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La Sombra Sin Dios - Capítulo 9

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Capítulo 9: Capítulo VIII — Punto de quiebre…

El ambiente en el departamento era lo bastante denso, como para aniquilar a cualquiera que entrara a interrumpir. La luz del anochecer se filtraba por las cortinas, bañando las paredes con un hermoso blanco.

Kael se quedó quieto en medio de la sala con la mirada puesta en un solo objetivo y frente a él, Aurora Caelis lo observaba con la serenidad tensa de quien carga siglos de secretos y a su lado, Seraphine permanecía en silencio, con las manos entrelazadas sobre el regazo conteniendo la respiración por la gran tensión que se sentía en aquel lugar .

—No debiste ocultar el poder del chico —rompió Aurora, con voz firme y baja—.

Eso te metió en problemas con los del concejo… y lo peor de todo es que lo sabes y aun asi decidiste no hacerlo.

Kael frunció el ceño.

—No obedezco órdenes de los de arriba —respondió con calma, aunque en su mirada se asomaba la rabia contenida—. Ya no soy uno de ustedes.

La expresión de Aurora se endureció. Dio un paso hacia él, sin apartar la mirada.

—Sigues siéndolo, Kael. Aunque lo niegues, aunque hayas decidido “colgar” tus alas, para ellos sigues siendo una leyenda en vida. Uno de los arcángeles más fuertes que existen.

¿Sabes lo que sintieron cuando descubrieron que estabas cuidando a un chico con un poder que ni siquiera nosotros podemos comprendemos?.

Kael la miró en silencio, sus ojos dorados brillando débilmente bajo la luz.

—¿Qué estás diciendo, Aurora? —preguntó con voz grave— Lo que ellos sientan o no, no es de mi incumbencia, puedo comprender que les de miedo Elior, aun intento descubrir la fuente de toda su fuerza, pero no es algo en lo que se deban entrometer— exclamó, desviando la mirada y apretando los dientes.

— ¡Kael!, sigues sin comprender la gravedad del asunto, es un verdadero caos allá arriba, el poder del chico es totalmente inconmensurable por lo visto y lo peor de todo es que es solo un humano, nada tiene sentido. Arriba es tal el miedo que no saben si deben….

—¿Si deben que…?— pregunto Kael, apretando los puños mientras sus ojos brillaron de forma intensa.

Ella titubeó. Por un instante, dudó si debía seguir hablando… pero las palabras ya le pesaban en la garganta.

—Van a decidir si eliminarlo… o sellarlo.

El aire pareció quebrarse entre ellos.

Kael dio un paso al frente, incrédulo.

—¿Eliminarlo? ¿Sellar a un chico? ¿Desde cuándo el cielo decide quién merece vivir o morir? ¡Aún es solo un niño, Aurora!— Grito, mientras las luces del departamento comenzaban a apagarse y las bombillas a explotar.

Aurora apartó la mirada, molesta consigo misma.

No debía haberlo dicho. Pero el daño ya estaba hecho.

Kael respiró hondo, intentando contenerse.

—Ya es suficiente, ya fui lo bastante paciente con que enviaran a esta joven a espiarlo —dijo señalando a Seraphine.

Seraphine alzó la vista de golpe, sorprendida y sintiendo como su corazón se acelera , costandole respirar

Aurora frunció el ceño.

—Ella es mi hija, Kael. La envié porque era la única que seguiría mis órdenes sin cuestionarlas. Si hubiera mandado a otro, Elior lo habría descubierto en segundos.

Kael desvió la mirada hacia la ventana, como intentando calmarse.

—Qué sea tu hija no explica absolutamente nada . ¿Exactamente a qué vino, Aurora?

—Solo vino a observar —respondió ella sin dudar—. Necesitaba comprender la magnitud del poder que posee el chico antes de que los de arriba pierdan el control. No quiero que lo lastimen, Kael…yo no soy así, pero si no encontramos respuestas, enviarán a alguien más.

Kael se quedó en silencio por un largo momento, mirando por la ventana como la lluvia comenzó a caer —Lamento haber alzado la voz —dijo finalmente—. Pero no estoy dispuesto a perderlo. Ni a él… ni a mis otros niños.

Aurora sonrió con cierta nostalgia.

—Siempre has sido así, Kael. Terco… y con el corazón demasiado bondadoso.

Luego volvió la vista hacia su hija.

—Seraphine, ven hija acércate más.

La joven se levantó aun con el corazón a mil por hora, dio unos pasos tímidos hacia ellos, bajando la mirada.

—Supongo que es la primera vez que hablamos con algo de normalidad, señor Kael —dijo en voz baja.

Kael asintió, relajando un poco el gesto.

—Supongo que sí.

Por lo menos, es bueno saber tu procedencia. Confío en tu madre… así que puedo confiar en ti.

Pero recuerda algo… será mejor que te alejes de Elior antes de que descubra quién eres realmente.

Las palabras le pesaron a Seraphine. Bajó la cabeza, apretando los puños.

Sabía que si la descubrían, tendría que marcharse. Pero… no quería.

No después de todo lo que había vivido con Hina y con Elior.

Aurora suspiró.

—Kael, hay algo más de lo que debo hablarte —dijo con tono más serio—. Es sobre mi hija.

Kael la miró con atención.

—¿Qué sucede con ella?

Aurora hizo una pausa antes de responder.

—Seraphine de alguna forma, nació con el poder del alma de Helena.

Kael abrió los ojos, incrédulo.

—¿Qué estás diciendo? Ese poder era único…y se extinguió con ella. ¿Cómo es posible?

¿Los de arriba lo saben?

—Sí. Y por eso aceptaron que fuera ella quien bajara —respondió Aurora, bajando la voz.

Kael la observó en silencio unos segundos, procesando la magnitud de lo que acababa de oír.

De pronto, giró hacia Seraphine.

—Dime que no usaste ese poder en Elior —pregunto con tono grave.

Seraphine lo miró, nerviosa.

—Solo dos veces… pero no entiendo, ¿por qué? ¿Qué tiene eso de malo?

Aurora lo miró, confundida.

—¿Qué sucede, Kael?

Kael apoyó una mano sobre su frente, con el rostro tenso.

—Conozco ese poder, Aurora. Presencie el horrible entrenamiento de Helena, lo vi cientos de veces. En humanos no genera nada… y en ángeles, es apenas un eco.

Pero en demonios… puede desintegrarlos desde adentro y dejar solo cenizas .

Aurora frunció el ceño.

—Si eso lo sé. Pero no entiendo a dónde quieres llegar.

Kael la miró fijamente.

—La sangre de Elior… se mezcló con la de un demonio y un arcángel.

Lo que hizo Seraphine pudo haberlo matado. Y no solo eso… dejó su marca dentro de él.

El silencio que siguió fue absoluto.

Aurora con una expresión atónita. miró fijamente a Kael

—No puede ser… ¿estás seguro?

Kael asintió lentamente.

—Lo vi mientras en sus recuerdos cuando use el sello celestial. Es un milagro que Elior aún no haya descubierto que tu hija es un ángel. Si lo hiciera… probablemente la habría matado.

Seraphine dio un paso atrás, con el rostro pálido.

Aurora la sostuvo por el hombro, sin saber qué decir.

—¿Comó que matarla? ¿Qué es lo que estás diciendo Kael?— pregunto Aurora mientras sentía como su cuerpo se tensaba

Kael solo cerro sus ojos y suspiro, mientras se reprochaba a sí mismo por hablar de mas

—Entonces… —murmuró ella con voz quebrada—.

¿Estás diciendo que no solo busca acabar con los demonios… sino también contra nosotros?

Kael volvió a desviar la mirada, con un suspiro amargo.

—Así es Aurora.

Aurora cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza, dejando escapar un suspiro, intentando procesar todo lo que acababa de escuchar.

—Kael… las cosas se acaban de complicar demasiado —murmuró, sentándose finalmente en el sofá, con el rostro oculto entre las manos—. Hay demasiadas aristas que el Consejo de momento no ve. Ellos piensan que Elior solo se dedica a asesinar demonios… pero que nosotros, los ángeles, también seamos parte de su cacería… es mucho más complejo.Complica absolutamente todo.

Kael permanecía de pie frente a ella, inmóvil, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. No respondía, pero la tensión en su mirada hablaba por él.

—Si se enteran decidirán eliminarlo de forma inmediata —continuó Aurora, alzando la vista—. Y si eso pasa, se desatará una batalla que no podremos detener. Quizás algunos alla arriba esten a favor de eliminarlo y otros que no se guían por esas situaciones extremistas, todo será un caos.

Kael soltó un leve suspiro, y su tono fue sereno, pero firme.

—Si al final te lo conté, fue porque sé que puedo confiar en ti. Y porque sé que me ayudarás a encontrar una forma de evitar toda pelea innecesaria.

Aurora lo observó con una mezcla de preocupación y determinación.

—¿Y qué hay de ti, Kael? —preguntó con voz baja—. ¿Por qué él no te ha lastimado? Quizás ataca de alguna forma en particular… objetivos específicos.

Kael negó despacio, con los ojos fijos en el suelo.

—No es eso, Aurora. Elior no sabe que fui un ángel —respondió con honestidad—. Puedo ocultar mi poder… o lo que queda de él. Pero no puedo seguir ocultándoselo.

Aurora lo miró, incrédula.

—¿Vas a decirle la verdad?

—Sí —afirmó Kael, sin vacilar—. Solo necesito tiempo. Quiero esperar a que se recupere un poco más antes de contárselo. Luego… iré yo mismo ante el consejo a explicar la situación.

Aurora se quedó en silencio unos segundos. Sabía que aquella decisión no era sólo peligrosa, sino también desesperada.Pero finalmente, asintió, resignada.

—Quizás… eso sea lo mejor, Kael —dijo con tono serio—. Les diré al Consejo que irás a hablar con ellos. Te escucharán. Pero… ¿cómo vas a lidiar con la reacción de tu chico cuando sepa tu verdad?, ¿no te pondrá en peligro también ?

—Aun no tengo la menor idea, supongo que lo sabré cuando le cuente

Aurora sin saber bien que pensar rápidamente fue interrumpida por la voz de hija, así que, se volvió al oír la voz de su hija la luz tenue del departamento se reflejaba en sus ojos como un presagio.

—Madre, por favor, no quiero irme de aquí —rogó Seraphine con voz baja, como si suplicara al silencio—. Por favor… permíteme quedarme más tiempo.

Aurora la miró con la calma afilada de quien ha visto demasiadas guerras. Su mano se apoyó en el respaldo del sofá mientras sus labios temblaban levemente.

—No, Seraphine —interrumpió Aurora con firmeza—. La situación es más complicada de lo que imaginaba. Tu misión termina aquí.

El rostro de la joven se tensó. Un hilo de esperanza se quebró en su pecho. —Pero madre… Elior no es así. Es una buena persona. Solo necesita ayuda. Déjame ayudarlo. puedo sentirlo. Sé que puede ser peligrosa la situación, pero te prometo que no me lastimará.

Aurora la observó largo rato, leyendo en la niña algo que ya conocía, la peligrosa convicción ciega que viene directamente del corazón. Caminó unos pasos, se apoyó en la mesa y preguntó, sin levantar la voz.

—¿Qué te hace estar tan segura de eso, Seraphine?

—No lo sé —respondió la muchacha en un susurro—. Solo es lo que siento, madre.

Aurora dejó escapar un suspiro porque podía intuir lo que su hija sentia. Sus ojos, que conocían la eternidad, se ablandaron por un instante. —Quizá es solo tu poder, hija. Tal vez son tus sentidos. Pero como dijo Kael, ya no puedes seguir usándolo con él.

—Lo sé, madre —replicó Seraphine con humildad—. Solo te pido… un tiempo más. Por favor.

Aurora la miró a los ojos, y en esa mirada hubo algo que solo ella podía ver, un reconocimiento, un miedo, quizás un corazón próximamente roto. «No sabes lo que acabas de hacer, hija», pensó, pero lo guardó para sí. En lugar de reprocharla, asintió una vez, cargada.

Kael, que hasta entonces había permanecido en silencio, se inclinó hacia adelante. Su voz, grave y serena, interrumpió el nudo que se formaba en la habitación.

—Creo que puedo ayudar a tu hija —dijo—.Se como Helena entrenaba,podría enseñarle a tu hija lo que se. Helena me enseñó lo que hacía para no ser devorada por ese poder. Recuerda que al final la entrene tanto a ella como a mí hijo. Si Seraphine dice que puede ayudar a Elior, quizá su poder me sea más útil de lo que crees.

Aurora lo miró. Un rayo de esperanza y desconfianza cruzó su rostro. —Si me aseguras que la cuidarás… entonces quizá me calme y la deje quedarse. —Sus palabras salieron medidas, como quien entrega un objeto preciado y frágil en manos ajenas— Si crees que puedes enseñarle a usar su y por lo menos a descubrir la verdadera naturaleza del poder del chico. se puede quedar, solo por eso puedes quedarte Seraphine Ya llevo mucho tiempo acá, ya debo marcharme.

La joven apresuró un “gracias” que apenas sonó. Aurora se acercó y la tomó por ambos hombros con la fuerza de una madre que comprendía el precio de la partida.

—Ve, cuídate —susurró—. Por favor manténme informada de todo.

Aurora rápidamente se dispuso a marcharse, para así no levantar sospechas en Aetheris, solo basto que con estirara su mano derecha y un portal emergió , portal que con su hermosa luz dorada alumbró a todo el departamento

Kael se levantó y acompañó a Aurora hasta el portal. Antes de cruzarlo, se detuvo y lo miró con aire de quien guarda secretos y heridas.

—Por favor cuídala, Kael —dijo con una voz más dulce de lo que había mostrado hasta ahora—. Aunque salga dañada, traemela de vuelta en una sola pieza.

—¿Por qué lo dices? —preguntó Kael, sorprendido.

Aurora esbozó una sonrisa cansada, casi maternal. —¿Por qué? en serio, no te das cuenta. Ay, se me olvida que al final eres hombre, a veces no ves lo que está en la piel de los demás. Lo más probable es que Seraphine siente cosas por tu chico. Eso te tocará aprender a manejarlo.

Kael la miró sin palabras como quien ya se está arrepintiendo de tomar esa carga. Aurora rió, un leve sonido que parecía romper la tensión. —Será un problema, Kael. Cuídate. —Se dirigió al portal, con la seguridad de quien tiene deberes que cumplir—. Nos vemos.

Se detuvo un instante, como si recordara algo más. —Ah, casi lo olvido, ella está bien. Solo hablo de vez en cuando con la guardiana. No ha cambiado. Sigue custodiando los caminos hacia Gehenna… por ahora.

La sonrisa de Aurora fue irónica, y algo en su mirada mostró que aquello no era un simple comentario. Kael solo suspiró, sin comprender del todo.

—No recuerdo haberte preguntado por ella —exclamó, tratando de ocultar la inquietud.

—Supongo que lo olvidaste, Kael —replicó Aurora con sorna—. Pero yo sé cuando alguien miente o cuando oculta cosas en el corazón.

—Solo vete, Aurora —respondió Kael con firmeza. Ella asintió, y cruzó el portal.

Una risa apagada quedó flotando en el aire mientras el portal se cerraba. En el silencio que dejó, Kael y Seraphine se miraron, una mirada que decía más que mil planes.

—Volviendo al tema Seraphine.Comenzaremos tu entrenamiento apenas Elior se recupere y regrese a clases —dijo Kael, bajando la voz—. Por ahora, descansa y procura actúar como siempre.

Seraphine asintió, con la determinación temblando en la punta de los dedos. Había en su gesto la promesa de quien está dispuesta a aprender y a arriesgarlo todo. Kael la observó unos instantes más.

—Debes recordar esto —advirtió, con la seriedad de un tutor—. Elior descubrirá quién eres tarde o temprano. Si las cosas se ponen mal y no puedes persuadirlo, vete. Huye con todas tus fuerzas.

Ella tragó saliva. —¿Es en serio?

—Sí —respondió él sin titubear—. En una pelea de fuerza bruta, no creo que puedas ganarle… todavía. Pero si tu poder lo controlas y lo aprendes a usar bien, quizá llegues a su nivel. O incluso lo superes.

Seraphine bajó la mirada, asimilando la gravedad de lo que le decía. —Lo haré —prometió—. Empezaré cuanto antes.

Kael sonrió levemente, con la dureza de quien confía uno de sus propios secretos. —Entonces ve y descansa. Debo ir con los niños.

—Está bien, señor Kael. en serio gracias por la oportunidad —dijo ella con sinceridad, intentando contener la mezcla de miedo y alivio.

—No te preocupes. Mañana hablaremos más del poder que llevas. —Kael le dio un gesto de despedida.

—Está bien —replicó Seraphine—. Buenas noches.La noche siguió su curso sin mayores sobresaltos. Kael, ya de regreso en casa, caminó con pasos cansados por el pasillo, asomándose a cada habitación para asegurarse de que los niños estuvieran dormidos. El único sonido que dominaba el lugar eran los grillos posados en las plantas del exterior, cantando con su calma nocturna.

Agotado por el día, Kael cerró la puerta de su dormitorio y se dejó caer en la cama. El peso sobre sus hombros era casi físico.

El consejo, Elior, Aurora, Seraphine…

Todo estaba volviéndose insostenible, un nudo de problemas que amenazaba con reventar en cualquier momento. Tenía que encontrar una solución antes de que el consejo se atreviera a acercarse a Elior.Pero mientras más intentaba pensar, el cansancio terminó por vencerlo. Cerró los ojos… y cayó dormido como una roca.

Con el pasar de las horas,aún de madrugada y cuando el cielo apenas mostraba una línea azulada, Elior ya estaba de pie.

Necesitaba con urgencia volver a sus rutinas.

Necesitaba moverse… antes de que fuera presa de sus propios pensamientos.

Se puso su ropa deportiva, ajustó sus audífonos y salió de la casa. Mientras estiraba en silencio, un murmullo extraño se filtró entre los árboles de la calle. Susurros… como voces lejanas intentando alcanzarlo.

Elior frunció el ceño.

No estaba de humor para eso. Asi que subió el volumen de su música al máximo, dejando que la distorsión le quemara los oídos.

veinte minutos después, ya había dejado atrás las calles y se encontraba en el límite de la ciudad. Con una sonrisa ligera, tomó aire y se lanzó a toda velocidad hacia el bosque fuera de la ciudad.

Sus pies golpeaban el suelo con una fuerza que ningún humano normal podría replicar. Esquivaba ramas, troncos y rocas mientras avanzaba como una sombra entre la espesura del bosque.Hasta que finalmente, llegó a la cascada.

Era un lugar completamente hermoso digno de admirar, así que, Elior tan solo se quedó mirando como caía el agua de la cascada mientras el sol comenzaba a colarse entre las hojas, dejando caer un rayo cálido sobre su rostro. Una luz que cualquiera describiría como “divina”.

Pero Elior no sintió absolutamente nada. Solo quedó mirando el sol, recalcando su escasez de sentimiento ante esa luz que para muchos era algo cálido y dándole un significado de paz

Era como si esa luz no fuera para él. Como si algo dentro de él estuviera… ausente. Hueco.

¿Sigo sintiendo algo? ¿Por qué me siento con este vacío en mi pecho?

Sacudió la cabeza con fuerza.

No era momento para pensar en eso.

Debía volver.

Una hora después, entró a la casa.

Aramis estaba sentado en el sillón, con un libro enorme para su edad sobre las piernas. Apenas alzó la mirada para verlo entrar.

—Te tardaste demasiado —dijo antes de volver a hundirse en sus páginas.

Elior soltó una ligera sonrisa.

—Sí, gracias por la bienvenida, Aramis.

Mientras pasaba por el pasillo hacia su habitación, se detuvo al ver la puerta entreabierta del cuarto de la pequeña. Dentro estaban ambas durmiendo juntas, Lia la abrazaba como si fuese un peluche, y Hina completamente babeada, llena de brillantina y stickers.

Elior tuvo que taparse la boca para no reír en voz alta.

—Qué desastre son cuando están juntas… —susurró.

Cuando estaba por cerrar la puerta, escuchó la voz suave de la niña:

—Elior… ¿ya volviste?

Él sonrió, apenas una curva honesta en sus labios.

—Sí, ya volví.

Cerró la puerta lentamente.

Pero al darse vuelta…

—Elior —la voz firme de Kael lo frenó—. Te dije que no fueras a entrenar tan pronto. ¿Comiste algo antes de salir?

Elior levantó las manos en señal de rendición.

—Primero: no, no comí nada. Me muero de hambre.

Y segundo: tenía que ir. Siento que estoy fuera de forma y… cuando sea viejo, al menos quiero tener algo de la fuerza que tienes tú —dijo riendo mientras se estiraba.

Kael frunció el ceño.

—¿Cómo que viejo?

—Así como lo oyes —respondió Elior con una sonrisa descarada—. Me voy a duchar. Ahora vuelvo a ayudarte.

Una vez bañado, se unió a Kael en la cocina. Aramis se levantó sin que nadie le dijera nada y comenzó a poner la mesa con una seriedad que no coincidía con su pijama.

Elior estaba por acercarse cuando algo pequeña y veloz lo impactó: Lia, recién despierta, corriendo a abrazarlo.

Él giró para atraparla y la alzó un poco, respondiendo a su abrazo.

—Sé que vienes a abrazarme para esconderte de Hina —le susurró al oído.

Lia abrió los ojos exageradamente grandes. Descubierta.

—Hina se va a volver loca —dijo Elior entre risas—. Anda, ve a lavarte la cara y las manos. Te serviré tus waffles con fresa.

Cuando todos estaban ya en la mesa…

Un grito resonó desde el baño:

—¡¡¡LIAAAA!!!

Hina salió con el maquillaje corrido, el rostro lleno de brillantina y con stickers aún pegados.

—¿Qué le hiciste esta vez? —preguntó Kael con la calma que lo caracterizaba.

—Nada —respondió Lia, riéndose con un tono peligrosamente malvado.

Hina se sentó a la mesa, miró fijamente a la pequeña y murmuró:

—Me las pagarás…

Kael carraspeó, marcando el inicio del desayuno.

—Bueno. Ya que están todos… coman. Será un día largo.

La mesa estaba llena de risas.

Risas suaves, tontas, triviales… pero cálidas.

Un ambiente que Elior anhelaba desde hace años y que ahora se extendía frente a él como un sueño frágil.

Todos comían, bromeaban por cualquier cosa y se lanzaban comentarios sin importancia.

Elior, en cambio, solo sonreía en silencio.

Había algo diferente en su sonrisa esa mañana: era natural, tranquila… casi humana.

Mientras veía a Aramis sentado con su enorme libro, y a Lia luchando por no derramar el jugo sobre sus waffles, sintió un nudo extraño en el pecho.

Ellos podían ser felices a esa edad.

Ellos tenían risas, juegos, un hogar.

Cosas que él nunca tuvo.

Y sin decirlo —ni siquiera pensarlo en voz alta— Elior lo sintió con absoluta claridad…

Sacrificaría todo para que esos niños pudieran seguir sonriendo. Absolutamente todo.

Su sangre, su cuerpo, su alma… su humanidad.

La paz que le fue arrebatada, él la defendería ahora para otros.

Y para proteger esa paz, debía cumplir su objetivo.

Su deseo ya no era solo venganza.

Era querer un mundo seguro.

Un mundo donde ángeles y demonios no se atrevieran a cruzar a Geheris para convertir a los humanos en escudos de carne, en carne de cañón en guerras que no les pertenecían.

Ese pensamiento lo tragó por completo hasta que—

Tok, tok.

La puerta sonó.

Elior volvió en sí de golpe.

—Yo voy —dijo, dejando la cuchara a un lado.

Abrió la puerta con calma… justo a tiempo para ver a los padres de Hina.

—¡Elior! —La madre de Hina lo abrazó de inmediato.

Él respondió el abrazo, un poco torpe pero sincero. El padre de Hina le dio un golpe suave en la espalda, ese tipo de saludo que los hombres daban sin decir una sola palabra.

—Pasen, por favor —dijo Elior, cediendo espacio para que entraran—. Recién comenzamos a desayunar. ¿Quieren café, jugo o té?

—Café, por favor —respondieron ambos casi al mismo tiempo.

La cocina volvió a llenarse de risas.

Risas de adultos, conversaciones rápidas, comentarios sencillos.

Elior los observaba a todos.

A todos los que estaban allí, sentados en esa mesa.

Las personas por las que daría la vida sin dudarlo.

Ellos no lo sabían, pero eran lo que lo mantenía cuerdo.

Eran lo que mantenía a raya la oscuridad que llevaba dentro.

—Bueno, ya terminaron —dijo Kael al levantarse—. Aramis, Lia… a bañarse.

—¡Yo voy al baño de arriba! —gritó Lia antes de salir corriendo.

—Entonces yo voy al de abajo —respondió Aramis, siguiéndola.

Quedaron solo los adultos en la mesa.

—¿Qué tienen planeado para hoy? —preguntó Elior.

—Bueno —respondió el padre de Hina—. Con Kael pensábamos que saliéramos todos a pasear con los niños. Para que conozcan más de la ciudad. Después podríamos pasar por mi restaurante, los niños aún no lo visitan y les hará bien, recorrer y aprender cosas de la ciudad.

—No es mala idea —dijo Elior con una sonrisa suave—. Me gustaría llevarlos al centro comercial también. Quiero comprarles algunas cosas.

—Perfecto —respondió el padre de Hina.

—Y tú, Hina —añadió mientras la miraba—, ¿no crees que deberías dejar de comerte todas las uvas?

—Solo te las quieres comer tú —dijo Hina, acelerando el ritmo con el que llevaba las uvas a la boca.

El padre se inclinó hacia ella, indignado. y rápidamente comenzó a quitarles las uvas, era una verdadera batalla campal

—¿Cuándo volverás a la escuela, Elior? —preguntó la madre de Hina.

—Creo que desde el lunes. Tengo que ponerme al día. , ya he faltado demasiado y deben hacer dado muchas tareas

—Procura no faltar más, hijo —dijo ella con tono maternal—. El semestre ya se está acabando y podría perjudicarte.

—Lo sé… no quiero faltar. Lo bueno es que ya solo queda el próximo año y adiós escuela.

—Eso es verdad —respondió la madre de Hina—. ¿Tienes pensado qué estudiarás?

—Aún no —dijo Elior—. Pero usaré el verano para ver cuál sería la mejor opción. Aunque tampoco me quiero presionar mucho con eso

—Me gustaría que mi hija hiciera lo mismo —añadió la madre de Hina mirando a la chica—. Pero sé que odia estudiar.

—Yo me haré cargo de los negocios de mi papá —respondió Hina inflando el pecho.

—Ni lo sueñes —replicó el padre—. Vas a estudiar algo para entender cómo llevar un negocio. Sin excusas.

Kael, que había estado callado, llamó la atención de Elior.

—Kael —dijo Elior—, ¿estás bien? Te noto un tanto distraído.

—Sí, hijo… solo estoy algo cansado. Pero con una ducha estaré como nuevo.

Elior, dudando un poco. solo asintió..

Entonces se incorporó un momento, tomó aire y dijo:

—Bueno… ya que estamos todos acá, quiero contarles algo.

El silencio cayó de inmediato sobre la mesa.

Solo se escuchaban las gotas de las duchas cayendo sobre el piso en el piso de arriba.

Todos lo miraban.

Esperando.

Atentos.

Y en el centro de ese silencio, Elior tragó saliva.

La mesa estaba llena de risas.

Risas suaves, tontas, triviales… pero cálidas.

Un ambiente que Elior anhelaba desde hace años y que ahora se extendía frente a él como un sueño frágil.

Todos comían, bromeaban por cualquier cosa y se lanzaban comentarios sin importancia.

Elior, en cambio, solo sonreía en silencio.

Había algo diferente en su sonrisa esa mañana: era natural, tranquila… casi humana.

Mientras veía a Aramis sentado con su enorme libro, y a Lia luchando por no derramar el jugo sobre sus waffles, sintió un nudo extraño en el pecho.

Ellos podían ser felices a esa edad.

Ellos tenían risas, juegos, un hogar.

Cosas que él nunca tuvo.

Y sin decirlo —ni siquiera pensarlo en voz alta— Elior lo sintió con absoluta claridad:

Sacrificaría todo para que esos niños pudieran seguir sonriendo.

Todo.

Su sangre, su cuerpo, su alma… su humanidad.

La paz que le quitaron, él la defendería ahora para otros.

Y para proteger esa paz, debía cumplir su objetivo.

Su deseo ya no era solo venganza.

Era querer un mundo seguro.

Un mundo donde ángeles y demonios no se atrevieran a cruzar a Geheris para convertir a los humanos en escudos de carne, en carne de cañón en guerras que no les pertenecían.

Ese pensamiento lo tragó por completo hasta que—

Tok, tok.

La puerta sonó.

Elior volvió en sí de golpe.

—Yo voy —dijo, dejando la cuchara a un lado.

Abrió la puerta con calma… justo a tiempo para ver a los padres de Hina.

—¡Elior! —La madre de Hina lo abrazó de inmediato.

Él respondió el abrazo, un poco torpe pero sincero. El padre de Hina le dio un golpe suave en la espalda, ese tipo de saludo que los hombres daban sin decir una sola palabra.

—Pasen, por favor —dijo Elior, cediendo espacio para que entraran—. Recién comenzamos a desayunar. ¿Quieren café, jugo o té?

—Café, por favor —respondieron ambos casi al mismo tiempo.

La cocina volvió a llenarse de risas.

Risas de adultos, conversaciones rápidas, comentarios sencillos.

Elior los observaba a todos.

A todos los que estaban allí, sentados en esa mesa.

Las personas por las que daría la vida sin dudarlo.

Ellos no lo sabían, pero eran lo que lo mantenía cuerdo.

Eran lo que mantenía a raya la oscuridad que llevaba dentro.

—Bueno, ya terminaron —dijo Kael al levantarse—. Aramis, Lia… a bañarse.

—¡Yo voy al baño de arriba! —gritó Lia antes de salir corriendo.

—Entonces yo voy al de abajo —respondió Aramis, siguiéndola.

Quedaron solo los adultos en la mesa.

—¿Qué tienen planeado para hoy? —preguntó Elior.

—Bueno —respondió el padre de Hina—. Con Kael pensábamos que saliéramos todos a pasear con los niños. Para que conozcan más de la ciudad. Después podríamos pasar por mi restaurante, los niños aún no lo visitan.

—No es mala idea —dijo Elior con una sonrisa suave—. Me gustaría llevarlos al centro comercial también. Quiero comprarles algunas cosas.

—Perfecto —respondió el padre de Hina.

—Y tú, Hina —añadió mientras la miraba—, ¿no crees que deberías dejar de comerte todas las uvas?

—Solo te las quieres comer tú —dijo Hina, acelerando el ritmo con el que llevaba las uvas a la boca.

El padre se inclinó hacia ella, indignado.

—Cuando volverás a la escuela, Elior? —preguntó la madre de Hina.

—Creo que desde el lunes. Tengo que ponerme al día.

—Procura no faltar más, hijo —dijo ella con tono maternal—. El semestre ya se está acabando y podría perjudicarte.

—Lo sé… no quiero faltar. Lo bueno es que ya solo queda el próximo año y adiós escuela.

—Eso es verdad —respondió la madre de Hina—. ¿Tienes pensado qué estudiarás?

—Aún no —dijo Elior—. Pero usaré el verano para ver cuál sería la mejor opción.

—Me gustaría que mi hija hiciera lo mismo —añadió la madre de Hina mirando a la chica—. Pero sé que odia estudiar.

—Yo me haré cargo de los negocios de mi papá —respondió Hina inflando el pecho.

—Ni lo sueñes —replicó el padre—. Vas a estudiar algo para entender cómo llevar un negocio. Sin excusas.

Kael, que había estado callado, llamó la atención de Elior.

—Kael —dijo Elior—, ¿estás bien? Te noto un tanto distraído.

—Sí, hijo… solo estoy algo cansado. Pero con una ducha estaré como nuevo.

—Si tú lo dices, te creeré —murmuró Elior, dudando un poco.

Entonces se incorporó un momento, tomó aire y dijo:

—Bueno… ya que estamos todos acá, quiero contarles algo.

El silencio cayó de inmediato sobre la mesa.

Solo se escuchaban las gotas de las duchas cayendo sobre el piso en el piso de arriba.

Todos lo miraban.

Esperando.

Atentos.

Y en el centro de ese silencio, Elior tragó saliva.

Porque lo que estaba a punto de decir no sería fácil.

Todos lo observaban en silencio, esperando sus palabras como si fueran frágiles piezas de vidrio que podían romperse con cualquier ruido.

—No me acuerdo exactamente cuándo fue… —comenzó, frotándose las manos como si aún tuviera frío en los huesos—. Pero supongo que mientras estaba en el hospital… yo no estaba realmente allí.

Los ojos de Hina se abrieron lentamente.

Kael enderezó la espalda..

—Estaba en otro lugar —continuó Elior—. Todo estaba oscuro. No veía nada, pero… había miles de voces. Miles. Susurrando, gritando, llorando… No sé qué querían de mí, pero podía sentir cómo me consumían por dentro. Era como si tiraran de mí desde todas las direcciones.

Un escalofrío recorrió a todos en la mesa.

Kael frunció el ceño, su mente corriendo más rápido que el relato.

—Y fue ahí —dijo Elior, bajando un poco la voz— cuando los vi. A mi familia. A mis padres… y a mi hermana.

Los cubiertos dejaron de moverse.

El silencio se volvió más pesado.

—Ellos estaban… igual que la última vez. Como si el tiempo no hubiese pasado para ellos —susurró Elior, con esa expresión que mezclaba alivio y dolor—. Yo… Yo sabía que ya no estan con vida, pero me sorprendió verlos, porque no es como si ellos estuvieran en ese lugar , si no, que ellos fueron a ese lugar por mi, pero al final ese lugar… no sé qué era, pero no era este mundo.

Kael apretó los dientes.

“Eso es imposible”, pensó.

Pero a la vez… no lo era.

El purgatorio.

Un lugar donde solo entraban los muertos.

Elior no tenía por qué haber estado allí.

Y si realmente estuvo…

¿Fueron sus propios padres quienes lo sacaron?, que era una situación igual de imposible , nadie puede volver al purgatorio ¿ Alguien los ayudo?

La idea lo golpeó en el estómago.

Pero no tuvo tiempo de profundizar, porque Elior continuó:

—Y entonces… mi hermana me entregó esto.

Juntó ambas manos frente a la mesa, las cerró un momento…

y al separarlas, una luz suave brotó entre sus dedos.

Una flor apareció sobre sus palmas.

Una flor hermosa, delicada…

de tonos blancos y azules que parecían brillar con su propia luz.

Pero le faltaba un pétalo.

Y ese pétalo… reposaba sobre la mesa, desintegrándose en polvo brillante.

Todos quedaron estupefactos.

Los padres de Hina abrieron la boca sin emitir sonido.

Hina retrocedió con la silla.

Y Kael…

Kael palideció.

—¿Qué… le pasó a ese pétalo, Elior? —preguntó con voz baja y tensa.

Elior negó lentamente.

—No lo sé con exactitud. Cuando esas sombras empezaron a arrastrarme… algo dentro de mí reaccionó ante esta flor. Y me dio fuerza. Fuerza para escapar. Para volver. Después de eso… el pétalo cayó al suelo. No sé bien qué pasó.

Kael sintió un sudor frío recorrerle la nuca.

Tenía una idea.

Una idea terrible… y milagrosa al mismo tiempo.

Pero no podía decirla. No hasta hablar con Aurora.

Hasta saber si ella había oído hablar alguna vez de una flor que pudiera venir del purgatorio… o de un alma.

—Eso es lo que quería contarles —terminó Elior, bajando la flor lentamente—. Gracias por escucharme.

Kael tragó saliva y le puso una mano en el hombro.

—Gracias por compartirlo, hijo —dijo con una suavidad que pocas veces usaba—. Es… Es bueno saber que ellos están ahí. En tranquilidad.

Elior bajó los ojos.

—Yo… necesito verlos. Necesito volver a verlos aunque sea una vez más —susurró.

Y en la mesa, sin que nadie se atreviera a romper la quietud, todos sintieron lo mismo.

El relato que Elior había dado dejó a todos en silencio.

Los padres de Hina estaban especialmente impactados, conocían la historia de Elior, y la existencia de ángeles y demonios, pero escuchar a un chico hablar con tanta frialdad sobre algo tan… imposible,

habría dejado estupefacto a cualquiera.

Aun así, todos agradecieron que lo compartiera. Elior no hablaba de esas cosas con cualquiera; para la humanidad, la fe en lo celestial seguía dividida, algunos creían, otros no, y a la otra mitad simplemente no le importaba. Pero él… solo podía hablar de esto con ellos.

Mientras poco a poco el ambiente se iba calmando y las palabras de Elior iban desapareciendo en los ruidos provenientes de la calle y todos se prepararon para salir.

Esta vez Elior quiso manejar, sentía las ganas ya que hace mucho no lo hacía .

Se dividieron en dos autos.Elior con Aramis, Lia y Kael. Hina y sus padres en el otro vehículo.

Hina como de costumbre reclamaba con su madre porque no la dejaban conducir.

Su padre, con esa burla típica de él, dijo:

—Cuando aprendas primero a no chocar los carritos del supermercado, hablamos.

Hina le lanzó una mirada asesina. como si con eso el padre hubiera sentenciado su muerte

La primera parada de este día sería el centro comercial, Los adultos se fueron a caminar por su cuenta.Mientras tanto, Elior, Hina y los dos niños fueron directo a comprar ropa.

Primero fue Lia.

Había que comprarle varias cosas, ya que crecía demasiado rápido. y todo le estaba quedando pequeño Luego Aramis que tenía el mismo problema que Lia , y por último Hina.

Mientras ella se cambiaba en los probadores, las personas alrededor no dejaban de mirar a Elior. La forma en la que se agachaba a la altura de Lia para escucharla, cómo la ayudaba a abrocharse un zapato, o como la llevaba tomada de la mano… La mayoría pensó que Elior era el padre.

Y el murmullo creció aún más cuando Hina salió del probador y,

sosteniendo un nuevo vestido, le preguntó:

—¿Cómo se me ve este?

Elior suspiró.

—Hina… ¿no crees que deberías conseguirte un novio o novia y preguntarles a ellos?

¡Te has probado quince vestidos!. mi paciencia tiene un límite y lo peor es que ya me quede sin halagos acerca de los vestidos y como te quedan.

—¡Que te jodan, idiota! —le respondió levantándole el dedo sin pudor.

Al final, solo compraron ropa para los niños, Hina no logró decidirse acerca de los vestidos

Cuando iban a reunirse con los adultos,

Aramis se detuvo frente a la librería.

—¿Podemos pasar?

Elior no lo pensó dos veces.

Él también quería un libro nuevo.

—Esta bien, pero debemos darnos prisa, nos están esperando— dijo Elior

Elior recorría la librería en busca de algo en especifico, asi que, se acercó a la sección de mitologías encontró un libro bien explícito en temas sobre angeles,

y otro sobre estrategias de guerra, el cual le llamó la atención de inmediato.

Ya cuando se disponían a ir a los autos, Lia se veía ya exhausta y antes que dijera algo, Elior la tomó y la puso sobre sus hombros., apurando el paso porque los demás los esperaban, para ir directo a la segunda parada, que sería el restaurante del padre de Hina,

Cuando llegaron, el padre de Hina , les dijo a los niños bienvenidos a “Takamura restaurant”

—Le puso su apellido como nombre al restaurante, que poco original— dijo Aramis, en tono burlesco.

Al entrar al restaurante todos los trabajadores saludaron a Elior.

Era normal verlo por ahí ya que casi siempre ayudaba cuando lo necesitaban.

La comida fue excelente y tranquila, familiar .

La tarde pasó rápidamente mientras recorrían la ciudad con los niños.

El atardecer llegó con helados en mano, y una Lia que ya no podía con su cuerpo por el cansancio.asi que Elior la cargó todo el camino de regreso a casa.

Ya en casa y mientras se disponía a acostarla en su cama, Elior sintió un ardor brutal en el pecho. Perdió el equilibrio.

Kael lo sujetó justo a tiempo.

—¡Elior! ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

—Solo… sentí una presión rara.

Y casi me caigo porque me enredé con las zapatillas de Lia —respondió, intentando restarle importancia.

Se incorporó, respiró hondo, y bajaron juntos a despedir a los padres de Hina.

—Nos vemos en la escuela —dijo Hina mientras recogía sus cosas—. Cuídate. Y mantente pendiente del celular.

—Sí, sí… otro día —respondió Elior, medio sonriendo.

Abrazó a la madre de Hina con cariño,

y luego, cuando todos se fueron, sintió el cansancio de golpe.

—Ya no puedo estar más de pie me haré un café y me iré a mi pieza a leer lo que compré—dijo.

—No te preocupes —respondió Kael—. Voy a salir un momento. Necesito comprar unas cosas para la casa.

—Está bien. Si me duermo,pues eso nos vemos mañana.

Elior iba cerrando la puerta cuando escuchó a Aramis hablar desde el sofá.

—Solo puedes leer un rato. Debes descansar… sobre todo tu vista.

Elior frunció el ceño, sorprendido por lo mandón que podía ser el niño.

—No intercambies roles, el que da las ordenes aqui soy yo, tu eres el que debe irse pronto a la cama—dijo con tono burlesco

Kael solo atinó a sonreír antes los dichos de los chicos.

Mientras tanto, apenas salió de la casa, guardando las llaves en el bolsillo. Caminó por la calle aún tibia por el atardecer, rumbo al departamento de Seraphine. Sabía que debía ayudarla a organizar lo del entrenamiento… pero más que eso, debía decirle que llamara a su madre. La conversación que tenía que tener con Aurora no podía esperar ni un minuto más.

Seraphine, quien apenas había comenzado a estirar para prepararse para el entrenamiento, sintió de pronto cómo el aire cambiaba. Una corriente tenue, casi imperceptible, recorrió la habitación… pero suficiente para que ella lo notara. Desde su entrenamiento en Aetheris, se había vuelto mucho más perceptiva, y esa sensación solo significaba una cosa:

Kael estaba a punto de tocar la puerta.

—Paso. —La voz profunda de Kael resonó mientras abría sin esperar respuesta.

Seraphine exhaló, relajando los hombros.

—Esta vez sí me percibiste —dijo Kael con un tono sorprendentemente alegre. Cerró la puerta con un suave clic—. Veo que ya estás lista para que te explique lo que debes hacer. Pero antes… necesito que te comuniques con tu madre. Y que venga lo antes posible.

Seraphine parpadeó, confundida.

—¿Está todo bien?

Kael no sonrió esta vez. Su expresión se endureció apenas.

—Las cosas se están complicando un poco. Por eso necesito hablar con Aurora de inmediato.

—Entiendo —asintió Seraphine—. Me comunicaré con ella ahora.

Mientras ella buscaba el artefacto para contactarla, Kael comenzó a explicarle el entrenamiento con calma, paso por paso. Seraphine escuchaba cada palabra con atención absoluta.

—El poder que posees, Seraphine —comenzó Kael—, es parte de uno de los dos poderes sagrados que Dios nos obsequió. A lo largo de la historia, solo cuatro personas lo han tenido. La última en manifestarlo por completo fue Helena.

Hizo una pausa, como si el recuerdo aún le doliera.

—Lo llamamos “el poder del Alma”. Es un poder capaz de albergar la fuerza suficiente para aniquilar a cada demonio de Gehenna… o eso se suponía. Pero perfeccionarlo significa renunciar a la vida normal. Quien lo domina puede escuchar los sufrimientos y emociones más profundas de otros seres. Y, como te dije, este poder puede desintegrar a un demonio hasta los huesos a nivel celular. Que Elior no muriera cuando lo tocaste es… un milagro.

Seraphine tragó saliva, incapaz de imaginar algo así.

—El poder del Alma se complementa con el segundo poder sagrado —continuó Kael—: el poder del Portador del Juicio. Ese es aún más raro. Mi hijo solo poseía un fragmento… y aun así era devastador. Ambos poderes están destinados a coexistir.

Seraphine abrió los ojos sorprendida. Que el hijo de Kael, considerado el más fuerte entre los arcángeles, tuviera solo un fragmento… era casi imposible de creer.

—Es bueno que poseas el poder del Alma —añadió Kael—. Solo falta descubrir si lo tienes completo como Helena, o si solo es un fragmento. El poder siempre se limita según el cuerpo.

—¿Y cómo sabrán si lo tengo completo? —preguntó Seraphine.

Kael sonrió levemente.

—Fácil. Llevaremos tu cuerpo y tu alma al límite. Si puedes tocar el alma de las personas con tanta facilidad… ya es una buena señal.

Pero justo cuando Kael iba a explicar cómo se llevaría a cabo todo, un destello abrió un portal en la habitación.

Aurora emergió desde él, elegante y seria.

—¿Qué sucede, Kael? ¿Por qué me llamaron con tanta urgencia? —preguntó, sin perder tiempo.

Kael respiró hondo.

—Hay un asunto importante que debemos tratar de suma importancia, así que Iré al punto: Elior tiene una flor que le fue dada que probablemente proviene del Purgatorio o eso es lo que pienso…

Aurora se quedó inmóvil.

—…¿Del Purgatorio? —su voz tembló apenas—. Eso es imposible Kael. Nadie vuelve del Purgatorio si no es para ir a Gehenna o a Aetheris.

—Elior lo hizo,o el lugar que me comento era casi como la descripción del purgatorio—respondió Kael.

Con el cuerpo tenso, comenzó a relatar todo lo que Elior le contó acerca del lugar oscuro, las voces, cómo vio a su familia exactamente igual que el día que murieron… y cómo su hermana le entregó esa flor.

Aurora escuchó cada palabra sin parpadear.

—Esto es inédito, jamás había escuchado algo así —murmuró al fin—. Kael, algo está pasando… y no me gusta.

Seraphine, quien solo estaba escuchando no entendía del todo, pero incluso sin comprender, su corazón y su cuerpo entero le avisaba que nada de lo que estaban diciendo era bueno.

—Si Elior pasó por el Purgatorio —continuó Aurora— significa que sí murió. Y que alguien o algo, lo trajo de vuelta.

—Kael, por favor, detallame la flor que tiene en su poder Elior —dijo Aurora— No olvides nada.

Kael describió con exactitud su forma, su brillo tenue y el pétalo faltante que vio desintegrarse entre los dedos de Elior.

Aurora apretó los dientes, y su cuerpo comenzaba a suda al escucharlo.

—Esa flor que describes Kael, crece en las orillas del Purgatorio… pero desapareció junto con la presencia de Dios. Era conocida como “la Flor de la Vida”. Se decía que crecía en el jardín de Dios mismo. —Le tembló la voz al decirlo—. Lo que significa que Elior no sobrevivió. Fue recuperado.

Seraphine se quedó helada. su cuerpo no reaccionaba y en su mente seguía rebotando lo que había escuchado hace tan sólo instante

Elior… murió.

La idea la golpeó como un puñetazo directo al estómago.

Había olvidado lo frágil que era la vida humana. Olvidado que ellos podían irse… sin aviso. Sin despedida. Su cabeza se había vuelto un lio , no sabia que decir , como actuar, porque aunque no era aun muy cercana a Elior, Tan solo la pequeña idea de perderlo le dolía

Aurora continuó.

—Si alguien le entregó esa flor a su hermana para que se la diera a Elior, es grave. Y más grave aún es su poder, Kael, si de por si no conocemos el poder de Elior, si en sus manos tienes esa flor , lo hará una especie única en su clase. Si antes su poder estaba limitado por su alma y cuerpo terrenal… al morir, esas limitaciones desaparecen. No puedo decirte si Elior volvió con limitaciones o sin ellas. Pero si volvió sin ellas… se convertirá en un ser con una fuerza prácticamente superior a la de cualquier arcángel conocido, y si su meta sigue siendo la aniquilación de nosotros como la de los demonios , estamos condenados.

Seraphine sintió su corazón acelerarse hasta doler. Sus manos temblaron.

Miedo.

Por primera vez en mucho tiempo, sintió un miedo tan puro que la paralizó.mientras desde sus mejillas caían unas lagrima

Kael intentó continuar:

—Uno de los pétalos se cayó y se desintegró frente a mí. ¿Sabes a qué se debe eso?

Aurora asintió con gravedad.

—Los pétalos representan la pertenencia al alma. Cada pétalo que se arraiga al alma de Elior libera un poder descomunal cada vez que esté al borde de la muerte. Pero… cuando pierda todos los pétalos, Elior se convertirá en una bestia de poder incomparable. Y su cuerpo perecerá. La flor es su autorregulación… y gracias a uno de los pétalos pudo salir de allí.Pero lo que te digo es plenamente teoría, No podría decirte con exactitud el poder de la flor

—¿Cuántos pétalos le quedan? —preguntó Aurora con urgencia.

—alrededor de 7 —respondió Kael.

—Por lo menos tiene varios aun, lo importante kael es que esa flor no pierda sus pétalos.

Aurora dio un paso adelante.

—Kael… ya no queda tiempo. Debemos actuar pronto. El concejo se dará cuenta de nuestros encuentros y se enterara de esto. Estamos en un punto de quiebre.

El ambiente se volvió sofocante.

Tensión, miedo, angustia… todo flotaba en el aire como humo espeso. mientras ellos no sabían , una cuenta regresiva tanto para ellos como para Elior, acababa de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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