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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 100

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100: ¿Que es?

100: ¿Que es?

“Señor mayordomo, aún no me queda claro por qué Tejod le dio todo ese tiempo a Paltio hasta que ocurra algo llamado el Alba Marina”, preguntó Lucca mientras tomaba un sorbo de té.

Su tono era curioso, pero también preocupado, como si intuyera que detrás de esa decisión había algo más profundo.

“Es una buena pregunta”, respondió Mok, dejando su taza sobre la mesa con delicadeza.

“Pero yo no tengo la respuesta.

Solo sé que es cuando el agua cambia visiblemente debido al ascenso de las olas, casi como si quisiera alcanzar la luna.

Este fenómeno ocurre en la Roca Marina, en el Mar de Bruma, cerca de nuestro reino.

Es un evento único que sucede cada mil años”.

Mok hizo una pausa antes de continuar: “No sé por qué justo le quiso dar plazo hasta ese momento.

Quizá sea parte de algún plan mayor, pero eso sé, solo lo sabe Tejod”.

“Ya veo…

Así que es un fenómeno único, y el agua llega tan alto como si casi tapara a la luna.

Impresionante, pero hay gato encerrado”, reflexionó Lucca, colocándose una mano en el mentón mientras pensaba en voz alta.

“Conociendo a esos malditos de las Sombras, debe ser algo importante.

¿Qué se traerán entre manos?” “Sí, tienes razón.

Será mejor que investiguemos”, sugirió Lucca después de unos segundos de silencio.

“Quizá si nuestro señor Serlet apareciera, podríamos preguntarle directamente”.

“Puede ser”, respondió Mok, asintiendo lentamente.

“O quizá le hubiéramos preguntado a Avocios, pero ya no se ha vuelto a comunicar con Paltio desde ese día”.

Ambos permanecieron en silencio por un momento, sumidos en sus pensamientos mientras terminaban de tomar el té.

Afuera, el viento soplaba suavemente, como si también estuviera esperando respuestas.

Mientras tanto, en otro plano, Golden observaba a Paltio con una expresión de satisfacción.

“Muy bien, Paltio.

Ya vas empezando a aprender el uso de mis poderes.

Sigue así”, dijo con orgullo.

Había pasado otro mes dentro de su espacio mental, aunque en el mundo real solo había transcurrido un día.

“Ya van 21 días desde que salimos de Avocadolia…

Extraño mi hogar”, comentó Paltio mientras descansaba junto a Toco-Toco, quien emitía pequeños sonidos de apoyo.

“Lo sé, Paltio, pero recuerda que este viaje es por una gran causa y un conflicto que tienes que resolver”, le recordó Golden con firmeza, aunque su tono seguía siendo amable.

En otro lugar, Rykaru estaba inmerso en su entrenamiento.

Saltaba ágilmente a través de varios aros suspendidos, demostrando una destreza notable.

Ahora era mucho más rápido y preciso, capaz de escalar hasta la cima donde se encontraba el último aro.

Sin embargo, al llegar, una sorpresa lo esperaba: una decena de soldados de papel emergieron de la nada, rodeándolo con intenciones hostiles.

La pequeña esfera blanca no se intimidó.

Comenzó a moverse rápidamente, esquivando los ataques de los soldados mientras buscaba una oportunidad para contraatacar.

Con movimientos precisos, derribó a dos de ellos lanzándose directamente sobre ellos.

Luego, usando rocas que había recolectado previamente como proyectiles, eliminó a otros dos más.

Uno tras otro, los soldados de papel caían ante la astucia y velocidad de Rykaru.

Finalmente, solo quedó uno: un soldado de papel enorme, claramente el líder.

Este sacó un mazo hecho de papel, pero a pesar de su material, al golpear el suelo provocaba temblores que hacían difícil mantener el equilibrio.

“Bien, eres mío”, declaró Rykaru con determinación, preparándose para enfrentar al último enemigo.

El soldado de papel levantó su mazo y lo estrelló contra el suelo, causando una explosión de energía que agrietó la tierra.

Rykaru rodó hacia un lado para evitar el impacto, pero sabía que este enfrentamiento sería diferente.

No solo necesitaría fuerza y velocidad, sino también inteligencia para derrotar al gigante de papel.

Rápidamente, Rykaru esquivó al soldado de papel gigante, deslizándose hacia la izquierda y posicionándose estratégicamente detrás de él.

“¡Eres mío, tonto!” exclamó el pequeño orbe blanco mientras lanzaba un potente tacleo contra la espalda del enemigo, derribándolo por completo.

Con un último temblor, el soldado de papel se desmoronó, convirtiéndose en fragmentos inofensivos que se dispersaron con el viento.

Se escucharon aplausos a lo lejos.

Era Golden, quien observaba todo con una sonrisa orgullosa.

“Nada mal, Rykaru.

Nada mal”, dijo mientras avanzaba hacia el campo de entrenamiento.

El ser esférico se sonrojó ligeramente, aunque su expresión reflejaba una felicidad genuina.

“Estoy muy feliz, ¡quiero que venga el siguiente enemigo!” exclamó con entusiasmo, moviéndose de un lado a otro como si no pudiera contener su energía.

“Vaya, sin duda Rykaru está entusiasmado con el entrenamiento”, pensó Golden en voz alta, impresionado por la dedicación del pequeño ser.

Rykaru ya no quería enfrentarse a simples soldados de papel; deseaba algo más desafiante, algo que pusiera a prueba sus habilidades recién adquiridas.

Golden notó cómo Rykaru estaba creciendo rápidamente, tanto en fuerza como en confianza.

En ese momento, Paltio llamó a Rykaru desde la distancia.

“¡Es hora de almorzar!

Debes descansar un poco”.

Sin embargo, Rykaru no parecía estar interesado en comer.

Su determinación por seguir entrenando era evidente, lo cual sorprendió a Paltio.

“¿No tienes hambre?” preguntó con curiosidad.

Golden intervino, tratando de razonar con el impaciente orbe.

“Deberías ir a comer para luego seguir con el entrenamiento”, sugirió con calma.

Pero Rykaru no cedió; estaba decidido a continuar.

“Bien, uno más…

Y si pierdes, entonces vas a comer”, propuso Golden con una sonrisa traviesa.

Rykaru aceptó de inmediato, emocionado por la oportunidad de demostrar su valía una vez más.

Mientras tanto, en otro lugar, el carruaje avanzaba a toda prisa por un camino rodeado de árboles cuando algo extraño ocurrió.

De repente, unas manos salieron del suelo y comenzaron a jalar el vehículo con fuerza sobrehumana.

“¡¿Qué pasa?!

¿Qué nos está llevando?!” gritó Lucca, asomándose por la ventana para ver cómo el carruaje era arrastrado fuera del camino.

Las manos eran largas y oscuras, como extensiones de alguna criatura invisible que intentaba llevarse el vehículo hacia el oscuro bosque cercano.

“¡Rápido, es hora de actuar!” exclamó Mok, desenvainando sus cuchillos con precisión.

Con movimientos rápidos y certeros, cortó varias de las manos que sujetaban el carruaje, logrando separarlas momentáneamente.

Parecía que el peligro había pasado, pero antes de que pudieran respirar tranquilos, miles de manos emergieron del suelo, rodeando el carruaje por completo.

Esta vez, no hubo forma de detenerlas.

Las manos agarraron el vehículo con fuerza implacable y lo arrastraron hacia el interior del bosque, donde la oscuridad parecía devorarlo todo.

“¡Menos mal que salimos rápido!” exclamó Lucca, cargando a Lukeandria en brazos mientras corrían hacia un lugar seguro.

Mok, por su parte, ayudaba a Paltio, asegurándose de que nadie quedara atrás.

El grupo apenas logró escapar antes de que el carruaje desapareciera completamente entre los árboles.

El corazón de todos latía con fuerza mientras miraban hacia atrás, tratando de comprender qué acababa de ocurrir.

“¿Qué fue eso?” preguntó Lucca, visiblemente alterado.

“No lo sé, pero no creo que hayamos visto lo peor aún”, respondió Mok, ajustando su agarre sobre sus cuchillos mientras observaba el oscuro bosque con cautela.

“Debemos recuperar ese vehículo”, indicó Mok con determinación mientras observaba hacia el oscuro bosque donde el carruaje había desaparecido.

“Pero no puede ser…

¿De dónde salieron tantas manos?” preguntó Lucca, mirando el suelo como si temiera que más de esas criaturas pudieran emerger en cualquier momento.

“No lo sé, pero debemos averiguarlo”, respondió Mok con firmeza.

Estaban a punto de dejar a Paltio y Lukeandria en el suelo para investigar, cuando de repente unas manos oscuras emergieron nuevamente del suelo, esta vez llevándose a Paltio y Lukeandria hacia el mismo lugar donde habían desaparecido las otras.

“¡Maldición!

¿Qué son esas cosas?” pensó Lucca, sintiendo cómo la adrenalina recorría su cuerpo.

“Será mejor que vayamos y las sigamos…

¡Sin perder tiempo!” exclamó Mok, ajustando su agarre sobre sus cuchillos mientras ambos se lanzaban hacia el bosque oscuro, siguiendo el rastro de las misteriosas manos.

Dentro del espacio mental, Golden observaba con atención lo que estaba ocurriendo en el mundo exterior.

“Paltio, algo presiento en el exterior.

Algo está pasando”, dijo con preocupación.

“Será mejor que vaya a ver”, respondió Paltio, listo para actuar.

“¡No, oh!

Déjamelo a mí”, intervino Rykaru, quien acababa de terminar su comida después del entrenamiento.

Su voz era decidida, casi como si estuviera esperando esta oportunidad desde hace tiempo.

“Pero Rykaru, ¿y si es algo poderoso?

Podrías necesitar mi ayuda”, insistió Paltio, tratando de razonar con él.

“No, yo puedo, papá”, respondió Rykaru, utilizando la palabra “papá” en lugar de “papi”, como solía hacerlo.

Era evidente que quería demostrar madurez y responsabilidad.

“Así que estás con convicción, pequeño miau.

Eso me gusta”, comentó Toco-Toco, asintiendo con orgullo mientras estaba cerca de ellos.

“Si le pasa algo, no me lo voy a perdonar”, murmuró Paltio, preocupado como un padre protector que quiere cuidar a su hijo a toda costa.

“Yo puedo, tranquilo”, aseguró Rykaru, mostrando una confianza inquebrantable.

“Bien, cualquier cosa, si se pone peligroso, podremos verlo con esta bola mágica que nos mostrará lo de afuera.

Debí haberla creado antes”, dijo Golden mientras sostenía una pequeña esfera brillante en sus manos.

Sin más demora, Rykaru salió al mundo real, materializándose cerca de Mok y Lucca, quienes ya se encontraban frente a lo que parecía ser una especie de cabaña oculta en el bosque oscuro.

“Rykaru, ¿qué haces aquí?” preguntó Lucca, sorprendido al ver al pequeño orbe blanco.

“Yo me encargo”, declaró Rykaru con firmeza, moviéndose hacia adelante como si estuviera listo para enfrentarse a cualquier peligro que los acechara.

Mok y Lucca intercambiaron una mirada rápida, impresionados por la determinación del pequeño ser.

“Está bien, pero ten cuidado”, advirtió Mok, aunque sabía que detener a Rykaru sería imposible en ese momento.

Rykaru avanzó hacia la entrada de la cabaña, donde un extraño brillo emanaba desde el interior.

Las manos oscuras parecían provenir de algún tipo de criatura o energía que residía allí.

Con cada paso que daba, el ambiente se volvía más denso y opresivo, pero eso no disminuyó su resolución.

“Vamos a ver qué hay ahí dentro”, murmuró Rykaru para sí mismo, preparándose para enfrentar lo desconocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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