Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

La Sombra Sin Dios - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Sombra Sin Dios
  4. Capítulo 23 - Capítulo 23: CAPÍTULO XXII— El comienzo…
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 23: CAPÍTULO XXII— El comienzo…

—Okey… perfecto, primero debo buscar un buen lugar —dijo Elior mientras observaba el enorme territorio que era el Purgatorio.

Llanuras interminables se extendían ante él, cubiertas de árboles casi moribundos y de edificios y torres antiguas destruidas. Era una ciudad abandonada, tomada por completo por las plantas del Purgatorio, que habían reclamado el control del lugar. Las almas vagaban a su alrededor, observándolo sin poder acercarse.

Todo recién comenzaba.

Elior caminaba y caminaba, observando cada rincón. Las torres destruidas, los animales extraños del lugar similares a los de Geheris, pero mucho más sombríos y deformes. Aun así, eran tranquilos. No atacaban a menos que fueran provocados.

—No tengo ni siquiera un mapa… ¿cómo sabré a dónde dirigirme con exactitud? —exclamó, sin comprender la magnitud del lugar—. Esto tiene pinta de ser enorme…

Aun así, no se detuvo. Siguió avanzando, adentrándose cada vez más en el Purgatorio.

Algunas almas se acercaban a él, clamando perdón, pidiendo ayuda para volver con sus familiares. Elior intentaba tomarlas de la mano, pero sus dedos las atravesaban.

—Te ayudaré… —dijo, intentando sujetar a uno de ellos.

No podía agarrarlo. Y el alma tampoco podía detenerse.

Elior sabía que debía ser fuerte para tolerar todo aquello. Sería un largo período en ese lugar.

Mientras más se adentraba, el aire se volvía más helado. Las farolas apenas iluminaban. Tras caminar cerca de dos horas, subió a una enorme roca.

Entonces lo vio.

Cinco demonios, de apariencia deforme, con garras enormes y cuernos retorcidos, devoraban las almas que pasaban por el lugar.

Sin pensarlo, se lanzó.

—¡Ey! —gritó para llamar su atención—. ¡Vengan por mí!

Como bestias desesperadas, los cinco se lanzaron contra Elior.

Desenvainó sus dagas. Tan solo el roce de las hojas era capaz de cortar casi todo. Arrancó los brazos de uno mientras esquivaba los ataques de los otros. Debía separarlos o las garras lo alcanzarían.

Corrió hacia uno, deslizándose entre sus piernas y cortándoselas. Luego avanzó sobre otro, cercenándole el brazo y la cabeza. Con una de sus dagas, la lanzó con fuerza, clavando a otro demonio contra un árbol, atravesándole la cabeza.

Elior aniquiló a los restantes, dejando con vida solo al que había mutilado.

Puso su pierna sobre el cuello del demonio y presionó.

—¿Cómo llegaron aquí? ¿Y con quién vinieron? —preguntó, con una mirada asesina.

El demonio no respondía. Solo rugía de dolor.

—Última oportunidad —dijo Elior, clavándole la daga en el estómago.

—¡Aaagh! ¡Bastardo! —gritó el demonio.

Elior intuía que, al alimentarse de las almas, aquellos seres podrían evolucionar… y quizás también podrían hablar. Una sospecha que ahora parecía confirmarse.

—Perfecto. Puedes hablar —dijo—. Repito por última vez… ¿cómo llegaron aquí y con quién vinieron?

—¡No te lo diré jamás! ¡Te devoraré, maldito bastardo! ¡A ti y a tu descendencia! —gritó el demonio.

Elior lo miró fijamente, sin pestañear. Sus ojos se encontraron con los del demonio, que sintió lo que era el verdadero miedo.

Elior estiró la palma apenas un poco. La daga clavada en el estómago del demonio salió eyectada y volvió directo a su mano.

—No me sirves —dijo con frialdad—. Muere de una vez.

Clavó ambas dagas en los ojos del demonio.

Guardó silencio.

—Debe haber más demonios cerca… —pensó mientras limpiaba las dagas y guardaba instrumentos que podrían servirle—. Algo me guiará hasta su líder.

El aire se volvió demasiado helado. Quizás la noche se acercaba.

—Debo buscar refugio y encender una fogata para calentarme.

Encontró una pequeña cueva, lejos del lugar de la pelea. Derribó algunos árboles cercanos; necesitaba madera rápido. Encendió la fogata y cerró la cueva como pudo con todo lo que encontró.

Ya a salvo, comenzó a repasar el plan y los objetivos. Sacó el papel de su bolsillo.

—Cuatro objetivos… —murmuró—. Si ella sabía los objetivos, podría hacerlo ella misma…

Se quitó el abrigo y bebió agua.

—Mínimo espero que haya más agua y comida en este lugar… o no lograré nada.

Intentó relajarse, pero el silencio era enloquecedor. Aunque le gustaba el silencio, en el Purgatorio, lejos de donde transitaban las almas, no había sonido alguno. Ni siquiera los árboles crujían.

Era como si el aire mismo temiera hacer el mínimo ruido.

—¿Qué habrá querido decir Hina con esas palabras…? —susurró.

Recordó su enojo.

“Te jactas de no querer lastimar a nadie…

¡pero nos lastimas a todos!”

sacudió su cabeza.

Las palabras resonaban una y otra vez en su cabeza. No había sonidos que las ahogaran. Solo sus pensamientos, atacándolo de manera devastadora, haciéndole doler la cabeza.

Elior suspiró y se recostó en el suelo, usando su abrigo doblado como almohada.

—Mañana será un nuevo día… solo concéntrate en acabar con todos y volver a casa. Debo arreglar las cosas con Hina… debo volver…

Se lo repitió una y otra vez.

Y así, día tras día, el tiempo pasó sin que lo notara. Los días se mezclaban entre sí. Buscaba pistas, aniquilaba demonios, los torturaba de las peores formas posibles para obtener información… sin mucho éxito.

Por las noches, el silencio se apoderaba de todo.

—Debo volver… debo volver… —susurraba.

La suciedad cubría su rostro. Los días pasaban rápido y el cuerpo de Elior pagaba las consecuencias. No lograba acostumbrarse a la duración del día ni a lo cortas que eran las noches.

Las noches eran las más duras.

Ya no era presa de los demonios de Gehenna… sino de su propia mente, mucho más peligrosa que millones de demonios.

Al día siguiente despertó con el cuerpo adolorido. Ya era una situación de cazar o morir. Tenía hambre y sed. Tendría que comer a uno de los animales del lugar, sin saber si le harían daño o no.

Sin pensarlo, aniquiló a uno y colocó los trozos en la fogata. Debía esperar a que estuviera bien cocinado. Mientras tanto, fue a buscar agua.

En el nuevo campamento no lograba encontrar ninguna fuente cercana. Al llegar a la cima de una montaña, vio a lo lejos un castillo casi en ruinas, oculto parcialmente por la niebla.

—Allí… —pensó—. Quizás ahí encuentre lo que necesito sobre los demonios.

Anotó el lugar en un mapa ilustrado por su propia mano y regresó al campamento. Finalmente, en un escondite dentro de una cueva, encontró agua.

Sin pensar en las consecuencias, se dejó caer en ella. El agua cristalina le permitía ver si algo atacaba desde abajo. Permaneció allí varios minutos, dándose una ducha necesaria.

Luego llenó un recipiente para hervir el agua.

Al regresar al campamento, por fin sintió algo de alivio. Tenía comida y agua, lo más importante para recuperar energías.

Ese día no saldría a buscar información.

Necesitaba descansar.

Y eso era lo que haría.

Antes de dormir, anotó en su brazo los días que llevaba en el Purgatorio, para no perder la cuenta.

La comida no fue lo más agradable, pero ya tenía la energía suficiente para emprender viaje hacia aquel castillo lejano. Empacó sus cosas y se dispuso a caminar.

Las montañas no eran agradables de recorrer, menos aún con el frío constante que las envolvía. Mientras más y más se acercaba al castillo, más demonios se le aproximaban intentando devorarlo. Algunos eran aún débiles, otros claramente más fuertes.

Elior… los asesinaba de la forma más despiadada posible.

No solo quería cumplir con el objetivo que le había dado la Muerte. También estaba allí el objetivo más importante: acabar con cada demonio. Y los que encontraba no eran más que el comienzo.

Se adentró profundamente en un bosque, siguiendo ciegamente a uno de ellos. Fue entonces cuando cayó en una emboscada. Más demonios surgieron desde lo profundo del bosque.

Estos eran distintos. Su fuerza superaba a la de los anteriores. Ya se habían alimentado de muchas almas.

Elior no alcanzó a lanzar su daga cuando uno de los demonios lo embistió con fuerza, lanzándolo contra un árbol. Perdió el aire al impactar. Se levantó apenas… y fue golpeado nuevamente, esta vez con un mazo directo a las costillas.

El sonido fue seco. Se las rompieron.

Elior rodó por el suelo mientras recuperaba el aliento. El demonio volvió a atacar, pero esta vez detuvo el mazo con su mano. Con la otra atrajo una de sus dagas y la clavó en la garganta del demonio. Se fue incorporando lentamente mientras hacía fuerza con la hoja, levantándolo con ella.

Un solo gesto bastó para arrancarle la cabeza.

—Ya me hicieron enojar —dijo Elior, mirándolo con odio.

Los demonios se lanzaron contra él.

Elior arrojó sus dagas a dos de ellos, aniquilándolos con tiros certeros a la cabeza. A los demás prefirió descargar su rabia en combate cuerpo a cuerpo. Esquivaba las espadas de los demonios y empezó a jugar con ellos.

Les rompía los brazos uno por uno. Quebraba cuellos. Los torturaba, mostrando una sonrisa maquiavélica.

—¡Sufran! ¡Sufran! —gritó Elior, con una expresión de felicidad torcida en el rostro.

Los demonios solo gritaban y rugían de dolor.

Ya solo quedaban dos.

Elior atrajo nuevamente sus dagas hacia él y los miró fijamente, con esa sonrisa retorcida de quien disfruta la caza.

—De rodillas —ordenó.

Los demonios se miraron entre ellos, luego lo miraron a él con odio.

—¡Dije que de rodillas! —gritó nuevamente—. O los arrodillo yo.

Uno de ellos finalmente habló:

—No me arrodillo ante un hum—

—Perdón —interrumpió Elior—. No te alcancé a oír… por lo que veo, te falta la cabeza.

La cabeza del demonio quedó partida en dos.

El último se arrodilló sin pensarlo.

Elior se acercó a él.

—Dime… ¿cómo entraron y con quién vinieron?

El demonio solo gruñía.

—Si te lo digo… ¿me dejarás vivir? —preguntó apenas, con dificultad.

—Por supuesto que no. Morirás de todas formas —replicó Elior, mirándolo como si no fuera más que un insecto.

—Entonces no te diré nada…

—Te daré una oportunidad más —dijo Elior—, ya que te arrodillaste. ¿Me lo dirás o no? De tu siguiente respuesta depende si tu muerte será indolora y rápida… o mucho peor.

El demonio sintió la opresión del aura de Elior, pero aun así intentó atacarlo.

Fue inútil.

Elior lo sujetó de la cabeza y lo lanzó al suelo, colocándose encima de él. Clavó sus dagas en los brazos del demonio, fijándolos al suelo. Luego se agachó y comenzó a golpearlo sin parar en el rostro, una y otra vez.

Le arrancó los cuernos y se los clavó en las costillas.

—Te dije que sería mucho peor… —dijo Elior, con la respiración agitada.

El último golpe destrozó por completo el rostro del demonio, que ya yacía muerto.

La sombra de Elior curó rápidamente sus heridas: las costillas, los nudillos.Mientras Elior limpió sus dagas con la ropa de aquellos demonios.

—¿Cómo es posible que ninguno se digne a hablar? Así no llegaré a ningún lado —dijo molesto—. Debo buscar otra forma de hacer esto. Quizás ese castillo tenga información.

Se fue rápidamente de allí para retomar el camino hacia el castillo.

Pero al salir del bosque, la escena fue aún más abrumadora.

No había camino.

Un gran abismo separaba su posición del castillo.

—No puedo saltar eso… ni loco —murmuró mientras se acercaba al borde y miraba hacia abajo—. No. Sin duda lo rodearé.

Guardó sus dagas y siguió caminando por la orilla del abismo hasta que cayó el anochecer.

La noche fue una de las peores noches en el purgatorio. No sabía si era por estar cerca del castillo, pero los gritos de las almas se escuchaban de forma abrumadora, haciéndole imposible concentrarse.

Elior se quedó frente a la fogata y se tapó los oídos con las manos. Ya no aguantaba los lamentos.

“Yo solo quiero volver a ver a mis hijos”.

“¿Dónde está mi madre?”.

“Por favor, que alguien me ayude”.

“Debí aniquilarlos a todos”.

Los lamentos no solo se escuchaban con intensidad; de alguna manera, el eco chocaba dentro de la cueva de Elior, retumbando por todos lados.

—Cálmate… cálmate… ya pasará… no puedes ayudarlos —se repetía una y otra vez, apretando los dientes.

La presión del lugar ya era insoportable. Se levantó, pero justo en ese instante la fogata se apagó, dejando que el frío tomara por completo el lugar.

—Lo que me faltaba… —murmuró molesto.

Salió rápidamente de la cueva, a duras penas. La escena afuera era una locura. Un brillo azul flotaba cerca del abismo. Elior, con curiosidad y algo de miedo, se acercó. Mientras más se aproximaba, más intensos se volvían los lamentos.

Ya no era solo un abismo.

Era una especie de río cubierto de almas, suplicando misericordia y buscando su camino. A lo lejos, se veía un bote que pasaba lentamente. Ya estaba muy lejos, pero Elior intentó enfocar mejor la vista y logró distinguir —o eso pensó— tres figuras en él.

—Quizás sean almas… —pensó.

Pero al darse vuelta, se encontró de frente con una sombra. Dio un ligero salto hacia atrás por la impresión.

—Hijo mío… —dijo el alma de una mujer, intentando llevar sus manos a las mejillas de Elior—. Perdóname por abandonarte…

Elior la miró a los ojos. No sabía quién era aquella mujer, pero no dijo nada. Solo la escuchó.

—Sé que puedes salir adelante sin mí. Siempre fui una carga para ti, mi niño hermoso. Espero que ahora puedas ser feliz… ¿Por qué no me dices nada, hijo? —continuó el alma.

Elior estiró las manos, intentando tocar las de la mujer.

—No te preocupes por nada, madre. Puedes buscar tu paz ahora y descansar de todo. Yo estaré bien y siempre te tendré en mi corazón —dijo, mirándola fijamente a los ojos.

—Sé que estarás bien, mi niño… y sé que nos veremos algún día…

—Estaré esperando ese día con ansias, madre. Pero mientras tanto, viviré por los dos —respondió Elior, con una sonrisa en el rostro.

La madre le devolvió la sonrisa. De la nada, su alma comenzó a brillar con una luz cálida y fue desapareciendo lentamente de aquel lugar.

Elior bajó la mirada.

—Espero que de verdad puedas encontrar la paz… y si no, mi reino te abrirá las puertas —susurró con una leve sonrisa.

El alma desapareció.

Elior volvió al campamento. No recogió leña. Se adaptó al frío del lugar, selló la cueva como pudo y se recostó en el suelo, tapándose con el abrigo. Sin evitarlo, como cada noche, pensó en volver… y en que los niños, Kael y Hina, estuvieran bien.

Por la mañana, después de comer, se sentía más ligero para continuar el viaje. Apagó la fogata y retomó el camino. Tras horas de caminata sin encontrar demonios ni almas, llegó finalmente al final del abismo.

Un puente de piedra, con farolas que apenas iluminaban el camino, se extendía frente a él. Lo atravesó y, al dejar atrás el abismo, se adentró en un nuevo sendero.

El olor a demonio era mucho más fuerte, al punto de provocarle náuseas.

—Qué asco… deben haber muchos demonios por acá cerca —dijo, tapándose la nariz y la boca.

Rasgó una parte del cinturón de tela que llevaba y se cubrió nariz y boca, improvisando una pequeña máscara. Desenvainó sus dagas por precaución.

El hedor era insoportable.

Pasó tres días caminando por ese lugar, acampando por las noches. A pesar del olor, no logró encontrar a ningún demonio. Algo claramente no estaba bien.

Esa noche, se dispuso a revisar el mapa que él mismo había dibujado.

—Algo no está bien… ¿dónde se ocultan estos demonios?

Fue sacado de sus pensamientos abruptamente. El ruido afuera era intenso. Se escuchaban las almas nuevamente… pero esta vez, también a los demonios.

Por su propia pereza, no se había percatado de lo obvio.

Estos demonios esperaban la noche para cazar, cuando había más flujo de almas.

Golpeó la muralla con enojo, tomó su abrigo y sus dagas, y salió del campamento en dirección al bosque, de donde provenían los gritos.

Se encontró de frente con una escena horripilante.

Alrededor de veinte demonios sujetaban a las almas con sus manos, mordiéndoles la cabeza hasta arrancarla, devorándolas por completo. Aquellas almas, destinadas a algún lugar, no llegarían jamás.

De alguna forma, los demonios podían tocarlas. Alguien los ayudaba.

—Mierda… —dijo Elior, furioso, desenvainando las dagas—. ¡Ey! —gritó—. ¡Vengan! Seguro que yo seré más apetitoso.

Todos los demonios rugieron al mismo tiempo al verlo. Todos, excepto uno. Había algo raro en él.

Los demás se lanzaron contra Elior, pero su mirada solo se centraba en el que permanecía quieto.

Elior se lanzó al combate. Comenzó a pelear con los demonios, viéndose rápidamente superado. Cortaba una mano, pero otro lo golpeaba al instante.

Tenía que matarlos rápido o perdería.

Golpeó el suelo, creando una onda expansiva que los alejó. Comenzó a decapitarlos lo más rápido posible. Lanzaba y atraía sus dagas sin descanso. Los demonios caían, aunque no sin antes golpearlo con fuerza brutal.

Mientras rompía el cuello de uno, otro se lanzó y mordió su brazo. Elior lo agarró con el otro y lo lanzó contra otro demonio.

Estaba cansado. Aún quedaban cerca de diez.

Y aquel demonio… seguía quieto, observando.

—Tengo que ser más rápido… —pensó.

Comenzó a usar el lugar como arma. Lanzó sus dagas esperando que las esquivaran, solo para atraerlas de inmediato y atravesarles la espalda. Dos demonios cayeron cuando las hojas les perforaron la cabeza por completo.

Corrió esquivando ramas y golpes. Lanzó arena del suelo, cegándolos por un instante, y los golpeó con brutalidad, estrellándolos contra las rocas.

Clavó una daga en el cuello de uno y, con una patada, la empujó aún más, rompiendo la roca y al demonio.

Siguió con los demás, rompiéndoles las extremidades.

Cuando terminó con los diecinueve demonios, Elior estaba cubierto de sangre.

Quedó frente a frente con el último.

Con la respiración entrecortada, intentaba mantener el equilibrio de su cuerpo.

—Eres lento —dijo finalmente el demonio—. Será un lindo recuerdo tu cuerpo mientras me lo como.

—Sí… pues veremos quién asesina a quién —respondió Elior, mirándolo fijamente, con los ojos brillando con una intensidad anormal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo