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La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 112

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112: Una ofrenda 112: Una ofrenda A Lisa se le escapaban sollozos desgarradores y febriles, y a Laura le dolía el corazón al ver llorar a su madre.

Le dio unas suaves palmaditas en la espalda a Lisa, sin decir nada porque ¿qué se podía decir?

Lisa estaba muy triste, y aunque Laura sabía que su madre era la única causante del abismo entre Curtis y su familia, aun así sentía lástima por ella.

—Tendrías que haber visto su mirada, Laura.

Mi propio hijo, mirándome con tanto odio.

¡Oh, Dios!

¿Qué he hecho?

—gimió Lisa, incapaz de dejar de deshacerse en lágrimas.

Laura suspiró.

—Estoy segura de que en realidad no te odia, mamá.

Solo está dolido —respondió con dulzura.

Lisa volvió sus ojos hinchados y enrojecidos hacia su hija.

—No.

Te equivocas.

No estabas allí para verlo.

Yo lo vi todo, yo sola.

Me odia.

Me odia, Laura.

Tu hermano me desprecia y no quiere volver a verme nunca más.

Laura se acercó más a su madre, y las lágrimas también le escocieron en los ojos.

—Encontraremos una solución, mamá.

Te lo prometo.

Curtis no va a estar enfadado mucho tiempo.

O sea, al final tendrá que ceder y dejarnos volver a su vida.

Todo va a salir bien, mamá.

Por favor, deja de llorar —dijo Laura en voz baja, intentando tranquilizar a su madre para que dejara de llorar desconsoladamente.

Pero Lisa ignoró a Laura.

Su hija no lo entendía.

No sabía lo destrozado que estaba el corazón de Lisa, lo terrible y absorbente que era su dolor.

Laura no tenía ni idea de que una ola interminable de dolor y arrepentimiento estaba arrollando a Lisa, y de que su madre estaba en el punto más bajo en el que jamás había estado.

Laura no conocía el alcance del dolor de Lisa.

Pero Lisa sí.

Lo sentía todo, y cada aliento era una exhalación dolorosa.

—¿Y si nunca llego a ver a mis nietos?

Soy abuela, Laura.

Ahora tengo dos nietecitos con los que nunca podré jugar por mi estupidez.

Yo…

no sé qué hacer.

Dolor en carne viva.

Dolor puro, informe e incontenible.

Eso era lo que Lisa sentía.

Y Laura, demasiado impotente para hacer otra cosa que no fuera darle palmaditas en la espalda a su madre, se acercó más e hizo precisamente eso.

—Hablaré con Curtis, mamá.

Estoy segura de que vas a ver a tus nietos.

No te los esconderá.

Pero incluso mientras hacía esa promesa, Laura sabía que solo había una posibilidad muy remota, muy pequeña, de que pudiera convencer a su hermano.

Era más probable que Curtis la echara a que la escuchara.

Pero Laura tenía que intentarlo.

Por su madre, arrepentida y con el corazón roto, tenía que intentarlo.

Se decidió a hablar con Curtis y convencerlo de que perdonara a su madre.

Lo que parecía un escenario imposible.

Pero por Lisa, Laura tenía que meterse en la boca del lobo y ofrecerse como sacrificio.

Una ofrenda.

~~
—Vamos, Curtis.

Deberías haber visto lo desconsolada que estaba.

Por favor, por favor, dale otra oportunidad.

Al menos escucha su disculpa —le suplicó Laura a su hermano, pero la expresión de Curtis permaneció impasible, inexpresiva.

—No —espetó él.

Laura suspiró mientras se pellizcaba el puente de la nariz.

—Mira, sé que estás enfadado y que probablemente no quieras ver a mamá ni hablar con ella nunca más.

Y lo entiendo.

De verdad que lo entiendo, pero…

—empezó a decir de nuevo, pero Curtis la interrumpió.

—¿Que lo entiendes?

¿De verdad lo entiendes, Laura?

Pues no, no lo entiendes.

¿Acaso intentó matar a tu marido?

No me hables como si no supiera lo que estoy haciendo.

Porque sí lo sé.

¡No soy un jodido crío y tú no entiendes nada!

—bramó él.

Laura abrió la boca para hablar, pero su hermano no había terminado.

—No volveré a poner en peligro a mi familia dejándola entrar de nuevo en mi vida, en nuestras vidas.

No dejaré que vuelva a entrar aquí y verla hacer que mi esposa se sienta como una mierda e indigna.

No quiero tener que preocuparme de si esta vez se va a obsesionar con mis hijos y decidir que no son dignos de ser mis hijos.

Es una loca, y nada va a hacer que vuelva a confiar en ella.

Así que no, no estoy dispuesto a escuchar vuestra falsa disculpa.

Que viva su vida, separada de la mía.

Y si alguna vez vuelves aquí a disculparte, haré que te echen.

¿He sido claro?

El brusco rechazo y la firmeza en las palabras de Curtis golpearon a Laura en el pecho, y supo que, dijera o hiciera lo que dijera, la decisión de su hermano estaba tomada.

La reunión había sido una pérdida de tiempo.

Aun así, mientras se levantaba, Laura deseó haber podido convencerlo.

—Lo siento, Curtis.

Y sé que ahora mismo estás sufriendo, pero espero que algún día puedas perdonarla.

Perdonarnos a todos.

Y pase lo que pase, quiero que recuerdes que somos humanos y que somos tu familia.

Nadie es perfecto.

Las palabras de Laura fueron pronunciadas en voz baja, y no esperó una respuesta antes de darse la vuelta y salir del estudio de su hermano.

Mientras la hermana de Curtis salía de la mansión de su hermano, Lara la vio marcharse.

Había oído cada una de las palabras intercambiadas en el estudio, y Lara había atado cabos suficientes como para averiguar qué había pasado entre Curtis y su familia.

Y aunque entendía el enfado de su marido, aunque ella también estaba cabreada con ellos, aun así decidió entrar en el estudio de Curtis para hablar con él sobre el tema.

—Hola —saludó Lara.

Curtis levantó la cabeza del documento que estaba leyendo, y su rostro se suavizó en cuanto posó los ojos en ella.

—Hola, amor.

Lara le sonrió a su marido mientras se sentaba en la silla frente a él, y se preguntó, por un brevísimo instante, si estaba haciendo lo correcto.

Pero ya no había vuelta atrás, y su decisión estaba tomada.

Así que Lara sostuvo la mirada de su marido mientras hablaba.

—Creo que deberías perdonar a tu madre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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