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La Sombra Sin Dios - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - Capítulo 30: Capítulo XXIX — El primer objetivo.
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Capítulo 30: Capítulo XXIX — El primer objetivo.

La noche era más fría de lo usual, sofocante por el aura que emergía del castillo a unos kilómetros de aquel refugio.

Todo estaba terroríficamente en silencio.

Elior, cerca de la fogata y sentado en el suelo, escribía y dibujaba las trampas que preparaba aquel demonio. Quizás más adelante le serían útiles.

Debía idear un plan para lidiar con aquel asunto.

Cientos de demonios rodeaban el castillo.

Casi un ejército.

Quizás había aún más por la parte trasera, la cual no podía ver desde su ubicación.

Por más que intentaba agudizar sus sentidos, solo percibía menos de los que veía.

El aura de aquel ser dentro del castillo aniquilaba cualquier intento de localizarlo.

—Sé que estás en el castillo… —susurró Elior, apretando los dientes—. Solo debo saber en qué parte… y cómo lidiar con los demonios.

Soltó el papel y el lápiz, y llevó una mano a su cabello, sacudiéndolo con frustración.

No tenía ideas claras.

—¿Cómo puedo atraer a tantos demonios a un solo lugar…? —pensaba—. Pero si los atraigo… ¿cómo acabaré con ellos?

Eran demasiados.

Y aunque antes había peleado con muchos demonios, no sabía si los de allí habían consumido almas, lo que los hacía mucho más peligrosos e impredecibles.

—Ahhg… ¿por qué no se me ocurre nada…? —soltó, notándose la angustia.

Tomó las dagas de su cinturón y las observó detenidamente.

Aún servían, pero estaban muy dañadas. A una ya le faltaba un pequeño trozo.

Las solto.

Apoyó la cabeza entre sus manos.

—¿Y si uso a…? —se detuvo—. No. No puedo hacerlo. No puedo depender de eso…

Miró la pared con frustración.

—Quizás… si busco una forma de inmovilizar dos sectores a la vez, y eso me da el tiempo suficiente para lidiar con algunos…

Rápidamente sacó aquellos hilos del demonio.

—Quizás si los uno…

Observó los hilos fijamente.

Podrían inmovilizar dos áreas rápido y acabar con una a la vez.

Pero… ¿tendría suficiente energía para ello?

—No llegaré a nada… —murmuró—. Lo mejor será descansar y tomarme un día más, hasta idear un mejor plan.

Con la cabeza hecha un lío, Elior se acomodó en el suelo y comenzó a meditar.

Necesitaba control. Necesitaba lucidez.

Quizás, meditando, encontraría la solución.

La noche pasó rápidamente.

Elior solo meditó… y durmió.

A primera hora del día, se levantó, tomó sus dagas y subió la montaña.

Con la ligera luz matinal, un poco más intensa, pudo dilucidar mejor el entorno.

Visualizó todos los posibles terrenos para trampas.

Dibujó todo en su mente y se retiró del lugar.

Al llegar a la cueva, lo plasmó todo en papel.

No fue hasta que su estómago sonó que se dio cuenta de que debía alimentarse… o no podría luchar.

Salió nuevamente de la cueva y recorrió el sector en busca de alimento.

Solo encontró unos pocos animales, en la misma situación que él: buscando sobrevivir en una zona desolada, donde los árboles se secaban a medida que se acercaba al castillo.

La fuente de agua no se hizo esperar, entre unas rocas.

El agua era absolutamente poco confiable de salubridad, pero servía para hidratarse, y eso era lo único que importaba.

Se lavó ligeramente el cuerpo.

El agua fría calmó de inmediato los dolores musculares que sufría con frecuencia.

Ya con energías suficientes, se acercó al castillo.

Necesitaba preparar trampas lo suficientemente fuertes para ganar tiempo.

Pero si quería sellar las afueras por áreas, debía acercarse más y saber dónde plantar cada hilo, para que al ejercer presión, bloqueara todo.

Mientras preparaba las trampas, no pudo evitar pensar en Aramis.

Sonrió.

—Aramis estaría feliz preparando trampas… —soltó mientras terminaba la trampa número veinte.

Suspiró, quitándose el sudor de la frente.

—Espero que la estén pasando bien… —susurró al aire.

Elior volvió a la cueva para descansar un poco más.

Debía reponer toda su energía para la batalla que se avecinaba.

—Si uso toda mi velocidad… —pensaba— quedaré exhausto antes de entrar al castillo.

¿Debía pelear… o evitarlo?

Pero ¿cómo evitar a tantos demonios?

—Pelea… —dijo una voz en su cabeza—. Déjame acabar con ellos. Los destruiré a todos… jajajajaja…

—Ya basta —dijo Elior, levantándose de la piedra y acercándose más a la fogata—. Te dije que hablaras cuando yo lo diga.

Observó el fuego.

Su mente divagó rápidamente, evitando preocupaciones y refugiándose en pensamientos cotidianos, como una forma de escapar de la angustia.

Sonrió.

—Ya estoy en mi último año de escuela… —pensó—. ¿Qué se supone que estudiaré?

Soltó una risa leve.

—Supongo que me encargaré de eso cuando vuelva a Geheris… Quizás deba cambiar de aires. Irme a otra ciudad, o a otro país, como hacen algunos que van a la universidad.

—Hina vendría conmigo si se lo propongo…

Pensaba en voz alta.

—Mm… no recuerdo qué me dijo que quería estudiar… ¿y le habré preguntado a Seraphine?

—¿Qué estudiará ella…?

Todos esos pensamientos fueron interrumpidos por un ligero temblor.

Aumentó en intensidad poco a poco.

—¿Qué carajos…?

La cueva comenzó a destruirse.

—¡Mierda…!

Salió rápidamente, justo a tiempo, cuando la cueva colapsó.

Los árboles temblaban violentamente.

Elior se movió buscando un lugar libre.

De repente, una grieta se abrió de la nada.

Desde ella emergieron varios demonios, abriéndose paso al purgatorio.

Elior iba a sacar sus dagas cuando uno de ellos lo tackleó.

Ambos rodaron por el suelo.

Elior reaccionó de inmediato: con ambas manos afirmó la enorme boca del demonio y le desgarró la mandíbula.

Luego movió las manos al cuello y lo rompió sin dudar.

Se levantó rápido, esquivando ataques.

Sacó sus dagas y, con movimientos precisos, comenzó a partirlos en pedazos.

Eran pocos.

Y débiles.

Elior suspiró al acabar con el último.

—Así que cerca de estos guerreros surgen las grietas… —murmuró—. ¿Cómo carajo lo hacen…?

Si podían hacerlo en el purgatorio…

Podían hacerlo en Geheris.

El rostro de Elior se volvió pálido.

—Kael podría defenderlo… pero Hina…

Quizás había ido donde su abuela, como cada vacaciones.

—Mierda… mierda…

La desesperación y la preocupación comenzaron a consumirlo.

Corrió de forma desesperada hacia el castillo.

Estaba decidido.

Atacaría ahí mismo.

Sin importar cuántos fueran.

Elior corrió rápido, como jamás se le había visto.

En poco tiempo llegó al castillo.

Los demonios no tuvieron oportunidad de reaccionar cuando Elior comenzó la masacre.

Un ataque por demonio.

Cortaba cabezas y se movía.

Esquivaba ataques, por numerosos que fueran.

Cuando se vio superado, golpeó el suelo con ambas manos, rompiéndolo con fuerza y generando una onda expansiva cargada de polvo. La nube lo cubrió por completo, permitiéndole camuflarse.

Corrió por los pilares y murallas del castillo mientras aniquilaba sin detenerse.

Algunos demonios lo siguieron por las murallas, casi a su misma velocidad. Eran demonios que se habían alimentado de muchas almas.

Elior saltó al bosque.

Cientos lo siguieron.

Encerró a varios demonios entre piedras y troncos.

Los hilos se activaron. Quedaron paralizados.

Elior los despedazó rápidamente y siguió moviéndose.

Aún no llevaba mucho… y quedaban demasiados.

—Muévete… muévete… —se repetía.

Una espada cortó su camino de la nada.

Un demonio la había lanzado. Casi lo alcanza.

Elior cayó al suelo, se levantó y corrió hacia los demonios.

Cortó cabezas, se deslizó entre sus piernas y enredó el hilo entre ellos.

Se alejó y estiró el hilo con fuerza.

Las piernas fueron cercenadas al instante.

Activó otra trampa.

Una cascada de rocas cayó de lleno sobre las cabezas de los demonios.

Siguió avanzando.

—Te estás cansando… —susurró aquella voz en su cabeza.

Elior hizo todo lo posible por no escucharla.

Lanzó sus dagas a dos demonios y se acercó a un tercero.

Con un paso feroz rompió el suelo y descargó cientos de puñetazos sobre él.

El hedor se volvía más fuerte.

Los gruñidos eran insoportables.

Respiraba agitado.

El sudor caía por su frente.

Volvió al castillo.

Un área ya estaba aniquilada, pero las otras dos se habían unido en una sola.

—Carajo… —murmuró, observándolos.

Cerca de 150 demonios frente a uno solo.

Elior suspiró.

Desabotonó su abrigo y lo dejó caer. Hizo sonar su cuello.

El demonio al frente intentaba modular palabras.

—Hu… no… hu… ma… humano… —dijo finalmente.

Elior los miró fijamente.

Apretó los dientes y tensó todo su cuerpo.

Giró las dagas en sus manos para acomodarlas.

—Los asesinaré a todos… —soltó.

Los demonios gruñeron al unísono, mostrando colmillos afilados como un grito de guerra.

Elior se lanzó.

Cada paso que daba hacía trizas el suelo.

Su cuerpo cargaba una pesadez increíble.

Estaba al límite de su propio anclaje con la humanidad.

Ese cuerpo humano no podía albergar todo el poder que poseía.

Sus músculos ardían, dolían, se desgarraban.

No importaba.

Chocó de lleno contra varios demonios.

Esquivó ataques veloces, otros no tanto.

Su fuerza bruta estaba en otro nivel.

Un solo golpe bastaba para mandar a volar a varios.

Recibía cortes severos que su sombra regeneraba.

La sombra de su brazo cubrió todo el antebrazo… luego todo el brazo.

Le otorgaba más fuerza.

La sombra actuaba por instinto.

Las sombras del lugar se dispersaban formando cuchillas a su voluntad.

—Esto es divertido… —dijo aquel ser en su cabeza—. Te ayudaré aunque no quieras… jajajaja…

Elior permanecía en silencio, concentrado, aniquilando demonios uno tras otro.

No respiraba.

Sus movimientos eran precisos.

Partió a uno por la mitad y se movió al siguiente.

Arrancó piernas, lanzó dagas, atravesó cuerpos con los puños.

La cabeza de Elior se inundó de ira.

Recuerdos de su familia.

—¡Ustedes… son culpables de la muerte de mi familia! —gritó desesperado.

Sus venas se hincharon.

Su velocidad y fuerza aumentaron.

Los músculos se desgarraban.

Elior comenzó a agruparlos en un círculo.

Quedaban muchos menos… pero no podría acabar con todos.

—Ey… —susurró en su mente—. ¿Aún quieres jugar?

—Siempre —respondió la voz.

—Entonces… acábalos.

La sombra que cubría su brazo izquierdo se expandió al derecho.

Ambos quedaron completamente cubiertos.

Los ojos de Elior brillaron con intensidad.

Los ojos de un cazador despertaron.

—Es mi turno… jajajaja…

Un puñetazo destruyó a diez demonios.

La sombra residual consumía a los demás.

Con burla, atravesó los ojos de uno y le arrancó la cabeza para lanzársela a otro.

Era un ser descontrolado.

Una sed de venganza sin igual.

Las espadas de los demonios se rompían al chocar contra sus brazos.

—¡Débiluchos! —les gritó con una sonrisa arrogante.

Apareció detrás de uno y le rompió la columna.

Solo quedaban diez.

Esos diez retrocedían aterrorizados.

—Oh, no tengan miedo… —les susurraba—. Les prometo que sufrirán.

Sonrió.

—Oye… acábalos, no tengo tiempo… —dijo desde lo profundo de su mente.

Aquel ser sonrió.

Se lanzó.

Arrancó cuernos, brazos, partió piernas.

Los gruñidos de dolor no importaban.

Los mató con sus propias armas.

Elior se acercó al último.

Suspiró.

—Fue divertido… —dijo—. Deberías correr.

—Te dejaré vivir. Diles a tus amigos que los mataré a todos… tarde o temprano.

El demonio corrió.

No fue suficiente.

Elior lo interceptó.

—Me arrepentí.

Lo tomó del cuello y lo ahorcó.

La sombra lo cubrió, quemándolo vivo.

Un último gruñido.

Cenizas.

Elior poco a poco recuperó el control.

Las sombras de sus brazos regresaron a su interior.

Cayó de rodillas.

Exhausto.

Sus ojos volvieron a la normalidad.

—Debo entrar a ese castillo…

Se levantó a duras penas mientras su sombra regeneraba sus músculos desgarrados.

—Buen trabajo… —pensó, agradeciendo—. Pero no te acostumbres.

Recogió sus dagas.

Tomó su abrigo ensangrentado.

Caminó hacia la entrada.

Colocó su mano y hizo presión

Reventó la puerta.

La tensión del lugar se hizo presente.

No lo intimidó.

—Sé que estás por acá —dijo—. Será mejor que salgas. Tendremos una charla agradable.

Siguió los murmullos hasta el salón principal.

Reventó otra puerta.

Demonios con colmillos afilados y garras enormes.

Parecidos a perros.

—¿Qué carajos son esas cosas…?

Sus pasos resonaron detrás de ellos.

—Vaya… nunca pensé que acabarías con casi trescientos demonios.

Elior alzó la mirada.

Un ser imposible.

Musculatura dominante, puro hueso, sin carne salvo en la parte superior de los brazos.

Cuernos enormes.

Ojos vacíos…la representación perfecta del abismo.

—Eran parte de mis experimentos —continuó—. Eran débiles.

La sangre de Elior hervía.

—¿Ahora no hablas, mocoso? —dijo el demonio.

—No dejaré que acabes con mis dos perfecciones.

Los demonios rápidamente saltaron por las ventanas y desaparecieron.

Elior no apartó la mirada de aquel demonio.

Sacó sus dagas.

El demonio desenfundó su espada.

—Un simple humano no debería estar aquí… pero veo que no eres un simple humano.

—Cierra la puta boca —escupió Elior.

El demonio sonrió.

—Yo, Alastor, cuarto guerrero del príncipe Belion, seré quien te asesine. humano desagradable y usaré tu cuerpo para mis experimentos….

—Tienes nombre de mascota —respondió Elior—. Te despedazaré a ti y a tu príncipe Belion.

Tenso su cuerpo que ya estaba regenerado.

—Ya es hora… de que acabe contigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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