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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 121

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  4. Capítulo 121 - 121 Aresus 2
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121: Aresus (2) 121: Aresus (2) —¡Mok, no!

—gritó Paltio, desesperado, al ver cómo su mayordomo resbalaba justo cuando la gran cortina de fuego comenzaba a descender sobre él.

En ese preciso instante, Pax actuó con rapidez.

Con un movimiento ágil, extendió su mano y sujetó firmemente a Mok, salvándolo de una muerte segura.

Las llamas rugieron detrás de ellos, consumiendo el lugar donde Mok había estado apenas unos segundos antes.

—Gracias —dijo Mok, todavía temblando mientras recuperaba el equilibrio.

—Mok, estás un poco distraído —comentó Paltio, observando a su mayordomo con preocupación.

—No te preocupes, señorito, estoy bien —respondió Mok, aunque su voz traicionaba cierta inquietud—.

No sé qué pasó… Sentí algo en mi camino que me hizo caer.

Si no hubiera sido por Luke… digo, Pax, no la contaba.

—¿Ya terminaron de cuchichear?

Proseguimos el camino —interrumpió Aresus con indiferencia, sin mostrar ni una pizca de emoción ante lo que acababa de ocurrir.

—¡Pero qué sujeto!

—murmuró Paltio, molesto porque Aresus no tomara importancia al hecho de que Mok casi había muerto calcinado.

Todos siguieron a Aresus por un estrecho camino que descendía en pendiente.

El aire se volvía más pesado y el ambiente, más opresivo a medida que avanzaban.

—Bien, solo un par de metros más y habremos llegado al final de este túnel —anunció Aresus, su voz resonando en las paredes angostas.

Finalmente, llegaron a un callejón sin salida.

No había más camino visible, solo rocas y tierra compacta.

Paltio sacó lo que tenía armado del cetro y comenzó a inspeccionar el lugar, buscando señales de la pieza faltante.

—¿Encontraste ya lo que venías a buscar, muchacho?

—preguntó Aresus con impaciencia—.

Apresúrate, tengo otras cosas que hacer.

Aresus observó con disimulo lo que Paltio sostenía en sus manos.

Pensó que era el momento perfecto para tomar las piezas del cetro, así que se acercó con sigilo, cuidando de no llamar la atención.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de tocarlas, una fuerza invisible lo repelió violentamente, lanzándolo hacia atrás.

—Así que los rumores son ciertos… Ese niño es el único que puede tocar esa cosa —murmuró Aresus para sí mismo, frunciendo el ceño bajo su casco—.

Bien, dejaré que viva, al igual que al tonto de Pax, pero al mayordomo… Tengo planes para él.

La piedra que le puse al mayordomo para que resbale no funciono.

La luz de las piezas del cetro brillaba intensamente, iluminando el callejón sin salida en todas direcciones.

Pero aun así, no revelaba dónde podría estar oculta la última pieza.

—Golden, ¿puedes saber dónde está la pieza?

—preguntó Paltio a través del enlace mental, su voz cargada de urgencia.

—Lo siento, muchacho, pero desde que ‘The True’ cerró el plano de búsqueda, no puedo percibir su ubicación.

Deberás buscarla a la antigua —respondió Golden con frustración.

—Sí, ni modo —suspiró Paltio, mirando alrededor—.

Lo siento, muchachos, percibo que está aquí, pero no puedo determinar exactamente dónde.

—Seguramente debe estar enterrado —sugirió Pax, cruzándose de brazos mientras analizaba el terreno.

—Bueno, habrá que buscarlo —dijo Mok, desenvainando sus cuchillos con decisión—.

Empecemos a cavar.

Se distribuyeron rápidamente por el lugar: Mok a la izquierda, Pax a la derecha y Paltio en el centro.

Por su parte, Aresus permaneció cerca de del inicio de la subida que llegaba a la salida, observándolos con una expresión calculadora en su rostro.

—Perfecto, me hicieron el día —pensó Aresus para sí mismo, con una sonrisa maliciosa bajo su casco.

En ese momento, aprovechando que todos estaban distraídos buscando, Aresus extrajo con agilidad la espada que llevaba en su espalda.

La clavó en el suelo con un movimiento preciso, y algo parecido a un destello oscuro emergió de ella, deslizándose por la tierra como si fuera un pez en el agua.

La criatura emergió del suelo con rapidez, deslizándose como un pez en tierra firme hasta llegar al lugar donde estaba Mok.

Alerta, Mok notó algo moverse bajo sus pies.

Con un movimiento rápido, desenvainó su espada y bloqueó lo que parecía ser un ataque directo.

Sin embargo, aquello que detuvo era solo la punta del iceberg.

De repente, una serie de púas afiladas emergieron del suelo, perforando brutalmente su brazo y pierna.

Mok logró cortarlas con la espada que Geki le había dado, pero la tierra bajo sus pies comenzó a desmoronarse rápidamente.

El mayordomo perdió el equilibrio, y la espada salió volando hacia un lado, fuera de su alcance.

En ese preciso momento, Aresus actuó con velocidad.

Se acercó sigilosamente a Pax y, antes de que este pudiera reaccionar, lo noqueó de un golpe certero, lanzándolo hacia la entrada que también era la única salida.

Veamos de que lado estas, soldado de las sombras rojas le susurro mientras lo dejaba fuera de combate.

Paltio se giró al escuchar los gritos de dolor de Mok.

Su rostro se llenó de terror al ver a su fiel mayordomo herido y luchando por mantenerse en pie.

Sin pensarlo, decidió correr hacia él.

Pero justo cuando intentó avanzar, una enorme boca emergió del suelo debajo de ellos, abriéndose con ferocidad.

Antes de que Paltio pudiera caer, Aresus saltó hacia él y lo agarró de la cintura, jalándolo hacia atrás con fuerza.

Desde allí, ambos observaron cómo la criatura devoraba a un herido Mok y lo arrastraba hacia las profundidades del agujero que había creado.

—¡No, Mok!

—gritó Paltio con desesperación mientras era retenido por Aresus.

Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras intentaba liberarse del agarre implacable del hombre armado.

—Déjame ir, tengo que salvar a Mok —suplicó Paltio, su voz temblorosa por la angustia.

—No seas tonto, niño.

Esa criatura es feroz.

Además, tu mayordomo se lo tiene muy bien merecido —respondió Aresus con frialdad, su tono cargado de desprecio.

—¿Por qué dices eso?

¿Qué tienes contra él?

¡Ni siquiera lo conoces!

—exclamó Paltio, mirando a Aresus con incredulidad y furia contenida.

Aresus soltó una carcajada grave y burlona, resonando como un eco sombrío en el túnel.

—¿Tonto?

¿Crees que no conozco a ese inútil mayordomo?

Al fin tuve la oportunidad de vengarme de él.

—¿Cómo… cómo que lo conoces?

¿Quién demonios eres?

¿Estás loco?

—preguntó Paltio, forcejeando con todas sus fuerzas contra el agarre implacable de Aresus.

—Vaya, vaya… ¿El principito quiere saber quién soy?

Creía que alguien de la realeza nunca se preocuparía por la escoria —dijo Aresus con sorna, su voz goteando veneno—.

Pero ya no necesitas preocuparte más por ese tonto.

Por fin puedo deshacerme de ese inútil que me abandonó a mi suerte.

He esperado este momento por años, y ahora, por fin, lo he logrado.

—Pero ¡Quién demonios eres!

—insistió Paltio, aun tratando de zafarse, aunque el agarre de Aresus no le daba oportunidad de moverse ni de pedir ayuda a Golden.

La frustración y el miedo bullían dentro de él mientras trataba de entender las palabras crueles del hombre frente a él.

—La escoria siempre será escoria, sin importar cómo se vista o a qué clase social pertenezca —sentenció Aresus, su tono frío como el hielo, resonando como una advertencia cruel en el oscuro lugar.

—¡Déjame ir!

—gritó Paltio, forcejeando con desesperación contra el agarre implacable de Aresus.

—Paltio está en problemas —dijo Lucca a través del enlace mental, su voz cargada de preocupación.

—¡Sí, debo ir!

—respondió Rykaru con determinación—.

¡Nadie le va a hacer daño a mi papi!

—No, niño, no vayas.

Si el enemigo sabe que estamos aquí, habrá más problemas —intervino Lucca rápidamente, tratando de hacer entrar en razón al pequeño Rykaru—.

Debemos ser estratégicos.

—Aún te necesitamos, niño —dijo Aresus con frialdad, apretando aún más su agarre sobre Paltio—.

Encuentra lo que falta y libera al señor Urugas.

Solo entonces podrás pensar en salvar a tu mayordomo.

Paltio intentó moverse, pero era inútil.

El agarre de Aresus era como una tenaza de acero, inquebrantable.

—Maldición… No puedo moverme… Este sujeto es tan fuerte… —murmuró Paltio, sintiendo cómo sus fuerzas se agotaban—.

No puedo llamar a la fuerza de Golden… —No podrás zafarte de mí agarre, niño.

No por nada me conocen como Aresus el Arrollador —declaró con una voz cargada de arrogancia y desprecio, mientras su mano aferraba con más fuerza la cintura de Paltio, inmovilizándolo completamente.

—Pórtate bien, niño, y sé obediente.

Encuentra lo que falta —ordenó Aresus, su tono severo resonando como un eco sombrío.

De repente, Pax recobro el sentido y reaccionó inmediatamente al ver al sujeto aprisionar a Paltio.

Con furia contenida, lanzó su espada hacia el casco de Aresus.

La hoja cortó el aire con un silbido agudo y partió el casco por la mitad, revelando un rostro siniestro que dejó a todos asombrados.

—No puede ser … Tú eres… eres… M… —balbucearon Pax y Paltio, incapaces de completar la frase mientras miraban fijamente el rostro recién descubierto de Aresus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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