Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 143

  1. Inicio
  2. La sustituta equivocada del CEO
  3. Capítulo 143 - Capítulo 143: Epílogo
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 143: Epílogo

CINCO AÑOS DESPUÉS.

Lara estaba de un humor terrible. Sus hijos, por alguna razón que no podía entender, habían decidido que querían cocinar solos.

Y, a su vez, le habían destrozado toda la cocina. Lo que era aún peor era el hecho de que, aunque se habían disculpado y seguían haciéndolo, Lara sabía que sus hijos no estaban realmente arrepentidos.

Para ellos, habían tenido éxito. El resultado de su éxito le daba a Lara en plena cara.

Tortitas.

Unas tortitas esponjosas y ligeramente quemadas.

—Si pruebas una, verás que nos han salido bien. Por favor, mami. No te enfades —dijo Ryan. Lara apretó los dientes, molesta.

—No quiero oír nada de ninguno de los dos. Nada —espetó ella.

—Pero… —intentó decir Amelia, pero Lara sentenció a su hija con la mirada.

—Estáis castigados. Indefinidamente, hasta que yo diga lo contrario —declaró.

Los mellizos se desinflaron. Sabían de sobra que no debían tomarse a broma las palabras de su madre y, aunque esperaban un castigo por haber destrozado la cocina, desde luego no se esperaban que los castigaran sin salir.

—A vuestros cuartos. ¡Ahora!

Con los labios fruncidos en un puchero, los mellizos subieron las escaleras en silencio y, en cuestión de segundos, cerraron las puertas de sus habitaciones tras ellos.

Lara se llevó una mano a la cabeza, frustrada hasta límites insospechados. Sus hijos eran muy, muy difíciles de controlar, sobre todo cada vez que se les metía algo en la cabeza.

Sin embargo, la mayor parte del tiempo se portaban bien, pero, por lo visto, hoy no era uno de esos días.

La puerta principal se abrió y el marido de Lara entró. Se dirigió a la cocina y se detuvo en cuanto vio lo que quedaba de ella.

Una sonrisa divertida se dibujó en los labios de Curtis. —¿Ryan o Amelia? —preguntó.

Lara lo miró entrecerrando los ojos, todavía molesta. —Los dos. Querían hacer tortitas con una receta que sacaron de YouTube. ¡Y mira el resultado! No sé ni por dónde empezar a limpiar —espetó, con la ira filtrándose en sus palabras.

Curtis entró con sigilo en la cocina y cogió una tortita de la pila que había en la encimera.

Lara enarcó las cejas mientras él comía.

—Pues yo creo que les han salido bien, la verdad —dijo él. Lara se acercó a grandes zancadas para fulminarlo con la mirada.

—¿En serio te vas a quedar ahí parado y a decirme que les han salido bien después de destrozarme la cocina? —gruñó ella.

Él levantó una mano y retrocedió un poco.

—Solo decía la verdad. Deberías probar una. Estoy bastante seguro de que no seguirás enfadada con ellos cuando sepas lo buenas que están las tortitas.

Lara le bufó, y a Curtis se le escapó una risa divertida.

—Tranquila, fiera. Sé que estás cabreada y tienes todo el derecho a estarlo. Pero el daño ya está hecho, y deberías respirar. Deja que la ira se vaya, mi amor. La asistenta lo limpiará en un santiamén y todo irá bien —prometió él.

Lara suspiró y se frotó las sienes.

—Hoy es el día libre de Helena. ¿Por qué crees que estoy tan cabreada?

Curtis suspiró y se acercó a su esposa, rodeándole la cintura con los brazos.

—Te ayudaré a limpiar, mi amor. Me disculpo en su nombre —dijo en voz baja.

Lara se relajó con su contacto y su expresión se suavizó un poco.

—Ya los he castigado —dijo ella, encogiéndose de hombros.

Curtis frunció ligeramente el ceño y estaba a punto de hablar cuando Lara levantó una mano, interrumpiéndolo antes de que pudiera decir nada.

—No. No quiero oírlo. Sé que vas a decirme que son niños y que no debería castigarlos por pequeñeces, pero esto no es una pequeñez. ¡Y merecen estar castigados! Así que no. No te molestes en intentar camelarme. No voy a retirarles el castigo.

Su voz era tan firme y tan seria que hizo que a Curtis le diera un ataque de risa.

—Me conoces demasiado bien. Está bien. No te pediré que no los castigues demasiado. Solo… sé un poco blando con ellos, ¿quieres? —dijo en voz baja.

Lara negó con la cabeza y apartó los brazos de él de su cintura. Cogió la caja de servilletas y empezó a limpiar la encimera.

—Los consientes demasiado —refunfuñó.

Curtis cogió la aspiradora y la encendió. —Lo sé, y no puedo evitarlo. Pero a ti también te consiento, ¿o no?

Lara lo fulminó con la mirada.

—¡Esa no es la cuestión!

Él enarcó las cejas mientras se metía la mano en el bolsillo. —¿O sí lo es?

Y sin esperar su respuesta, Curtis levantó un collar.

Un collar exquisito, absolutamente precioso. Era de oro, y el colgante en forma de corazón que pendía de él brillaba suavemente mientras lo sostenía.

A Lara se le cortó la respiración mientras lo miraba, y su enfado se desvaneció al instante.

—¿Lo has comprado para mí? —susurró.

Curtis se acercó a ella, olvidándose de la aspiradora. —Por supuesto, bebé. Eres mi esposa y mereces todas las cosas bonitas del mundo.

Se detuvo frente a ella y Lara le rodeó el cuello con los brazos para besarlo suavemente.

—Haces esto todos los días y aun así consigues dejarme sin aliento cada maldita vez. Gracias, bebé —susurró.

—Lo que sea por ti, mi corazón.

Se quedaron así un buen rato, abrazados en medio de las ruinas causadas por sus hijos.

Sin embargo, el momento se rompió cuando Ryan y Amelia empezaron a aplaudir.

—¡Bien! Papá le ha comprado un regalo a mami. ¡Ya no está enfadada con nosotros! —anunció Amelia.

Lara se dio la vuelta y los vio aplaudiendo y saltando emocionados.

Ryan corrió a abrazarlos, pero sus pequeñas manos apenas llegaban a ninguna parte. Su hermana hizo lo mismo, sorprendiendo a Lara.

—Lo sentimos, mamá. No volveremos a destrozar la cocina —dijeron a la vez, con los ojos brillantes mientras parpadeaban mirándola.

Lara sonrió a sus preciosos hijos. ¿Cómo podía seguir enfadada con ellos, siendo tan adorables?

Se agachó para revolverles el pelo.

—Está bien. Ya no estoy enfadada con vosotros. Pero vais a tener que ayudarme a limpiar este desastre.

Los mellizos asintieron con entusiasmo.

—¡Vale!

Mientras los cuatro limpiaban, Lara se encontró con la mirada de su marido y sonrió.

Esto era lo que significaba tener una familia. No importaba lo caótica que fuera, porque era la suya.

FIN.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo