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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 124

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  4. Capítulo 124 - 124 Hermano Contra Hermano 1
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124: Hermano Contra Hermano (1) 124: Hermano Contra Hermano (1) “Y como ves, Paltio, ese tonto de mi hermano me abandonó.

Así que ya me deshice de él”, dijo Tok con una sonrisa fría y arrogante, su voz cargada de desprecio.

Pero Paltio lo miró con incredulidad.

“Seguramente trató de buscarte”, respondió, intentando mantener un tono firme.

“¡No me importa!

Ya pude deshacerme de ese inútil”.

“¿Y cómo puedes estar tan seguro de eso?” preguntó Mok, apareciendo repentinamente en la escena.

Paltio levantó la mirada, sus ojos se iluminaron al ver a su mayordomo frente a él.

A pesar de que su traje estaba algo sucio y había señales de heridas en su cuerpo, seguía irradiando determinación.

“¿Cómo sobreviviste al Agamenonte?

Si tú siempre has sido un debilucho”, dijo Tok, molesto por la interrupción.

Su tono era burlón, pero había un destello de irritación en sus ojos.

Mok sostuvo la mirada de su hermano sin vacilar.

“Yo me las puedo ingeniar, hermano.

Aunque todo lo que le dijiste a Paltio son medias verdades.

No quería contarle a nadie mi pasado, pero gracias al abuelo de Paltio, pude cambiar y ser alguien mejor”.

Tok apretó los puños, furioso.

“¿Cómo te atreves a decir que he, mentido en mi relato?

¡Todo eso pasó!” exclamó, su voz altanera y llena de veneno.

“Pues no, hermano.

Quise borrar tus recuerdos porque no quería volver a vivir ese martirio”, replicó Mok con calma, aunque su voz temblaba ligeramente por la emoción contenida.

“Es verdad que nuestros padres nos dejaron a nuestra suerte por temor a la maldición de los gemelos.

Pero una buena mujer, que nos encontró y nos dio refugio, trató de que fuéramos algo más.

Ella no creía en maldiciones.

Nos dio todo su cariño.

Incluso por eso inventaba juegos para nosotros, como ‘ocúltate mientras hay otras personas’.

Para ti compró esa máscara oscura que tanto te gustaba, para que pudieras ocultarte y ser como mi sombra que era lo que te fascinaba.

Solo que siempre fuiste un sujeto siniestro desde joven”.

Mok hizo una pausa, su mirada cargada de dolor y melancolía.

“Tú mataste a esa mujer que yo consideraba como mi madre, que nos trató tan bien.

Los vecinos llamaron a la policía y te encontraron en el acto.

Ella me pidió que huyera.

Estuve vagando mientras tú eras recluido por matar a uno de los oficiales que llego a la escena.

Llegué al callejón donde todo empezó y ahí pasé hambre y necesidades en las calles hasta que el señor Rodelos me acogió.

Tampoco a él le interesaba esa leyenda de los gemelos.

Te hubiera acogido a ti también, pero te rehusaste cuando fui a visitarte”.

Tok se llevó una mano al rostro, ocultando su expresión durante unos segundos antes de soltar una risa fría y despectiva.

“Ja, ja…

tienes razón.

Hay cosas que tergiverso para hacerte quedar mal.

Esa tonta mujer siempre te quiso más a ti que a mí, lo veía en sus ojos.

Por eso la maté.

Iba a hacer lo mismo contigo, pero te escapaste”.

Mok cerró los ojos por un breve momento, como si intentara controlar la tormenta de emociones dentro de él.

“Veo que has cambiado, hermanito.

Eres un poco más fuerte, pero no tanto como yo lo soy”.

“No, Tok.

Lo que hiciste fue vender tu alma al Señor de las Sombras”, respondió Mok con firmeza.

“Aún podía haber redención para ti.

Yo cambié al conocer a buenas personas.

Quizá eso es lo que necesitas: ayuda”.

“No, hermanito, yo siempre he sido así”, respondió Tok con frialdad, su voz cargada de desprecio.

“Fue mejor que no murieras por el Agamenonte.

Pensé que eras débil, pero veo que tendré que acabar contigo con mis propias manos”.

“Así que así se llamaba esa criatura”, murmuró Mok, sosteniendo la mirada de su hermano con seriedad.

“Bien, entonces suelta al señorito Paltio”.

“¿A este mocoso?” Tok sonrió con arrogancia, ajustando su agarre sobre Paltio, quien intentaba retorcerse para liberarse.

“Tranquilo, no puedo hacerle nada…

mi amo lo quiere vivo hasta que consiga tener el cetro completo”.

“Pero no dijo nada de que tuviera que estar completo”, añadió Tok con malicia, apretando aún más a Paltio para evitar que se moviera.

“No puedo seguir viendo esto”, dijo Rykaru desde la bolsa de Paltio, su vocecita llena de determinación.

“¡Espérate, niño!

¡No salgas!” ordenó Lucca con urgencia, pero Rykaru ya había salido corriendo, decidido a defender a su padre.

Tok sintió algo pequeño y rápido emergiendo de la mano con la que sujetaba a Paltio.

Con un gruñido, decidió soltarlo.

“¡Nadie se mete con mi papi!” gritó Rykaru, lanzándose hacia Tok con un puñetazo cargado de energía.

“Vaya pequeño, bola de pelos, no molestes”, respondió Tok con desdén, golpeando a Rykaru en el estómago con brutalidad.

El pequeño salió volando, pero antes de tocar el suelo fue atrapado por Lucca, quien también logró rescatar a Paltio justo a tiempo.

“¿Y estos quiénes son?” preguntó Tok, observando a Rykaru y Lucca con una mezcla de curiosidad y desprecio.

“Tenías seres ocultos, niños…

Vaya, eres un manojo de trucos”.

“Gracias, Lucca”, dijo Mok con gratitud al ver cómo protegía a Rykaru y Paltio, alejándolos del peligro.

“Sí que es un sujeto fuerte”, comentó Lucca mientras dejaba a los dos a salvo.

Miró a Paltio, quien estaba recuperando el aliento, y luego a Rykaru, que se retorcía de dolor en el lugar donde Tok lo había golpeado.

“Tranquilo, Rykaru, en un momento te curaré”, dijo Paltio, sacando la esfera mágica con cuidado.

“Vaya cucarachas que tengo que matar”, murmuró Tok acercándose a ellos, pero Mok se interpuso en su camino.

“La pelea es conmigo, hermano”, dijo Mok con firmeza, su espada lista en su mano.

“Si quieres morir primero, hermano, está bien.

Te haré ese favor”, respondió Tok con una sonrisa fría mientras desenvainaba su propia espada.

“Aunque quería que vieras a tu señorito príncipe sufrir un poco”.

Ambos hermanos chocaron sus espadas con fuerza.

La hoja de Tok no era común; resistió el impacto sin romperse, incluso al tocar el arma de Mok.

Continuaron peleando con ferocidad, alejándose cada vez más del lugar donde estaban Paltio y los demás.

Se acercaban peligrosamente al agujero que había dejado el monstruo.

“¿A dónde me quieres llevar, hermano?

Seguramente no quieres que Paltio te vea morir.

Ya veo…”, dijo Tok entre golpes, su voz cargada de burla.

Las espadas volvieron a chocar con un estruendo metálico, pero Tok aprovechó un descuido de Mok y le lanzó una patada certera.

Mok perdió el equilibrio y cayó por el agujero, desapareciendo en la oscuridad.

“Ya vuelvo por ti, principito.

Dame un momento; acabaré con mi hermano”, dijo Tok con una sonrisa siniestra antes de desaparecer tras el mayordomo, dejando a Paltio y los demás atrás.

“¿Pero qué clase de individuo es ese?” preguntó Golden, emergiendo de la semilla con un brillo tenue.

Su voz tenía un tono de frustración.

“Lo siento, Paltio, pero no podía ayudarte.

Al apretar tu cintura, impedía que Toco-Toco ni yo pudiéramos salir.

Ese sujeto emana una energía muy oscura y poderosa…

Me pregunto qué le pasó”.

“Debemos ayudar a Mok”, dijo Paltio con urgencia, cargando a Rykaru, quien se había quedado dormido después de ser curado.

Geki también fue sanado por el orbe mágico.

“Tranquilo, no se precipiten”, respondió Geki con calma.

“Confío en tu mayordomo.

Él lo vencerá.

Le enseñé algunos trucos, así que ese sujeto no lo derrotará tan fácilmente”.

“Sí, entiendo que Mok es fuerte”, replicó Paltio, su voz temblorosa por la angustia.

“Pero ese sujeto me dejó indefenso.

Ni siquiera podía depender de la fuerza que Golden me otorga…

Y eso me aterra.

¿Y si Tejod o Urugas son aún más fuertes que él?

No sé qué vamos a hacer”.

“Paltio, será mejor que busquemos la pieza lo antes posible”, sugirió Golden, intentando tranquilizarlo.

“Quizá con el cetro completo podremos hacer algo mientras Mok lo distrae”.

“El mayordomo le ganará.

Confíen”, interrumpió Lucca con firmeza.

“Es verdad, Lukeandria está allá”, recordó Paltio.

Todos corrieron hacia donde estaba ella, pero solo la encontraron inconsciente.

Parecía que la armadura la había protegido, aunque esta se había roto con el impacto.

Paltio usó el orbe para devolverle fuerzas.

“Ya no podré usar el orbe con ustedes otra vez este día”, dijo Paltio con seriedad.

“Así que deben tener cuidado”.

“Sí”, respondieron Lukeandria, Geki y Rykaru al unísono, quienes ya estaban despiertos y listos para actuar.

Mientras tanto, Mok y su hermano seguían intercambiando golpes de espada mientras caían por el agujero oscuro.

Finalmente, ambos tocaron el suelo con un golpe seco.

“Bien, hermanito, muéstrame lo que tienes”, dijo Tok con arrogancia, lanzándole una patada directa al rostro.

Mok apenas logró bloquearla, pero el impacto lo hizo retroceder unos pasos.

Se limpió la sangre de la comisura de los labios mientras intentaba recuperar el equilibrio.

Con determinación, Mok se preparó para adoptar una posición defensiva, pero Tok aprovechó el momento de distracción.

Sacó su espada, que comenzó a emanar una luz oscura y pulsante.

“A ver si sobrevives a esto, hermanito”, murmuró Tok con una sonrisa cruel.

Levantó su arma y lanzó una enorme cuchilla de energía oscura directamente hacia Mok.

Esta se movía a una velocidad vertiginosa, cortando el aire con un silbido agudo.

Mok miró la cuchilla acercarse, sus ojos llenos de determinación, pero su cuerpo parecía incapaz de moverse.

El tiempo pareció ralentizarse mientras la sombra de la muerte se cernía sobre él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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