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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 113

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113: A Por Ellos 113: A Por Ellos Mientras Alita y Ron continuaban entrenando en sus respectivos espacios mentales, cada uno enfrentándose a sus propios desafíos internos, en el mundo real, Rodelos se ocupaba de poner a prueba a los cadetes rebeldes.

Su estilo de entrenamiento era inflexible, llevándolos al límite físico y mental.

Con cada golpe, cada técnica y cada movimiento, Rodelos dejaba claro que no aceptaría nada menos que lo mejor de ellos.

Los cadetes caían exhaustos uno tras otro, incapaces de mantenerse en pie ante la intensidad del ex rey de Avocadalia.

Sin embargo, había una excepción: Gikel, quien resistía estoicamente las exigencias del abuelo de Paltio.

“Bien, nada mal, Gikel,” reconoció Rodelos con un leve asentimiento, aunque su tono seguía siendo severo.

“Eres el único que puede soportar este entrenamiento tan intenso.” Gikel simplemente inclinó ligeramente la cabeza, como si quisiera evitar cualquier muestra excesiva de orgullo.

Sabía que aún quedaba mucho por mejorar.

“Otra vez entonces, muchacho,” ordenó Rodelos, señalando al centro del campo de entrenamiento.

Gikel obedeció sin dudarlo, moviéndose con determinación renovada.

Por otro lado, Ludra también intentaba participar en el combate, pero incluso ella, con todo su esfuerzo, no lograba igualar la fuerza y habilidad del ex rey.

A pesar de ello, su perseverancia era evidente, y sus compañeros la admiraban por no rendirse.

“Vamos, muchachos, espero más de ustedes,” exclamó Rodelos, mirando a los cadetes que yacían en el suelo, jadeando y sudando.

“Esto fue solo el calentamiento.

Recupérense, porque más tarde continuamos.” Ante estas palabras, los cadetes apenas pudieron emitir gruñidos de protesta, demasiado agotados para formular una respuesta coherente.

En otro lugar, Karpi y Kilibur estaban absortos en una investigación científica, tratando de entender cómo funcionaban los poderes de este último y si podían ser utilizados en contra de las sombras.

Paris, siempre curioso e impulsivo, interrumpió el silencio con una pregunta: “Oigan, ¿creen que si conectamos estas cosas funcione?” preguntó, señalando un conjunto de cables y dispositivos que parecían improvisados.

“Pues claro que sí,” respondió Chip, entusiasmado, mientras manipulaba algunos controles.

“¡Con eso va a hacer boom!” “¡Oigan, nada de explosiones!” intervino Karpi rápidamente, levantando las manos en señal de advertencia.

“Esta investigación es seria.

No podemos permitirnos errores.” “Ay, ¿en qué me metí?” murmuró Kilibur, observando con preocupación los cables que le habían colocado en los brazos y piernas.

“Debí haberme ido cuando pude.” Mientras tanto, el líder rebelde estaba inmerso en la revisión de planos estratégicos, evaluando cuidadosamente sus próximos movimientos.

Atacar Avocadolia no parecía ser la opción más sensata, ya que Tejod tenía toda su armada concentrada en el reino.

El riesgo era demasiado alto, y sabían que necesitaban algo más que fuerza bruta para enfrentarse a semejante poder.

Todos estaban sumergidos en sus respectivas tareas cuando, de repente, sintieron que la tierra comenzaba a temblar bajo sus pies.

Uno de los soldados gritó alarmado: “¡Terremoto!” “¿Pero no es para tanto?” respondió otro, confundido por la magnitud del movimiento.

En ese momento, afuera, donde Rodelos entrenaba a los cadetes, todos dirigieron sus miradas hacia el cielo.

Frente a ellos apareció una enorme pata larga, similar a la de una jirafa, que impactó contra el suelo con un estruendo ensordecedor.

Todos miraron hacia arriba, sorprendidos y asustados, y vieron un animal gigantesco.

Era una especie de reno, pero con patas extremadamente largas y un cuerpo imponente que combinaba majestuosidad con un aire feroz.

“Hola, ¿cómo están?” escucharon una voz amable desde lo alto.

De una plataforma ubicada en el vientre del enorme animal descendió un hombre mayor.

Llevaba lentes redondos, cabello blanco rizado y una barba espesa del mismo color.

Sus facciones eran inconfundibles, recordando vagamente la forma de un avocado Bacon: una semilla alargada como una pera, piel suave y un tono verde claro en la parte trasera.

Vestía una bata blanca impecable, propia de un científico dedicado.

“Saludos, soy el profesor Kuang,” dijo el hombre con una sonrisa cálida, extendiendo una mano hacia los presentes.

“Y este gran animal que parece feroz —aunque veo caras de miedo— es completamente inofensivo.

Es mi dulce Rose.” “¡Rose!” exclamaron los soldados de la resistencia, adoptando posiciones defensivas y preparándose para enfrentar al enorme animal con patas largas como jirafas.

Aunque el reno gigante parecía imponente, su mirada era sorprendentemente tranquila, casi amigable.

“Ah, usted debe ser el profesor Kuang del que los muchachos me han hablado.

Mucho gusto,” dijo Rodelos, extendiendo una mano hacia el recién llegado mientras sus ojos analizaban al hombre mayor con curiosidad.

“Soy Rodelos, abuelo de Paltio.” “Encantado, señor Rodelos,” respondió el profesor Kuang con una sonrisa cálida, estrechando la mano ofrecida.

“Por favor, venga, pasemos adentro.

Nos esperan en la oficina de ‘X’.” Luego, girándose hacia el gigantesco Rose, añadió: “Chiquita, quédate aquí y espérame.

Los Kbots se encargarán de ti.” El animal emitió un pequeño gruñido suave, como si entendiera, y se quedó quieto mientras pequeños robots comenzaban a rodearlo.

Antes de seguir al profesor, Rodelos se dirigió a los cadetes con su voz grave y autoritaria, que resonaba como un trueno en el campo de entrenamiento.

“Ustedes, sigan entrenando.

Ya regreso, y quiero ver que hayan hecho algo útil para entonces.” Los soldados se pusieron rápidamente de pie, asustados por la advertencia, y decidieron continuar con su práctica sin protestar.

El profesor y Rodelos ingresaron al recinto, donde el científico sacó un monóculo de su bata blanca y comenzó a observar detenidamente el entorno.

Con expresión pensativa, comentó: “Es interesante…

pero falta algo.

Tal vez más tecnología.

Aunque estas instalaciones, con lo que tienen, parecen estar bien manejadas.

Deben tener a alguien muy capaz liderando esto.” “¡Ah!

Usted debe ser el profesor Kuang,” interrumpió ‘X’, el líder de la resistencia, emergiendo de las sombras con su traje distintivo que siempre llamaba la atención.

“Vaya, qué raro disfraz,” comentó el profesor con una risita, ajustándose los lentes redondos mientras observaba al enigmático líder.

‘Bien,’ continuó ‘X’, ignorando el comentario, “lo que mencionó sobre alguien capaz es cierto.

Tenemos a una persona excelente que hace maravillas con los pocos recursos que tenemos.” Miró hacia Karpi, quien estaba revisando algunos dispositivos cercanos.

“Vaya, vaya…

Quisiera conocerla,” dijo el profesor Kuang, intrigado.

“Más tarde, profesor,” interrumpió Rodelos, recuperando la atención del grupo.

“Lo que necesitamos ahora es su apoyo.

Tenemos una misión urgente.” “¿Una misión urgente?” preguntó el profesor, levantando una ceja.

“Sí,” explicó ‘X’.

“Necesitamos llegar a Reedalia en poco tiempo para apoyar a Paltio.

¿Tiene alguna idea de cómo podemos hacerlo rápidamente?” El profesor se quedó pensativo por un momento, acariciándose la barbilla mientras calculaba mentalmente.

Finalmente, una sonrisa iluminó su rostro.

“Quieren llegar rápido a ese lugar, ya veo.

Creo que tengo la solución.

En mi Rose tengo un prototipo que podría servirnos.

Déjenme ir por ese dispositivo.” “En verdad, profesor, eso es genial,” exclamó Rodelos, visiblemente emocionado por la noticia.

“Pero solo podrá llevar a cinco personas, o eso creo,” añadió el profesor mientras hacía algunos cálculos mentales relacionados con su invento.

“Bueno, entonces será un grupo pequeño.” “Así es,” confirmó ‘X’ con decisión.

“Será una misión silenciosa.

No podemos arriesgarnos a llamar la atención con un despliegue grande.

Cinco personas deberían ser suficientes para cumplir el objetivo.” El profesor Kuang se dirigió hacia Rose con paso decidido.

Con solo aplaudir, una plataforma descendió suavemente desde el vientre del enorme animal, acompañada por varios Kbots que transportaban algo cubierto por una gran sábana blanca.

Los pequeños robots se movían con precisión mecánica, siguiendo al profesor mientras este regresaba al interior del recinto.

“Traigan eso aquí y síganme,” ordenó el profesor con un tono calmado pero autoritario.

Los Kbots obedecieron, cargando el objeto misterioso detrás de él.

Todos los presentes intercambiaron miradas curiosas mientras observaban el extraño bulto cubierto.

Parecía largo, del tamaño aproximado de un carruaje, aunque era imposible adivinar qué había debajo de las sábanas.

Las especulaciones comenzaron a surgir en susurros: ¿un arma?

¿Una máquina?

¿O algo completamente diferente?

El profesor avanzó hasta llegar donde ‘X’ y Rodelos esperaban, impacientes por descubrir qué era lo que traía consigo.

Una vez allí, señaló el objeto cubierto con orgullo mientras explicaba: “Aquí está lo que buscan.

Con esto llegaremos a Reedalia en un santiamén.

Claro, no lo he probado del todo porque es un prototipo, pero estoy seguro de que funcionará.

Lo malo es que solo tienen un viaje de ida; después de eso, necesitaré tiempo para repararlo.” Mientras hablaba, ‘X’ hizo una seña para llamar a Karpi, quien llegó acompañada de Paris, Chip y Kilibur.

Al ver a Karpi, el profesor sonrió ampliamente, impresionado por su apariencia técnica y su actitud resuelta.

“Ah, así que tú eres la que arregla y hace las cosas por aquí…

Nada mal, muchachita.

¿Cómo te llamas?” “Pues yo soy Karpi,” respondió ella con una mezcla de timidez y confianza, ajustándose los guantes que llevaba puestos.

Luego, sin poder contener su curiosidad, añadió: “Pero, dígame, ¿qué es eso que tiene escondido bajo esas sábanas?

Me da mucha curiosidad.” El profesor soltó una risita, complacido por la franqueza de Karpi.

“Qué bueno que están todos aquí.

Son los pesos pesados de este lugar, ¿no?

Pues prepárense, porque lo que están a punto de ver les ayudará a hacer exactamente lo que quieren.” Con un gesto dramático, el profesor retiró las sábanas de golpe, revelando finalmente su invento.

Todos los presentes quedaron atónitos y asombrados al verlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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