La sustituta equivocada del CEO - Capítulo 99
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99: Atascado 99: Atascado El rostro de Lisa estaba pálido cuando se giró para encarar a su marido y a su hija.
—¿Habéis…
habéis oído lo que ha dicho?
—preguntó con voz queda.
Adrian y su hija intercambiaron una mirada.
Por supuesto que habían oído cada una de las palabras que se habían dicho Lisa y Lara, pero ninguno de los dos dijo nada.
—¡He preguntado si habéis oído lo que ha dicho!
—espetó Lisa, y su pecho se agitaba por la ira.
Laura dio un paso al frente, y había una sonrisa apaciguadora en su rostro mientras le respondía a su madre.
—Sí, mamá.
La hemos oído.
Pero estoy segura de que solo está…
exagerando.
Laura mentía.
Sabía que la mujer de su hermano no estaba exagerando.
Lara tenía razón.
Si Curtis se despertaba y se enteraba de lo que su madre estaba haciendo, se desataría el infierno.
Y Lisa también sabía que Lara no mentía.
Y por eso la madre de Curtis estaba loca de furia.
Lisa soltó una risa sin humor ante las palabras de su hija.
Clavó una mirada llena de rabia en Laura y en su marido.
—¿Crees que esa perra estaba exagerando?
No.
Claro que no.
Lo decía completamente en serio.
Os dais cuenta de las implicaciones de sus palabras, ¿verdad?
—volvió a preguntar.
Pero esta vez, en lugar de esperar una respuesta, Lisa continuó.
—¡Esa mujer ha embrujado a mi hijo!
No me importa qué hizo ni cómo lo hizo, pero esa bruja le ha hecho algo a Curtis —escupió como conclusión.
Adrian dio unos pasos hacia su mujer.
—Vamos, amor.
No seas dramática —dijo él.
Lisa bufó, con los ojos desorbitados mientras su rabia se avivaba.
—¿Dramática?
¿CREES QUE SOY DRAMÁTICA?
Decidme, desde que Curtis se juntó con esa mujer, ¿acaso nuestra familia ha estado en paz?
¡No!
Todo se ha torcido desde que llegó.
Es culpa suya.
¡Nuestra familia se está desmoronando y todo es por su culpa!
Lisa estaba a punto de gritar, pero no le importaba.
Una rabia cegadora corría por sus venas.
—Mamá…
—dijo Laura, y Lisa se giró bruscamente para encararla.
—No.
No me vengas con «mamá».
No quiero oír ninguna excusa que se te ocurra para defender a esa mujer.
Todo esto —hizo una pausa y agitó las manos por la habitación del hospital—, tiene que acabar.
Adrian volvió a dar un paso al frente.
Le cogió la mano e intentó calmarla.
—Cariño.
No tenemos que hacer nada.
Al menos, no ahora.
Nuestra principal prioridad debería ser cuidar de Curtis.
Nuestro hijo nos necesita en este momento —dijo con dulzura.
Lisa asintió ante sus palabras mientras reflexionaba sobre ellas.
Entonces, de repente, una sonrisa afilada y cruel se dibujó en su rostro.
—Tienes razón.
Curtis es la máxima prioridad.
Lo que me da una idea maravillosa.
Tenemos que sacarlo de aquí —soltó sin inmutarse.
La confusión golpeó a Laura al oír esas palabras.
—¿Qué?
¿De qué estás hablando?
—preguntó.
Lisa se soltó suavemente de la mano de su marido y empezó a pasearse por la habitación.
—No, no.
Escuchadme.
Todos los que estamos aquí somos la familia legal de Curtis.
Y nos necesita ahora mismo.
La única razón por la que esa mujer tiene el descaro de hablarme de esa manera es porque todavía tiene acceso a él.
Si nos lo llevamos, si lo trasladamos a otro hospital, entonces no andará por aquí para montar una escena.
Y yo podré centrarme en cuidar de Curtis sin preguntarme si va a causar problemas o no —explicó.
Laura y Adrian la miraron boquiabiertos.
—¿Quieres que…
traslademos a Curtis?
—preguntó Adrian.
Lisa asintió enérgicamente.
—Sí.
Tenemos que trasladarlo a otro hospital —afirmó con rotundidad.
—Pero está en coma, mamá.
¿Crees que será seguro trasladarlo así como así?
—preguntó Laura, con el corazón martilleándole ligeramente mientras el plan de su madre parecía tomar forma ante sus ojos.
Lisa le sonrió a su hija.
—Por supuesto.
Los hospitales están acostumbrados a los traslados.
Los hacen todo el tiempo.
—Pero…
¿no crees que es un poco extremo?
—preguntó Adrian.
Los ojos de Lisa ardían mientras miraba fijamente a su marido.
—¿En este caso?
No.
En absoluto.
Esto es una guerra, y pienso ganarla.
~~
Lara no podía dar crédito a lo que oía.
Cuando Laura le envió un mensaje para avisarle de que su madre planeaba trasladar a Curtis a otro hospital, pensó que era una broma.
Pero cuando llegó a la habitación y la vio vacía, Lara bajó corriendo a recepción.
Y allí se confirmó lo que Laura le había dicho.
—Perdona, ¿qué?
—jadeó, golpeada por la incredulidad.
La enfermera parecía un poco avergonzada y se frotó la nuca.
—Lo siento, señora.
Es que…
las personas que solicitaron el traslado son sus familiares directos.
No podíamos hacer nada para detenerlos —explicó.
Lara golpeó el mostrador de recepción con las manos.
—¡Pues yo soy su esposa!
Y nadie me dijo nada.
¡Fui yo quien lo trajo aquí a toda prisa, por el amor de Dios!
—espetó, con una ira evidente en sus palabras.
La enfermera se estremeció y volvió a disculparse.
Lara se apartó de ella con asco.
Lázaro se acercó a ella.
—Señora.
Acabo de hablar con su médico, y me ha dicho que todavía no está en condiciones de recibir el alta.
Dice que debe permanecer ingresada en el hospital.
Por su delicado…
estado —explicó.
Lara se quedó con la boca abierta.
—¿Qué demonios?
¿Se niegan a dejar que me vaya del hospital?
—espetó.
Lázaro dio un paso más hacia ella.
—Es por su bienestar, señora.
Quieren que se quede porque su fecha de parto está muy cerca y prefieren tenerla aquí para curarse en salud.
Lara lanzó las manos al aire.
—¡Pero si estoy bien!
No me pasa nada.
No necesito quedarme aquí hasta que dé a luz —gritó, aunque sabía que gritar y montar una escena era inútil.
Estaba atrapada en el hospital, le gustara o no, y no tenía ni idea de adónde se había llevado su suegra a su marido.
Joder.
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