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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 12

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12: ¿Que Paso?

12: ¿Que Paso?

—¡Ay!

¿Quién será?

—murmuró Paltio, soñoliento, al igual que sus compañeros.

Todos parecían arrastrar los pies, excepto Mok, quien permanecía alerta como siempre.

Toco-Toco, antes de desaparecer, dijo: —Nos vemos miau —y se metió rápidamente en el holograma de Golden, quien regresó a la semilla de Paltio.

La voz al otro lado de la puerta seguía insistente: —Abra la puerta, príncipe.

Estoy aquí…

o tendré que decirles a los guardias que lo hagan.

—Pero ¿qué es toda esta bulla?

—dijo Pax, apareciendo ya con su armadura puesta.

Se dirigió hacia la puerta y la abrió de golpe.

Era Opal, acompañada de varios guardias.

Su presencia imponente llenó el umbral.

Paltio y los demás trataron de arreglarse rápidamente para parecer presentables, pero Opal los miró con una ceja alzada.

—Parece que no les sentó bien la dormida en esta casa.

Pareciera que un huracán y un gato hubieran pasado por ustedes —comentó con una media sonrisa irónica.

—¡Ah!

Discúlpenos, Opal —dijo Mok, inclinándose ligeramente con su habitual cortesía.

—No hay por qué disculparse —respondió Opal con calma, aunque su tono seguía siendo firme y autoritario.

Mok, siempre atento y respetuoso, preguntó: —Y bien, ¿a qué se debe su visita, señor Opal?

Opal, siempre cortés, respondió: —Bueno, el señor Tertrol quiere disculparse con ustedes por el malentendido de ayer.

Los invita a un desayuno especial en el palacio.

Además, activará su sol para que puedan buscar la pieza de este reino.

Ron murmuró a Alita por lo bajo: —Es una trampa.

Sin embargo, Paltio intervino rápidamente: —Bien, aceptamos.

Mok lo miró sorprendido, pero no dijo nada.

Opal asintió con satisfacción.

—Bien, los esperamos en el palacio.

—Sin más, se retiró junto con su escolta, dejando el carruaje de Paltio para que pudieran trasladarse al palacio.

Una vez solos, Ron se acercó a Paltio.

—Vaya, qué rápido para contestar resultaste.

¿Qué te pasó?

Paltio se frotó los ojos, visiblemente cansado.

—No lo sé, pero creo que es esta falta de sueño por…

ya sabes.

—¿Te refieres a.…?

—comenzó Ron, pero antes de que pudiera terminar, Alita le dio un codazo en el estómago, callándolo de inmediato.

Pax, que había estado observando desde una esquina, pensó para sí: “¿Qué se traerán estos?” —Bueno, comida gratis es comida gratis —dijo Ron, encogiéndose de hombros con una sonrisa traviesa.

Todos se lavaron las caras y trataron de arreglarse un poco antes de dirigirse al palacio y tapar esas ojeras producto de no dormir nada en la noche.

Ya en el palacio, Tertrol los esperaba con una sonrisa amable.

Saludó cordialmente a Paltio y a sus amigos.

Paltio frunció el ceño, desconcertado.

“¿Qué le pasa a este tipo?

Ayer era despectivo con todos, y ahora es demasiado amable.

Algo no huele bien.” —Bien, pasen, pasen —indicó Tertrol con un gesto exageradamente cortés.

Los cuatro, junto con Pax, entraron al amplio comedor y tomaron sus asientos.

En la mesa, notaron que había un espacio vacío.

—Disculpen, ese sitio es para mí científico, Meloc.

Seguramente sigue ocupado con sus experimentos.

Iré a mandarlo a traer —explicó Tertrol con naturalidad.

Al escuchar el nombre “Meloc”, Paltio y los demás, quienes aún lucían cansados, se despertaron de golpe.

Recordaron lo ocurrido la noche anterior en la “sala” y el destino que le habían dado al científico.

Mok, siempre diplomático, tomó la palabra: —No se moleste, señor Tertrol.

Con su fina presencia basta.

Tertrol sonrió, halagado por el comentario.

—Sí, sí, tiene razón.

Conmigo basta para que todo funcione correctamente.

Mientras tanto, Mok pensó para sí: “Menos mal que este sujeto es tan vanidoso.

Eso nos facilitará las cosas.” Los platos llegaron a la mesa, y Ron no pudo contenerse.

—¡A comida!

—dijo casi babeando, mirando con avidez lo que había frente a él.

Los estómagos de los tres jóvenes —Ron, Paltio y Alita— comenzaron a sonar al unísono.

—Bueno, creo que deben estar hambrientos.

¡Que tengan bon appétit !

—indicó Tertrol con una sonrisa amable, aunque sus pensamientos eran muy diferentes.

“Vaya, lo que tengo que hacer para que Tejod no me quite mis poderes…

Seguro que sus ojos y oídos son Pax, ese granuja.” Pax, observando a Tertrol con desconfianza, pensó: “¿Qué estás tramando?

Es evidente que Tejod debe haber hablado contigo y te dio una reprimenda grande.” El grupo comió vorazmente todo lo que les pusieron en la mesa.

Al terminar, Paltio se recostó en su silla, satisfecho.

—¡Ay!

Ya no me cabe nada más —dijo, frotándose el estómago.

Ron respondió con una sonrisa traviesa: —Una cosa más, y reviento.

—Hombres…

—murmuró Alita, quien poco había probado puesto que se llenaba rápido.

—Oigan, ¿tú no comes?

—preguntó Alita, dirigiéndose a Pax mientras lo observaba coger una servilleta y guardar la comida que le habían servido.

—Mete en tus asuntos, niña —respondió Pax con sequedad, sin siquiera mirarla.

Alita frunció el ceño, visiblemente molesta.

—Qué grosero…

—murmuró, cruzándose de brazos.

Tertrol se puso de pie, adoptando un aire solemne.

—Bien, Paltio, voy a colocar mi sol de fuego para alumbrar tu camino y puedas encontrar la pieza que quiere Tejod.

Pax apretó los puños discretamente.

“Lo sabía.

Algo trama…”, pensó, fulminando a Tertrol con la mirada, pero como tenía casco este no lo podía ver.

Salieron a la calle, donde Ron caminaba tocándose la panza con un mondadientes en la boca.

—Bien, necesito bajar la barriga para hacer digestión —comentó con una risita.

Tertrol levantó la vista hacia el cielo y anunció: —Bien, voy a colocar el fuego.

Ya saben, tienen desde ahora ocho horas antes de que se apague.

Con un gesto elegante, lanzó una esfera de fuego hacia el cielo, iluminando nuevamente el reino.

—Si necesitan ayuda con la búsqueda, podrán usar a mis soldados —ofreció Tertrol amablemente, aunque por dentro rugía de molestia.

Mok negó cortésmente con la cabeza.

—No es necesario.

De ser necesario, lo llamaremos.

Tertrol asintió y le entregó una pequeña caracola del tamaño de un dedo a Opal, quien la pasó al mayordomo.

—Bien, si necesitan ayuda, pueden tocar esta caracola.

Todos subieron al carruaje, y Pax tomó las riendas, guiando a los caballos con pericia.

Una vez en marcha, Paltio rompió el silencio mentalmente: —Maldición, debemos encontrar esa pieza lo antes posible, antes de que se dé cuenta de que su científico está cautivo en su laboratorio o “sala”, como quiera llamarlo.

Sus amigos lo escucharon claramente, sorprendidos.

—¿Cómo es posible?

—preguntó Paltio en voz alta, confundido.

Golden intervino en sus mentes con calma: —Tranquilo, niño.

Es otra de mis habilidades.

Puedo comunicarlos mediante un enlace mental.

Es muy efectivo para que Pax no escuche lo que hicieron ayer.

—¿Hicimos?

—repitió Ron mentalmente, levantando una ceja en el mundo real.

—Bueno, hicimos —respondió Golden sin más explicaciones.

Alita intervino en el enlace: —Tienes razón, Paltio.

Es mejor que nos demos prisa y salgamos de este reino lo antes posible.

—¿Y cómo hacemos para encontrar esa pieza?

—preguntó Alita, aún en el enlace mental.

Pax, desde el timón, frunció el ceño al notar el silencio entre ellos.

—¿Qué tanto se miran sin decirse nada?

Es raro.

Por lo general, hablan como loros todo el tiempo.

Finalmente, se dirigió a Paltio: —Bueno, ¿a dónde vamos, principito?

Paltio, siguiendo las indicaciones de Golden, respondió: —Solo indícale que siga de frente mientras buscamos dónde está la parte del cetro.

Paltio abrió la boca y le dijo a Pax: —Sigue en línea recta.

Le voy a preguntar a Golden dónde empezar a buscar.

—Está bien —respondió Pax, tomando las riendas con firmeza y avanzando.

En el enlace mental, Paltio comentó: —Bueno, Golden, parece que sospecha.

Por lo general, somos muy habladores.

—Bueno, entonces volvamos a hablar fuera de este lugar —indicó Golden—, pero dejaré encendido este canal mental por si necesitamos ayuda entre nosotros cuando estemos lejos.

Los demás asintieron.

—Está bien —respondieron al unísono.

Paltio se dirigió a Golden con curiosidad: —Entonces, ¿dónde puede estar la pieza que está en este reino?

Golden respondió con calma: —La única forma de buscarla es mediante meditación y canalizar el objeto.

—¿Cómo?

¿No dijiste que sabías dónde estaba?

—preguntó Paltio, frunciendo el ceño.

—Sí, pero es mejor que tú la busques.

De paso, puedes ir practicando el uso de mis poderes —explicó Golden con paciencia.

—Bien, ¿qué tengo que hacer?

—preguntó Paltio.

—Primero, siéntate en el suelo de este carruaje y adopta la posición de loto —indicó Golden.

—¿La posición de loto?

—repitió Alita, sorprendida.

—¿La conoces?

—preguntó Golden.

—¡Claro!

Siempre la hacíamos en la clase de yoga —respondió ella, mirando a Paltio con una sonrisa traviesa—.

Clase a la que su majestad nunca iba, por cierto.

—¡Ay, muchacho!

Siempre te pierdes de cosas importantes —comentó Golden, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

—Bien, siéntate en el suelo, luego flexiona la pierna derecha y después la izquierda, cruzándolas —instruyó Golden.

Paltio intentó seguir las instrucciones, pero terminó haciendo cualquier cosa menos juntar correctamente las piernas.

—¡Ay, Paltio, sí serás…!

—exclamó Ron, tocándose la frente con la mano en señal de frustración.

—Mira, así se hace —dijo Golden, proyectándose en el holograma para mostrar la postura.

Paltio lo intentó nuevamente, pero sus piernas se acalambraron.

—Quizá el espacio es muy pequeño aquí dentro —observó Pax, deteniendo el carruaje.

Todos bajaron.

Mok revisó rápidamente los alrededores para asegurarse de que nadie los vigilaba.

—Todo está en orden.

Pueden bajar —anunció.

—Ahora que estamos afuera, tendrás más espacio —indicó Golden.

Alita, sin perder tiempo, adoptó la posición de loto con facilidad.

—Vaya, eres toda una profesional —comentó Golden, impresionado.

—A ver, Paltio, inténtalo tú —dijo Alita, sonriendo.

El chico lo intentó de nuevo, pero falló miserablemente.

—¡Ay, Paltio!

—se quejó Ron.

—A ver, hazlo tú —le retó Paltio, molesto porque no lograba la postura.

Ron se puso en posición rápidamente y, además, mostró otras posturas con una flexibilidad sorprendente.

—¡Guau, interesante!

—exclamó Alita, impresionada.

—Miren, joven príncipe, así se hace —dijo Mok, adoptando también la posición de loto con elegancia.

Paltio seguía sin poder lograrlo.

—Vaya, pero ¿qué clase de tonto eres?

—dijo Pax, observando con desdén.

—A ver, hazlo tú —le desafió Paltio, fulminándolo con la mirada.

—Lo haría, pero esta armadura no me deja, y no me la voy a quitar —respondió Pax con suficiencia.

—No haga un berrinche, señorito —intervino Mok, tratando de calmarlo.

—No lo hago —replicó Paltio, cruzando los brazos.

—¿Y no puedes usar tu magia para hacerlo más rápido?

—preguntó el muchacho, dirigiéndose a Golden.

—No, no lo creo —respondió Golden, negando con la cabeza.

Paltio estaba cada vez más frustrado.

—Miren, nosotros te ayudaremos —dijo Alita, y junto con Ron, lo guiaron para colocarlo en la posición adecuada.

Después de varios minutos y algunos ajustes incómodos, finalmente lo lograron.

—Por fin, ya estoy —dijo Paltio, sudando y visiblemente agotado.

—Vaya, después de casi una hora lo lograste.

Te daría una estrella de mérito, pero no la tengo —bromeó Golden con sarcasmo.

—Ya me duelen las piernas por estar en esta posición tan incómoda —se quejó Paltio.

—Ahora pon las manos sobre las rodillas, con las palmas hacia arriba —ordenó Golden.

—Ya están, como dices, y ahora, ¿qué?

—preguntó Paltio, arqueando una ceja.

—Paciencia, niño.

Mantén esa posición —indicó Golden.

—Bien —respondió Paltio, aún molesto.

—Cierra los ojos —ordenó Golden.

—Me parece una pérdida de tiempo.

Tú podrías darnos el lugar sin tanto teatro —se quejó el muchacho, frustrado.

—Sí, claro, como si algo pasara —añadió con ironía.

En ese momento, sus ojos comenzaron a iluminarse.

—¿Qué está pasando?

—preguntó Paltio, confundido y sin poder moverse.

—Bueno, ya lo verás —respondió Golden con una sonrisa satisfecha desde dentro de su armadura dorada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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