangre de su propio cuerpo caía sin parar. Ya no lograba ver bien; la sangre se deslizaba por su ojo derecho, nublándole la vista. Aun así, mientras cargaba a su hermana en brazos, miraba a Edith buscando desesperadamente una forma de salvarlas a ambas.
—¡Vete! ¡Tienes que sacarla de aquí, cariño! —gritó Edith, mientras con sus palmas mantenía a los demonios a raya.
El corazón del chico latía a mil por hora. Había que tomar una decisión: abandonar a la mujer que amaba o llevarse a su hermana lejos de allí.
—¡No puedo, maldita sea!
Solo bastó voltear una vez más hacia la chica para percatarse de cómo era atravesada por varias flechas.
—¡Edith! —gritó el chico desesperado, dando media vuelta con rapidez.
—¡Que te vayas! —gritó ella, con lágrimas en los ojos y la sangre corriendo por toda su vestimenta.
La chica estiró sus manos. Por una última vez, mientras sus ojos brillaban con una intensidad sin igual en aquel lugar donde la luz no parecía existir del todo.
—No… no, no… —se repetía el chico de manera compulsiva, ya siendo presa del miedo—. Por favor, no lo uses otra vez…
—Les conseguiré una apertura, así que por favor… por favor, vete —dijo Edith—. No quiero que me veas morir.
La chica apretó los puños mientras los demonios, y aquel demonio de cerca de tres metros, con garras afiladas y una espada que podría cortar una roca con facilidad se lanzaba hacia ella.
—¡Aaaaaah!
Gritó apretándo el estómago. Por sus ojos caía sangre debido al esfuerzo. Pero antes siquiera de que su poder se lanzara hacia los enemigos, su cuerpo dejó de responder.
Todo pasaba en cámara lenta para el chico, mientras veía a la mujer que amaba perder el conocimiento, y la sangre brotar de su cuerpo.
Entonces, de un momento a otro, sintió una brisa y una presión abismante pasar veloz a su lado. percatandose que Edith apareció a su lado y no en aquel lugar.
Los demonios comenzaron a ser decapitados con una facilidad aterradora.
Una sombra misteriosa apareció frente de aquel enorme demonio, que quedó paralizado al sentir el aura de aquella presencia. La sombra se lanzó, cortando cada extremidad del demonio. Este solo rugía de dolor, maldiciendo en una lengua inentendible.
Finalmente pereció cuando la sombra atravesó su cabeza con sus dos dagas.
La presión seguía siendo abismante.
El chico no sabía si ellos serían los siguientes.
—¿Qué demonios eres…? —susurró al aire.
De alguna manera, la sombra lo escuchó. Giró hacia ellos y, mientras se acercaba cada vez más, el otro chico bajó a su hermana de los brazos y se puso en guardia.
La sombra se acercó lo suficiente y les dijo:
—Yo no soy tu enemigo.
Desvió la mirada hacia las dos chicas inconscientes.
—Es mejor que vendes las heridas pronto o se desangrarán. Al menos eso le pasará a la de las flechas.
El chico aún no bajaba la guardia, lo que provocó algo de fastidio en el desconocido.
—Entiendo que desconfíes.
Entonces se quitó la capucha, dejando de ocultar su rostro en la sombra. Le estiró la mano.
—Mi nombre es Elior. Elior Blackwood.
El otro joven quedó perplejo. Aquella sombra que había acabado con alrededor de cincuenta demonios en cuestión de minutos era tan solo un chico.
Incrédulo, y de manera inconsciente, estiró la mano.
—Yo… me llamo Ellis.
—Encantado, Ellis —dijo Elior—. Nunca pensé que vería a otras personas por acá que no fueran almas.
—Lo mismo pienso —respondió Ellis.
—¿Te puedo ayudar a tratarlas? —preguntó Elior.
—Por favor… te lo agradecería.
Sin esperar más, comenzaron a tratarlas rápidamente allí mismo para estabilizarlas y alejarlas de la zona.
Pero algo cambió en el ambiente y solo Elior lo percibió.
Se levantó de golpe.
—Tenemos que irnos rápido —dijo.
Ellis lo observó, confundido.
—¿Qué sucede?
—Vendrán más. No debí usar mis poderes. Toma a una, yo tomaré a la otra.
—Está bien. Vámonos. Tenemos un mini campamento a unos kilómetros, escondido.
—Perfecto, vamos allá —respondió Elior.
8 horas después, ya en el campamento, Edith despertó, pero estaba demasiado cansada.
—Ey, ey —dijo Ellis—. Por favor, quédate quieta. No te muevas.
—¡Ellis! —exclamó ella—. ¿Dónde estamos? Por favor dime que no volviste por mí… ¿Dónde está Hella? ¿Por qué tengo una venda en los ojos?
Intentó quitársela.
—No, Edith, no te la quites aún.
—¿Por qué? —dijo molesta al notar que Ellis no respondía sus preguntas—. Necesito ver a Hella.
—Ambas están bien, Edith. Todo acabó.
Te recomiendo no quitarte esas vendas al menos hasta mañana.
—¿Quién dijo eso? —preguntó la chica, al oír una voz desconocida.
—Él es Elior —respondió Ellis—. Es quien me ayudó a sacarlas de ahí y a tratar sus heridas.
—Ellis —dijo Edith, molesta—. No puedes confiar en los seres de acá.
Ellis suspiró.
—Es humano, como nosotros.
—¿Qué? ¿Otro humano?
—Ahora ya sabes que Hella está bien. Por favor, descansa. Estamos en el campamento. Yo haré la guardia…
—Tú también deberías descansar —intervino Elior desde más lejos—. Aunque hayamos cosido tus heridas, sigues débil. Descansa. Yo haré guardia hasta la mañana.
—No —respondió Ellis—. No puedo pedirte eso.
—No lo estás pidiendo —dijo Elior—. me estoy ofreciendo. Es mejor que sigan su camino cuando hayan podido descansar bien. Por favor, ve a dormir. No me hagas obligarte.
—Oye, ¿quién te crees para hablarle así? —dijo Edith hacia Elior, a quien no veía, pero reconoció donde estaba por la voz.
—No soy nadie, no te preocupes —respondió él—. Pero a simple vista se nota que son guerreros. Por ello también saben que deben descansar sus cuerpos o no llegarán más lejos. No les pido que confíen en mí… pero hoy deberán hacerlo igual.
No hubo queja alguna, sabían que Elior tenía razón. Los minutos pasaron, y con ellos las horas.
Elior estaba fuera del campamento, sin poder dormir. Ya había perdido por completo la noción del tiempo que llevaba en el Purgatorio, pero de alguna manera le resultaba estremecedor haber encontrado a otros humanos.
—¿Cómo estarán mis niños… y Hina…? —dijo mientras se sentaba cerca de una farola que apenas iluminaba el lugar.
Se sentó a los pies de esta, recordando los rostros de Lia y Aramis, y también las frías palabras que Hina le dijo antes de que se adentrará en el Purgatorio.
—Solo espero que estén bien… —susurró.
Las horas pasaban y pasaban. El ambiente ya era mucho más tranquilo que antes. Elior seguía dando vueltas por todo el campamento; vigilar para él era más fácil, ya que podía camuflarse con facilidad en su sombra.
Dentro del campamento, todos comenzaban a despertar de a poco.
Primero fue Ellis, quien se levantó con el cuerpo adolorido. Caminó con dificultad hasta donde estaba su hermana y, al verla, notó que sus heridas ya estaban sanando. Se inclinó junto a ella e intentó despertarla.
—Hella… —susurró, moviéndola despacio.
Aunque sus palabras fueron suaves, fueron lo suficientemente audibles para que Edith las escuchara. Ella despertó de inmediato y, sin dudarlo, se arrancó las vendas de los ojos, quedando momentáneamente deslumbrada por la luz de la fogata.
—Ellis… —dijo al final, al ver a su hombre.
Se acercó a él sin pensarlo y lo abrazó con la poca fuerza que tenía.
—Me alegro de que estés bien —dijo, antes de besarlo sin dudar.
—Lo mismo digo, cariño —respondió Ellis, abrazándola con intensidad.
—Por favor… —se escuchó un susurro débil—. Vayan a besarse lejos de mí…
Ambos miraron hacia la chica.
—¡Hella! —exclamó Ellis emocionado. Su hermana ya se había despertado.
Se aseguraron de que sus vendas estuvieran bien colocadas. Con el paso del tiempo, los tres ya estaban lo suficientemente despiertos y comenzaron a conversar sobre lo que había sucedido el dia anterior y cómo habían logrado escapar.
—Hermano… —dijo Hella, mientras observaba cómo los tres estaban cubiertos de heridas—. ¿Cómo es posible que hayamos salido de ahí? Estábamos rodeados. Lo último que recuerdo es que muchos demonios me estaban atacando.
Ellis suspiró y apretó los puños al recordar lo débil que había sido.
—Eran demonios simples… pero llevábamos muchos días peleando y sin comida. Supongo que tuvimos suerte —dijo—. Discúlpenme… no fui capaz de proteger a ninguna.
Edith intervino de inmediato.
—Estamos vivas. No te preocupes más por el pasado. Esto nos servirá como enseñanza. Además, pudiste acabar con todos con la ayuda de ese tipo…
—¿Tipo? —preguntó Hella, confundida.
—Sí… un chico nos ayudó. Aunque decir que nos ayudó es mentir —respondió Ellis—. Nos salvó a los tres. Ni siquiera tuve tiempo de pestañear cuando acabó con todos.
Edith lo escuchaba, sorprendida.
—¿Estás diciendo que él solo acabó con todos? —preguntó.
—Sí… y lo peor es que fue en cuestión de no más de un minuto y medio. La presión de su aura… era algo abismante.
—¿Dónde está ese chico? —preguntó Hella, desconcertada, sin poder creerlo.
—No lo sé. Anoche dijo que haría la guardia… quizá ya se haya ido —respondió Ellis—. Me hubiera gustado darle las gracias de mejor manera.
Luego sonrió, volviendo poco a poco a su estado de ánimo habitual.
—Por lo menos tenemos otra oportunidad… pero tendremos que movernos de campamento.
Al rato, después de la charla, salieron del campamento a duras penas. Seguían heridos, pero no encontraron a Elior por ninguna parte.
—Al parecer se fue… —murmuró Ellis.
De pronto, desde la nada, escucharon pasos acercándose en su dirección. Tomaron sus armas de inmediato, preparándose. Sin embargo, al girar, Elior apareció de la nada, esta vez con el rostro cubierto, cargando un gran animal parecido a una vaca pero con apariencia horrorosa.
No era la mejor ni la más sabrosa especie, pero serviría para alimentarse por un tiempo.
—¿Qué demonios es eso? —dijo Edith, observando a Elior con el animal sobre los hombros.
—Ahgh… —se quejó Elior al dejarlo en el suelo—. Supongo que no comieron nada estos días.
Se acercó a ellos.
—No es el más sabroso, pero les dará la energía necesaria para seguir con lo que tengan que hacer. Agua tienen, así que no estarán mal hasta que se recuperen.
Hella intentaba, a toda costa, dilucidar el rostro del chico.
—Gracias —dijo Ellis, acercándose con una sonrisa y estirando la mano.
Elior se la estrechó, mientras observaba la barba frondosa y pelirroja del chico, bastante descuidada.
Edith, sosteniendo a Hella, se acercó rápidamente e hizo una leve reverencia hacia Elior.
—Gracias por lo de ayer y perdón por mi actitud.
—Por favor —respondió Elior—, no es necesario. Lo mínimo que se puede hacer es ayudar a los demás cuando lo necesitan y lo de tu actitud es normal debido a el lugar donde estamos.
Luego dio un paso atrás.
—Pero es momento de que me vaya. Debo seguir mi camino.
Comenzó a caminar hacia la nada.
—Quizá nos volvamos a ver más adelante… quién sabe.
Ellis sonrió y volvió a darle las gracias, al igual que Edith.
No pasó mucho tiempo antes de que el ambiente se tornara absurdamente inestable,y el cuerpo de Elior comenzará a reaccionar de forma extraña.
El dolor se volvió insoportable.
Cayó de rodillas.
—¡Mierda! —exclamó Ellis, acercándose rápidamente.
Pero apenas estuvo cerca, tuvo que retroceder de inmediato.
La sombra de Elior comenzó a temblar, como si intentara apoderarse de su cuerpo. Ambos vibraban al unísono, despejando la sombra que cubría el contorno de Elior.
Los tres vieron cómo los ojos de Elior comenzaron a brillar con una intensidad anormal… casi tan anormal como los ojos de Edith.
—Él también… —susurró ella.
Elior apenas alcanzó a mirar hacia arriba. Sus venas se hincharon.
—¡Aaagh! —gritó de dolor, antes de caer completamente inconsciente.
Provocando una pequeña onda expansiva.
Ellis se acercó de inmediato y lo tomó, preocupado. llevándolo al campamento recostandolo sobre una cama improvisada. Elior no reaccionaba a nada.
Su cuerpo yacía inmóvil…
Ellis y Edith, sin pensarlo, le quitaron parte de la vestimenta buscando alguna herida.
—Ellis… —dijo Edith—. No logro encontrar nada. ¿Y tú?
—Yo tampoco —respondió él—. No hay señales de que lo hayan lastimado o algo parecido.
—Esa reacción de su cuerpo no es normal — dijó Hella.
—He leído de algo similar antes de que acabáramos aquí. Quizás el poder del chico es más de lo que su cuerpo puede tolerar. Es casi parecido a lo que te pasa a ti, Edith… solo que, al parecer, este chico no logra controlarlo. A ti solo te ocurre por el uso excesivo.
Tanto Ellis como Edith creyeron en las palabras de Hella. si alguien conocia estos temas era ella.
—Entonces solo debemos dejarlo descansar… —afirmó Ellis.
Pero todo se descarriló cuando Hella notó algo entre la ropa de Elior.
—¿Qué es esto…? —susurró, agachándose para recoger un objeto.
—¿Qué cosa? —preguntó Ellis, dándose vuelta junto a Edith.
—Este amuleto… es de la Muerte —dijo Hella, mostrándoselos.
Las expresiones de los demás se tornaron pálidas. En especial la de Edith.
—Ese chico… —continuó ella— es uno de los ciervos de la Muerte…
—No… no puede ser posible —dijo Ellis, riendo de forma nerviosa.
—Aquí hay otro amuleto —añadió Hella, agachándose nuevamente para tomarlo.
En ese instante, Elior despertó de golpe. Como si estuviera siendo atacado, se levantó veloz y se puso en guardia. Sus sombras se movieron por sí solas y les arrebató los amuletos de las manos.
Los tres se agruparon casi al final de la carpa, en guardia, sorprendidos.
—¿Qué creen que están haciendo? —preguntó Elior con voz seria.
—Es un malentendido, Elior —dijo Ellis—. Solo tuvimos que quitarte las cosas porque te habías desmayado y no sabíamos si tenías alguna herida.
Elior bajó la mirada hacia su mano. Tenía ambos amuletos: el que le dio Alice y el que la Muerte le entregó.
Suspiró.
—Quizás fue mala idea quedarme.
Tomó rápido su equipo y su ropa, colocándoselos sin perder tiempo.
—Buena suerte —les dijo a los tres, que seguían conmocionados.
—Espera —dijo Hella, dándose media vuelta al verlo marcharse.
Elior se detuvo.
—¿Qué quieres…?
—Tu poder… —comenzó Hella.
—Hella —interrumpió Edith.
Pero Hella no la escuchó, o no quiso hacerlo.
—Tu poder te está consumiendo, ¿no es así? Tu cuerpo no tolera la sobrecarga que le exiges… por eso colapsas. Puedo ayudarte… —continuó—. Perdón, digo, podemos. A Edith le pasaba lo mismo.
Elior apretó los dientes.
—No creas que ella es igual a mí —dijo—. A diferencia de ustedes, yo estoy maldito y no me importan otras cosas más que hacerme fuerte y cumplir mi objetivo aquí. Así que esta será la última vez que nos veamos.
Y siguió caminando.
—Edith —dijo Hella—. Sé que estás cansada, pero debes traerlo hasta acá con tu poder, pero si es lo que sospecho, ese chico podría sernos de mucha ayuda.
—Es imposible, Hella —respondió Edith.
Pero Edith no podía decirle que no a Hella.
Estiró la mano y, usando su poder, frenó a Elior.
Elior sintió de un momento a otro que ya no podía moverse. A duras penas se dio vuelta, mirando fijamente a Edith.
Entonces dio un solo paso hacia ella.
Liberó toda su aura.
Una presión abrumadora dominó el lugar en un radio de cinco kilómetros a la redonda.
Edith detuvo su poder de inmediato. Había algo en esa aura y en la mirada de Elior que le advertía que debía parar enseguida. Intentó recuperar el aliento; apenas ejercer esa presión la había dejado exhausta.
Ellis se acercó rápido.
—¿Estás bien? ¿Qué sucedió? —preguntó preocupado.
—Ese chico… no es normal en lo absoluto —dijo Edith—. Es oscuridad pura.
Hella, habiendo confirmado sus sospechas, y Ellis miraron fijamente a Elior.
Pero él ya había desaparecido.
Lejos de ellos, Elior continuó avanzando esta vez a paso tranquilo.
apretó los puños. Estaba molesto, aunque no sabía exactamente por qué.
Desenvainó una de sus dagas y comenzó a jugar con ella mientras caminaba hacia uno de sus penúltimos objetivos.
—Cómo extraño a todos… —murmuró, observando cómo la daga volvía a su mano—. Quizás no debí venir…
El cansancio lo hacía ver pálido y la falta de sueño pesaba.
—Ya ni recuerdo cuánto tiempo llevo acá… —susurró—. Solo espero que no sea mucho en comparación al de Geheris.
Soltó una risa amarga.
—Qué rabia todo esto… me estoy volviendo loco hablando conmigo mismo.
Con el pasar de las horas, se sentó en un acantilado desde donde se podía ver el lugar de su siguiente objetivo. Una vista preciosa, considerando dónde estaba.
Una luna de luz tenue y espeluznante se alzaba en el cielo.
Elior sacó un papel casi destruido, manchado de sangre seca.
—Está bien… solo me quedan dos más. Dos más y puedo largarme de aquí. Tú puedes, Elior… tú puedes…
Su mirada se desvió hacia el vacío del acantilado.
—Okey… Antes de continuar con este demonio debo repasar los anteriores. Sus fortalezas y debilidades… así podré hacerme una mejor idea.
Guardó el papel.
—¿Quién fue el primero…? Ah, cierto…
Alzó la mirada, recordando.
—El perro enorme y deforme…
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