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La Sombra Sin Dios - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - Capítulo 27: Capítulo XXVI — Trampas y consecuencias.
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Capítulo 27: Capítulo XXVI — Trampas y consecuencias.

Los días eran cada vez más tortuosos.

Mientras más se acercaba a su objetivo, la presión y la fuerza de los demonios incrementaban sin descanso.

—¡No…! —se quejaba, moviéndose descontroladamente.

—¡Nooo! —gritó desesperado.

Elior despertó bruscamente, sentándose de golpe sobre aquella cama improvisada dentro de una cueva. Su corazón latía con violencia y el sudor caía por su frente. Llevó una mano a su pecho e intentó regular la respiración.

—Carajo… —soltó, jadeando por la falta de aire.

Se levantó con cuidado y salió de la cueva, empuñando una de sus dagas por precaución. Necesitaba aire fresco… o al menos lo más cercano a ello en aquel lugar.

Las sombras pasaban a su alrededor, rogándole ayuda, pero Elior ya casi no las miraba. Sabía que no podía ayudarlas. Ellas debían encontrar su propio camino.

Caminaba somnoliento entre aquellos bosques frondosos, rodeados por un aura verde oscuro que indicaba que aquellos no eran árboles comunes. Suspiró y, cansado de todo, apoyó las manos y la frente contra el tronco de uno de ellos. Cerró los ojos.

Al abrirlos lentamente, volvió a mirar su brazo derecho.

Ya habían pasado cinco días desde que salió del castillo. El aumento de demonios en la zona era alarmante, pero lo que más le preocupaba era su estado físico. Los dolores musculares lo acompañaban desde su salida. Llevaba días sin comida ni agua; no había animales ni nada con lo que pudiera suplir sus necesidades.

Respiró profundamente.

—Vamos… tú escogiste esto. Ahora aguanta y supéralo. Pronto podrás volver a casa e ir por unas hamburguesas —susurró, forzando una ligera sonrisa mientras se animaba a continuar.

Caminó fuera de la cueva.

Los árboles brindaban cobijo a cualquier ser que no los molestara…Elior agotado apoyó su cabeza y manos en el tronco de un árbol dándose fuerzas para seguir.

pero la paz no duró mucho.

Mientras comenzó a avanzar, se encontró nuevamente con demonios. Esta vez, tenían cuchillos incrustados en la cabeza y flechas con la misma insignia: un rayo. Elior se agachó, observando con curiosidad la escena frente a sus ojos.

—Otra vez esta insignia… —murmuró.

Los demonios llevaban días muertos. Quizá por eso los animales no se acercaban a la zona.

—Debo moverme de aquí —pensó mientras observaba una de las flechas—. Hasta no saber de quiénes son, no puedo ir a lo loco por estos lados. Volveré al campamento.

Regresó, agregó más leña a la fogata y sacó un papel. No hablar con nadie lo estaba volviendo casi paranoico; sentía la necesidad de que alguien estuviera ahí y lo escuchara.

La noche pasó rápido. Pero Elior permaneció despierto, mirando el fuego sin apartar la vista.

Al amanecer, debía moverse. Y, sobre todo, buscar comida.

A kilómetros de su campamento anterior, corría a duras penas detrás de un animal. Aquella presa le daría alimento por semanas. Al alcanzarlo, lo sujetó del cuello con pura fuerza bruta y lo arrojó al suelo.

El animal se retorcía desesperado, emitiendo sonidos horrendos que lastimaban los tímpanos al escucharlos tan de cerca. Elior frunció el ceño por el dolor y, sin pensarlo más, clavó una de sus dagas en el abdomen del animal. Luego volvió a sujetarlo con ambas manos y le rompió el cuello.

El animal agonizaba.

Elior solo lo observaba.

Su mirada estaba completamente vacía.

Arrastró el cuerpo hasta otro lugar para cocinar la carne y continuar su camino. Con esa comida no descansaría. Seguiría caminando de noche para cubrir más terreno.

Mientras lo despellejaba, llevó una mano a su antebrazo derecho. El dolor muscular regresó con más fuerza.

—Ahhg… mierda —gruñó, arrodillándose.

El dolor se extendió a sus piernas. Apretó los dientes y respiró con dificultad hasta que, poco a poco, fue disminuyendo.

Horas después, con el animal ya cocinado, retomó su camino. La falta de agua seguía consumiéndolo. La suerte no estaba de su lado: no podía dar más de dos pasos sin que aparecieran demonios uno tras otro.

Con movimientos poco balanceados por el agotamiento, les rompía el cuello a varios.

—¿Por qué no me dejan en paz y vuelven a su lugar, malditos demonios? —gritaba mientras golpeaba sin parar el rostro de uno de ellos.

Cayó al lado del cuerpo ya muerto, ya no daba más. La deshidratación hacía lo suyo; apenas podía mover las piernas. Los calambres eran insoportables. Suspiró, observando los pequeños rayos de luz que se filtraban entre las nubes del purgatorio.

Golpeó el suelo con el puño y se levantó.

No importaba el dolor. Debía avanzar.

Dos días después, tras una caminata interminable, por fin encontró agua. Ya no solo había superado la mitad del trayecto: también había sobrevivido a lo peor. Corrió desesperado hacia ella. La felicidad de encontrar agua le devolvió fuerzas.

Bebía y bebía sin parar hasta saciarse, llenando su cantimplora y luego sumergiéndose por completo en el lago. El agua helada alivió sus dolores musculares.

Elior suspiró y sonrió.

Por primera vez en días, sintió paz.

Permaneció horas cerca del agua. No pensaba alejarse. Mojaba los pies mientras comía.

—Mmm… creo que jamás he visto peces aquí —pensó, observando el lago—. ¿Habrá siquiera peces en este lugar? Bueno… no importa.

Seguía comiendo feliz.

Al terminar saco y revisó el mapa que iba trazando para no perderse.

—Ya llevo la mitad. Debo acelerar el paso —dijo en voz alta.

Juntó toda el agua posible como si fuera un tesoro y continuó su viaje. Tras aquel descanso necesario, se sentía completo nuevamente. Caminaba jugando con su daga, aunque el camino se volvía cada vez más complicado; gran parte estaba destruida.

—¿Por qué no puede haber caminos medianamente normales? —refunfuñó mientras guardaba las dagas.

El aire comenzó a cambiar. El olor a putrefacción llegaba desde lejos. Elior se adentró entre los árboles y encontró una pila de cuerpos de demonios decapitados… y más flechas.

—¿Quién carajo está haciendo todo esto? —se preguntó.

Había demonios que parecían haber explotado y otros arrojados con fuerza contra las rocas.

—El que hizo esto debe ser bastante fuerte… —murmuró—. Me estoy acercando a quien sea que esté haciendo estas cosas. Iré con más cuidado.

Aseguró su ligero equipaje bajo el abrigo y ajustó mejor las correas de sus dagas. Se internó por un camino anexo al original.

—Debo evitar peleas innecesarias. Si están matando demonios, me alejaré un poco. Así ahorraré energía —susurró.

Entonces chocó con un cable casi invisible, a ras del suelo. Una flecha salió disparada directo a su rostro.

Elior giró la cabeza con rapidez y atrapó la flecha en el aire. Miró de dónde provenía y se percató de la trampa. Permaneció unos segundos observándola con atención.

Estaba muy bien hecha.

—Interesante… —murmuró, mientras anotaba mentalmente cómo estaba preparada aquella trampa.

El que hizo esa trampa, debe estar cazando a lo que sea…Ya no es muy seguro esto, pensaba Elior mientras caminaba.

Alguien estaba cazando a los demonios desde hacía bastantes días, pero algo no calzaba. Primero eran solo flechas, pero ahora los demonios estaban muertos sin cabezas y extremidades. Quizás usaron algo filoso, ¿unas espadas tal vez? se cuestionaba Elior mientras se alejaba del camino principal. Y tenían fuerza; arrojar un demonio y dejarlo de esa forma no era fácil. Debió ser un lanzamiento con mucha fuerza… ¿quizás es más de uno?

Debo ir con más precaución, se repetía.

Sacó rápido sus dagas al escuchar el movimiento de las hojas tras una corriente de viento. Suspiró.

—Ya me estoy volviendo paranoico…

¿Es mejor buscarlo o me alejo? pensaba Elior. Bueno, si están cazando demonios, quizás me sirve, así no me desgasto innecesariamente… Continuaré mi camino —dijo Elior mientras avanzaba cada vez más rápido para salir de aquel bosque.

Llegando casi a altas horas de la noche a la cima de una montaña, un castillo casi destruido, a punto de derrumbarse, serviría de refugio por esa noche.

No podré continuar de noche. Si hay alguien cazando a diestra y siniestra… mejor planeo una mejor estrategia. Quizás el tipo conoce mejor el terreno —dijo Elior mientras se adentraba al castillo.

El olor en el castillo era insoportable.

—Carajo —dijo Elior mientras se tapaba la nariz.

Sacó sus dagas. Quizás había más cuerpos o quizás los demonios estaban vivos. Debía ir con cuidado. A duras penas se lograba ver. Se internó en el castillo; todo parecía inestable. El olor se hacía más fuerte, pero no había ruido…

Elior abrió la puerta hacia el salón principal, pero al dar un paso una trampa se enganchó en su pie, alzándolo rápidamente y haciéndolo chocar contra los pilares.

—¡Ah, mierda! —dijo Elior mientras su cabeza sangraba por el golpe.

Elior yacía colgado boca abajo. Sacó una de sus dagas rápido y cortó la cuerda con un lanzamiento preciso, cayendo al piso. El impacto fue tan duro que el piso colapsó, haciendo caer a Elior…

—¡Ahhg, mierda! —gritó Elior mientras caía para azotarse contra el piso.

Se levantó rápido y atrajo sus dagas a sus manos. La respiración agitada y sin poder ver nada, se acercó poco a poco a un pilar. Con sus manos empezó a palpar la zona en busca de algo para encender, hasta hallar una antigua antorcha. Elior la encendió a duras penas, pero al primer contacto con la luz e iluminar el lugar, se encontró cara a cara con unos demonios.

—Mierda… —dijo Elior, lanzando la antorcha en la cara.

Quedando a oscuras.

Varios demonios se acercaron a Elior para atacarlo. Elior, al sentir el toque de los demonios, los agarraba y con su otra mano les cortaba la cabeza. No fue hasta que vio un pequeño atisbo de luz por una muralla que tomó a un demonio y lo lanzó contra esta, rompiéndola y logrando tener al fin algo de luz.

Así que comenzó a aniquilar a los demonios restantes. Lanzó sus dagas a las cabezas de estos, pero ya no era efectivo; la mayoría las esquivaban.

El combate cuerpo a cuerpo seguía siendo letal. Con su fuerza bruta era capaz de aniquilar a un demonio débil. Ya cuando los demonios le daban la espalda, este atajaba sus dagas atravesando sus cabezas.

Al acabar Elior cayó al piso, adolorido por el golpe contra el suelo, pero no había tiempo para descansar. Elior se quedó en silencio; algo no andaba bien. Había un ruido.

—¿Qué es eso? —dijo Elior mientras intentaba captar bien el sonido.

Algo deslizándose. Intentaba buscar qué era lo que sonaba, hasta que llegó a un cable destruido por el demonio que lanzó. Siguió el cable con la vista. El sonido desapareció y con ello una gran muralla caía directo hacia Elior.

Al intentar correr, vio que sus pies fueron atrapados por otra trampa.

—¿Es una jodida broma? —gritó Elior rompiendo a pura fuerza aquel cable que amarró sus pies.

—¡Ahhhh, mierdaaaaa! —gritó al ver que ya no tenía tiempo para esquivar la muralla.

Alzó sus brazos y apretó su cuerpo con todas sus fuerzas. Era una jugada arriesgada, pero no quedaba otra opción.

—¡Ahhhhgg! —gritaba Elior mientras sostenía la muralla con ambas manos, la respiración agitada.

Sus brazos rápidamente comenzaron a temblar.

Debo deshacerme de esto…

Elior miró a sus lados rápidamente.

—¡Ahhhhh! —gritó Elior con fuerza mientras bajaba el centro de gravedad de su cuerpo y con sus piernas se impulsó para así poder arrojar aquella muralla, lanzándola unos pocos metros lejos.

Elior respiraba agitado.

—Bueno… eso fue intenso —decía mientras recuperaba el aliento—. Una jodida muralla…

Qué trampa bien preparada… debo salir de acá con cuidado, deben haber más de esas…

Pero no bastó con darse vuelta. Sus ojos se abrieron de par en par. Un ligero escalofrío cubrió todo su cuerpo. De pronto le faltaba el aire.

Sus ojos lograron identificar a un demonio con el pelo largo, ojos rojos mostrando el verdadero infierno en ellos, y una sonrisa donde solo se veían sus dientes y colmillos llenos de cicatrices, con una capucha gris completamente rota.

Elior solo desvió la mirada hacia abajo para ver cómo el demonio retiraba una daga del estómago de Elior. El aire se le fue completamente. Miró nuevamente al demonio, que lo observaba con una sonrisa sin igual.

—No eres tan formidable como creía, jaja —dijo el demonio mientras guardaba la daga con mucho cuidado—. Nos volveremos a ver.

Elior no podía hablar. La daga atravesó profundamente y su sombra intentaba regenerar la herida, pero había veneno en ella, lo que hizo completamente inútil la regeneración de Elior.

Elior cayó de rodillas mientras veía su sangre caer y cómo el demonio se marchaba por la oscuridad…

—No… no… no puedo caer aquí… —se repetía una y otra vez mientras caía de cara contra el suelo y la sangre corría por todos lados.

Tengo que volver con ellos… por favor, adáptate y regenera todo… te tomaré más en cuenta, pero por favor, te lo ruego… no puedo caer acá…

Pensaba Elior una y otra vez, rogando a su sombra que reaccionara.

—Ellos me esperan… —dijo a duras penas Elior mientras sus ojos se cerraban poco a poco por la pérdida de sangre.

—Así que ahora vienes por mi ayuda —se escuchó un susurro en el oído de Elior—. Habrá consecuencias.

—Solo hazlo… —dijo en su mente Elior, mientras ya no respondía a nada, escuchando por última vez una risa malvada…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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