La Sombra Sin Dios - Capítulo 8
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Capítulo 8: Capítulo VII — El limbo entre la vida y la muerte
Las sombras lo rodeaban, susurrando palabras que no entendía, pero que laceraba su mente como cuchillas.
Algunas gritaban, otras murmuraban, todas enredándose como cadenas invisibles en su alma.
Parecía que el mundo entero lo empujaba a rendirse.
Elior caminaba sin rumbo, agotado, con las piernas que pesaban como rocas.
No había suelo ni cielo.
Solo un espacio vacío y oscuro, salpicado de sangre y oscurecido por esas sombras que se abalanzaban sobre él sin descanso.
Su cuerpo tembló.
Estaba a punto de arrodillarse, de dejarse devorar, de acabar con todo.
Cuando de pronto… una luz.
Un destello blanco y dorado atravesó la oscuridad, abriéndose como una grieta en medio de aquel infierno.
El contraste fue tan intenso que Elior se cubrió el rostro con el brazo, apenas soportando el resplandor.
Y entonces lo vio.
Al principio, solo siluetas borrosas que avanzaban hacia él, firmes, cálidas.
Una, dos… y una más pequeña.3 figuras que cruzaban el umbral de la luz.
Elior retrocedió un paso, incrédulo.
Su respiración se agitaba.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas sin poder detenerlo.
La luz acarició su rostro con una calidez que no sentía desde hacía años.
El calor de un abrazo perdido.
El eco de una voz que ya había sido olvidada.
Cuando las figuras estuvieron lo suficientemente cerca, Elior cayó de rodillas.
Su garganta se cerró por un momento, la inmensa cantidad de sentimientos en esos segundos le hacía difícil de respirar .
Su corazón, ese mismo que había estado a punto de rendirse, volvió a latir con fuerza.
Las lágrimas resbalaron sin control por sus mejillas.
Y con la voz quebrada, apenas un susurro, logró pronunciar:
—¿Mamá….?
La silueta más cercana extendió una mano hacia él, envuelta en aquella luz divina.
Cuando sus ojos por fin se aclararon, la vio.
Su madre, Elyra. Junto a ella, su padre y entre ambos, su hermanita pequeña..
Elior con un lío de emociones y como un niño pequeño en busca de refugio ante la angustia .
Corrió hacia ellos, derrumbándose en sus brazos.
—¡Perdón… perdón! ¡Perdón por no ser más fuerte! ¡Perdón, por no haber podido salvarlos!
Elian lo estrechó con fuerza, su voz profunda cargada de ternura.
—No tienes que disculparte, hijo. Eras solo un niño… y has luchado más de lo que cualquiera debería.
Elyra le acarició el rostro empapado en lágrimas.
—Mi amor… ya fue suficiente, no entregues tu vida al odio. No lo hagas. Eso no te dará paz, solo te robará lo que aún guardas en tu corazón.
Elior temblaba, negando con la cabeza.
—¡No entienden!, ellos deben pagar por lo que hicieron, por todo lo que me arrebataron, pero…. ¡Estoy cansado! ¡No quiero seguir! Solo quiero paz… quiero descansar… ¡Quiero quedarme con ustedes!.
Se aferró a ellos con desesperación, con la voz rota y los ojos desbordados.
—Por favor… no me dejen volver. ¡Llévenme con ustedes!
Liora lo abrazó con fuerza, sus ojitos húmedos brillando.
—Hermano… yo también quiero que te quedes. Pero… aún no puedes. Dijiste que ibas a proteger a todos, ¿recuerdas? Ellos aún te necesitan.
Elian colocó una mano firme en su hombro.
—Elior… sé que quieres rendirte. Pero todavía no es tu hora.
Elyra lo besó en la frente con ternura infinita.
—Prométeme que seguirás. Kael, tu amiga Hina… ellos no sobrevivirán sin ti.
Elior sollozaba sin control,se rehusaba a volver a perderlos.
—Esto no está bien… ya no quiero pelear…por favor madre, déjame ir contigo.
—Lo sé —susurró su madre—. Pero no puedo llevarte con nosotros, mi niño,pero siempre estaremos aquí, aunque no puedas vernos.
— Madre, si me quedo llegare a lastimar a todos los que se preocupan por mí y quizás, no logre contener lo que llevo dentro, ¡se los suplico!, por favor… no me dejen aquí.
Una ráfaga de luz dorada los envolvió poco a poco,a punto de alejarlos de él.
Elior extendió sus manos desesperado, gritando con todo lo que tenía:
—¡No se vayan! ¡Por favor, no me dejen! ¡No me dejen otra vez!
Antes de irse , Liora se acercó rápidamente , tomando las manos de su hermano mayor, y le entregó una flor que era capaz de iluminar hasta el abismo más oscuro.
—El señor que nos pidió venir, me dijo que te la entregara, se que pronto nos volveremos a ver hermano, por favor no te rindas. — dijo Liora con una gran y hermosa sonrisa mientras lloraba.
Elian, Elyra y Liora sonrieron entre lágrimas, desvaneciéndose en el centro de la luz dorada.
Hasta que solo quedó la oscuridad.
Y justo cuando esa luz se fue desvaneciendo por completo, Elior sintió su corazón volver a latir.y una voz a lo lejos, Hina desde el otro lado le rogaba que no se rindiera, que aún lo necesita.
La luz se apagó.
Su familia se desvaneció frente a sus ojos.
El vacío volvió.
Elior gritó con una mezcla de dolor y rabia, arrodillado en aquel lugar sin forma ni tiempo.
—¡No me dejen! ¡Por favor… no se vayan! ¡Solo quiero estar con ustedes! ¡Ya no puedo más! —su voz quebrada resonó en el vacío, distorsionada por la desesperación.
La oscuridad volvió a envolverlo.
Las sombras reptaban bajo su piel, arrastrándose como serpientes, reemplazando cada célula, cada parte de su cuerpo, borrando poco a poco lo que lo hacía humano.
Y aun así sabiendo lo que le pasaba se negaba a regresar con todas sus fuerzas.
A lo lejos, una voz…
Suave, temblorosa, casi irreconocible.
—Elior… vuelve. ¡Te necesito! —era Hina.
Él apretó los dientes, cubriéndose el rostro con las manos.
—No… ya no puedo. No quiero más dolor. No quiero seguir viviendo solo para perder a los que amo…
Su voz se quebró, y con ella, su voluntad.
Las sombras lo abrazaron, hundiéndolo en un silencio absoluto.
Y justo cuando su alma comenzaba a desvanecerse, su corazón dejó de latir nuevamente.
comenzando a convulsionar en la cama del hospital.
Los monitores emitieron un pitido agudo y constante, seguido por gritos de los médicos y Hina, quien estaba con él .
Durante tres minutos su corazón se detuvo.
Pero la vida, aferrada a él, como si también la tierra se rehusara a perderlo, lo trajo de regreso.
Pasadas las horas, los pasillos del hospital estaban en calma con un silencio abrumador y agobiante.
Elior seguía inconsciente, con un sinfín de cables conectados a su cuerpo.
Los médicos, aún seguían atónitos, comentando entre murmullos.
—No tiene sentido… sus tejidos se regeneran demasiado rápido.Según el examen inicial mostraba daños internos graves, pero… ahora parece casi sano. Hasta su corazón se detuvo como es posible que ya esté mejorando.
—Quizás hubo un error de laboratorio.
—¿Un error que cura heridas y los tejidos de su corazón en horas?.
Kael los escuchaba en silencio, los puños apretados.
No respondió nada. Solo asintió cuando le informaron que Elior quedaría en observación.
En la habitación, Hina se mantenía junto a la cama, sosteniendo la mano de Elior con suavidad.
Tenía los ojos hinchados, el rostro pálido, pero se negaba a moverse.
No habló ni una palabra hasta que su madre entró.
—Hina, debes descansar —dijo ella con voz suave, aunque cansada—. Yo me quedaré con Kael.
La chica negó débilmente con la cabeza.
—No quiero dejarlo solo…
—Lo sé —respondió su madre, acariciándole el cabello—. Pero necesita tiempo… y tú también.
Finalmente, Hina aceptó. Su padre, quien había llegado al hospital hace poco, preocupado por Elior, la llevó a casa para que descansara.
Antes de salir, ella volvió a mirar a Elior, con lágrimas contenidas.
—Por favor… no me dejes sola otra vez.
Las horas siguieron pasando, en la habitación solo quedaron Kael y la madre de Hina.
Ambos permanecieron en silencio por varios minutos, hasta que Kael habló, con un tono quebrado que rara vez dejaba ver.
—Quizás fue un error mío… —dijo mirando el suelo—. No debí enseñarle este tipo de vida. No a él.
La mujer lo miró con serenidad.
—Kael… sabes que hiciste lo correcto. Él no tendría cómo defenderse.
Kael respiró hondo.
—Después de la muerte de su familia, los demonios empezaron a aparecer con más frecuencia en Velmira. Lo rastreaban… como si supieran que llevaba algo dentro. Yo temía que un día no estuviera cerca para protegerlo, así que le enseñe a luchar.
Al principio solo quería que aprendiera a defenderse… pero con el tiempo, empezó a cazar. A buscar demonios, uno por uno.aun no logro entender como los localizaba, jamás me lo dijo.
—¿Y tú lo detuviste? —preguntó ella, sabiendo la respuesta.
Kael bajó la cabeza.
—Lo intenté. Pero era inútil. Su odio lo impulsaba, y su poder… crecía cada día.
Por eso lo traje a la ciudad. Quería alejarlo de todo eso, darle una vida normal.
Sus ojos se suavizaron por un instante.
—Y por suerte… conoció a Hina.
Ambos sonrieron débilmente, recordando el pasado.
—Desde el primer día, ella fue su refugio. Lo hacía reír, lo obligaba a vivir como un chico normal… —dijo Kael con una nostalgia que le pesaba en el pecho—. No sabes cuánto le debo por eso.
La madre de Hina asintió.
—Ambos se salvaron mutuamente, Kael. Eso no fue un error. Fue el destino.
—Hina desde niña ha sido muy alegre y sonriente, incluso en situaciones que no deberían serlo, debido a que no somos de acá, algunas veces los chicos se burlaban de ella. aun así sonreía , sin darle importancia a lo que decían otros, pero, aun siendo la chica más alegre jamás la logré ver con un amigos o amiga, hasta que se conocieron…. Me sorprendió lo inseparable que son. Ella siempre me decía que había algo en Elior que lo llevaba a protegerlo y que podía sentir lo mucho que ha sufrido.
Kael solo atinó a sonreír levemente .
— Incluso después de descubrir que era verdad lo que explicaba Elior acerca de sus padres y hermana y el cómo fallecieron fue difícil de procesar,pero quiero a este niño como si fuera mío y me duele verlo así.—. kael…. Te diré esto una última vez, porque ya te lo he dicho por años. ¿No crees que ya es momento de decirle a Elior, quien eres realmente? el tiempo sigue pasando y su rabia no disminuye…. solo crece.
—Se que debo hacerlo pronto, pero es más difícil de lo que pensé— dijo Kael con un tono desalentador. Pero mi prioridad por ahora es que se recupere y protegerlo , Los demonios ya saben quien es y dónde encontrarlo.
Kael la miró, con los ojos cansados.
—Solo espero que esta vez… no tenga que perderlo también.
El silencio llenó la habitación. Solo se oía el pitido del monitor marcando los latidos de Elior. mientras la noche pasaba.
Elior despertó con dificultad.
La luz blanca del hospital lo cegó por un instante, como si lo castigara por seguir con vida.
Sus ojos tardaron en acostumbrarse, y cuando al fin pudo enfocar, lo único que vio fue un techo desconocido, impoluto, demasiado brillante.
Intentó recordar.
No sabía cómo había llegado ahí…
Pero sí recordaba todo lo demás.
Recordaba la oscuridad.
El vacío.
Las voces.
Y aquel instante en que habló con su familia…
el ruego desesperado de quedarse con ellos…
la flor que su hermana le entregó antes de desaparecer, diciendo que un “señor” se la había enviado. dicha flor que ahora estaba en el centro de su alma .
Elior intentó mover los dedos, pero apenas sintió algo.
Solo el frío,un frío que no venía del ambiente, sino de dentro.
Su pecho dolía, como si algo faltara.Como si aquello que lo mantenía vivo se hubiera ido con su familia en ese llanto desesperado, dejándolo vacío.
El cuarto estaba en silencio.
No había nadie.
Solo el sonido intermitente del monitor cardíaco, y la luz de la luna entrando por la ventana.
Se quedó mirando el cielo nocturno, las nubes, las sombras que se formaban entre las cortinas.
No sabía qué hacer, ni cómo reaccionar.
Solo cerró los ojos…
Y entonces las escuchó.
Voces lejanas.
Difusas.
Su madre.
Su padre.
Liora.
Y entre todas, una que lo atravesó como un eco:
“Elior… vuelve, por favor…”
“Aún te necesito…”
La voz de Hina.
Su pecho se tensó, y por un momento creyó que algo dentro de él quería salir, arrancarse.
Abrió los ojos de golpe. Una lágrima descendió por su mejilla.
Volvió a mirar la luna, con el corazón pesado.
Pensó que si volvía a cerrar los ojos, tal vez los vería otra vez.
Tal vez podría volver con ellos.
Tal vez allí, en la oscuridad, estaría su hogar.
Pero no lo hizo.
Solo se quedó quieto, mirando hacia la nada, mientras la noche seguía avanzando y el sentimiento de vacío crecía y crecia. Hasta que los primeros rayos del sol se filtraron por la ventana.
Elior seguía despierto.
Sus ojos estaban apagados, su mente perdida en algún punto entre el dolor y la calma.
De pronto, la puerta se abrió de golpe.
Hina entró apresurada, con el uniforme puesto y un abrigo sobre los hombros.
Tenía ojeras profundas, el rostro pálido, los ojos rojos de tanto llorar.
Apenas lo vio, soltó el bolso y corrió hacia él.
—¡Elior! —su voz tembló, casi quebrándose.
Él giró apenas la cabeza, con una leve sonrisa.
—No deberías estar aquí tan temprano… deberías ir a clases.
Hina frunció el ceño, entre enfadada y aliviada.
—¿Sabes lo preocupada que estaba? Pensé que… —su voz se quebró antes de terminar.
Elior extendió la mano y la apoyó sobre la de ella.
—Ya estoy bien, Hina. Tranquila —dijo con una sonrisa débil, casi forzada.
Ella lo miró con atención… y pudo verlo.
Había algo distinto.
Sus ojos.
Ya no eran los mismos.
Había perdido algo en ellos… algo que no sabía cómo describir.
—Elior…¿seguro que estás bien ? —murmuró.
Él bajó la mirada, evitando su expresión.
—¿Cuánto tiempo llevo aquí? Las enfermeras no me han dicho nada… o tal vez no las escuché .
—Dos días —respondió Hina, más calmada—. Kael no debe tardar en llegar.
—¿Te duele algo?
Elior negó suavemente.
—No… no me duele nada. Solo me siento… cansado.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Hasta que la puerta se abrió de nuevo.
Kael entró con una sonrisa contenida.
Sus ojos se iluminaron al verlo despierto.
No dijo una palabra.
Solo se acercó y lo abrazó con fuerza.
Elior parpadeó, sorprendido, y luego respondió al abrazo con lentitud.
Kael se apartó, limpiándose discretamente las lágrimas.
—Me avisaron esta madrugada que habías despertado —dijo con una sonrisa leve—, pero tuve que ir a buscar a Aramis y Lia a la estación. Se quedaron unos días conmigo en la ciudad. Estaban muy preocupados, querían verte… pero el sueño fue más fuerte estan durmiendo en casa.
Elior sonrió débilmente, sin decir nada.
Pero Kael, lo sintió.
Algo en su energía no estaba bien.
Su presencia, su mirada, su esencia… era distinta.
Como si algo ajeno lo habitara.
Intentó no darle importancia.
Quizás era solo el cansancio.
Quizás no.
—¿Cuándo podré irme? —preguntó Elior, con voz apagada.
—Eso lo decidirán los médicos, hijo. Por ahora, descansa —respondió Kael—. Debo ir a la escuela. Tengo que hablar con la directora, y llevar a Hina.
Elior lo miró, curioso.
—¿Hablar con la directora? ¿Por qué?
Kael sonrió.
—Aún no lo sé. Te lo diré cuando vuelva.
—No quiero quedarme aquí, no me gustan los hospitales—susurró Elior, dándole la espalda.
Tanto Hina como Kael lo miraron sorprendidos.
La palidez de su rostro, el temblor de sus manos, las ojeras…
Todo en él gritaba agotamiento.
Pero lo más inquietante era la frialdad en sus ojos donde se reflejaba el vacío de su alma.
Kael suspiró.
—Hablaré con los doctores, pero no depende de mí… ni de ti. Te harán más exámenes.
—Está bien —dijo Elior, girándose hacia la ventana y tapándose con la sábana.
Hina se acercó despacio, le acarició el cabello y le dio un beso en la frente.
—Vendré apenas salga de la escuela. No te atrevas a escaparte, ¿sí?
Elior solo asintió con un movimiento débil.
Hina lo miró unos segundos más antes de salir hacia la escuela junto a kael
El reloj del despacho marcaba las nueve en punto cuando Kael entró, aún con el cansancio marcado en el rostro.
La directora lo recibió con una sonrisa suave y un gesto de cortesía.
—Gracias por venir tan pronto, Kael. Sé que no deben ser días fáciles.
—No se preocupe —respondió él con voz cansada, sentándose frente a ella—. ¿De qué quería hablarme?
La directora entrelazó las manos sobre el escritorio y lo observó con atención.
—Primero… ¿Cómo está Elior?
Kael respiró hondo.
—Mejor. Los médicos dicen que está respondiendo bien. Solo quieren hacerle un par de exámenes y, si todo sale como esperamos, pronto podrá volver a casa.
—Me alegra escuchar eso —asintió ella—. Bueno para no hacerle perder tiempo iremos al grano.Verá, lo cité para hablar más a fondo de la situación de Elior.
Kael se inclinó hacia adelante, atento.
—No hay mucho que decir en cuanto a su comportamiento o su rendimiento. Elior siempre ha sido un ejemplo. Es amable, respetuoso, excelente estudiante… Muchos lo admiran.
Kael asintió con una sonrisa leve, casi nostálgica.
—Eso suena a él.
Pero la directora suspiró, bajando un poco la voz.
—Y, sin embargo, hay algo que me preocupa. El futuro de Elior,en todas las charlas que he tenido con él, siempre evita este tema
—¿Cómo dice? —preguntó Kael, arqueando una ceja.
—Cuando hablo con los alumnos que están por terminar su ciclo, la gran mayoría tienen al menos una idea de lo que desean estudiar o hacer. Él no. Cada vez que toco el tema, cambia la conversación o simplemente sonríe y dice que “no es relevante”.
Kael se recostó en la silla, serio.
—Desde que lo conozco, jamás le gusto pensar demasiado en el futuro, es algo que aprendió de su madre, ella solía vivir en el ahora y no pensaba mucho sobre el futuro.
—Puedo comprender eso Kael, aunque es preocupante, se entiende, tampoco le pido que tome una decisión de forma inmediata..
Kael escuchaba atento cada palabras
—Otro tema,es la falta de motivación que tiene Elior, últimamente se le ha visto más cansado y agobiado, quizás eso haya sido un gatillante para la crisis que sufrió el otro día. Para mi es relevante saber cómo Elior lidia con la ansiedad y el estrés. ¿Sabes si él toma medicamentos?.
—Se que su Psiquiatra le recetó medicamentos, Pero se rehúsa completamente a tomarlos, así que, él suele lidiar con el estre meditando, cómo le enseñe cuando era un niño, eso le había servido todo estos años.
—Me gustaría que hiciera otras actividades, Kael, como por ejemplo participar en los talleres de la escuela , pero por más que lo inviten siempre rechaza todo, si él hubiese querido, estaría participando en competencias de atletismo o competencias intelectuales.
— Sé que Elior es muy capaz de todo lo que dice, pero jamás le ha gustado competir con otros de ninguna manera, es algo que encuentra innecesario, las únicas veces que compite es con Hina.
—¿Takamura Hina? —preguntó la directora.
—Sí, esos dos son inseparables
—Sé que son buenos amigos, pero no pensé que tanto.Perfecto puede servirme eso.
—¿A que se refiere con eso?—pregunto Kael, confundido.
—Takamura, ha subido bastante sus notas, ahora entiendo el porque, asi que es casos extremos le pediré a Takamura que me ayude con Elior en caso de que más adelante tenga otras crisis.
La directora hizo una pausa.
—Una última cosa, Kael. no has pensado que… ¿quizás vivir solo no ha sido lo mejor para él?.
Kael entrecerró los ojos, pensativo.
—He pensado eso algunas veces. Pero después de lo que vivió en el pueblo… necesita su espacio. No puedo obligarlo a volver y de momento tampoco puedo venir a la ciudad, tengo a mis otros dos niños estudiando en Velmira.
—Lo entiendo —respondió la directora con empatía—, pero al menos Piensen en vivir juntos y sobre todo que es para lo que te cite hablen sobre su futuro. Elior es brillante y aunque no me gusta hacer estas comparativas,él está muy por encima de la media. Podría graduarse este año si quisiera, pero se negó.
—Aun así —continuó ella— Y esto sí que será lo último, no podemos pasar por alto sus inasistencias. Se que ha tenido… incidentes, pero la verdad necesito que se reincorpore cuanto antes. este tipo de faltas tan seguridad no hablaran bien de él en su futuro
Kael asintió con respeto.
—Comprendo. Hablaré con él. Pero ya sabe cómo es. No puedo forzarlo a participar en actividades o en competencias, como las que menciono. Su forma de aprender y de vivir es distinta,pero barajere con el opciones para que pueda lidiar de mejor manera su estrés
—Claro, claro —dijo la directora, relajándose un poco—. Solo quiero ayudar.
Se levantó para despedirlo.
Kael también se puso de pie y, antes de salir, agregó en voz baja:
—No se preocupe. Haré lo que pueda… aunque, a veces, tengo la sensación de que Elior ya sabe más de la vida de lo que debería a su edad.
La directora asintió, observándose marcharse con una expresión melancólica.
Sabía que aquel chico cargaba con problemas que iban más allá de lo que un simple joven debiera soportar.
Mientras tanto, el sonido de las voces llenaba el aula de clases.
Hina y Seraphine estaban sentadas juntas, inclinadas sobre el pupitre, cuchicheando en voz baja mientras la profesora revisaba unos papeles.
—¿Y cómo sigue Elior? —preguntó Seraphine, intentando sonar casual.
Hina, con los ojos un poco hinchados por el cansancio, sonrió débilmente.
—Despertó anoche. Aún se ve agotado, pero los médicos dicen que está estable. Hoy en la tarde van a visitarlo Lia y Aramis.
—¿Lia y Aramis? —repitió Seraphine con curiosidad.
—Oh, verdad, que aun no los conoces. Son los niños que viven con Kael en Velmira. Son como los hermanos menores de Elior. Te van a caer bien. Deberías venir con nosotros al hospital —dijo Hina con una sonrisa más viva.
Seraphine dudó un segundo.
—¿Contigo?
—Claro. A Elior le hará bien ver más caras conocidas.
Antes de que pudiera responder, la profesora levantó la vista.
—Takamura, Caelis… silencio, por favor.
Ambas se enderezaron rápidamente, disimulando una risa.
Pero mientras fingían tomar apuntes, Seraphine se quedó pensativa.
“Verlo de nuevo…”
Lo que más quería Seraphine era verlo, pero no sabía si eso sería una buena idea. Debido al altercado que tuvo con Kael.
El transcurso de la jornada escolar continuó sin mucho revuelo.
Ya en la tarde el hospital estaba en silencio.
Las luces frías del pasillo se filtraban por la rendija de la puerta, bañando la habitación con un brillo pálido.
Elior, sentado en la cama, respondía con amabilidad a las enfermeras que entraban a controlarlo. Sonreía, hacía bromas, les daba las gracias.
Parecía el mismo chico de siempre.
Pero en cuanto la puerta se cerraba y quedaba solo, todo cambiaba.
El silencio se llenaba de susurros.
Ecos lejanos, imposibles de entender, que laceraban su mente como cuchillas.
A veces, cuando parpadeaba… el mundo se desvanecía.
Y de pronto estaba ahí otra vez en aquel espacio oscuro, sin suelo ni cielo, rodeado por sombras que se movían a su alrededor.
Cada vez se volvían más ruidosas, más insistentes.
Elior intentaba ignorarlas.
Respiraba profundo, se levantaba y empezaba a hacer ejercicio: flexiones, sentadillas, cualquier cosa que lo mantuviera ocupado.
Necesitaba sentir su cuerpo, aunque fuera solo para convencerse de que seguía vivo.
Hacía todo eso en silencio, asegurándose de que los doctores y enfermeras no lo vieran.
No quería parecer un paciente… quería sentirse humano.
Ya era tarde cuando la puerta se abrió de golpe.
—¡Elior! —gritaron dos voces infantiles al mismo tiempo.
Lia y Aramis corrieron directo hacia él, lanzándose a la cama.
Elior apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que ambos lo abrazaran con fuerza.
Él soltó una carcajada y los rodeó con los brazos, apretándolos contra su pecho.
—¡Los extrañé tanto!
Tras ellos entraron Kael, Hina y, unos pasos más atrás, Seraphine.
—Hola a todos —saludó Elior con una sonrisa de oreja a oreja.
Ver a Lia y Aramis lo llenó de calidez, esa chispa que hacía días había desaparecido.
—¿Cómo te sientes, Elior? —preguntaron los niños al unísono.
—Mucho mejor —respondió, fingiendo fuerza—. Si quisiera, podría partir un árbol a la mitad.
Los pequeños rieron con alegría, contagiando el ambiente.
Seraphine, que observaba desde la puerta, sonrió también. Verlo así, tan distinto a la imagen apagada que Hina le había descrito, la tranquilizaba.
Elior la miró directamente.
—Me sorprende verte aquí, Seraphine.
Ella se sonrojó ligeraente, desviando la mirada.
—Somos compañeros, y… Hina me dijo que viniera. Quería saber cómo estabas.
—Gracias por venir —respondió él con tono amable.
Kael interrumpió el momento.
—Voy a hablar con los médicos.
—Perfecto —dijo Elior—. Y, por favor, puedes preguntarles cuándo podré salir de aquí. Ya me estoy aburriendo.
Kael lo miró detenidamente.
—Está bien, hijo. Lo haré.
Mientras él salía, Hina se dejó caer en la silla junto a la cama, dejando escapar un suspiro.
—Estoy agotada… —murmuró.
Elior la miró sonriendo.
—Ven, acuéstate un rato. Has estado despierta desde temprano, y yo ya me aburrí de estar en esta cama. Hagamos un cambio.
Hina lo miró con una sonrisa maliciosa.
—¿De verdad?
—Claro.
Antes de que él pudiera arrepentirse, ella ya se había lanzado a la cama riendo.
Lia y Aramis reían también.
Seraphine negaba con la cabeza, sin poder evitar sonreír ante el caos que se había formado.
—Y bien… —dijo Elior, cruzando los brazos—. ¿Cómo se han portado ustedes? ¿Cómo les va en la escuela?
Lia levantó la mano emocionada.
—¡A mí me va muy bien! ¡Me saqué buenas notas!
—Eso me alegra —respondió Elior, dándole una palmadita en la cabeza. Luego giró la mirada hacia Aramis, que fingía mirar al techo.
—Aramis… —dijo con voz seria.
El niño se tensó.
—Bueno… ni bien ni mal. Normal, supongo. La escuela es aburrida, todo va muy lento.
Elior sonrió.
—En eso estoy completamente de tu lado, pequeño.
—¡No, no, no! —interrumpió Hina, levantando una ceja—. Aunque sea aburrida, tienes que poner atención. ¡Ya lo hablamos la última vez!
Aramis cruzó los brazos, con una mueca desafiante.
—Tú no tienes cara para decirme eso, Hina. ¡Te va peor que a mí!
—¿Cómo te atreves, mocoso? —gritó Hina levantándose.
Aramis chilló y salió corriendo por la habitación mientras todos reían.
Elior observaba la escena con una sonrisa sincera. Al fin después de días en angustia pudo ver y sentir algo de paz. Así que, aprovechó un momento de calma y se acercó un poco a Seraphine, que seguía sentada en silencio.
—¿Y tú, Sera? —preguntó con voz suave—. ¿Te has acostumbrado a la escuela? ¿Te ha costado algo en particular?
Ella negó con la cabeza.
—No, la verdad todo va bien… —respondió, pero Hina la interrumpió desde la cama.
—¡No mientas! Aún te cuesta biología.
Seraphine la fulminó con la mirada, completamente seria.
—Hina…
—¿Qué? —rió Hina con picardía.
Elior contuvo la risa y miró a Seraphine.
—Si necesitas ayuda, puedo darte una mano.
—Exactamente —dijo Hina burlona—, a Elior le va excelente en biología y en todo, lanzandole a Elior una mirada de envidia
Seraphine suspiró, rindiéndose.
—Está bien, quizás acepte tu ayuda —dijo mirando a Elior—. Pero solo si tienes paciencia y tiempo.
—Eso sí que será un reto —respondió él sonriendo—. No soy precisamente un buen maestro. Pero haremos que funcione.
Lia y Aramis seguían jugueteando alrededor de la cama, mientras Seraphine se mantenía sentada al costado, intentando —sin mucho éxito— poner algo de orden a sí misma .
Elior los observaba, con esa sonrisa tranquila
Después de la charla con Seraphine, un silencio breve se instaló.
Fue Lia quien lo rompió, acercándose curiosa hacia Elior y mirando a Seraphine de arriba abajo.
—¿Y ella quién es? —preguntó, con esa inocencia que a veces podía ser más punzante que una espada.
Elior abrió la boca para responder, tranquilo
—Oh,Es una amiga de la escue…..
Pero no alcanzó a terminar.
Desde el otro extremo de la habitación, se escuchó la voz de Aramis gritar con toda la energía del mundo:
—¡¿Acaso son novios?!
El silencio duró apenas un segundo.
Hina y Aramis se miraron, y en un instante ambos se escondieron bajo las sábanas riendo a carcajadas.
Lia los observaba con el ceño fruncido, algo confundida… y, muy en el fondo, un poco molesta.
No lo decía, pero no le gustó la idea de que su hermano mayor pudiera estar con otra chica que no fuera Hina.
Elior se llevó una mano al rostro, exhalando resignado, y miró a Aramis con una ceja levantada.
—No, Aramis. No somos novios. Solo compañeros… nada más.
Su tono sonó tranquilo, pero la mirada que lanzó bastó para que el niño, todavía bajo las sábanas, se congelara de inmediato.
Seraphine, por su parte, se quedó completamente roja.
—¡Exacto! —dijo rápido, moviendo las manos nerviosamente—. Solo somos compañeros… y amigos.
Aun así, sentía cómo le ardían las mejillas.
No sabía si era vergüenza, incomodidad… o algo más que no quería reconocer frente a los demás.
Ni siquiera sabía a dónde mirar.
Elior sonrió levemente y se agachó hasta quedar a la altura de Lia.
—Ella es una amiga mía… y también muy buena amiga de Hina.
La miró con dulzura.
—Estoy seguro de que se llevarán bien.
Seraphine, intentando recuperarse, se acercó y también se agachó frente a la pequeña.
—Hola, Lia. Es un gusto conocerte —dijo con una sonrisa suave.
Lia la observó con cierto recelo al principio, pero luego, casi sin quererlo, terminó devolviéndole la sonrisa.
En ese momento, la tensión desapareció.
Elior aún agachado, procesaba lo que acababa de pasar, algo lo inquietaba y de forma disimulada miró a Seraphine, así que, solo atino a cerrar sus ojos y suspirar.
Incorporándose lentamente
Su cuerpo todavía estaba débil, los músculos tensos.
Caminó hacia la ventana y la abrió con cuidado, dejando que entrara el aire fresco del atardecer.
La brisa movió su cabello y la cortina blanca, llenando la habitación de una paz indescriptible
Apoyó un brazo en el marco de la ventana, mirando hacia el cielo.
El sol comenzaba a ocultarse detrás de los edificios, tiñendo el horizonte de un naranja pálido.
—Ojalá pudiera irme ya… —dijo en voz baja, sin apartar la vista del exterior—. Estar aquí es aburrido… y ni siquiera tengo algo que leer. Espero que le este yendo bien a Kael.
Los pasillos del hospital estaban llenos de murmullos.
Los médicos hablaban en voz baja, algunos revisaban informes, otros lo observaban con curiosidad.
Kael caminaba serio, con el ceño fruncido, mientras lo guiaban hasta una sala privada.
—Señor Kael —dijo uno de los doctores—, antes que nada, quiero decirle. Que Elior se recuperó de una forma… asombrosa.
Hizo una pausa, buscando las palabras.
—Diría que es casi imposible. Jamás vi a alguien al borde de la muerte recuperarse así. Los tejidos, los órganos, la respuesta celular… Es como si su cuerpo se hubiera reiniciado por completo.
Kael permaneció en silencio, con los brazos cruzados.
El médico continuó.
—Si nos permite realizar estudios más exhaustivos, podríamos comprender realmente qué sucedió. Podría ser un hito médico para la humanidad. Imagínelo, señor Kael, un…
—No. —La voz de Kael fue seca, cortante—. No van a experimentar ni hacer nada con él.
El doctor intentó insistir, pero antes de que pudiera decir algo más, se escuchó una voz firme desde la entrada.
Era el jefe del hospital.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con tono autoritario.
Los médicos explicaron rápidamente la situación.
El jefe tomó los papeles, los revisó y luego miró a todos con severidad.
—Ninguno de ustedes es padre —dijo con voz grave—. Solo les importa experimentar.
Dejó los informes sobre la mesa con un golpe seco.
—Ningún padre que ame a su hijo permitiría algo así. Déjenlos en paz.
Los médicos bajaron la cabeza y se retiraron, murmurando entre ellos.
El jefe se giró hacia Kael, con una expresión más calmada.
—Señor Kael, perdónelos, son jóvenes y algunas veces insensibles.
Kael asintió con una sonrisa.
—No se preocupe, los entiendo…
—Seños Kael, podría venir conmigo a mi oficina, hay unos asuntos que me gustaría discutir.
—Por supuesto, sin problema, lo sigo.
Caminaron hasta una oficina silenciosa, donde ya esperaban dos personas sentadas.La psicóloga y el psiquiatra de Elior.
Kael frunció el ceño, desconcertado, mientras tomaba asiento frente a ellos.
—Primero que todo —comenzó la psicóloga, con voz suave—, me alegra saber que Elior está estable.
Kael sonrió apenas, con una cortesía mecánica.
El jefe del hospital tomó la palabra:
—Señor Kael, lo he citado porque, aunque la recuperación de Elior es extraordinaria, hay otra parte que no lo es. Su cuerpo sanó… pero su mente no.
Kael levantó la vista, en silencio.
—Por eso —continuó el jefe—, pedí que su psicóloga y su psiquiatra estén aquí.
La psicóloga respiró profundo antes de hablar.
—Mire, señor Kael… Hace un tiempo le pedimos a Elior algunos exámenes. Los revisamos y posterior a ello le pasamos los resultados a él para que se los mostrara, pero tal vez él nunca lo hizo.
—No —dijo Kael, sorprendido—. No me dijo nada de eso.
—Lo imaginé —respondió ella con una sonrisa triste—. Verá, Elior fue diagnosticado con trastorno de depresión mayor y ansiedad generalizada. Sin embargo… en las últimas sesiones noté algo más grave.
Hizo una pausa.
—Por los resultados de los exámenes y otras cosas.Creo que Elior ya entró en un cuadro de depresión crónica, más conocida como “distimia”. Vive atrapado en un estado de tristeza constante, aunque intente sonreír. Y no es lo único hay algo más, muestra también rasgos obsesivo-compulsivos, sobre todo en su forma de mantener el orden. Cualquier alteración lo inquieta. lo he visto en varias ocasiones en terapia. Además, su ansiedad es persistente; vive en alerta, como si esperara que algo terrible ocurriría en cualquier momento.
Kael guardó silencio. Su rostro se endureció, pero sus manos temblaban levemente sobre la mesa.
El psiquiatra tomó la palabra.
—Analizamos sus resonancias cerebrales. Hay cambios estructurales y químicos Elior ya tiene una reducción en el hipocampo y la corteza prefrontal,hay alteraciones en la amígdala… todo eso afecta la memoria, la toma de decisiones y la regulación emocional de Elior.
Suspiró.
—Y también hay desregulación en los neurotransmisores de serotonina, dopamina… En resumen, su cerebro está colapsando bajo el estrés y ansiedad. Si no se trata correctamente, podría llegar a un punto peligroso señor Kael.
—¿Peligroso? —repitió Kael, casi en un susurro.
—Sí —dijo la psicóloga, mirándolo directo a los ojos—. Específicamente peligroso para él mismo.
Se inclinó hacia adelante.
—Elior tiene marcas en el cuerpo… cortes, heridas. Son indicios claros de autolesión. Y siendo honesta no creo que quiera morir, señor Kael… pero sí creo que no le importa si lo hace. Busca el peligro como quien busca respirar. Es como si necesitara ese riesgo para sentirse vivo.
El jefe del hospital se levantó y se apoyó en su escritorio.
—La situación es más grave de lo que pensé.
Kael se llevó una mano al rostro, respirando hondo.
No sabía qué decir.No sabia como reaccionar
Una parte de él se negaba a aceptar esa imagen de Elior… pero otra sabía que era cierta.
—Señor Kael —dijo el jefe con tono más suave—, usted es su tutor legal. Si usted quiere, puedo darle el alta de Elior hoy mismo… Ya que él ya se recuperó y necesitamos las habitaciones ,pero de verdad necesito su compromiso.
—¿Compromiso? —preguntó Kael.
—Sí. Que Elior continúe con sus terapias. Que asista al psiquiatra una vez al mes. Y sobre todo… que tome sus medicamentos.
Su voz se endureció apenas.
—Si no lo hace, y su estado empeora, no tendremos más opción que derivarlo a un centro psiquiátrico de rehabilitación.
Kael se quedó mirando los documentos sobre el escritorio.
Su garganta se cerró. y el sudor y angustia se hacía presente
Finalmente, asintió.
—Haré todo lo que sea necesario —dijo con voz grave—. Voz que salio a duras penas.
El jefe le dio una palmada en el hombro.
—Eso espero, señor Kael.
Se levantaron y salieron de la oficina.
En el pasillo, la psicóloga se detuvo frente a Kael.
—Sé que debe ser duro escuchar todo esto —le dijo con empatía—. Pero créame… Elior todavía puede tener una vida tranquila, si logra liberarse de ese peso que carga.
Kael la miró a los ojos.
—Lo intentaré —respondió, y sonrió débilmente—. Gracias por preocuparse por él.
La psicóloga asintió.
Kael caminó hacia el mesón de atención, tomó el bolígrafo, y con una mano temblorosa… firmó el alta médica de Elior. Al hacerlo tomó un largo respiro, porque una parte de él sabría lo que se vendría.
Kael caminaba por el pasillo del hospital con paso pesado.
Sus pensamientos aún resonaban con las palabras del psiquiatra:
“Elior puede no querer morir… pero tampoco quiere vivir.”
Suspiró profundo antes de girar el picaporte de la habitación.
Al abrir la puerta, la escena lo detuvo en seco.
No podía arruinar algo así con la carga que traía.
Lia dormía sobre el regazo de Hina, quien le acariciaba suavemente el cabello.
Aramis jugaba con un pequeño avión de papel que Elior había doblado para él.
Mientras tanto, Elior conversaba en voz baja con Hina y Seraphine.
Sus risas eran pequeñas, contenidas, casi como un susurro para no despertar a Lia.
Kael se apoyó un momento en el marco de la puerta, sonriendo apenas.
Aquello… era lo más parecido a una familia que Elior había tenido en mucho tiempo.
—Ya te dieron el alta —dijo al fin, rompiendo el silencio.
Elior lo miró sorprendido, con una sonrisa leve.
—¿En serio? Por fin… ya no aguantaba esta cama. Es más dura que una piedra.
Kael rió suavemente mientras Elior se levantaba con lentitud.
—Iré a cambiarme —añadió el chico, caminando hacia el baño.
La puerta se cerró tras él.
Hina lo observó irse, luego volvió la vista a Kael.
—¿Está bien? —preguntó con tono lleno de duda—. ¿Te dijeron algo los médicos?
Kael dudó un instante antes de responder.
—Físicamente, está mejor que nunca. Por eso le dieron el alta.
Pero su voz… tenía ese quiebre que Hina conocía bien.Tanto Kael como Elior, eran pésimos mentirosos
Lo miró con una sonrisa triste. Pero no lo presionó, no con los niños ahí.
—Bueno, al menos podrá volver a casa —dijo finalmente.
Seraphine escuchaba en silencio, con las manos entrelazadas sobre las rodillas.
No quiso interrumpir, aunque su mirada se desviaba una y otra vez hacia la puerta del baño.
Sentía algo… extraño. Un pulso leve, una vibración apenas perceptible proveniente de donde estaba Elior.
Dentro del baño, Elior se miraba al espejo. El agua resbalaba por su rostro, se inclinó un poco, observando su reflejo… hasta que ya no fue su reflejo.
De pronto, el vidrio se tiñó de sombra.
Su piel se volvió uno con la sombra.
Sus ojos brillaban con una luz blanca, intensa..
Y esa sonrisa… esa sonrisa no era suya.
Elior retrocedió, cubriéndose el rostro. Cerró los ojos, intentando no mirar.
Pero cuando los abrió… ya no estaba en el baño.
Otra vez el vacío.
A su alrededor, un torbellino de sombras giraba con furia, como si el abismo respirara.
Las voces lo envolvieron.
“Es hora de volver.”
“Este mundo no es para ti.”
“Ellos no pueden salvarte.”
“Ven con nosotros mi se….”
Elior apretó los puños, la respiración entrecortada.
—¡No! —gritó con fuerza, pero su voz no resonó en ningún lugar.
Era como si hablara dentro de un sueño sin fin.
De pronto, un golpe en la puerta.
—¡Elior! —la voz de Seraphine atravesó la oscuridad.
El torbellino se detuvo.
Elior parpadeó.
El baño volvió a ser el mismo… aunque el espejo estaba hecho pedazos y los objetos tirados por el suelo.
Respiraba con dificultad. Su cuerpo entero temblaba.
La puerta se abrió de golpe, y Seraphine apareció, asustada.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Elior se giró hacia ella, con el pecho agitado y las venas marcadas como cuerdas negras bajo la piel.
Por un segundo, Seraphine vio cómo una de esas venas —la más oscura— se desvanecía lentamente, hasta volverse normal… justo cuando ella entró.
Como si algo dentro de él se ocultara de su presencia.
Elior tragó saliva, intentando normalizar su respiración.
—No pasa nada… tropecé, eso es todo.
Seraphine no le creyó, pero no insistió.
—Kael y Hina fueron a dejar a los niños al auto —dijo con voz suave.
Elior asintió, se puso la polera y le dedicó una sonrisa cansada.
—Entonces vámonos, no quiero que me retengan otra noche aquí.
—Sí… claro —respondió Seraphine, con las manos algo temblorosas.
Elior recogió los vidrios y objetos caídos del suelo. Al pasar junto a ella, el aire se volvió denso.
Seraphine no sabía por qué… pero sentía que si lo dejaba ir sin hacer nada, algo sucedería, algo dentro de ella, le rogaba que hiciera algo ahora.
—Elior… —susurró.
Él se dio vuelta, confundido.
Y antes de que pudiera preguntar, ella lo abrazó.
Un abrazo fuerte, desesperado, sincero.
Como si temiera que, al soltarlo, se desvaneciera.
Elior se quedó quieto un instante.
Luego, lentamente, la rodeó con los brazos.
—Tranquila… —dijo en voz baja—. Estoy bien, de verdad.
El corazón de Seraphine latía con fuerza contra su pecho.
Su rostro ardía, y tuvo que hacer un esfuerzo para separarse, murmurando rápidamente.
—Ya deberíamos irnos, nos están esperando.
Elior solo sonrió.
—Tienes razón. Vamos.
Afuera, la tarde ya comenzaba a caer.
Seraphine llegó primero al auto, aún con las mejillas encendidas.
Hina la miró de inmediato.
—¿Qué te pasa? Estás roja.
—¿Yo? ¡Nada! Absolutamente nada —respondió de golpe, evitando su mirada y subiendo al auto.
Hina arqueó una ceja y sonrió con picardía, pero no dijo nada.
Elior salió poco después, caminando despacio, con una leve sonrisa.
—Al fin libre. No soporto esos lugares —dijo mientras se acomodaba junto a Hina.
Ella solo lo observó con esa sonrisa desafiante que usaba cuando sabía que él ocultaba algo.
El camino a casa fue tranquilo.
Lia dormía en el regazo de Hina, mientras Aramis miraba por la ventana.
Kael conducía en silencio, atento al retrovisor, observando a Elior de reojo.
Al llegar, Hina preguntó:
—¿Seraphine, te quedas a cenar?
—No, no quiero molestar —respondió nerviosa.
—No es molestia —intervino Elior desde la cocina—. Quédate, así comemos todos.
Seraphine dudó unos segundos, luego asintió con timidez.
Mientras, Kael subió a dejar a Lia en la cama mientras Elior preparaba la cena.
Hina y Seraphine se quedaron conversando en el patio, bajo la brisa fresca.
Kael y Aramis repasaban tareas, riéndose a ratos. El ambiente era tranquilo.
Familiar, todo lo que cualquier persona querría.
Una hora más tarde, Elior llamó a todos.
—¡La cena está lista!
Las risas llenaron la mesa.
Todos conversaban como si todo lo malo no existiera.
Después de la cena, Kael se ofreció a acompañar a Seraphine a su departamento.
Ella aceptó con un gesto.
Sabía que Kael quizás quería hablar de algo importante.
El camino fue silencioso, hasta que llegaron al edificio.
Seraphine buscó sus llaves, pero Kael se detuvo antes de entrar.
Miró hacia la oscuridad del pasillo y habló con voz firme:
—Aurora… no puedes ocultarte. Sal de ahí.
Seraphine se giró, confundida.
De la penumbra emergió una silueta femenina.
Cabello largo, plateado, mirada severa.
—Siempre tan perspicaz, Kael… —dijo con una sonrisa tenue—. Ha pasado mucho tiempo.
Kael entrecerró los ojos.
—La verdad es que poco para mi gusto.
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