La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 117
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117: Él no mintió 117: Él no mintió Después de lo que pareció una eternidad, pero que en realidad fueron solo unas pocas horas, la lluvia cesó.
Temblando y entumecida por el frío, Lara sabía que tenía que encontrar un refugio para guarecerse si no quería morir congelada.
Sus lágrimas se habían secado con la lluvia, y no quedaba nada más que un vacío hueco en su pecho.
Solo quedaba una persona en su vida.
Una persona en la que podía confiar, la única persona que no le había mentido desde que despertó del maldito coma que ahora mismo estaba destrozando su vida.
Con manos temblorosas, Lara rebuscó en su bolso y sacó el teléfono.
Entonces, marcó el contacto de Kayla.
—Hola, chica.
¿Qué tal?
¿Cómo estás?
—la alegre voz de Kayla flotó en sus oídos.
Al oír lo animada que estaba su mejor amiga, Lara contuvo las lágrimas.
Como no respondió de inmediato, la alegría en la voz de Kayla se desvaneció cuando volvió a hablar.
—¿Hola?
Lara.
¿Estás ahí?
¿Está todo bien?
Una ligera preocupación tiñó sus palabras, y Lara cerró los ojos y respiró hondo antes de responder.
—Siento llamarte tan de repente.
Te… te necesito.
Por favor, ven a recogerme —dijo, con la voz débil y ronca.
Lara fue incapaz de evitar que el dolor que sentía se filtrara en sus palabras, y Kayla debió de darse cuenta de que algo pasaba porque habló con mucha preocupación.
Y urgencia.
—Cariño.
¿Dónde estás, bonita?
¿Por qué parece que has estado llorando?
¿Estás tirada en alguna parte?
Lara contuvo las lágrimas al oír la preocupación en la voz de su amiga, pero cuando habló, no pudo ocultar la nueva oleada de dolor que la golpeó.
—Te… te necesito, por favor.
Estoy delante de la casa de Curtis, y ya… ya te lo explicaré todo más tarde.
Solo necesito salir de aquí —susurró.
—Vale.
Aguanta un poco, ¿de acuerdo?
Estaré allí en unos minutos —la tranquilizó Kayla.
Lara colgó y se agachó, poniéndose a la altura de su ahora empapada bolsa de viaje.
Fiel a su palabra, el coche de Kayla se detuvo frente a Lara unos minutos después.
En cuanto Kayla vio a Lara, supo al instante que lo que fuera que hubiese pasado era malo.
Muy, muy malo.
Lara estaba calada hasta los huesos y temblaba sin control.
Tenía la piel pálida, como si alguien le hubiera drenado hasta la última gota de sangre.
Pero sus ojos…
A Kayla se le encogió el estómago al ver el dolor en los ojos de Lara.
Corrió hacia su amiga con los brazos extendidos.
—Dios mío, Lara.
¿Qué demonios te ha pasado?
¿Te has peleado con Curtis?
Al oír el nombre de Curtis, las lágrimas que Lara creía que se le habían secado brotaron de nuevo.
Incapaz de contenerse, Lara empezó a sollozar.
Otra vez.
A Kayla se le rompió el corazón al ver lo pequeña que parecía Lara en ese momento, y la estrechó en un abrazo.
Kayla le dio unas suaves palmaditas en la espalda, con los ojos empañados por lágrimas de compasión mientras Lara lloraba en su hombro.
No dijo nada, sabiendo que no era el momento de presionar a Lara para que le diera detalles sobre lo ocurrido.
Después de unos minutos, Lara finalmente consiguió calmarse.
Se apartó del agarre de Kayla, rompiendo el abrazo.
Ahora tenía los ojos extremadamente rojos y más hinchados que nunca.
Sin decir palabra, Kayla agarró el asa de la bolsa de viaje de Lara y volvió a su coche, dejándola en el maletero.
Luego le abrió la puerta a Lara y le dijo: —Sube.
Te llevo a casa.
Lara le dedicó a su amiga una sonrisa de agradecimiento mientras entraba en el coche.
—Gracias, Kayla —susurró antes de cerrar la puerta.
Kayla rodeó el coche, se sentó en el asiento del conductor y subió la calefacción.
Condujeron en silencio durante un buen rato, y el silencio se extendió entre ellas, denso y lleno de tensión.
Kayla casi había llegado a su casa cuando Lara habló.
Su voz era débil, baja.
Pero llenó el coche de todos modos.
—No tenía ningún otro sitio al que ir —afirmó.
Kayla apartó la vista de la carretera un momento para echarle un vistazo.
—¿Qué ha pasado, Lara?
Lara tragó saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta, incapaz de hablar.
Kayla suspiró.
—No pasa nada si no quieres hablar de ello.
Lo entiendo.
Lara negó con la cabeza, con el corazón dolido por la calidez en la voz de su amiga.
—Quiero hablar de ello.
Es solo que… necesito un momento para ordenar mis pensamientos.
Kayla le apretó la mano y esbozó una pequeña y triste sonrisa.
—Tómate tu tiempo, bonita.
Lara respiró hondo y cerró los ojos para evitar el escozor de las lágrimas que ya se acumulaban en ellos.
Entonces empezó a hablar.
—Curtis me mintió…
Con mucho cuidado, Kayla escuchó la explicación de Lara.
Su corazón se hizo añicos por el dolor en la voz de su amiga, pero no la interrumpió, dejando que Lara terminara su explicación antes de hablar.
Para cuando Lara terminó de explicar lo que había pasado, ya habían llegado a casa de Kayla.
Kayla aparcó el coche y apagó el motor.
Luego se giró para mirar a su amiga.
—Siento mucho todo eso, Lara.
De verdad.
Pero conozco a Curtis desde hace tiempo, y antes del coma, me explicaste todo lo que pasó entre vosotros.
Él no te mintió, bonita.
Nunca lo hizo.
Y de verdad, estáis casados de verdad.
Su voz estaba llena de consuelo, y aunque Lara sabía que Kayla solo buscaba lo mejor para ella, aunque sabía que Kayla no le mentiría, su dolor era demasiado grande para soportarlo.
No quería oír lo valiente y cariñoso que había sido Curtis.
Todo lo que Lara quería era dormir para ahogar el dolor de su pecho.
Así que sostuvo la mirada de Kayla mientras respondía.
—No quiero hablar de Curtis.
No quiero oír hablar de nuestra relación por una tercera persona.
Necesito recordarlo todo por mí misma, Kayla.
Por favor, por favor, no intentes hacer que vuelva.
Cuando mi memoria funcione plenamente, decidiré si quiero volver o no —dijo con firmeza.
Kayla entendió lo que Lara quería y asintió ante sus palabras.
—Claro.
De acuerdo.
No volveré a mencionar nada sobre el tema —prometió.
Lara sonrió y le apretó la mano a su amiga.
—Gracias.
Kayla le devolvió la sonrisa.
—Vamos.
Entremos y quítate esa ropa mojada.
Te prepararé una taza de chocolate caliente.
Y mientras ambas entraban en su casa, Kayla solo podía esperar que los recuerdos de Lara resurgieran lo antes posible.
Porque, dijera lo que dijera Lara, Kayla sabía que su amiga iba a ser muy desdichada sin la presencia de su marido, Curtis.
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