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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 109

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109: Que Hay Detrás de La Puerta 109: Que Hay Detrás de La Puerta “Vaya…

Así es como inició todo,” preguntó Chiro a Meloc, quien le había relatado el origen de las sombras con una mezcla de reverencia y cinismo.

“Así es,” respondió Meloc, ajustando sus gafas mientras miraba al joven hámster humanoide con una expresión calculadora.

“Según lo que me han instruido desde que formé parte de este equipo, y según la historia que cuentan los siete del Comité de las Sombras, fue Urugas quien nos sacó de nuestra miseria.” Hizo una pausa, como si saboreara cada palabra antes de continuar.

“Claro, hay cosas que resumí, pero, en síntesis, así es la cosa: con nuestra ayuda, el señor Urugas regresará de su prisión.

Todo esto ocurrió por culpa de Avocios y sus guardianes, quienes lo encerraron tras una batalla épica por liberar este mundo.

Aunque ganamos la guerra, nuestro señor sigue encerrado, esperando el momento para volver y mostrarnos su verdadero ser.

Todos aguardamos ese día con ansias.” Chiro frunció el ceño, procesando la información.

Luego, con un tono dubitativo, preguntó: “Pero entonces, ¿por qué quieren acabar con Tejod?

Si todos son sirvientes de las sombras y del mismo amo…” Meloc soltó una risa seca, cargada de desdén.

“Tejod es un inepto.

Se ha vuelto débil con el pasar del tiempo.

Es por eso que Tertrol quiere ser el nuevo soberano de las sombras.” Su voz adoptó un tono más venenoso mientras continuaba: “Y yo también odio a ese ególatra de Tejod.

Siempre nos aplasta y nos envía como carne de cañón.

En cambio, con el señor Tertrol, todo será diferente.

Además…” Meloc hizo una pausa dramática, mirando hacia el horizonte como si recordara algo doloroso.

“Fue Tejod quien causó que fuéramos convertidos casi en los llamados ‘humanos’.

Antes solo éramos un pueblo de roedores tranquilos, viviendo en paz, hasta que él nos transformó en esta pesadilla.” Chiro asintió lentamente, aunque aún no estaba seguro de si traicionar a Tejod sería la decisión correcta.

“Creo que logro entender su punto y su ira enfocada hacia Tejod,” respondió, tratando de ocultar su nerviosismo.

Meloc lo miró fijamente, sus ojos brillando con una mezcla de amenaza y advertencia.

“Piensa bien tus movimientos, muchacho.

Tendrás que decidir a qué bando pertenecer cuando llegue el momento, pero no te demores mucho.

Las cosas del cambio ya se acercan, y no querrías estar en el bando equivocado.” Su voz era baja pero cargada de intención, y su mirada malévola parecía perforar el alma de Chiro.

“Sí,” respondió Chiro, tragando saliva con dificultad mientras volvía al trabajo, sintiendo cómo el peso de la situación crecía sobre sus hombros.

Finalmente, llegaron al lugar donde crecía el Treelion, una planta mágica cuyas partículas eran esenciales para sus planes.

Recogieron muestras del suelo, asegurándose de no dejar rastro alguno de su presencia.

Por suerte, lograron evitar encontrarse con nuestros héroes que se encontraban en la zona, aunque el equipo de Paltio estuvo a punto de ser descubiertos en varias ocasiones.

Al subir al tanque y salir del bosque, Chiro pensó que regresarían directamente al reino de Hassdalia.

Sin embargo, Meloc tenía otros planes.

“No vamos a regresar todavía.

Hay cosas que hacer,” dijo con un tono autoritario mientras señalaba un camino alternativo.

Bajaron por un valle cubierto de neblina densa, donde una especie de apertura en el suelo se reveló ante ellos.

Era un pasaje subterráneo que se abrió automáticamente, como si los hubiera estado esperando.

Entraron al lugar, deteniéndose en una especie de estacionamiento subterráneo iluminado por luces tenues de color rojo oscuro.

Meloc, Chiro y un puñado de soldados salieron del tanque, sus pasos resonando en el eco del lugar.

Al bajar, se encontraron con un sujeto que vestía una armadura oscura reluciente, con una insignia plateada en el hombro y una capa oscura que ondeaba detrás de él.

Cuando se quitó el casco, reveló el rostro de una ardilla humanoide, cuyos ojos afilados parecían escanear cada movimiento de los recién llegados.

“Vaya, vaya…

Si es Meloc.

Pensé que estabas fuera de combate,” dijo la ardilla con un cabello rojo intenso, cuya voz destilaba una mezcla de sorpresa y burla.

“Ah, no comas ansias, mi querido Ribras.

Aún sigo con vida, y hoy más que nunca,” respondió Meloc con una sonrisa fingida, ajustando sus gafas mientras trataba de ocultar su incomodidad.

“Así parece,” replicó Ribras, cruzándose de brazos y mirando a Meloc con una expresión cargada de sarcasmo.

“¿Quién es ese señor?” preguntó Chiro en un susurro, inclinándose hacia Meloc.

“¡Ah!

Él es uno de los comandantes y científico líder de una de las facciones de la Sombra Negra,” explicó Meloc sin apartar la vista de Ribras.

“Oye, ¿y quién es ese que está a tu lado?

¿Es tu nuevo guardaespaldas acaso?” preguntó Ribras con una sonrisa burlona, señalando a Chiro mientras arqueaba una ceja.

Meloc soltó una risa forzada, tratando de disimular su incomodidad ante el comentario mordaz de Ribras.

“No, no es mi guardaespaldas,” respondió con un tono seco, ajustándose las gafas como si quisiera ganar tiempo para pensar en una respuesta más contundente.

“¡Eh!

Este muchacho es mi nueva mano derecha.

Se llama Chiro,” interrumpió Meloc rápidamente, como si quisiera evitar que Ribras se adelantara.

Chiro, nervioso, extendió una mano temblorosa hacia Ribras y dijo con voz insegura: “Encantado, señor.” Ribras lo miró de arriba abajo y respondió con un tono cargado de ironía: “Suerte, muchacho.” Sus palabras parecían flotar en el aire, dejando una sensación incómoda entre los presentes.

“Bien, ya basta de tantas tonterías.

Es momento de hacer lo nuestro,” intervino Meloc con impaciencia, cambiando abruptamente de tema.

“Dime, ¿cómo está nuestro invitado?” “Nuestro invitado está bien.

Y bueno, está custodiado por nosotros.

Duerme plácidamente gracias a que inhibimos sus poderes,” respondió Ribras, su tono ahora más serio.

“Eso pensé.

Naturalmente, mis inventos son muy sofisticados y buenos, lo mejor que hay en este mundo.

No como la tontería de RUBY,” declaró Meloc con arrogancia.

“¡Ah!

Bueno, dirás ‘nuestros’.

Yo también ayudé,” señaló Ribras, levantando una ceja.

“Sí, sí… Como sea,” minimizó Meloc, restándole importancia a la participación de Ribras.

“Y hablando de esa tal inteligencia artificial, RUBY…

Tienes razón, esa cosa fue destruida recientemente.

Pobres de la Sombra Verde; se creyeron eruditos y salieron perdiendo por poner su fe en una máquina,” se mofó Ribras, soltando una risa seca.

“Sí, esos tontos debieron desaparecer hace mucho,” indicó Meloc, compartiendo una mirada cómplice con Ribras.

Mientras tanto, Chiro estaba perdido en sus pensamientos.

No entendía del todo de qué estaban hablando este par ni quién era el prisionero al que se referían.

Sin embargo, su curiosidad científica comenzaba a ganar terreno.

Quería saber quién estaba atrapado y qué había detrás de esa puerta gigante que Ribras acababa de señalar.

“Bien, síganme,” ordenó Ribras, dándose la vuelta e ingresando por una puerta monumental que se abrió con un chirrido metálico.

Meloc se acercó a Chiro, bajando la voz para que solo él pudiera escucharlo.

“Creo que te está matando de ganas saber qué hay detrás de esa puerta, ¿eh, muchacho?

Bueno, si quieres saberlo, debes responder a la pregunta que te hice antes: ¿vas a ser parte de la nueva orden de sombras?

Incluso, déjame decirte algo más para que te den más ganas: las otras facciones de sombras también piensan en traicionar a Tejod.

Es por eso que trabajo con Ribras, claro, pero todo tiene que ser en perfil bajo.

Tejod puede sospechar.” Entonces, Meloc clavó su mirada en Chiro, su tono ahora severo y directo.

“Entonces, ¿estás con nosotros?” Chiro sintió cómo su corazón latía con fuerza.

Pensó que tendría más tiempo para decidir, pero ahora veía que no tenía escapatoria.

Además, la curiosidad le estaba ganando.

Quería saber qué había detrás de esa puerta, como cualquier científico que busca conocer cosas nuevas.

El muchacho se quedó pensando por unos instantes, su cara pálida mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas.

Su mente era un torbellino de dudas y temores.

Sabía que cualquier decisión que tomara lo colocaría en una posición peligrosa, pero no podía retroceder ahora.

“Vamos, muchacho, el tiempo se acaba…

Tic, tac, tic, tac…” le decía Meloc con impaciencia, imitando el sonido de un reloj con sus dedos mientras miraba fijamente a Chiro.

Cada “tic” parecía resonar como un eco en la cabeza del joven hámster humanoide.

Chiro respiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos.

¿Qué debo hacer?

Si digo que sí, traicionaré a Tejod, y si algo sale mal, me castigarán con la muerte.

Pero, por otro lado, si no lo hago, Tertrol también me castigará, y si logra apoderarse del puesto de Tejod, igualmente me matará.

Sin embargo…

quiero saber qué hay detrás de esa puerta.

La curiosidad científica luchaba contra el miedo a las consecuencias.

Sus manos temblaban ligeramente, y su respiración se volvió más rápida mientras sentía cómo el peso de la situación lo aplastaba.

“Y bien, muchacho, solo es una respuesta: ¿sí?

O ¿no?” dijo Meloc con un tono firme, inclinándose hacia él como si quisiera leer cada uno de sus pensamientos.

Sin más, Chiro soltó las palabras antes de que pudiera arrepentirse.

Un gran “¡Sí!” salió de su boca, resonando en el silencio tenso del lugar.

“Bien, entonces acompáñame,” respondió Meloc con una sonrisa satisfecha, girándose hacia la puerta que ya comenzaba a abrirse lentamente frente a ellos.

El sonido metálico de los goznes retumbó en el ambiente, creando una atmósfera cargada de expectativa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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