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La Sombra Sin Dios - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - Capítulo 28: Capítulo XXVII — Acepta quién eres realmente.
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Capítulo 28: Capítulo XXVII — Acepta quién eres realmente.

La sangre recorría gran parte del suelo, mientras Elior yacía inconsciente en medio de aquel charco.

Las sombras del lugar comenzaron a expandirse con rapidez, oscureciéndolo todo, cubriendo no solo la habitación, sino también el cuerpo de Elior.

Abrió los ojos lentamente.

El recuerdo del demonio y de la estocada recibida lo golpeó de inmediato. Llevó la mano a la zona de la herida, casi con desesperación.

No había nada.

Sin embargo, todo su cuerpo ya no dolía.

Alzó la mirada, pero para su sorpresa no había absolutamente nada a su alrededor. Todo era un espacio oscuro, sin luz, sin objetos, sin referencias.

—¿Dónde estoy…? —se preguntó.

El eco de su voz resonó por todos lados, deformándose, perdiéndose en la negrura de aquel entorno.

Se levantó con rapidez, sin entender nada. Caminó sin rumbo alguno, hasta que, frente a él, apareció una puerta de madera. Elior la observó con extrañeza. Aun así, movido por la curiosidad, la abrió.

Al cruzarla, escapó de aquella oscuridad… aunque lo que encontró no fue muy distinto.

En el centro del lugar colgaba una jaula. Dentro de ella, alguien estaba atrapado.

No lograba ver con claridad quién era, pero aquella figura giró el rostro de inmediato al escuchar una voz familiar.

—Al fin aceptaste que eres un inútil sin nosotros.

La figura salió de entre las sombras.

Era él.

La misma oscuridad con la que había peleado en su reino tomaba ahora forma frente a sus ojos. Una versión oscura de Elior, esta vez más desarrollada, más completa. Su cuerpo estaba compuesto puramente de maldad; bastaba con mirarlo para sentirlo. Las sombras rodeaban su figura, fusionándose con ella como si fueran una sola cosa. Único en su especie.

—Es mi turno de salir a jugar —dijo aquella sombra.

En un instante, se lanzó hacia él y se introdujo dentro de su cuerpo.

—¿Qué haces…? —alcanzó a decir Elior, inquieto.

La sombra apareció frente a él como si nada, tomando posesión de su cuerpo. Se expandió por cada rincón, invadiéndolo por completo. Elior se resistió, pero recordó algo: necesitaba curar su cuerpo.

Quizás… esa era la única opción.

Cayó de rodillas y apretó los dientes.

Volvió al Purgatorio.

Su cuerpo comenzó a regenerarse con rapidez. Ya se había adaptado al veneno, y las sombras cerraron casi al instante la herida de la puñalada.

—Ya estoy mejor… —murmuró Elior.

Entonces lo notó.

No podía moverse.

Intentó controlar sus brazos, sus piernas… nada respondía.

—¿Qué está pasando…? —se repetía una y otra vez, mientras la angustia crecía.

—Te dije que era mi turno de jugar.

La voz resonó en su propia mente.

A lo lejos se escucharon rugidos. Demonios acercándose, quizá atraídos por la sangre que había perdido.

Debo moverme. Debo moverme…

Su cuerpo se levantó solo, encontrándose de frente con los demonios, que rugieron con furia.

—Jajajaja…

La risa fue distinta. La voz de Elior había cambiado: era más grave, con un ligero eco.

La sombra se fusionó completamente con su cuerpo, cubriéndolo por entero, formando algo parecido a un guerrero de sombras con la ferocidad de un berserker.

El rugido que devolvió fue tan intenso que resonó por casi todo el Purgatorio.

Se lanzó sin pensarlo dos veces.

Con golpes ligeros, los demonios explotaban ante aquella fuerza descomunal. Una fuerza capaz de destruir una montaña entera. Caían como moscas… pero no era suficiente.

Aquel ser salió disparado, destruyendo casi todo el castillo, corriendo por el Purgatorio, cazando demonios sin detenerse. Demonios y animales caían por igual.

Elior solo podía observarlo todo a través de sus propios ojos.

No puedo controlarme…

La angustia aumentaba sin parar.

—Ven…

La voz volvió a escucharse en su mente.

De pronto, una mano hecha de sombras apareció dentro de su conciencia. Lo arrancó de su cuerpo y lo arrojó nuevamente a aquel espacio, frente a la jaula.

Esta comenzó a descender lentamente.

—Supongo que ahora puedes ver lo que acabas de lograr aceptando que él tomara el control —dijo la figura dentro de la jaula.

Era otro Elior. Demacrado, pálido, con enormes ojeras. Tenía cadenas en las piernas y en los brazos.

—¿Por qué estás enja—?

—No preguntes cosas innecesarias por ahora —lo interrumpió—. ¿Qué harás para tomar el control?

—No puedo —respondió Elior, mirando sus manos.

De fondo, los gritos de felicidad de la bestia seguían resonando.

—Concéntrate —continuó el Elior en la jaula—. Nunca eres consciente de tus capacidades. Si hubieras esperado antes de llamar a ese idiota, tu cuerpo se habría adaptado y regenerado solo. Pero como siempre, no eres paciente.

Alzó la mirada.

—¿Así crees que cumplirás nuestro objetivo? ¿De verdad crees que puedes vengar a mamá, a papá… y a nuestra hermana?

Elior mantuvo la cabeza agachada.

—Levántala —ordenó—. Toma el control. Ellos no pueden salir… al menos hasta que tú seas capaz de controlarte.

Su expresión pasó de tristeza a enojo.

—Solo… toma el control y deja que el dolor se vaya. Mientras más lo pierdes, más duele todo aquí.

Alzó la vista y se encontró con los ojos de Elior.

—Aunque los tres que estamos aquí somos tú, esta es tu vida. Nosotros solo somos tus miedos, tu ira. Toma el control antes de que el otro también lo quiera.

—¡Hazlo ahora! —gritó.

El grito lo devolvió al centro de su mente. A través de sus ojos, vio cómo su cuerpo partía demonios a la mitad, arrancando extremidades, aniquilando a decenas.

Su brazo se contrajo por primera vez.

—¿Qué crees que estás haciendo? —rugió la otra versión—. ¡Es mi turno!

—¡Ya has hecho suficiente! —gritó Elior—. ¡Basta!

La batalla se trasladó a su mente.

—Lleguemos a un acuerdo —dijo Elior.

El cuerpo que ya no controlaba se detuvo, rodeado de cadáveres demoníacos.

—Yo tendré el control —continuó—. Tú saldrás cuando yo lo diga… o cuando la situación sea peligrosa. Yo te protegeré y tú me protegerás. Si muero… sabes que estamos condenados.

La criatura lo miró fijamente. Sus ojos distorsionados, de un celeste verdoso mezclado con blanco y rojo, se clavaron en los suyos. Apretó los dientes, mostrando colmillos afilados.

—Es un trato —dijo Elior, extendiendo la mano—. Ya jugaste demasiado.

La sombra no tomó su mano. En su lugar, sujetó con fuerza su antebrazo, marcándolo. La sombra cubrió por completo el antebrazo de Elior.

—Si mueres… te arrepentirás.

La figura se desvaneció como humo.

Elior recuperó el control de su cuerpo. La sombra volvió a introducirse en él. El peso de todo lo recorrido y de lo vivido cayó sobre sus hombros.

Se levantó a duras penas.

Y continuó su camino hacia aquel objetivo, en medio de la noche.

El camino, a pesar de ser mitad noche, ya comenzaba a mostrar ciertos rasgos de luz.

Por primera vez, se lograba distinguir una especie de sol enorme, iluminando aquellos prados de árboles al borde de la extinción.

Los pasos lentos de Elior avanzaban en dirección a esa luz. Su estado era demacrado. La ropa, aunque negra, estaba manchada de sangre.

Su mente seguía atrapada en aquella conversación de hacía unos instantes. Debía comprender su verdadera misión. Los demonios que lo atormentaban dentro de su cabeza eran ahora más intensos, especialmente al estar completamente solo.

Suspiró, con la mirada baja.

Una pequeña brisa chocó contra su rostro, moviendo las hojas de los árboles. Ese contacto lo obligó a alzar la mirada. El sol lo golpeó de lleno.

Todo había cambiado.

—Conozco este lugar… —murmuró Elior.

Intentó acelerar el paso, aunque el cansancio de su cuerpo apenas se lo permitía. La brisa del viento le entregaba una calma extraña. Cerró los ojos por un instante.

—¿Elior…?

La voz de una mujer resonó a su espalda.

Abrió los ojos de inmediato y se giró, encontrándose con algo que no esperaba.

—¿Sera…? ¿Eres tú…? —susurró.

Su voz se expandió como un eco por toda la zona.

Elior estiró la mano hacia ella. Su mano fue atrapada con suavidad. Era Seraphine.

Pero no estaba sola.

Hina apareció a su lado. Luego Lia, Aramis… y finalmente Kael.

—Todo estará bien, hijo —dijo Kael, sonriendo.

—Tú puedes con todo, hermano —dijeron los niños.

Hina, en cambio, solo le dedicó una sonrisa silenciosa.

Entonces, una brisa más fuerte atravesó el lugar.

Todo desapareció en un instante.

—No… no, no, no… —la voz de Elior se quebró—. Vuelvan, por favor…

Sus ojos se cerraron sin que pudiera evitarlo.

Despertó de golpe.

Estaba nuevamente en el castillo destruido. Frente a él se alzaba una enorme pila de demonios asesinados. Se levantó sin sentir dolor, pero bastó un solo paso para que el suelo desapareciera bajo sus pies.

Cayó.

Intentó sujetarse de algo, de cualquier cosa, pero no pudo. La caída parecía eterna… hasta que, de la nada, apareció sentado en una silla.

Miles de soldados de sombras estaban arrodillados ante él.

Elior miró sus manos.

Tenía sus dagas.

Sin poder intervenir, habló.

—¡Prepárense! —gritó—. ¡Esta será nuestra batalla! Protegeremos nuestro reino a toda costa. Defenderán a los suyos sin importar lo que suceda. Y si caemos… ¡caeremos luchando con todo!

El vacío lo reclamó una vez más.

Cayó de nuevo… y regresó al castillo.

El suelo seguía helado, cubierto por aquella sangre ya fría. Elior se levantó con un fuerte dolor de cabeza que le impedía abrir los ojos. Tenía el rostro manchado de sangre. Demonios muertos lo rodeaban.

Todo parecía estar en orden.

Esta vez.

Su brazo derecho ardía. Se sentó en aquel charco de sangre y levantó su polera. La herida de la puñalada ya no estaba. Solo quedaba la cicatriz… y la marca que su otro le había dejado en el brazo.

Aquella sombra parecía fuego negro.

El dolor que sintió cuando esa sombra se incrustó en su brazo fue absoluto. Se mordió el labio para no gritar.

Rabia. Dolor. Tristeza.

Emociones que siempre había negado comenzaron a hundirse dentro de él, formando un nudo en su garganta. Extrañaba a su familia.

Pero no podía llorar.

Por más que lo intentara, no podía soltar esas emociones. La ira era la única que brotaba.

Apretó el puño y golpeó el suelo una y otra vez.

No podía deshacerse de ese sentimiento.

Su otro yo tenía razón.

Era débil. Impaciente.

Así jamás cumpliría lo que había prometido.

—Debo ser fuerte… —se repitió.

Se levantó, cubierto de sangre.

—Los mataré a todos… —susurró, con la mirada apagada.

—Bieeeeen… muy bieeeeen. Esa mirada es la que quiero.

La voz resonó en su cabeza.

—Debes aceptar quién eres realmente. Ya no eres humano. Deshazte de esos lastres y acaba con todos y cada uno de ellos.

—Te equivocas… —respondió Elior—. Sigo siendo humano. Y por más fuerza o poder que tenga, siempre lo seré. Moriré como uno.

Alzó la mirada.

—Ahora yo tendré el control. Pero te garantizo algo: me ayudarán a cumplir mi objetivo, sí o sí. Así que sigamos asesinando a estos demonios… y sobre todo, a sus líderes. Los sacaré del Purgatorio.

Respiró hondo.

—Debo volver pronto. No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero no puedo perderme el cumpleaños de Aramis. Así que silencio. Solo habla cuando yo te lo diga.

Sus ojos brillaron con aquel tono plateado que lo caracterizaba.

Salió de la habitación y abandonó el castillo.

—Mataré a ese bastardo que me apuñaló…

El aura de Elior ahuyentaba a todos los animales del camino. Se había convertido en un ser superior en el Purgatorio y no deseaba suprimir aquella presencia. Así atraerían a los demonios… y quizá a sus líderes.

Sus sospechas no tardaron en confirmarse.

Varios demonios se lanzaron contra él.

Su antebrazo derecho fue cubierto por sombras. Con solo estirar la mano, podía manipular la oscuridad del entorno a su antojo, atrapando a los demonios y atravesándolos con sus dagas.

Ya no buscaba información.

Sonreía mientras golpeaba una y otra vez, destrozándolos, dejando órganos y extremidades esparcidos por el suelo. Los pisaba y continuaba su camino.

No importaba no ver el final del sendero.

En lo profundo de su mente, aquel Elior enjaulado sufría las consecuencias. La ira y el dolor que Elior arrastraba lo atormentaban cada vez más. Aun con las llaves en sus manos, no era capaz de salir. El miedo lo dominaba.

Solo podía resistir.

Las lágrimas caían mientras el Elior exterior continuaba aniquilando demonios sin piedad. Cada movimiento era más rápido. Las dagas cortaban brazos con facilidad. Corrió hacia uno, le lanzó las dagas a los ojos y, sujetándolo de la cabeza, lo azotó contra el suelo hasta reventarle el cráneo.

Pasaron varias horas.

La ligera luz del camino se hacía más visible.

Después de todo lo sucedido, Elior apoyó una rodilla en el suelo. El dolor recorría todo su cuerpo. No sabía por qué, pero llevaba demasiado tiempo sintiéndolo. Esta vez, era más intenso llevando a escupir sangre.

Respiró hondo, intentando estabilizarse. si no regularizaba su respiración, no podría regular su cuerpo.

Cuando el dolor cedió, volvió a ponerse en pie.

—Solo unos días más… y llegaré —dijo, avanzando ahora con paso firme.

Su sombra se proyectaba detrás de él, creciendo cada vez más, como si tuviera casi vida propia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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