La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 101
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- Capítulo 101 - 101 Rykaru El Más Fuerte
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101: Rykaru El Más Fuerte 101: Rykaru El Más Fuerte Mok y Lucca llegaron al lugar donde parecía originarse el misterioso fenómeno.
Observaron cómo varias manos emergían del suelo, como si fueran extensiones de algo más grande y oscuro.
“Parece ser que estas manos provienen de…
esto”, pensó Mok en voz alta mientras inspeccionaba el terreno con cautela.
De repente, varios brazos gigantes surgieron del suelo, y de ellos emergieron decenas de manos que intentaron agarrar a los dos hombres.
Justo cuando estaban a punto de ser atrapados, Rykaru apareció desde el cielo, cayendo como un meteoro sobre una de las manos y haciéndola caer al suelo con un fuerte golpe.
“¡Yo me encargo!” exclamó el pequeño orbe blanco con determinación, moviéndose rápidamente entre las manos oscuras.
“Bien, te lo encargo.
Yo iré por los cuerpos del señorito Paltio y Lukeandria, al igual que el carruaje”, dijo Mok, asintiendo con firmeza antes de dirigirse hacia la cabaña.
“¿Estás seguro de dejar a esa cosa blandita pelear con esas manos?” preguntó Lucca, mirando a Rykaru con escepticismo mientras este esquivaba y atacaba a las criaturas.
“Sí, estará bien.
Vi en sus ojos los ojos de un guerrero”, respondió Mok con convicción, dejando claro que confiaba plenamente en Rykaru.
Rykaru, por su parte, luchaba con ingenio y valentía.
Aunque no tenía manos ni pies, utilizaba su cuerpo esférico y sus orejas alargadas como herramientas.
Estiraba sus orejas para columpiarse entre los dedos de las manos oscuras, lanzándose luego como una bola de billar sobre cada mano que aparecía.
Su técnica era efectiva: una y otra vez, las manos caían inertes al suelo tras recibir el impacto de su cuerpo.
“¡Vamos, es todo!
¡Solo unas tontas manos!
No podrán conmigo.
Los soldados de papel de Golden eran más fuertes que esto”, se animaba Rykaru a sí mismo mientras seguía atacando sin descanso.
Mientras tanto, Mok y Lucca se adentraron sigilosamente en la cabaña, donde descubrieron una escena inquietante.
El carruaje y los cuerpos de Paltio y Lukeandria estaban suspendidos en unas esferas brillantes, como si fueran frutos o adornos de un árbol de navidad.
En el centro de la habitación había un árbol extraño, cuyas ramas se convertían en brazos elásticos que alimentaban las esferas con un líquido viscoso.
“Mira, de esas ramas se convierten en brazos elásticos”, señaló Lucca, observando cómo el árbol funcionaba.
“Cada bola tiene algo dentro, al que se le aplica ese líquido, y lo de adentro se derrite para luego formar parte del brazo y crear un nuevo brazo”.
“Será mejor que cortemos los frutos antes de que se conviertan en esos brazos”, dijo Mok, preparando sus cuchillos mientras Lucca giraba su bastón con decisión.
Ambos sabían que, si no actuaban rápido, Paltio, Lukeandria y el carruaje se convertirían en más brazos para el árbol.
Mok se acercó para cortar una de las esferas, pero antes de que pudiera hacerlo, una de las manos oscuras bloqueó su camino.
“¡Maldición!
Estas cosas tienen mente propia”, gruñó Lucca mientras trataba de abrirse paso por el otro lado.
“¡Estas cosas son interminables!”, exclamó Rykaru, jadeando ligeramente mientras seguía enfrentándose a las manos oscuras.
Sin embargo, su determinación no flaqueaba.
“¡Pero son débiles!
Usaré mi técnica especial”.
Con un grito de concentración, Rykaru abrió su boca y comenzó a escupir rocas a gran velocidad, como un cañón viviente.
Las rocas impactaron contra las manos oscuras, haciéndolas caer inertes al suelo una tras otra.
“¡Esto es más rápido!” dijo Rykaru, satisfecho con su avance.
En ese momento, la voz de Golden resonó en su mente: “¡Rykaru, debes darte prisa!
Los cuerpos de Paltio y Lukeandria están en peligro, y Mok y Lucca no pueden rescatarlos solos.
Te necesitan”.
“¡Bien, déjamelo a mí!” respondió Rykaru con una amplia sonrisa, lanzándose hacia la cabaña con renovada energía.
“¿Cómo derrotamos a este individuo?” gritó Lucca mientras golpeaba con su bastón a varias de las manos oscuras que surgían sin cesar.
“¡Siguen saliendo muchas más!
Es imposible rescatarlos”, indicó Mok, repeliendo el ataque de las manos con sus cuchillos mientras intentaba proteger a los demás.
En ese momento, una gran roca cayó desde el cielo y aplastó el árbol central, tirando los frutos que contenían el carruaje y los cuerpos de Paltio y Lukeandria.
“¡Nada mal, Rykaru!
Te has vuelto fuerte”, dijo Mok con admiración mientras comenzaban a abrir los frutos para liberar a los cautivos.
“¡Ja, ja!
¡Nadie puede contra el gran Rykaru!
¡Yo soy el más fuerte!” exclamó el pequeño orbe blanco, sonriendo con orgullo mientras veía cómo salvaba el cuerpo de su “papi”.
“Ese tonto no tuvo oportunidad alguna ante mí”, añadió con confianza.
Sin embargo, justo donde estaba el gran árbol, la roca lanzada por Rykaru comenzó a partirse lentamente.
De entre los escombros, el árbol se reanimó y levantó su tronco, convirtiendo sus ramas en brazos poderosos.
Un rostro grotesco emergió del tronco, mirándolos con ojos brillantes y llenos de ira.
“¿Quién osa molestarme?
Ahora necesito nutrientes”, gruñó el árbol con una voz profunda y resonante.
“¡Tonto árbol, no me das miedo!
Si te vencí una vez, te volveré a vencer otra vez”, desafió Rykaru, posicionándose frente al monstruo con valentía.
“Tu cosa redonda, prepárate a morir.
Nadie lastima al Treelion”, rugió el árbol, extendiendo sus brazos hacia el pequeño ser.
“Tranquilo, Rykaru, te vamos a ayudar”, dijo Lucca, preparándose para intervenir.
“¡No!
Yo puedo contra esa cosa.
Ustedes cuiden de mi papi”, respondió Rykaru con firmeza, dejando claro que no aceptaría ayuda.
“Pero que soberbio se ha vuelto”, comentó Golden en la mente del pequeño, aunque su tono era más de orgullo que de reproche.
“¡Cierra la boca y mira cómo acabo con este enemigo!”, replicó Rykaru antes de lanzarse al combate.
Con rapidez, el pequeño orbe blanco escupió varias rocas hacia el árbol, pero estas fueron bloqueadas fácilmente por los puños del Treelion.
“¿Crees que voy a caer en el mismo truco, tonta esfera blanca?
Voy a acabar contigo de una vez.
¡Toma esto!”, rugió el árbol mientras lanzaba miles de puños hacia Rykaru.
El pequeño ser respondió lanzando la mayor cantidad de rocas que pudo para protegerse, pero estas eran hechas pedazos al contacto con los puños del árbol.
“No sé cuántas rocas más tenga almacenadas, pero este monstruo está yendo en serio.
Pero no me puedo dar por vencido porque soy Rykaru el fuerte, y protegeré a mi papi”, pensó Rykaru mientras seguía luchando con todas sus fuerzas.
Finalmente, como era de esperarse, Rykaru se quedó sin rocas.
Sin defensa, el Treelion aprovechó la oportunidad y lanzó una lluvia de puños que golpearon al pequeño ser de un lado a otro, haciéndolo volar hasta estrellarse contra una de las paredes de la cabaña.
“¡No, Rykaru!” gritó Paltio desde el espacio mental, viendo todo con impotencia.
“Debo ir por él”, indicó, tratando de moverse hacia el mundo real.
“¡Paltio, no puedo!
Algo impide que los lleve”, respondió Golden, visiblemente preocupado.
Al mostrarle la escena a Mok, todos vieron que tanto Lucca como Mok estaban tendidos en el suelo, inmovilizados.
“Pero ¿qué ha pasado?” preguntó Golden, sintiendo cómo la situación se escapaba de control.
“No lo sé, miau, pero a juzgar por lo que veo con mi ojo verde, unas partículas han sido impregnadas en el ambiente”, dijo Golden, observando con detenimiento lo que sucedía en el mundo real.
“¿Te refieres a que ese árbol usó un paralizador?” preguntó Paltio, alarmado al comprender la gravedad de la situación.
“Sí, en otras palabras, sí”, confirmó Golden, su voz cargada de preocupación.
“Ya no puedo comunicarme con Rykaru ni con nadie”, añadió mientras intentaba sin éxito establecer contacto mental con los demás.
“¡Oh no!
Esto es serio…
¿Y ahora qué vamos a hacer?” exclamó Paltio, sintiendo cómo la impotencia comenzaba a apoderarse de él.
Sabía que sus amigos estaban indefensos, y Rykaru estaba enfrentándose solo contra un enemigo mucho más poderoso.
En ese momento, Rykaru se levantó de entre los escombros de la pared destruida.
Sacudió su cuerpo para quitarse el polvo y los fragmentos de la cabeza, mostrando una determinación inquebrantable.
“Debo salvarlos porque yo soy el más fuerte”, se repetía a sí mismo, gritándolo como si quisiera convencerse de su propia fuerza.
De pronto, algo brillante comenzó a envolverlo.
Era una luz cálida y dorada que parecía surgir de su interior, iluminando toda la cabaña y desafiando la oscuridad que el Treelion había impuesto.
Rykaru sintió cómo una nueva energía fluía dentro de él, fortaleciéndolo como nunca antes.
“Entonces déjame que te ayude”, dijo una voz suave pero firme que resonó en la mente de Rykaru.
Era desconocida, pero al mismo tiempo inspiraba confianza.
¡SI!
Dijo Rykaru sin dudarlo.
Porque soy el más fuerte.
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