La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 125
- Inicio
- Todas las novelas
- La Ultima Esperanza de Avocadolia
- Capítulo 125 - 125 Hermano Contra Hermano 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
125: Hermano Contra Hermano (2) 125: Hermano Contra Hermano (2) “¡Toma esto, Mok!
¡Recibe mi técnica secreta: ‘Dark Bloody Blade’!” De la espada de Tok emergió una enorme ola en forma de cuchilla, como una media luna sombría que cortaba el aire con un sonido atronador.
La energía oscura avanzó directamente hacia Mok, cargada de una fuerza devastadora.
Mok levantó su espada para bloquear el ataque.
Al chocar la hoja de su arma contra la cuchilla oscura, unos rayos negros brotaron desde el punto de contacto, iluminando brevemente el oscuro entorno.
Con un esfuerzo sobrehumano, Mok contuvo el impacto y, usando toda su fuerza, desvió el ataque hacia arriba, lanzándolo al cielo.
“Nada mal, hermanito”, dijo Tok con una sonrisa burlona, “pero bajaste la guardia”.
Antes de que Mok pudiera reaccionar, Tok le propinó un puñetazo en el abdomen que lo lanzó varios metros hacia atrás.
Aunque logró frenar su caída con un ágil volantín en el aire, su cuerpo estaba visiblemente debilitado.
Escupió sangre mientras se ponía de pie, las vendas que cubrían sus heridas ahora empapadas de rojo.
Los movimientos bruscos habían abierto nuevamente sus heridas.
“Hay, hermanito, siempre has sido débil”, dijo Tok con frialdad, observando a Mok esforzarse por mantenerse en pie.
“Ríndete ya y te daré una muerte rápida”.
“¡Nunca!” respondió Mok, su voz firme a pesar del dolor.
“No dejaré que le hagas daño a Paltio, y no volveré a caer en tus trucos sucios”.
Con determinación, Mok se quitó el abrigo que llevaba, aquel del que antes salían sus cuchillos.
Observó cómo su traje de mayordomo también estaba destrozado.
Sin vacilar, se sacó el saco del smoking y rasgó la manga donde tenía la herida, así como el lado del pantalón donde estaba su otra lesión.
Luego, usando el anillo eléctrico, lo aplicó primero en su brazo y luego en su pierna, sellando el sangrado.
El dolor fue intenso, pero Mok apretó los dientes, haciendo un ruido agudo que resonó en el silencio tenso del lugar.
“Nada mal, hermanito”, comentó Tok con sorna.
“Aguantaste el dolor como todo un hombre, y curarte así solo te ganó un poco más de tiempo.
Qué pena que tu trajecito de mayordomo se haya estropeado…
pobrecito”.
“Continuemos, hermano”, replicó Mok, ignorando las burlas.
“Veo que siempre te gusta jugar sucio.
Pues dos pueden jugar ese juego”.
Mok se acercó a Tok con la espada en mano, su mirada resuelta.
“¿Otra vez con la espada?
No puedes contra mí; soy mejor espadachín que tú.
Además, esta espada oscura que me obsequió Urugas es muy poderosa.
Pero si insistes en morir, te lo concederé”, dijo Tok, preparándose para el enfrentamiento.
Justo antes de entrar en el rango de combate de su hermano, Mok giró rápidamente sobre sí mismo.
De sus costados surgieron varias flechas que volaron directamente hacia Tok.
Tok, al ver las flechas acercarse, se movió con rapidez, bloqueando cada una con su espada.
“Nada mal, Mok”, reconoció con una sonrisa arrogante.
“Creo que te he subestimado.
Pero aún te falta mucho.
En tanto tiempo, ¿solo aprendiste esas cosas, tonto?” Se cubrió con su espada del último ataque y aprovechó el momento para lanzar una patada hacia Mok, quien retrocedió unos pasos, tambaleándose.
La pelea parecía desigual.
Tok claramente llevaba la delantera.
“Ya terminaste, Mok”, dijo Tok con desdén, rascándose la cabeza como si estuviera aburrido.
“Apúrate, que tengo un principito que hacer sufrir y unos cuantos inútiles que eliminar antes de llevarlo a mi jefe con todo y el cetro completo para cumplir mi misión”.
ok levantó su espada una vez más, y de ella emergieron flamas oscuras que parecían devorar la luz a su alrededor.
Con un grito desgarrador, lanzó centenares de proyectiles oscuros en dirección a Mok.
Cada ataque era como un latigazo sombrío que cortaba el aire con un silbido agudo, creando un torrente imposible de bloquear por completo.
Mok se movía con desesperación, esquivando los ataques mientras intentaba mantenerse en pie.
Pero no importaba cuánto corriera o girara, las ráfagas oscuras lo seguían sin piedad, amenazando con consumirlo.
“¡Muere, Mok!
¡Muere!” gritaba Tok con una risa cruel, disfrutando cada momento de su ventaja.
Su voz resonaba como un eco demoníaco, llenando el espacio con una energía opresiva.
El suelo bajo los pies de Mok se despedazaba con cada impacto fallido, enviando esquirlas de roca y polvo al aire.
El calor de las flamas oscuras rozaba su piel, dejando marcas quemadas en su ropa y provocando un sudor frío que recorría su frente.
A pesar de todo, sus ojos seguían fijos en Tok, llenos de una mezcla de determinación y terror.
Mok intentó mantenerse firme, pero la velocidad y ferocidad de Tok eran abrumadoras.
De repente, su hermano apareció a su lado sin previo aviso y le propinó un puñetazo en el pecho tan potente que lo lanzó hacia atrás.
El impacto fue tan fuerte que dejó un enorme hueco en una de las paredes del lugar.
“¡Maldición!” murmuró Mok mientras caía al suelo, jadeando.
En sus ojos había un destello de terror.
“No puedo vencerlo…
Este no es un avocado común.
Parece tener una fuerza de otra dimensión”.
“Te estás desesperando, hermanito”, dijo Tok con una sonrisa cruel mientras caminaba hacia él.
“Yo quería jugar un rato más contigo porque me estaba divirtiendo, aunque mi odio hacia ti es inmenso.
¿Te estás preguntando por qué soy tan fuerte y rápido?
¿Por qué soy mejor que cualquier espadachín de este reino y más poderoso que cualquier guerrero que has conocido?” Tok hizo una pausa dramática, disfrutando de la tensión.
“Pues verás, ya casi no quedan huesos ni carne en mis extremidades ni en mi cuerpo solo mi rostro, cerebro y mi corazón.
Soy pura máquina.
Los científicos que crearon este cuerpo me hicieron más fuerte, y no siento dolor alguno.
Además, el Rey Oscuro me otorgó este enorme poder para cumplir su voluntad.
Sabes, no necesitan lavarme el cerebro para seguirlo, porque siempre fui malvado, como tú dices.
Y si puedo seguir cometiendo atrocidades, lo haré”.
Tok clavó su mirada en Mok, su voz cargada de arrogancia.
“Acabé con el tonto rey de este reino.
Ese imbécil pensó que podría vencerme, pero desde el principio ya estaba muerto solo por ponerse frente a mí.
Después de eso, perdí el interés.
Todos aquí son un montón de debiluchos.
Vamos, Mok, demuéstrame que no eres inútil y dame un espectáculo antes de que te mate”.
Con un movimiento rápido, Tok clavó su espada en el costado de Mok, arrancándole un gruñido de dolor.
Luego, lamió la sangre de su hermano que había quedado en la hoja, saboreándola con una mueca de satisfacción.
“¡Grr!” gruñó Mok, apretando los dientes mientras sentía cómo el dolor recorría su cuerpo.
“Vamos, quiero más, hermano”, dijo Tok con burla.
“¿O ya te vas a rendir y morir de una vez?
Quiero pisotear tu espíritu de lucha, aunque…
quizás con esto ya bastó”.
Su risa irónica resonó en el espacio vacío.
En otro lugar, Golden observaba la escena a través del vínculo mental con Mok.
Su expresión era sombría, y la angustia se reflejaba en sus ojos.
“Ese tipo es un monstruo”, murmuró Golden, su voz apenas un susurro.
“¿Qué pasa?” preguntó Paltio, notando la preocupación en la voz de Golden.
“Nada, muchacho.
Sigue buscando la pieza faltante”, respondió Golden, tratando de ocultar su ansiedad.
Pero su tono revelaba algo más profundo: miedo por lo que podría pasar si Mok no lograba resistir.
“Vaya, creo que te hace falta un motivo, Mok”, dijo Tok con una sonrisa burlona, sus ojos brillando con malicia.
“¿Qué tal si traigo a tus amiguitos a jugar?” Sin previo aviso, Tok levantó su espada y lanzó otro de sus ataques oscuros hacia el bloque de tierra desde donde los demás estaban.
La explosión fue devastadora.
Toneladas de roca y polvo se desprendieron, haciendo que todo colapsara en una avalancha caótica.
El suelo bajo Paltio y su grupo se desmoronó, y todos fueron arrastrados por el derrumbe, cayendo hacia las profundidades.
“¡No, señorito Paltio!” gritó Mok, intentando ponerse de pie con desesperación.
Su voz estaba cargada de angustia mientras miraba horrorizado el desastre que su hermano había provocado.
Tok, por su parte, observaba la escena con deleite, disfrutando del caos que había creado.
Su risa resonó en el aire como un eco siniestro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com