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La Sombra Sin Dios - Capítulo 24

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Capítulo 24: Capítulo XXIII — Rabia.

No había instante para dudar. Elior lo sabía.

Pero también sabía que no podía aniquilarlo y torturarlo así como así, a ese demonio. Había algo raro en él. Quizás, si lo forzaba un poco más, daría la información necesaria.

Elior suspiró y sonrió mirando al suelo.

—Haremos esto de forma que sea pareja para ti —dijo, mientras alzaba la mirada con una expresión asesina clavada en el demonio.

Sonrió de nuevo.

—No usaré mis dagas.

Las tomó y las lanzó lejos.

El demonio respondió solo con un gesto de molestia.

—Te arrepentirás de esa arrogancia —escupió, mientras desenvainó su espada.

Ambos se lanzaron al ataque.

Elior se sorprendió ligeramente por la velocidad del demonio, a pesar de su peso. Esquivó los espadazos mientras contenía su fuerza y lo golpeó en el rostro.

—Vamos… ¿eso es todo lo que tienes? —decía Elior con una sonrisa asquerosamente arrogante—. Para eso hubieras peleado junto con tus demás demonios.

—¡Jajajajaja!

Gritó mientras se acercaba rápido al demonio, que se disponía a atacar. Esquivó el golpe y lanzó una ráfaga rápida de ataques cuerpo a cuerpo por todo el abdomen y el rostro.

El demonio solo gruñía de dolor.

Todo era raramente fácil… y Elior no se percató de ello.

Cuando menos lo esperaba, el demonio atrapó a Elior con una especie de hilo infernal, invisible, pequeño, pero lo suficientemente fuerte para atrapar a quien sea.

Elior giró rápidamente la cabeza hacia sus brazos, que habían sido atrapados por algo que no veía. Al volver la vista al frente, el demonio lo golpeó directamente en el rostro… una y otra vez.

—Vamos, pide tus dagas, maldito humano —decía el demonio mientras lo golpeaba sin parar.

Sin embargo, cada golpe era menos y menos efectivo.

Elior hizo fuerza. La necesaria. Hasta romper aquello que lo sujetaba.

El demonio, al darse cuenta, intentó apuñarlo. Pero Elior se soltó, esquivó el espadazo y, con una mano, empujó al demonio mientras tomaba impulso para alejarse.

—No me la esperaba… bien jugado, maldito animal —dijo Elior mientras escupía sangre—. Me volví arrogante…

Lo repitió para sí, bajando la cabeza. La sacudió con fuerza.

—Ok… acabemos con esto.

Elior se lanzó nuevamente al ataque. El demonio arremetió con su espada, pero Elior decidió no esquivarla. Con su mano la agarró y comenzó a apretarla poco a poco, mientras la hoja le cortaba la piel.

El demonio no podía sacar la espada.

Con su otra mano intentó golpear a Elior, pero antes siquiera de tocarlo, Elior la atrapó… y le arrancó el brazo. Con la otra mano, rompió la espada.

El demonio se lanzó hacia atrás.

Elior se abalanzó sobre él, golpeándolo en el rostro y lanzándolo al suelo.

No se detenía.

—Cálmate… cálmate… —se repetía en su cabeza.

Pero su cuerpo no obedecía a su mente.

Golpeaba sin piedad al demonio, rompiéndole las piernas. Luego lo alzó y lo lanzó contra un árbol, donde en cuestión de milisegundos lo clavó con sus dagas y la espada rota del demonio.

El demonio se desangraba.

Elior se acercó y le enterró el puño en el estómago, sacándolo empapado en sangre.

—Bast… bastardo… —murmuró el demonio, escupiendo sangre sin parar tras ser atravesado.

—Cálmate… —la mente y el cuerpo de Elior no se entendían—. ¡Cálmate!

—¡¡CÁLMATEEEE!!

Un grito profundo resonó en su cabeza y detuvo su cuerpo en seco.

Suspiró. Volvió a respirar.

—¿Cómo entraron… y con quién vinieron? —susurró cerca del demonio.

No hubo respuesta. Se estaba muriendo.

—¿Cómo entraron y con quién vinieron? —gritó, mirándolo fijamente.

Silencio.

—¡Ya estoy cansado de ustedes! —rugió Elior, lanzándole golpes directos al pecho.

—Bast… ta… —decía el demonio con dificultad. La energía abandonaba su cuerpo.

—¿Con quién y cómo llegaron? —dijo Elior, con los ojos iluminados por una luz aterradora, a centímetros del rostro del demonio.

—Perd…óname… la vida… —suplicó.

—Respóndeme y lo pensaré —dijo Elior—. Solo necesito respuestas. Dámelas y vivirás.

El demonio estaba en una encrucijada. Sabía que un golpe más y moriría. Apretó los colmillos.

—Lo… los cuatro guerreros… del hijo del príncipe tercero… el príncipe Asmodeo… él abrió los portales para su ejército…

Al terminar, vomitó sangre por el esfuerzo.

—Asmodeo… y sus cuatro guerreros… —pensó Elior—. ¿Dónde están esos cuatro guerreros?

—No… sé… —respondió el demonio, ya sin voz—. Por favor… déjame vivir… mis hij—

No alcanzó a terminar.

Elior le arrancó la cabeza, impidiendo que hablara más.

—Ya no me eres de utilidad…

Llamó a sus dagas de vuelta y se limpió la sangre. Observó la herida de su mano: la cicatrización era cada vez más lenta. La sangre goteaba.

Sacó una pequeña venda y se la colocó para seguir avanzando.

—Asmodeo… Asmodeo… he escuchado ese nombre…

Avanzó rápidamente en dirección al castillo. Aún quedaba mucho camino, pero no había tiempo para descansar.

Seguía matando demonios, uno tras otro, sin detenerse.

Todo iba bien… hasta que ya no pudo más.

No lograba visualizar nada. Estaba mareado.

—¿Estoy deshidratado… o fatigado?

Negó con la cabeza.

—No… no debe ser eso. He comido lo suficiente… ¿qué me pasa?

Se llevó la mano a la cabeza.

Algo ocurría en su cuerpo. Un dolor casi indescriptible lo recorría, pero no podía parar.

Cuatro demonios corrieron tras Elior al verlo.

Apretó los dientes. No podía mover su cuerpo. Una energía salía de él, quemándolo por dentro. Cayó de rodillas y una onda expansiva se liberó, desintegrando a los demonios en un instante.

Solo al soltarla logró respirar un poco… de forma agitada.

La cabeza le dolía como si se la estuvieran aplastando.

Intentó correr para alejarse, pero tambaleaba y caía una y otra vez. Mientras corría, tropezó y cayó por un pequeño barranco, rodando por las piedras.

Se golpeó la cabeza con la fuerza suficiente para quedar fuera de sí.

Intentaba mantener los ojos abiertos, pero estos se cerraban absolutamente solos. Batallaba para no dormirse; caer inconsciente ahí era lo más peligroso.

Giró un poco la cabeza y notó una pequeña roca que ofrecía refugio. A duras penas se arrastró hacia ella, mientras la sangre corría por su rostro, cayendo inconsciente tras el esfuerzo.

Las horas pasaron, y Elior no despertó hasta el día siguiente.

Abrió los ojos lentamente mientras llevaba la mano al lugar de donde provenía el dolor. Sintió una pequeña protuberancia en la frente.

—¿Por qué no se ha sanado…? —pensó.

Se giró para salir del pequeño escondite. La poca luz que había llegó directamente a sus ojos.

—Ahí… ahí hay agua… —dijo Elior mientras intentaba incorporarse y caminar hacia un pequeño charco.

Al llegar, cayó de rodillas. En el reflejo del agua vio su rostro totalmente pálido. La sangre seca en su rostro evidenciaba el tremendo golpe que se había dado.

Con cuidado se lavó la cara y la herida.

—¡Au! ¿Por qué duele tanto…? —se preguntó.

Se quitó la venda de la mano. El corte ya había sanado.

—Por lo menos eso es algo bueno —dijo, mientras colocaba las manos bajo el agua—. Necesito comer…

Se levantó y fue en busca de algo.

Con la fogata puesta y la comida cocinándose, se sentó y sacó un papel, escribiendo la información.

Asmodeo, uno de los hijos de un príncipe. Tiene cuatro guerreros. Esos cuatro están aquí. Deben ser los cuatro objetivos que me dio la Muerte. Debe estar molesta porque ellos entraron a su territorio…

Pensó Elior mientras llevaba la mano a su frente. La herida ya había sanado.

Quizás si no he comido o si llego a un punto débil de mi cuerpo, mi sombra no logra curar mis heridas. Tal vez sea por la poca sincronización que tengo con ella…

Debo encontrar a estos guerreros y acabarlos rápido. Pero que sean o no guerreros no es información muy útil. Debo llegar a ese castillo lo más rápido posible o estaré aquí mucho tiempo.

En un susurro soltó:

—¿Seré capaz de acabar con ellos…?

Tomó la carne y comenzó a comer. Cuando ya estaba casi al cien por ciento, supo que lo mejor era entrenar y meditar. Debía regular su cuerpo y su mente.

Anotó en su brazo los días, como siempre. Contó los palitos marcados.

—Llevo veinte días aquí… carajo…

Suspiró.

—No he conseguido nada útil. Debo apresurarme… a este paso acabaré todas las vacaciones acá. Debo terminar antes de que vuelvan a comenzar las clases…

A pesar de ser alguien fuera de lo normal, su preocupación por intentar tener una vida como un humano común y corriente seguía siendo alta.

—¿Qué estarán haciendo Lia y Aramis…? —se preguntó a sí mismo con una leve sonrisa.

Pero la tranquilidad del momento no duró mucho.

Un pequeño temblor sacudió el purgatorio. Quizás había demonios peleando, pero para generar un terremoto así, debían ser muy fuertes.

Elior apagó la fogata, se puso el abrigo y la capucha, y corrió hacia donde provenía la mayor presión.

Mientras se acercaba, la tierra se rompió, haciendo que Elior cayera junto a ella.

Miró hacia abajo mientras caía y clavó una de sus dagas en la muralla de tierra que aún se mantenía firme, mientras el resto se desplomaba.

Suspiró al ver cómo esa tierra caía hacia un vacío oscuro.

Se dio vuelta, clavó la segunda daga para afirmarse mejor y comenzó a subir poco a poco.

Al salir, ya no se sentía nada. No había olor alguno, ni de demonios ni de nada.

—¿Qué acaba de pasar…? —dijo Elior, mientras su vista se perdía en la destrucción del entorno.

El derrumbe se había llevado gran parte del camino.

—¿Hasta dónde debo llegar ahora…? —murmuró molesto, sin saber por dónde avanzar hacia el castillo.

Buscó un lugar elevado. Al llegar a la montaña más alta del lugar, logró visualizar el castillo mucho más cerca.

De la nada, la niebla proveniente del castillo intentó cegarlo y quemarlo. La vista le ardía, pero no era tan intensa.

Ya con el camino identificado, se adentró por la nueva ruta.

Los árboles estaban completamente secos. No había vida alguna.

La niebla descendió casi hasta ras de suelo.

Había cadáveres de demonios por todas partes… flechas clavadas en sus cabezas. Claramente había ocurrido una batalla ahí.

—¿Quiénes fueron…? —pensó.

Elior se acercó a uno de los demonios, sacó la flecha de su cabeza y la observó. Era especial. Tenía el símbolo de un rayo.

—Jamás he visto esto…

La flecha era extrañamente pesada y, a la vez, ligera. Había atravesado al demonio casi sin esfuerzo.

El ambiente y la sangre aún estaban tibios.

—No fue hace mucho… deben estar cerca —dijo Elior—. Lo mejor es que tenga cuidado…

Se volvió a colocar la capucha, cubriendo su rostro en la sombra.

—Cada vez queda menos para ese castillo. Pase lo que pase, haya lo que haya… debo superarlo, ojalá haya uno de esos guerreros ahí.

Las noches y los días seguían pasando mientras se adentraba cada vez más en el camino hacia aquel castillo, un trayecto que parecía eterno.

Las noches estaban plagadas de lamentos de almas, y los días, de los rugidos de demonios alimentándose. Cada paso que daba significaba un demonio menos… pero la carga sobre su espalda se volvía más pesada.

Elior sabía que algo no estaba bien en su cuerpo. Cada día lo sentía con mayor claridad. Su cuerpo estaba cambiando. Ya no sentía el poderoso frío del purgatorio, así que se quitó el abrigo y el resto de la armadura, quedando solo con su polera y la capucha amarrada a la cintura.

Sin el abrigo se sentía aún más ligero.

Salió de la cueva donde se refugiaba y comenzó el trayecto hacia el castillo, no sin antes acabar con una larga fila de demonios que lo esperaban.

Caminó durante horas hasta que finalmente llegó.

Ya no era necesario subir a un lugar alto para ver el castillo. Estaba ahí, frente a él.

Elior sonrió levemente y suspiró, encaminándose hacia la entrada.

Al llegar a la puerta, esta se abrió completamente sola, como si lo invitara a entrar.

Elior observó las puertas con inseguridad… pero aun así se adentró.

La niebla era densa, casi imposible de atravesar con la vista. De la nada y sin aviso, todo comenzó a comprimirse. Elior sintió la presión, incapaz de moverse, y en un instante, cayó justo en el centro del castillo.

La habitación estaba completamente oscura. El polvo de la caída flotaba lentamente en el aire.

No había ningún olor fuera de lo normal. No había demonios… o quizás jamás estuvieron ahí.

Elior se levantó y se sacudió la ropa.

—¿Qué carajo es esto…? —murmuró.

Al dar un paso, las antorchas del lugar se encendieron una a una, revelando un trono completamente destruido.

—¿Será este el trono de Azriel…? —dijo con un tono burlesco—. Es horrible…

Se acercó a la gran silla y limpió una marca indistinguible por la acumulación de polvo. No podía sacarlo del todo, así que le echó agua. La tierra y la suciedad comenzaron a desprenderse poco a poco, revelando finalmente una marca.

Era un símbolo parecido a un eclipse lunar, con dos dagas cruzadas en el centro de la luna. Debajo de este, una sola palabra.

“Rage”.

—RAGE… —susurró Elior mientras observaba la figura.

Se sentía, de alguna manera, atraído por esa marca. Colocó la palma sobre ella.

De inmediato sintió que algo salía de su cuerpo, mientras una presión nacía desde su pecho.

En la desesperación, levantó la cabeza… solo para ver un mundo completamente diferente. Como una visión breve, ajena a él.

Sus ojos comenzaron a sangrar. Pequeñas gotas de sangre cayeron por su rostro mientras Elior observaba, estupefacto, aquella escena.

Un mundo donde él estaba sentado en medio de la destrucción, aniquilándolo todo… incluso a los seres humanos. Sonreía de forma maquiavélica, cubierto de sangre. Cuerpos humanos yacían en el suelo, y sostenía un demonio en una mano y un ángel en la otra, como prueba de que había acabado con todos… sin excepción.

Elior apretó los dientes.

La rabia comenzó a apoderarse de él, creciendo cada vez más.

Con un esfuerzo desesperado, logró retirar la mano. La marca quedó impresa en su piel por un instante… y luego desapareció, como si hubiese sido absorbida por completo.

El mareo lo golpeó de inmediato.

Se afirmó del trono destruido y terminó sentándose en él, cayendo poco a poco inconsciente.

—No… no puedo… —murmuraba Elior, luchando otra vez por mantenerse despierto—. Necesito continuar… quiero volver a casa…

Su voz se volvió apenas un susurro.

—Hina… ayúdame…

Y finalmente, cayó inconsciente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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