La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 103
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 103 - 103 ¿Serlet
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
103: ¿Serlet?
103: ¿Serlet?
De la luz emergió un ser envuelto en un fulgor morado, acompañado por el nuevo Rykaru.
Ambos descendieron hacia los presentes con una gracia casi etérea.
“Rykaru, ¿eres tú?” preguntó Paltio, con los ojos abiertos de asombro.
“Hola, papi,” respondió Rykaru, rascándose la nuca con timidez.
“¿Qué te parece?
Ahora tengo manos y piernas, y me parezco más o menos a ti, pero en pequeño.” “Verdad que sí, papi,” añadió Rykaru con entusiasmo infantil.
“Mira mi nuevo cuerpo.
Además, soy fuerte y rápido como tú.” “Así es,” dijo Paltio, sonriendo con orgullo mientras observaba al pequeño.
“Eres fuerte, pero creo que incluso más fuerte que yo.” “Sí, ¡y todo se lo debo gracias al que me acompaña!” exclamó Rykaru, señalando al ser de luz morada.
“Y usted es…,” preguntó Paltio, dirigiendo su atención hacia el misterioso visitante.
En ese momento, Lucca se acercó, inclinándose ligeramente como si quisiera rendir reverencia al ser luminoso.
“Mi querido señor Serlet,” dijo con voz reverente.
“No hay de qué, muchacho.
Ya te había dicho que no era necesario que me hicieras una reverencia,” respondió el ser llamado Serlet con calma.
“Pero siempre estaré agradecido,” replicó Lucca, levantando su bastón.
“Por el arma que me brindó.
Hoy que lo veo, deseo devolverle su preciado regalo.” “No, muchacho.
Puedes quedártela.
Fue un obsequio de mi parte,” indicó Serlet con un gesto amable.
“Gracias por apoyar a mi pequeño,” le dijo Paltio al Serlet, con una gratitud que irradiaba desde lo más profundo de su corazón.
Era el agradecimiento de un padre hacia alguien que había salvado a su hijo.
Mok, quien observaba desde un rincón, pensó para sí mismo: Parece que el señorito Paltio se está convirtiendo en un excelente padre.
Una pequeña risa escapó de sus labios.
“¡Oigan!
¿Qué me perdí?” dijo Lukeandria, despertando repentinamente.
Al ver al ser de luz morada frente a ella, su expresión cambió de confusión a sorpresa.
Todos estaban emocionados por la presencia de este ser místico, unos más que otros, especialmente Lucca, quien no dejaba de agradecerle.
Sin embargo, Golden permanecía en silencio, conectando mentalmente los cabos sueltos.
Observó detenidamente al ser frente a él, cuya luz morada recorría su armadura.
¿Dónde he visto esa armadura antes?
se preguntó.
“Un momento,” dijo Golden finalmente, rompiendo el silencio.
“Tú no eres…
hermano de mi señor Avocios, ¿verdad?
Tú eres un guardián como yo.” Serlet escuchó una voz en el aire y frunció el ceño ligeramente.
“¿Quién está hablando?” murmuró.
Entonces, de la semilla de Paltio surgió un holograma proyectado, revelando la figura de Golden.
“Golden,” dijo Serlet, reconociendo al holograma.
“Entonces es cierto lo que decían.
Estabas dentro de la semilla de un niño, ¿eh?” “Exacto,” respondió Golden sin rodeos.
“Y déjame decirte algo: tú no eres un ser divino ni nada de eso.
Eres simplemente un guardián como yo.
Eres Krasper.” “¿Eh?
¿Krasper?” exclamaron todos al unísono, mirando alternativamente a Serlet y al holograma de Golden.
“¡Ah!” dijo Serlet con una leve sonrisa.
“Así que los rumores eran ciertos.
Qué interesante.” “Acerté.
Pasar por un dios es lo menos que podías hacer, sucia iguana,” dijo Golden con una mezcla de burla y reproche en su voz.
“¿Y quién te contó de mi estado?” “Bien, yo no me hice pasar por ningún dios,” respondió Krasper con calma, ignorando el insulto.
“Solo vi la oportunidad de ayudar a los seres vivos.
Pero tenía miedo… Avocios dijo que no interviniéramos sin su permiso.
Sin embargo, al ver los problemas, no dudé en tomar esa forma.” Sonrió ligeramente antes de continuar: “Luego, los habitantes me llamaron Serlet.
Me pareció un nombre adecuado, así que decidí quedármelo.
En cuanto a lo otro, Silver me lo dijo.” Al mencionar a Silver, Krasper se quitó el casco, revelando un rostro impresionante.
Era un dragón humanoide de facciones elegantes, con ojos rojos brillantes como brasas, piel de un tono pardo cubierta de escamas relucientes y un cabello largo y lila que caía como una cascada sobre sus hombros.
Su apariencia era majestuosa, casi hipnotizante, y todos los presentes se quedaron en silencio al contemplarlo.
“Nada de eso,” gruñó Golden, cruzándose de brazos con evidente molestia.
“Ese tonto perro rabioso me las va a pagar por andar esparciendo chismes.” “No te enojes,” intentó calmarlo Krasper, levantando una mano en señal de paz.
“Silver solo estaba tratando de ayudar.” “Vaya, así que tú también eres uno de los guardianes de Avocios,” interrumpió Paltio, desviando hábilmente el tema para evitar más tensión.
“¿Qué hacías ahí abajo?” Krasper suspiró antes de responder.
“Pues verás, fue algo tonto de mi parte…
Caí en una trampa.
Vi una pequeña cría de iguana herida y bajé a curarla.
Decidí construir una especie de cabaña para otros animales que estaban lastimados.
Pero me descuidé por un momento, y entonces ocurrió: unas raíces me atraparon y comenzaron a absorber mi poder.
Parece que ese Treelion se alimentaba de la energía de otros seres para crecer.
Por eso no se movía de este lugar; atraía a cualquiera que pasara cerca.
Esas esporas y las esferas que usaba inhibían mis habilidades.
No podía hacer nada.” “Tonto,” espetó Golden con desdén.
“Cómo te dejas vencer tan fácilmente.” “Lo dice el que está atrapado en una semilla,” replicó Krasper con una sonrisa traviesa.
“¡No es lo mismo!” protestó Golden, cruzándose aún más fuerte de brazos.
“Mi señor Serlet, no importa lo que digan,” intervino Lucca con devoción.
“Usted siempre será nuestro señor Serlet, el que nos ayudó contra esa bestia.” “Tranquilo, muchacho,” respondió Krasper con una risa ligera.
“Solo llámame como todos: Krasper.” “Krasper,” preguntó Paltio, frunciendo el ceño ligeramente, “¿qué le hiciste a Rykaru?
¿Por qué se transformó en… esa cosa?” Krasper inclinó la cabeza, pensativo.
“Ah, bueno, ese pequeño Domadoin tiene afinidad con lo que soy yo: un reptil.
Vi la posibilidad de que pudiera evolucionar.
Aunque Rykaru ya estaba listo, solo necesitaba un empujoncito.” “Un momento… ¿ese es Rykaru?” exclamó Lukeandria, sorprendida al despertar y observar al pequeño.
“Sí,” respondió Rykaru con una sonrisa tímida, colocándose una mano en la espalda.
“Un reptil…
Entonces, ¿tú sabes lo que es el pequeño Rykaru?” preguntó Paltio, mirando a Krasper con curiosidad.
“En efecto,” respondió Krasper, sus ojos rojos brillando con un destello travieso mientras sonreía pícaramente.
“Pero pensé que ese sabelotodo te lo había dicho.” “Hay cosas que no sé,” replicó Golden, girándose ofendido por el comentario de su compañero.
Su tono era cortante, pero se notaba que el insulto le había tocado una fibra sensible.
Paltio intervino para calmar la tensión.
“Un mercader me dio ese huevo en el que estaba Rykaru.
Pero, en realidad, fue Avocios quien guio todo para que llegara a mis manos.” “Ah, ya entiendo,” dijo Krasper asintiendo lentamente.
“Es por eso que Avocios me pidió una vez que preparara un huevo de esta especie.
Son criaturas muy raras de encontrar, pero extremadamente valiosas si las entrenas y comprendes.” “Interesante,” comentó Lukeandria, interrumpiendo con un brillo de curiosidad en los ojos.
“Pero, en realidad, ¿qué es?” “Pues, como ya dije, es una especie reptiliana,” explicó Krasper con paciencia.
“Pero su verdadero potencial lo tendrás que descubrir ustedes.” “Eso quiere decir que Rykaru puede evolucionar más, ¿verdad?
¡Como me dijiste al momento de mi cambio!” exclamó Rykaru emocionado, dando pequeños saltitos.
“¡Ya quiero hacerlo!” “Si es posible, pequeño,” respondió Krasper con una sonrisa indulgente.
“Quién sabe…
Aunque solo he visto Domadoin de tu tamaño.
Son animales exclusivos que suelen esconderse en lugares inhóspitos.
Pero eso no pasará pronto.
Además,” añadió, mirando al pequeño con una ceja levantada, “debes comer.” En ese preciso instante, el estómago de Rykaru rugió tan fuerte que todos estallaron en carcajadas.
Decidieron detenerse a comer, y mientras compartían alimentos, Lucca seguía adorando a Krasper sin disimulo.
“El Domadoin, ¿eh?” murmuró Krasper pensativo, observando a Paltio.
“¿Por qué se lo dio a este muchacho?”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com