Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 108

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  4. Capítulo 108 - 108 El Inicio de la Oscuridad 2
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

108: El Inicio de la Oscuridad (2) 108: El Inicio de la Oscuridad (2) Con el paso del tiempo, Tejod comenzó a aprender los usos de la magia bajo la tutela del Consejo de Sombras.

Cada día, su poder crecía exponencialmente, como una hoguera alimentada por vientos implacables.

Las enseñanzas del consejo eran rigurosas y exigentes, pero Tejod las absorbía con una sed insaciable.

Su comprensión de las fuerzas oscuras se volvió más profunda, casi instintiva, como si las sombras mismas le susurraran secretos antiguos al oído.

Finalmente, después de dominar todo lo que el consejo tenía para ofrecerle, sintió que había llegado el momento de regresar a su pueblo natal.

Antes de partir, Tejod consultó a su amo, Urugas.

Arrodillándose ante la presencia envuelta en tinieblas, levantó la mirada con determinación y preguntó con voz firme: “¿Qué deseas que haga?” Urugas respondió sin vacilar, su voz resonando como un trueno en la mente de Tejod.

“Forma un gran ejército.

Destruye el equilibrio de este mundo.

Acaba con la paz y trae el caos absoluto.

Oscurece este lugar y conviértelo en un reino de sombras, preparándolo para mi llegada.” Cada palabra de Urugas era un mandato inquebrantable, cargado de una autoridad que no dejaba espacio para la duda.

Tejod inclinó aún más la cabeza, su cuerpo colosal proyectando una sombra que parecía devorar la luz a su alrededor.

Sabía que esta misión no sería fácil, pero también entendía que no había alternativa.

La oscuridad que ahora corría por sus venas exigía obediencia absoluta, y el destino del mundo estaba en sus garras.

Con una mezcla de reverencia y resolución, Tejod se preparó para cumplir la voluntad de su amo.

El camino hacia el caos absoluto comenzaba ahora.

Tejod asintió con determinación.

Con su cuerpo colosal y su magia recién adquirida, regresó al pueblo donde alguna vez había sido rechazado.

Al llegar, su mirada fría y calculadora recorrió el lugar.

Los animales seguían viviendo felices, holgazaneando sin preocuparse por lo que los rodeaba.

En ese momento, Tejod sintió una mezcla de desprecio y satisfacción.

Había llegado el momento de cambiarlo todo.

Levantó su mirada hacia los habitantes del pueblo, quienes lo observaron con temor al ver su nueva forma imponente.

Sin decir una palabra, comenzó a usar su magia.

Ondas de energía oscura emanaron de sus manos, envolviendo a todos los presentes.

Sus cuerpos se retorcieron y deformaron mientras gritaban de dolor, algunos incapaces de soportar el proceso y pereciendo en el intento.

Los que sobrevivieron fueron transformados en criaturas sombrías, seres que juraron lealtad tanto a Tejod como a su dios Urugas.

Solo cinco tejones destacaron entre los demás.

Tejod los seleccionó personalmente, forzándolos a competir entre ellos hasta que solo quedaron estos cinco.

Serían los líderes de su ejército en formación.

Las demás razas —hámsteres, comadrejas, ratas, ratones, zarigüeyas, vizcachas y cuyes— se convirtieron en generales y comandantes, cada uno asignado a diferentes roles dentro de la estructura militar.

Aquellos que no mostraron aptitudes para el combate fueron relegados a tareas de construcción, administración y otras labores necesarias para sostener el nuevo orden.

Así nació el Reino de Tehtra, un lugar donde la luz y la alegría habían sido extinguidas, reemplazadas por sombras y servidumbre.

Una vez que Tejod tuvo a su fuerza selecta bajo su control, él y su ejército partieron hacia diversos territorios, conquistando pueblos vecinos habitados por humanoides.

Entre ellos estaban las razas de fresas y cerezas, quienes ya poseían formas avanzadas y una estructura organizada.

Sin embargo, eso no los salvó ser conquistados por Tejod, les dio unas antorchas con llama azul señal de que ahora le servían a él y Urugas.

A estas tropas las llamó las Sombras Rojas, una fuerza devastadora cuya misión era sembrar el caos allá donde pisaran.

Una vez que Tejod tuvo a su fuerza selecta bajo su mando, él y su ejército se lanzaron a conquistar diversos territorios, expandiendo su dominio sobre pueblos vecinos habitados por humanoides.

Entre ellos estaban las razas de fresas y cerezas, quienes ya poseían formas avanzadas y una estructura organizada.

Sin embargo, eso no los salvó del designio de Tejod.

Decidió darles la oportunidad de perecer o ser reclutados como parte de su ejército, al aceptar les otorgándo un poder especial: el fuego azul, una llama mágica que consumía tanto la luz como la esperanza.

A estas tropas las llamó las Sombras Rojas, una fuerza devastadora cuya misión era sembrar el caos allá donde pisaran.

Tejod repitió este proceso con cada uno de sus líderes, asignándoles una raza distinta y confiándoles el control de una facción específica.

Cada facción recibió un color distintivo y un tipo de fuego mágico opuesto a su tonalidad, creando un equilibrio simbólico en su sistema de poder.

Así: Las Sombras Azules (arándanos) portaban fuego rojo, un contraste vibrante que representaba su ferocidad.

Las Sombras Verdes (yaca) desprendían llamas amarillas, un recordatorio de su capacidad para adaptarse y sobrevivir.

Las Sombras Amarillas (durian) controlaban fuego verde, un símbolo de su conexión con la naturaleza corrompida.

Las Sombras Rojas (fresas y cerezas) dominaban llamas azules, un homenaje al frío implacable de su disciplina.

Las Sombras Purpuras (aceitunas) poseían fuego negro, una paradoja que reflejaba su papel como la élite más letal.

Finalmente, las Sombras Negras (moras) llevaban llamas moradas, un espectáculo hipnótico que evocaba misterio y destrucción absoluta.

Estas tropas eran las más temidas, conocidas por su crueldad y su habilidad para extinguir cualquier atisbo de resistencia.

Cada facción tenía una función específica dentro de la horda creciente, y todas compartían un mismo objetivo: expandir las sombras hasta que no quedara ni un rincón de luz en el mundo.

Los líderes de Tejod supervisaban estas divisiones con mano firme, asegurándose de que cada grupo cumpliera su propósito en la maquinaria bélica.

Con esta estructura meticulosamente diseñada, Tejod consolidó su poder y comenzó a tejer una red de oscuridad que pronto cubriría todo el mundo conocido.

El caos reinó en una región desconocida para los avocados, tierras inexploradas que pronto fueron consumidas por la oscuridad.

Con cada paso de Tejod, la tierra perdía su color, como si la vida misma fuera arrancada de ella.

Nada estaba a salvo: aquellos que sucumbían ante él se convertían en soldados de su horda, mientras que los que desafiaban perecían sin compasión.

El mundo, poco a poco, se sumía en una noche eterna.

“¡Tejod, Tejod!” resonó una voz amenazante y aterradora en la mente del colosal tejón humanoide.

“¡Despierta de una vez, mi más leal soldado!” Tejod emergió abruptamente de un sueño profundo, uno que lo había transportado al pasado, cuando era solo un pequeño tejón rechazado por su comunidad.

Sacudió su cabeza, despejando los recuerdos que amenazaban con distraerlo.

“Sí, dígame, señor,” respondió con reverencia, inclinando su cuerpo masivo hacia la fuente de la voz.

“¿Cómo va todo?

¿Ya encontraste la forma de hacerme regresar?” preguntó Urugas desde las sombras, su tono cargado de impaciencia, pero también de expectativa.

“Sí, señor.

Muy pronto.

Ya no falta nada.

Su oscuro ser regresará, y este mundo será completamente suyo,” aseguró Tejod, su voz firme y llena de devoción.

“Excelente,” respondió Urugas, soltando una carcajada que resonó como un trueno en la oscuridad.

Su risa era escalofriante, un eco que parecía vibrar en cada fibra del ser de Tejod, llenándolo de una mezcla de temor y orgullo.

Sabía que su misión estaba a punto de alcanzar su clímax, y que el destino del mundo estaba en sus garras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo