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La Sombra Sin Dios - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - Capítulo 26: Capítulo XXV — ¿6 brazos? debe ser una broma…
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Capítulo 26: Capítulo XXV — ¿6 brazos? debe ser una broma…

Con el pasar de las horas, Elior comenzó a despertar poco a poco de aquella visión que lo había dejado completamente inconsciente.

Llevó ambas manos a la cabeza mientras abría los ojos con dificultad.

—Mi cabeza… —murmuró, presionándola con fuerza.

Todo aún le daba vueltas.

Aun así, se levantó a duras penas, recogiendo la daga que yacía en el suelo. Sus ojos seguían entrecerrados, le ardían.

—Debo moverme de acá… —continuó—. Debo buscar una habitación y refugiarme ahí…

Cada paso era más pesado que el anterior. Se tambaleaba, pero aun así avanzaba.

Con cada uno de sus pasos, las luces del pasillo se iban encendiendo una a una.

El polvo gobernaba aquel lugar.

No fue hasta que llegó al pasillo principal que la luz lo deslumbró.

—Carajo… —dijo, cubriéndose los ojos.

No era una luz intensa, pero sí suficiente para alguien que recién despertaba.

Cuando su vista se recalibró, abrió los ojos de par en par.

Frente a él había un pasillo repleto de cuadros.

—¿…Soy yo? —se preguntó, incrédulo.

Enfocó la vista, acercándose poco a poco.

—No… no soy yo… entonces, ¿quién es…?

Los cuadros mostraban a alguien parecido a Elior… y a la vez no.

Un hombre de cabello extremadamente largo, castaño oscuro, perfectamente peinado. Sus ojos brillaban como un sol completamente blanco. La corona que llevaba no resplandecía en lo absoluto.

Su rostro transmitía serenidad.

Elior se acercó más.

En uno de los cuadros había unas palabras cubiertas de polvo. Movido por la curiosidad, limpió con cuidado.

Azherion

“El verdadero rey, aquel que camina bajo todas las sombras”

—¿Azherion…? —susurró Elior—. ¿Sombras…? ¿Él es…?

Recordó las palabras de Alice.

—¿El antiguo rey del que me habló…?

Sorprendido, siguió avanzando.

En otros cuadros aparecía Azherion junto a Alice.

Elior se detuvo frente a uno de ellos.

No podía dejar de mirar.

Alice se veía feliz.

Una felicidad distinta… muy distinta a la Alice actual.

—No he visto esa sonrisa tan grande en Alice… —murmuró—. Te entiendo, Alice… no siempre se puede fingir…

Entonces, una idea lo golpeó.

—Entonces… este es el castillo del antiguo rey…

De pronto, todo comenzó a temblar.

Los cuadros cayeron. Elior también.

El castillo entero se sacudió.

Los cuadros, la estructura, incluso la luz cálida… todo se apagó.

—¿Qué mierda fue eso…? —soltó Elior, sacudiéndose el polvo de la ropa.

—Debo buscar lo que vine a buscar e irme rápido…

Solo dio dos pasos.

Se detuvo.

Había nuevos cuadros.

Ya no aparecía el antiguo rey.

Esta vez… era él.

No hubo pensamiento alguno.

La respiración se contuvo.

Todo quedó en silencio.

Elior se acercó lentamente. Alzó la mano hacia el cuadro… y una ligera sonrisa apareció en su rostro.

Una lágrima inconsciente cayó.

El cuadro mostraba un recuerdo hermoso.

Su madre. Su padre. Su hermana. Él mismo.

Cuando todo era simple.

Un niño con aspiraciones de ayudar a todos, protegido por el amor de su familia.

De pronto, un ruido lo sacó del trance.

Una puerta se había abierto de par en par, revelando una habitación completamente oscura.

Elior respiró agitadamente. Sacó sus dagas por precaución y avanzó hacia la puerta.

Antes de entrar, miró de reojo otros cuadros.

Su vida estaba registrada allí.

El primer demonio que asesinó.

El purgatorio.

Otros momentos que no reconocía.

El último cuadro lo dejó helado.

Elior, cubierto por sombras, gritando con todo su ser.

El rostro lleno de ira.

Desconcertado, dio un paso hacia él.

Una flecha salió disparada desde la oscuridad.

Elior la atrapó justo antes de que alcanzara su rostro.

La apretó con fuerza y la rompió.

Avanzó.

Al dar un solo paso dentro, las luces se encendieron y la puerta se cerró de golpe.

Elior volteó, confundido.

Luego miró al frente.

La escena era horrenda.

Alrededor de cien demonios ocupaban el salón más grande del castillo, devorando almas… y devorándose entre ellos.

Elior apretó los dientes.

Su cuerpo adoptó una postura de combate.

Los demonios se giraron al mismo tiempo y rugieron.

El eco fue insoportable.

Todos se lanzaron.

Elior también.

Saltó por encima de los primeros y golpeó el suelo con pura fuerza bruta, quebrándolo y generando una pequeña onda expansiva.

—Debo separarlos… si los enfrento juntos será mi perdición.

Comenzó a cortar cabezas sin dudarlo.

Agarró a uno por el brazo y lo apuñaló reiteradas veces hasta clavarle la daga en la cabeza.

Dos más se lanzaron.

Elior se agachó.

Una daga apuntó al demonio detrás, la otra al de enfrente.

Ambas atravesaron sus cráneos y regresaron a sus manos.

Combinó combate cuerpo a cuerpo contra los desarmados y dagas contra los que portaban espadas.

Corrió hacia un demonio más grande, saltó sobre él, le arrancó la espada y se la clavó en la cabeza. La sacó y la lanzó contra otro.

Un demonio logró hacerle varios cortes en el brazo.

—Mierda…

Apretó el puño y reventó el rostro del demonio de un golpe.

Aún quedaban muchos.

Cortó piernas, manos, ganando tiempo.

Esquivó ataques y degolló rápidamente.

Pero al cortar un cuello, lo hizo de más.

La sangre le salpicó el rostro.

Por un segundo quedó cegado.

—¡Ah, mierda!

Recibió varios golpes y rodó por el suelo.

Se alejó, limpiándose un ojo con el abrigo.

Siguió peleando.

Los números se reducían.

Tomó una espada y avanzó, cortando y esquivando.

Clavó la cabeza de un demonio en un en un pilar.

Atrajo sus dagas y acabó con los últimos.

Dejó a uno sin piernas.

Apoyó el pie en su cuello.

—¿Dónde está tu líder?

Apretó más.

—Asiente si responderás.

El demonio gruñía… hasta que de un momento a otro sonrió.

Elior sintió una presencia detrás.

Se giró lo suficientemente rápido y bloqueó el golpe del demonio, pero salió volando y se estrelló contra la muralla.

Saliva y sangre escapaban de su boca.

—Aunque me cubrí… mierda… no respiro…

Miró al demonio acorralado.

Una figura difusa estaba sobre él.

La figura lo devoró por completo.

Elior se levantó a duras penas.

—Mierda…

Sus piernas temblaban.

Llamó a sus dagas.

Aquel demonio rápidamente miro a Elior, advirtiendo que es la próxima presa.

Suspiró.

—Por lo menos espero que este hable… así que no puedo matarlo rápido. Necesito información.

El demonio, de casi tres metros y seis brazos, atacó.

—Seis brazos… debe ser una jodida broma…

Era rápido. Su cola llena de púas lo hacía peligroso incluso por la espalda.

—Piensa… piensa…

Elior sonrió.

—Perfecto.

Se lanzó.

Esquivó golpes, se deslizó y clavó la daga en la cola.

El demonio lo persiguió por toda la habitación.

Elior usó los pilares como le enseñaron los ancianos.

Cortes pequeños. Distracción.

—¡No dejarás de correr! —rugía el demonio.

Elior corrió rápidamente hacia un pilar, impulsandose saltó a las espalda, lanzó las dagas.

El demonio bloqueó.

Elior sonrió.

Al caer al suelo, espero al demonio.

El demonio se lanzó

Elior esquivó los golpes de forma precisa y se deslizó eficazmente a un costado, arrancándo dos brazos de un golpe.

El demonio rugió

—¿Cómo es posible…?— preguntó el demonio mirando como sangraba.

—Al parecer solo eres un debilucho… con muchos brazos.

El demonio volvió a rugir.

Elior derribó un pilar, ganó espacio.

Clavó una espada en la cola.

—¡AHHGG!

Y con otro golpe eficaz arrancó otros dos brazos.

—Ahora sí estamos en igualdad de condiciones. Dos brazos cada uno.

Los rugidos insoportables seguidos del demonio lo desorientaron.

Un golpe dejo a Elior clavado en un pilar.

Sin aire.

Luego un rodillazo lo lanzó al suelo.

Golpes. Golpes. Golpes.

Elior vio sus dagas.

El demonio bloqueó sus manos con los pies.

—No las pedirás…

Golpes tras golpe en el rostro y con sus últimas fuerzas…

Elior reunió sus últimas fuerzas y levantó al demonio.

—AHHHH!!! —gritó con desesperación.

Liberó un brazo. Golpeó la pantorrilla. quebrándose enseguida.

El demonio tambaleo.

Liberó el otro.

Se impulsó con sus dos brazos y piernas golpeándolo en su pecho.

El demonio yacía en el suelo.

Clavó las dagas en sus brazos.

—Quédate ahí un momento.

Tomó una espada y la clavó en su rodilla y subió sobre él.

—¡Bastardo!… ¡te devoraré!— gritaba el demonio.

Buscó su cola.

No estaba.

—¿Buscas tu cola? Te la corté hace un momento.— dijo con una mirada asesina.

Se agacho un poco.

lo golpeó una y otra vez.

—Esto… es… por… haberme… golpeado… ¡sin parar!

Al finalizar, se levantó

Respiró hondo.

—Bien. Ahora sí. Vamos a lo que importa.

El demonio lo miraba aterrado.

—Esa mirada… esa ira… —pensó—. Es igual a la de ese bastardo…

—Ahora me dirás quién es tu líder y dónde está.

Silencio.

—Si quieres vivir… respóndeme. Solo quiero a tu líder. Los peones como tu no me sirven.

El demonio dudó.

Solo quería sobrevivir.

— Quizás este monstruo… pueda matar a ese bastardo — pensó el demonio.

—¿No dirás nada…?

—¡Espera! —rugió—. Te lo diré…

—Perfecto —dijo Elior—. Ya nos vamos entendiendo.

Partamos por lo simple —dijo Elior mientras, con solo una mirada, devoraba al demonio—.

¿Cómo se llama tu líder? Sé que son cuatro, así que dime los nombres de todos.

Su tono era amenazante.

El demonio solo lo miraba.

En realidad, solo pensaba en preservar su vida. Los demás no le importaban. No tenía lealtad.

—Necesito… garantías de que me dejarás vivir —dijo el demonio, mirando a Elior.

—No hay garantías —respondió Elior—. Deberás confiar. Si hubiera querido, te seguiría torturando, pero me contuve. Esa es tu garantía. Así que dímelo ahora, porque no preguntaré otra vez.

Apretó el puño con fuerza.

El demonio miró ese puño y apretó los dientes.

—No me sé los nombres de todos… —dijo a duras penas por el dolor—. El que vino conmigo se llama Belion. Es un bastardo con garras enormes y pelo corto. Lo reconocerás apenas lo veas.

Elior no respondió. Solo lo observó.

—¿Belion… se llama entonces? —preguntó Elior, sin confiar—. ¿Estás seguro?

—Lo juro… —dijo el demonio, botando sangre por la boca.

—¿Dónde está ese tal Belion? —preguntó Elior, apretando esta vez ambos puños.

El demonio se asustó por un momento.

—Está a quince días de aquí. Se refugian cerca de una entrada de almas… una especie de castillo más grande que este.

—¿En qué dirección? —preguntó Elior de inmediato.

—Al oeste de aquí… ya déjame ir. Te dije lo que sé.

Elior no confiaba en el demonio, pero al fin había obtenido una pista, y la seguiría.

Se bajó del pecho del demonio, limpió la sangre de su rostro y se colocó la capucha.

—¡Humano! —gritó el demonio con enojo.

Elior se detuvo en una de las salidas.

Suspiró.

Levantó ligeramente ambas manos.

Las dagas salieron disparadas desde los brazos del demonio hasta las manos de Elior.

Solo se escuchó el rugido del demonio mientras se arrastraba hacia la salida.

Elior estaba por cruzar la puerta cuando se detuvo por completo.

Lo mataré… comeré unas almas y lo asesinaré, pensaba el demonio con ira.

Pero de un momento a otro ya no hablaba.

Sus pensamientos se distorsionaron.

No pensaba en nada.

Su cuerpo se partió a la mitad, y una daga salió por su cabeza.

Elior atrajo la daga nuevamente y se retiró, cerrando la puerta detrás de él.

Se apoyó con la espalda en la puerta.

El cuerpo ya le pesaba, pero debía buscar un refugio.

Que hubiera tantos demonios y que el olor no se hubiera presentado era un problema.

A duras penas, con sus heridas sanando poco a poco, avanzó buscando habitación por habitación hasta encontrar una.

Había una cama antigua y grande.

Cerró la puerta y la bloqueó.

Caminó hasta el borde de la cama y cayó al piso junto a ella.

Sacó con dificultad un papel y un lápiz.

Belion… ¿?

Uno de los líderes

Castillo al oeste de aquí

15 días aprox. según el demonio

Guardó el papel.

Sacó el colchón de la cama y lo limpió como pudo. Después de semanas, por fin podía acostarse en algo cómodo.

Sacó su botella con agua y unos trozos de carne seca.

El sueño lo atacaba mientras comía.

Sus ojos se cerraban.

Se golpeó la pierna para despertarse.

No podía ni queria dormir aún.

No hasta que todo estuviera más tranquilo.

Entonces, las preguntas llegaron a su mente.

Azherion… ¿qué habrá sido de él?

Alice debió sufrir mucho con su desaparición…

—“Aquel que camina bajo todas las sombras”…

—¿Habrá sido tan fuerte como dicen…? —pensaba Elior—. Bueno… quizás lo fue. Si hasta la Muerte lo conocía…

Sacó nuevamente el lápiz y anotó:

Azherion

Rey de las sombras ¿?

Se dispuso a anotar los días en su brazo, como siempre… pero abrió los ojos, preocupado.

Ya no tenía el registro.

Se había borrado.

—¿Cuántos llevaba…? —se preguntó—. ¿Veinte… veintiuno…?

Sus manos comenzaron a temblar, sintiendo un ligero cosquilleo por todo su cuerpo.

Jugó con ellas, apretándolas, y llevó ambas a su cabeza.

—Ok… respira… respira… ya te acordarás… no pasa nada.

La noche era un silencio absoluto.

Miró por la ventana.

Solo sombras vagando a esas horas de la noche.

Cerró la cortina ya despreocupado y se acostó en el colchón.

Ventanas y puerta estaban bloqueadas.

Suspiró.

El cansancio lo venció rápidamente.

No hubo ajetreo alguno esa noche.

Por la mañana ya estaba listo para continuar el viaje que se le avecinaba.

Pero primero debía encontrar una forma de salir del castillo.

Destrabó la puerta y comenzó a caminar por los pasillos llenos de fotos suyas y de sus seres queridos.

Caminó… y caminó.

El pasillo parecía interminable.

Hasta que, al fin, encontró una puerta.

La abrió.

Un jardín apareció ante él.

Flores fuera del curso del purgatorio.

Rosas y girasoles brillando con sus colores naturales.

Elior se acercó.

Se detuvo frente a los girasoles, estiró sus manos

Sonrió.

—A Seraphine le gustan los girasoles… creo…

Sacudió la cabeza intentando quitar esos pensamientos de ella.

La sonrisa se apagó poco a poco al recordar la última conversación con ella.

—No puedo permitirme eso… solo la lastimaré…

Se alejó del jardín.

Todo a su alrededor nuevamente se aplastó, transportándolo fuera del castillo.

—Al fin… —dijo Elior—. Ok… ahora, en dirección al oeste.

Apretó los puños.

—Debo llegar rápido… y acabar con ese infeliz.

—Belion…

Dijo su nombre mientras miraba en la dirección por la que comenzaría a caminar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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