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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 107

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107: El Inicio de la Oscuridad (1) 107: El Inicio de la Oscuridad (1) Era un mundo tranquilo, lleno de alegría, donde los animales vivían en perfecta armonía.

Tejones, comadrejas, hámsteres, ratas, ratones, zarigüeyas, vizcachas e incluso cuyes coexistían pacíficamente.

Algunos trabajaban arduamente, otros simplemente disfrutaban de la vida.

Sin embargo, entre ellos había un pequeño tejón al que todos en la comunidad rechazaban.

Su apariencia peculiar y su manera de ver el mundo lo hacían destacar, pero no de una forma positiva.

Los demás lo veían como alguien extraño, alguien diferente.

El joven tejón sentía una profunda tristeza en su corazón.

Nadie quería jugar con él ni escuchar sus ideas.

En su mente, soñaba con grandezas, conceptos que los demás no podían comprender.

Aunque no hablaba, su mente era un torbellino de pensamientos creativos, visiones que lo llevaban a imaginar cosas más allá de lo que los demás consideraban posible.

Pero esa misma diferencia lo aislaba.

Finalmente, decidió emprender un viaje solo.

Abandonaría su pueblo natal, ese lugar donde siempre se sintió fuera de lugar.

Con determinación silenciosa, partió hacia lo desconocido, dejando atrás las miradas críticas y los corazones cerrados.

Un día, mientras exploraba un bosque cercano, el joven tejón observó algo inusual en el cielo.

Una gran esfera brillante descendía velozmente, dejando tras de sí un rastro incandescente que iluminaba los árboles como si fuera mediodía.

Aunque parecía un meteoro, había algo en su trayectoria que lo hacía diferente, casi deliberada.

La curiosidad invadió al pequeño tejón.

Siempre había sido un ser fascinado por lo extraño, y aquella visión despertó en él una mezcla de asombro y temor reverencial.

Sin pensarlo dos veces, echó a correr hacia el lugar donde la esfera había impactado.

Sus pequeñas patas golpeaban el suelo cubierto de hojas secas, mientras su corazón latía con fuerza, anticipando lo desconocido.

Al llegar, se encontró frente a una roca de color oscuro que emanaba un aura misteriosa.

Su superficie era irregular, como si hubiera sido forjada en las profundidades del cosmos, y parecía vibrar con una energía contenida que hacía crujir el aire a su alrededor.

De pronto, la piedra comenzó a partirse y desquebrajarse con un sonido agudo, como el vidrio al romperse.

De su interior surgió un humo gris denso que rápidamente envolvió toda el área, bloqueando la luz del sol y sumiendo el lugar en una penumbra opresiva.

El pequeño tejón quedó paralizado, sus ojos abiertos de par en par mientras trataban de comprender lo que estaba sucediendo.

Su cuerpo temblaba ligeramente, pero no de miedo, sino de una mezcla de asombro y expectativa.

Fue entonces cuando una voz grave y siniestra resonó en su mente, profunda como un eco en una caverna infinita.

Cada palabra parecía vibrar dentro de su cráneo, cargada de una autoridad que no dejaba espacio para la duda.

“¿Qué pasa?

¿No hablas?” preguntó la voz, cargada de una autoridad intimidante.

El tejón solo pudo emitir chillidos nerviosos, incapaz de responder.

“Ya veo…

Eres inteligente, pero no sabes comunicarte.

Solo puedo leer tu mente.” De repente, una figura emergió del humo.

Era un ser gigantesco, envuelto en sombras densas.

Solo se distinguían unos colmillos afilados y unos ojos rojos brillantes que parecían perforar el alma del tejón.

Su presencia era abrumadora, diseñada para inspirar temor.

Sin embargo, el pequeño tejón no retrocedió ni mostró señal de miedo.

“Veo que no eres como los demás seres que he observado mientras sobrevolaba este planeta,” dijo la voz, con un tono casi impresionado.

“Y también veo que no me tienes miedo.

Muy bien, entonces te otorgaré el don del habla, además de poderes extraordinarios.

A cambio, serás mi siervo perpetuo.” El tejón no entendía completamente lo que estaba ocurriendo, pero antes de que pudiera procesar las palabras, su cuerpo comenzó a cambiar.

Fue elevado en el aire mientras su pequeño cuerpo empezó a alargarse y crecer.

Chillidos de dolor escaparon de su garganta mientras su forma se transformaba.

Su piel cobró un tono marrón oscuro, sus ojos se encendieron con un brillo rojo intenso, y su tamaño aumentó hasta convertirse en un colosal tejón humanoide, un gigante monstruoso con una fuerza descomunal.

Cuando el proceso terminó, el tejón finalmente habló.

Su voz era profunda y resonante, muy diferente de los chillidos que alguna vez lo definieron.

“Muchas gracias, señor, por este regalo,” dijo con reverencia.

“Le seré leal hasta el final de mis días.” La sombra amenazante se inclinó hacia el recién transformado tejón humanoide, su voz resonando como un eco eterno en la mente del colosal ser.

“Desde ahora te llamarás Tejod, y yo seré tu amo me conocerás como: Urugas.” El gigantesco tejón inclinó su cabeza con reverencia, escuchando atentamente las palabras de su nuevo señor.

Urugas continuó con un tono frío y calculador.

“Por ahora no puedo acompañarte.

Estoy guardando mis fuerzas después de mi enfrentamiento con unos entes cósmicos.

Creo que uno de ellos aún está en este planeta… Quizá empiece vengándome de él.

Pero no temas, te dejaré a estas siete fuerzas que te apoyarán en mi ausencia.” De las sombras que rodeaban a Urugas emergieron siete figuras encapuchadas, completamente cubiertas por trajes negros que ocultaban sus rostros.

Su presencia era inquietante, como si fueran extensiones vivientes de las tinieblas mismas.

“Ellas son el Consejo de Sombras,” anunció Urugas con solemnidad.

“Te ayudarán mientras descanso, pero también les reportarás todo lo que hagas.” “Señor Urugas,” respondió Tejod con una voz profunda y llena de lealtad, “pídame lo que quiera, y yo lo haré.

Como le dije antes, lo serviré hasta el fin.” Urugas sonrió, aunque su expresión quedaba oculta entre las sombras.

“Muy interesante…

Desde antes de tu transformación, podía leer tus pensamientos.

Querías comprender las cosas, saber más, explorar lo desconocido.

No tenías miedo a nada.” Hizo una pausa, como si estuviera reflexionando sobre algo.

“Me pregunto…

¿Por qué el ente cósmico no les dio habla a los animales en este mundo, pero sí a las frutas y verduras?

Bueno, no importa.

Tengo otros planes en mente.” El señor de las sombras extendió una mano hacia Tejod, señalando el horizonte con un gesto imponente.

Sus dedos largos y afilados parecían cortar el aire mismo, mientras su figura envuelta en tinieblas proyectaba una sombra que se alargaba más allá de lo imaginable.

“Ve, mi pequeño tejón,” dijo Urugas, su voz resonando como un eco eterno que vibraba en cada fibra del ser de Tejod.

“Nútrete y crece en tu poder.

Luego te diré cuál será tu próxima tarea.” Las palabras de Urugas eran una mezcla de promesa y advertencia, cargadas de un peso que Tejod sentía profundamente en su pecho.

El colosal tejón humanoide inclinó la cabeza con reverencia, sus ojos rojos brillando con determinación bajo la luz tenue.

Sabía que su camino apenas comenzaba, pero también entendía que no había vuelta atrás.

La oscuridad que ahora fluía por sus venas exigía obediencia absoluta.

Mientras observaba el horizonte señalado por su amo, Tejod sintió cómo su cuerpo respondía instintivamente a la llamada de las sombras.

Una energía fría y palpitante recorría sus extremidades, como si estuviera conectado a algo mucho más grande que él mismo.

Era un poder que lo aterraba y emocionaba al mismo tiempo, una fuerza que prometía transformarlo en algo más allá de lo que cualquier ser vivo podría imaginar.

Con pasos lentos pero decididos, Tejod comenzó a avanzar hacia el destino que Urugas le había trazado.

Atrás quedaban los recuerdos de su antigua vida; adelante, solo había oscuridad y posibilidades infinitas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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