La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 2
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2: Engañado 2: Engañado El corazón de Lara latía muy rápido.
Su pecho subía y bajaba, algo visible a través de su vestido, mientras su tez se volvía cenicienta por la conmoción.
Durante los primeros segundos, no pudo decir nada; simplemente había perdido la capacidad de hablar en ese momento.
Ni en sus sueños más locos había visto una escena así, ni siquiera en una película, y mucho menos en vivo y en directo, desarrollándose en el dormitorio que compartía con su esposo, sobre su cama matrimonial, y con su marido como protagonista del espectáculo.
Cuando su bolso cayó al suelo con un ruido, los amantes miraron despreocupadamente en su dirección y luego apartaron la vista, intensificando el acto como si ella fuera invisible para ellos.
Sus gemidos se hicieron más fuertes y Mike aumentó la velocidad, colocando las manos en la pelvis de ella mientras la empujaba hacia abajo, al ritmo, sobre su verga.
—Serás mi fin…
Oh, bebé…
más rápido…
—la instó él, gimiendo en voz alta, levantando la cabeza para tomarle el pezón mientras los pechos colgantes de ella se balanceaban al ritmo de su embestida.
—Sí, bebé…
Te voy a joder, Mike…
Mierda…
—gimió ella, echando la cabeza hacia atrás de placer.
Su coño se aferraba a la verga de Mike mientras se molía contra él con fuerza, elevando las caderas para dejarse caer con violencia sobre él.
Así le gustaba a Mike.
Cuando estaba excitado, prefería que ella lo cabalgara en vez de él a ella.
Decía que así su verga llegaba a lo más profundo de su coño.
¿Así que lo hacía con alguien más aparte de ella?
Y el hecho de que no pareciera sorprendido de verla la hacía sentir como una idiota.
Quería llorar; su corazón se había hecho añicos, se sentía vacía y las rodillas le flaqueaban.
—¡Mike!
—gritó Lara, conmocionada.
Fue la única palabra que pudo articular.
Pero fue como si fuera un fantasma y sus palabras no se hubieran escuchado.
Tolu siguió dejándose caer sobre la verga de él y Mike le sujetó la cintura con firmeza, restregándose dentro de ella con un movimiento circular mientras Tolu gemía en voz alta, rogándole que la embistiera más fuerte y mejor.
Mike estaba llegando al clímax, y Lara lo supo porque él apretó los dientes de placer y gimió: —Mejor…
ahhh…
Te amo…
ahhh…
Me voy a venir…
bebé…
En ese momento, Lara supo que su presencia no significaba nada para Mike y Tolu.
Si podían ignorarla y seguir dándose el uno al otro hasta que él se corriera, solo significaba que ella ya no le importaba en absoluto.
Vio a Mike besar a Tolu antes de girarla con cuidado para que se tumbara boca arriba en la cama y salir de ella.
Él se levantó de la cama, desnudo, y le gritó a Lara: —¿Estás loca, Lara Edmund?
—mientras la miraba con resentimiento.
—Te pillo en nuestra cama matrimonial follando con mi amiga, ¿y me preguntas si estoy loca?
¿Se te ha ido la cabeza, Mike Blake?
—espetó Lara.
Le devolvió una mirada cargada de odio, pero su corazón sufría un dolor que las palabras no podían describir.
No supo de dónde sacó el valor ni cómo fue capaz de responderle a Mike con tanta rabia, pero, de algún modo, se encontró devolviéndole la mirada con la misma furia.
Mike se quedó desconcertado.
«¿Qué está pasando?
¿Cómo puede Lara responderme de esa manera?».
Siempre se había comportado como una pardilla y apenas era capaz de expresar sus deseos o sentimientos.
Prácticamente le seguía a todas partes y no podía hacer nada sin pedirle permiso primero.
No tenía ni voz ni deseos propios, excepto para venerar los de él y acatar sus órdenes.
—¿Estás enfadada, eh, Lara Edmund?
Es totalmente culpa tuya que una mujer estéril e inútil como tú perdiera a su marido conmigo —dijo Tolu, envolviéndose el cuerpo con el edredón y plantándose frente a su amiga.
—¿Me llamas infértil?
—espetó Lara, clavando la mirada en su supuesta amiga.
Habían sido amigas durante muchos años, y estuvieron juntas el primer día que ella y Mike se conocieron.
Prácticamente no había nada que esa amiga suya no supiera sobre ella.
Pero, por lo que se veía, además de conocerla a ella, también conocía la verga de su marido y su virilidad.
—¿Tengo que explicártelo con manzanas cuando eres la definición andante de la infertilidad, Lara Edmund?
No pudiste darle un hijo y yo se lo voy a dar.
¿Aceptas ya la realidad de que eres una mujer estéril?
—declaró Tolu, mirándola de reojo antes de girarse para mirar a Mike.
Inconscientemente, la mirada de Lara se desvió del rostro de Tolu a su vientre.
Vio cómo la amante se lo acariciaba, un gesto hecho para enfurecerla.
Volvió la vista hacia Mike y este lucía una amplia sonrisa.
Se acercó y pasó un brazo por los hombros de Tolu, posando la otra mano sobre el vientre aún plano de ella.
—Sí, la has oído.
Lleva un hijo mío y me convertirá en padre en cuestión de meses.
Y sí, te he preguntado si estabas loca porque deberías saber que entrar en la habitación de una pareja que está haciendo el amor es de mala educación.
¿Por qué has venido a interrumpir nuestros momentos agradables?
—tartamudeó Mike.
Lara se limitó a mirarlos.
«¿Tolu está embarazada del hijo de mi marido, y eso le da el descaro de traer su cuerpo sinvergüenza a mi cama matrimonial para que la follen?
¿No podían mostrarme un poco de respeto?».
Se había referido a sí mismo y a Tolu como una pareja.
Entonces, ¿qué lugar ocupaba ella ahora en el corazón de Mike?
Había estado enamorada de él desde los dieciocho y empezaron a salir un año después.
Se casaron y ella pensó que todos sus sueños se habían hecho realidad.
—No quedarme embarazada no fue culpa mía, Mike, y lo sabes.
¿Cómo has podido hacerme esto?
—exigió con voz temblorosa.
Ambos estaban bien; los habían examinado y declarado perfectamente sanos.
¿Cómo podía haberse ido con otra mujer y ahora estar esperando un hijo de ella?
¿Y qué pasaba con ella?
¿Acaso no debería estar él a su lado?
¿Sería que, como ya tenía una sustituta, siempre se había mostrado indiferente a sus preocupaciones por el embarazo?
—Tampoco es culpa mía que tu supuesto útero perfecto no haya podido gestar un hijo para mí en los últimos dos años.
¿Cómo se me puede culpar a mí de que todos mis esfuerzos y mi semilla se echen a perder al entrar en tu vientre infértil?
¿En qué es eso culpa mía?
—le espetó él.
No mostraba remordimiento alguno por lo que le había hecho.
Ya estaba con Tolu.
¿De qué servía ella a su lado como su esposa?
El tiempo se había agotado.
El matrimonio estaba acabado.
—Bien.
Divorciémonos —exigió Lara.
No iba a aceptar jamás esta infidelidad ni a fingir que no la veía, obligándose a seguir siendo la Sra.
Blake.
Era mejor que fuera ella quien tomara las riendas ahora.
Una amplia sonrisa apareció en el rostro de Tolu.
De repente, se la veía emocionada y alegre.
Su mirada hacia Lara se suavizó y, con delicadeza, volvió a posar la mano sobre su vientre.
—Oh, ¿un divorcio?
—tartamudeó Mike, mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.
¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de lo inteligente que era Lara en todos los años que la conocía?
Antes de que ella pudiera responder, él añadió: —¿Estás segura de que podrás soportarlo si decido echarte de mi casa?
—No, mi casa.
Esta casa me la cedió mi abuela, ¿lo has olvidado?
—le espetó Lara.
Ella era la dueña de la casa, y él tendría que irse.
—Ja, ja, ja…
Y yo que acababa de pensar que eras una mujer inteligente, y ya has vuelto a caer a mis pies tan rápido.
Todo lo que heredaste, incluida esta casa, lo transferiste a mi nombre.
¿Tú también lo has olvidado?
—preguntó Mike entre carcajadas, y Tolu se unió a las risas.
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