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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 105

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  4. Capítulo 105 - 105 Meloc Vuelve
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105: Meloc Vuelve 105: Meloc Vuelve “No puedo creerlo…

¿Crees que funcione el sigilo y la desaparición que me enseñaste?” preguntó Lukeandria en un susurro apenas audible.

“Naturalmente, querida.

Yo soy un buen maestro.

Claro que sí,” respondió Lume con calma, su voz resonando en la mente de Lukeandria como una brisa tranquilizadora.

Ella llegó al tanque principal, el más grande de los tres vehículos.

Al ingresar, descubrió un laboratorio impresionante, lleno de informes esparcidos sobre una mesa.

Decidió leerlos rápidamente, consciente de la importancia de la información que podrían contener.

“Golden, ¿puedes copiarme?

Sé que estás por ahí escuchando,” dijo Lukeandria, cerrando los ojos para concentrarse.

“¿Aquí estoy?

¿Qué se ofrece?” respondió Golden telepáticamente, su voz mental sonando firme pero distante.

“Puedes grabar de mi memoria todos estos documentos para que puedas analizarlos y saber de qué tratan,” explicó Lukeandria, mientras pasaba cuidadosamente cada página.

“Claro,” respondió Golden, comenzando a acceder a lo que la mente de Lukeandria le transmitía.

Juntos revisaron cada carpeta y documento que encontraban, hasta que un ruido los alertó.

“Vaya, vaya…

Esto es oro puro,” murmuró Meloc con entusiasmo, entrando al laboratorio.

“Ese Treelion que plantaron fue excelente, y esta tierra que dejó es el componente que necesitaba.

Al parecer, se nutría de toda esta energía.

Si logro replicarla, el señor Tertrol estará encantado con este hallazgo.” Meloc cogió una caracola comunicadora y la activó.

“Señor, pronto tendremos lo que necesitamos para el arma secreta,” anunció con orgullo.

“Bien hecho, muy bien, mi querido científico Meloc,” respondió la voz de Tertrol desde la caracola, cargada de satisfacción.

“Gracias, señor,” respondió Meloc inclinando ligeramente la cabeza.

“No como esos ineptos de los Spelectrums.

Eso me pasa por jugar con esos tontos espíritus inútiles,” gruñó Tertrol, visiblemente molesto.

“Se lo dije, señor.

Esas cosas no sirven.

Son entes inútiles, y por eso fueron vencidos y regresados al collar del ritual,” añadió Meloc con desdén.

“Sí, lo sé.

No tienes que repetírmelo.

Además, recuerda que yo te recuperé de ese estado,” le recordó Tertrol, su tono oscilando entre la advertencia y el orgullo.

“Lo sé, señor.

Todo por culpa de ese maldito príncipe Paltio.

Si lo encuentro, lo mato,” siseó Meloc con rabia contenida.

“No puedes hacer nada aún, Meloc,” lo interrumpió Tertrol con frialdad.

“Según mis fuentes, dondequiera que va, deja desastres y destrucción.

Los otros líderes de las sombras ya han sentido esos estragos en su camino.

Solo falta la última parte del cetro.

Una vez tengamos eso, le pediremos a Tejod que nos lo entregue como regalo, y luego haremos lo que queramos con ese príncipe entrometido.” “Excelente, señor,” respondió Meloc, soltando una risa maliciosa que resonó junto con la de Tertrol al otro lado de la línea.

“Bien, Meloc.

Apresúrate con esto.

Con el arma definitiva, podremos vencer incluso al tonto de Tejod,” ordenó Tertrol antes de colgar.

“Sí, mi señor,” respondió Meloc, guardando la caracola.

“Y, Meloc…

Que no te vean ninguno de los otros líderes de las facciones de la sombra.

¿Quedó claro?” advirtió Tertrol antes de finalizar la comunicación.

“Sí, todo claro, señor,” confirmó Meloc, ajustándose los guantes mientras se dirigía hacia un grupo de científicos.

Juntos ingresaron a un laboratorio dentro del tanque colosal, que parecía una enorme estación casi como una especie de casa por dentro.

Recordaba vagamente al Ciertarias del profesor Kuang, aunque con una diferencia notable: por fuera, el vehículo estaba equipado con armamento pesado, como un cañón y una especie de ametralladora, listos para el combate.

“Lo sabía…

Ese maldito Tertrol está conspirando contra Tejod,” murmuró Lukeandria a Lume desde su escondite, con una mezcla de preocupación y astucia en su voz.

“Bueno, eso puede ser algo bueno y jugar a nuestro favor.” “Bien, será mejor que nos vayamos,” indicó Lukeandria finalmente, saliendo sigilosamente del laboratorio.

Al llegar a lo que parecía una rendija, notó que el tanque comenzaba a moverse.

Sin pensarlo dos veces, corrió con todas sus fuerzas y, al salir, se aferró a una rama de un árbol que estaba a punto de caerse.

Lukeandria regresó con los demás después de asegurarse de que los enormes tanques se habían alejado de la zona y no había peligro inminente.

Les contó todo lo que había escuchado y visto dentro del laboratorio.

Todos se quedaron pensativos ante la revelación.

¿Qué era esa arma secreta que estaban construyendo?

¿Por qué se habían llevado toda la tierra donde estaba plantado el Treelion?

“No lo sé,” reflexionó Mok, acariciándose la barbilla.

“Pero seguramente algo del poder que absorbió de Krasper debió haber quedado ahí embebido, generando una fuente de energía.

Eso pienso yo.” “Sí, puede que sea cierto,” añadió Paltio, pero su tono denotaba frustración.

“Pero ¿qué podemos hacer?

No sabemos nada sobre esa arma, y sin poder leerles la mente, estamos a ciegas.” “Lo mejor que podemos hacer por ahora, señorito Paltio, es ir por la última pieza del cetro y entrenar,” sugirió Mok con calma.

“Recuerde que faltan solo dos días más para llegar si utilizamos este camino.” “¿Cómo sabes eso, Mok?” preguntó Paltio, sorprendido.

“Pues porque yo se lo dije.

Por eso vinimos por aquí,” respondió Lucca con orgullo, ajustando su casco.

“Sí, pero ahora que hice memoria, me acuerdo de este lugar.

Después de todo, este fue el camino que tomé al irme del reino en el que vivía,” explicó Mok con un toque de nostalgia en su voz.

“Así que eres un ciudadano de Reedalia…

Interesante,” comentó Lucca, mirándolo con curiosidad.

“Sí, alguna vez lo fui.

Pero ahora soy de Avocadalia,” respondió el mayordomo con una mezcla de tristeza y cariño en su voz, como si recordara un pasado que ya no podía recuperar.

Paltio observó a Mok con cierta sorpresa al verlo de ese modo.

Era evidente que el mayordomo guardaba recuerdos profundos y dolorosos.

“Bien, será mejor que regresen a entrenar,” dijo Mok finalmente, desviando la conversación hacia temas prácticos.

“Sí, está bien,” respondió Paltio, asintiendo con decisión.

Paltio y Lukeandria volvieron a sus respectivos planos de entrenamiento, mientras Geki, el pequeño gecko morado, acompañaba a Mok para enseñarle técnicas de defensa.

“Bien, señor mayordomo, será mejor que usted también vaya,” dijo Geki con dulzura.

“Si voy a prestar mi ayuda, debe saber cómo funcionan mis poderes de apoyo en el combate.” Al principio, Mok dudó.

Dejar a Paltio y a los demás sin resguardo podría ser peligroso.

Sin embargo, Lucca intervino: “No te preocupes, yo me encargaré de cuidarlos.

Claro, estarás solo en el viaje hasta llegar a Reedalia, pero no creo que eso sea un problema.” Finalmente, todos se prepararon para entrenar.

Todos menos Lucca, quien se ofreció a maniobrar el carruaje.

El destino seguía siendo Reedalia, y el tiempo apremiaba.

“Faltan ocho días para que finalice el plazo de Tejod,” pensó Lucca mientras guiaba el carruaje bajo la luz de la luna, con determinación en su mirada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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