La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 102
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102: Ella no me apuñaló 102: Ella no me apuñaló El corazón de Lara latía con fuerza en su pecho.
Kayla se acercó hasta que ya no quedó espacio para moverse, y era obvio que ella también estaba asustada.
Tolu sonrió al ver el miedo en sus rostros, al ver cómo ambas habían palidecido de horror.
—Vaya, no esperaba encontrarme a esta aquí —dijo, señalando a Kayla—.
Y estoy un poco confundida sobre qué hacer con ella.
No sé si puedo encargarme de las dos al mismo tiempo, pero quizá debería dejarla ir.
¿Tú qué crees, Lara?
¿Quieres que esta monada muera contigo?
—preguntó.
Lara negó con la cabeza y se levantó.
Intentaba encontrar una manera de bajar de la cama y alejarse de Tolu lo más rápido posible.
—Te has vuelto loca.
Completamente loca.
Para empezar, no me creo nada de lo que acabas de decir.
No puedes haber matado a Mike.
Es tu marido, joder.
¿Y cómo demonios has entrado aquí sin que nadie te detuviera con esa pinta?
De verdad, necesito saberlo.
Lara intentaba hacerla hablar, mientras esperaba que la policía llegara hasta ellas lo antes posible.
Tolu no dijo nada durante un buen rato, y por un momento, Lara pensó que no iba a morder el anzuelo y seguir hablando.
Pero lo hizo.
—He matado a Mike.
Te lo creas o no, su cuerpo sigue en casa, sangrando e inmóvil.
No me subestimes, Lara.
Mike también lo hizo.
Creyó que no iba a apuñalarlo como le dije.
Pensó que estaba bromeando.
No cometas el mismo error —le advirtió.
Lara bajó de la cama con cuidado.
Su mano seguía agarrada por la de Kayla, y se quedaron de pie una al lado de la otra.
—No creas que puedes huir de mí, cariño.
Kayla me importa una mierda.
Ella puede correr si quiere, pero tú…
tú no irás a ninguna parte.
Ahora quédate quieta y escucha.
Preguntaste cómo pude entrar aquí con esta pinta.
—Vamos, encanto.
Esto es un hospital.
Traen gente de urgencia todos los días.
Fue fácil fingir ser el familiar de una víctima de accidente de tráfico cubierta de sangre —se encogió de hombros.
Lara abrió la boca para hablar de nuevo, pero Tolu agitó las manos, silenciándola.
—Ya es suficiente.
No quiero oír más preguntas tuyas.
He venido a terminar un trabajo y no voy a perder más tiempo —dijo con voz inexpresiva.
Entonces, antes de que Kayla o Lara pudieran hacer nada, Tolu cargó contra ellas.
Lara, en un intento de salvar a Kayla del brillo de la daga que había aparecido de repente en la mano de Tolu, agarró a Kayla y la apartó de un empujón.
Kayla tropezó y cayó sobre la cama, con los ojos desorbitados por el horror mientras Tolu cerraba la distancia que la separaba de Lara.
El cuchillo desapareció en dirección al estómago de Lara, y a esta se le desencajó la mandíbula al sentir el impacto.
La sangre empezó a gotear en el suelo.
Tolu sonrió con suficiencia, y sus dientes manchados de sangre brillaron ante el rostro de Lara.
Kayla, al ver la sangre gotear en el suelo, gritó.
Tolu y Lara estaban demasiado juntas como para que pudiera ver qué había pasado, pero desde donde estaba Kayla, parecía que habían apuñalado a Lara.
La puerta del hospital se abrió de golpe y varios policías entraron corriendo.
—¡Todo el mundo, manos arriba!
La oleada de alivio que invadió a Kayla al ver a los agentes hizo que le flaquearan las rodillas.
Mientras dos agentes corrían a inmovilizar a Tolu, Kayla corrió al lado de su amiga.
Tenía lágrimas en los ojos mientras se arrodillaba ante Lara.
—¿Estás bien?
—susurró.
Un policía estaba hablando, pero ni Lara ni Kayla le prestaban atención.
Lara le sonrió a su amiga.
Ella también tenía lágrimas en los ojos, pero también había…
esperanza.
—No me ha apuñalado —susurró Lara.
Y como si fuera una señal, ambas bajaron la vista para ver el origen de la sangre.
Lara se las había arreglado de alguna manera para detener el cuchillo sujetándolo.
El arma le había hecho un corte profundo en la mano, y el dolor le recorría el cuerpo.
La visión de Lara se volvió borrosa mientras perdía sangre rápidamente, y el pánico se apoderó de Kayla hasta los huesos.
—Que alguien llame a un médico.
Está perdiendo mucha sangre —gritó mientras los ojos de Lara se cerraban.
Una pequeña multitud se había congregado frente a la puerta abierta, y el médico de Lara entró apresuradamente con varias enfermeras tras él.
Le quitaron a Lara de los brazos a Kayla, y esta solo pudo observar cómo intentaban estabilizarla.
Una enfermera se dio la vuelta y pidió a todo el mundo que se fuera.
A Kayla, sin embargo, le permitieron quedarse, ya que era obvio que estaba conmocionada.
Una enfermera la llevó a un sofá en el rincón más alejado de la habitación y le entregó una taza de chocolate caliente y una manta.
Un policía se acercó a Kayla.
—Hola, señora.
Sé que está muy afectada por todo lo que acaba de pasar, y lo lamento mucho.
Pero necesitamos su declaración, por favor.
¿Puede explicar cómo empezó todo esto?
—preguntó con amabilidad.
Kayla cerró los ojos y respiró hondo.
Luego empezó a hablar.
Cuando terminó, el agente de policía le dio las gracias.
—Va a tener que venir a la comisaría, por favor.
Pero puede hacer esa visita mañana.
Aún necesitamos que se presente oficialmente —dijo él.
Kayla asintió y le hizo un gesto para que se fuera, con la mirada fija en Lara y en el médico que seguía moviéndose frenéticamente para salvarla.
Lara podría haber muerto.
El cuchillo podría haberle atravesado el vientre embarazado y haberla matado.
El hecho de que Lara hubiera estado tan cerca de la muerte sacudió tanto a Kayla, que las lágrimas que había estado conteniendo finalmente rodaron por sus mejillas.
Si Lara hubiera muerto y Tolu hubiera escapado, ¿qué habría hecho ella?
Como única testigo en la habitación, ¿la habrían arrestado a ella por el asesinato?
¿Habría hecho Curtis que la encarcelaran?
El pensar en Curtis hizo que Kayla recordara lo que Lara había dicho antes de que Tolu irrumpiera y las interrumpiera.
Curtis seguía desaparecido y, sin darse un respiro, Kayla sacó su teléfono y empezó a hacer llamadas.
Necesitaba encontrar al marido de Lara.
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