La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 126
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
126: Mok (1) 126: Mok (1) “¡Nooo…!
¡Señorito!” gritó Mok con desesperación, intentando incorporarse mientras se llevaba una mano a la herida que le había ocasionado su hermano.
Su voz estaba cargada de angustia, y el dolor lo hizo tambalearse.
“Pero ¿qué has hecho, Tok?” preguntó Mok con furia, mirando a su hermano con odio contenido.
“Bueno, creo que el señor Urugas me va a regañar si tu amiguito se murió”, respondió Tok con indiferencia, aunque un destello de burla brillaba en sus ojos.
“Quizá excedí mi fuerza”.
“Tranquilo, Mok, relájate”, dijo Golden dentro de la mente de Mok.
“Paltio está bien”.
De entre la polvareda y el humo emergió una esfera luminosa que flotaba con calma.
Era Paltio, junto con los demás, protegidos por una barrera que amortiguó su caída.
Habían salido ilesos gracias al poder de Sacaram.
“Vaya, de la que me salvé”, murmuró Tok con sarcasmo.
“Bueno, parece que tu principito tiene mucha suerte.
Tiene más vidas que un gato”.
“¡Estamos bien, Mok!
¡No te preocupes!” gritó Paltio mientras la esfera protectora desaparecía.
“Parece que Mok no lo está”, comentó Lucca, observando al mayordomo herido.
“Será mejor que lo ayude”, dijo Paltio, preparándose para usar el poder de Golden.
“Las escorias siguen con vida, entonces las mataré primero.
Luego volveré por ti, hermanito”, declaró Tok con frialdad, sus ojos llenos de crueldad.
“Pero antes las haré sufrir, para que veas la desesperación en tus ojos”.
Tok salió rápidamente al encuentro de Paltio y sus amigos.
Lucca se interpuso frente a él, levantando su bastón con determinación.
“Paltio, yo lo entretengo; tú ve y cura a Mok”, dijo Lucca sin vacilar.
“Sí”, respondió Paltio, corriendo hacia Mok.
“Pero ¿Qué viejo tan impertinente?
¿Deseas morir primero?” dijo Tok, mirando a Lucca con una expresión fría y despectiva.
“Yo te ayudaré”, dijo Pax, adelantándose.
“¡Y yo también!” añadió Rykaru, decidido.
“No, ustedes dos, no se metan.
Si no, Paltio no podrá curarlos otra vez este día”, replicó Lucca, tratando de detener su avance.
“Así que ese niño tiene el poder de curar…
interesante”, murmuró Tok, cambiando su espada de mano.
Con un movimiento rápido, agarró el bastón de Lucca y, usando su fuerza sobrehumana, lanzó al anciano contra los escombros con brutalidad.
“No te dejaré, principito”, dijo Tok, avanzando nuevamente hacia Paltio.
Pero antes de que pudiera dar otro paso, Toco-Toco apareció frente a él, bloqueando su camino.
El felino empuñaba sus sais con decisión, listo para el combate.
“¿Otra escoria?
¿De dónde salen tantas?” dijo Tok con irritación al ver al gato frente a él.
“¿A quién llamas escoria, miau?
Te voy a enseñar a respetar”, respondió Toco-Toco, mostrando sus colmillos afilados.
“Toco-Toco, ese sujeto es muy fuerte.
Solo mantenlo a raya.
No te descuides”, advirtió Golden mentalmente.
“Entendido, jefe, miau,” respondió el felino con confianza.
Mientras tanto, Paltio siguió corriendo hacia Mok, quien aún trataba de ponerse de pie.
Las heridas en su cuerpo le impedían moverse con facilidad.
“¡Ya llego, Mok!” gritó Paltio al acercarse.
Paltio usó el poder del orbe para sanar las heridas del mayordomo.
Las vendas rotas y las quemaduras desaparecieron, y su traje volvió a recuperar su estado original.
“¡Ah!
Eso es fascinante”, dijo Tok con una sonrisa siniestra.
“Así que, si lo vuelvo a dañar, el mocoso lo curará, y podré seguir jugando con mi querido hermanito”.
“No te distraigas.
Yo soy tu oponente, miau,” dijo Toco-Toco, interponiéndose nuevamente entre Tok y Paltio.
“¡Me estorbas, tonto animal parlante!” gritó Tok con desdén.
Toco-Toco era rápido, pero Tok estaba en otro nivel.
En un abrir y cerrar de ojos, apareció detrás del felino y le propinó un golpe cargado de energía oscura que lo lanzó volando por los aires.
Toco-Toco aterrizó cerca de Rykaru y Pax, quien rápidamente corrió hacia él para ayudarlo.
“Ese sujeto es demasiado poderoso…
Siento miedo.
Ese tipo es un monstruo”, murmuró Rykaru, temblando visiblemente.
“Tranquilo”, respondió Pax, intentando calmarlo mientras observaba a Tok con cautela.
Lukeandria, en su mente, sabía que algo así iba a pasar si agitaban “el avispero”.
Estaban en graves problemas.
Si ni siquiera Toco-Toco, quien siempre había sido fuerte y ágil, podía contra Tok, ¿quién podría?
Era como enfrentarse a un demonio.
Mientras tanto, Paltio se acercó a Mok, quien ya comenzaba a recuperarse gracias al poder curativo del orbe.
“Mok, ya estás recuperado”, dijo Paltio con una sonrisa forzada, tratando de transmitir confianza.
“Señorito, yo no puedo contra él.
Está a otro nivel”, replicó Mok, su voz llena de frustración y duda.
“Tonterías, Mok”, respondió Paltio con firmeza, mirándolo directamente a los ojos.
“Yo sé que eres muy fuerte y que puedes ganarle a tu hermano.
Ahora entiendo por qué nunca me contaste sobre él.
Confío en ti.
Pero cuando esto termine, quiero que me cuentes más sobre ti.
Es una promesa”, añadió con una sonrisa cálida, extendiendo su mano hacia Mok.
Antes de que pudieran seguir hablando, Tok apareció repentinamente detrás de Paltio.
Con un movimiento rápido y brutal, lanzó un golpe cargado de energía oscura que envió al joven príncipe volando hacia una de las paredes del lugar.
El impacto resonó con fuerza, dejando a Paltio tendido en el suelo, inconsciente.
“¡Señorito!” gritó Mok con impotencia, sus ojos llenos de furia mientras veían a Paltio caer.
“¡Ups!
Espero que esta vez no se haya muerto el muchacho.
Bueno, tiene esa cosa para curarse, así que estará bien”, dijo Tok con descaro, encogiéndose de hombros como si acabara de cometer una travesura menor.
Al ver cómo maltrataban a su señorito, algo en el interior de Mok comenzó a despertar.
Imágenes y recuerdos comenzaron a inundar su mente, trayendo consigo una mezcla de emociones enterradas.
Recordó cuando era un joven muchacho, desnutrido y solitario, tendido en un callejón oscuro.
Un hombre alto y fornido se detuvo frente a él, observándolo con curiosidad.
“¿Qué haces aquí, niño?
¿Por qué estás desnutrido y solo?” preguntó el hombre con una voz profunda pero amable.
Mok, tan solo un niño entonces, tenía el cabello de dos colores: negro y blanco.
“Vaya, qué raro color de cabello tienes, niño”, comentó el hombre, inclinándose para verlo mejor.
“¡Déjeme, señor!
Este será mi lugar de muerte, igual que mi lugar de nacimiento”, respondió el niño con amargura, apartando la mirada.
“Soy un huérfano, bueno, uno de los gemelos huérfanos que sobrevivieron en este lugar abandonado por todos.
No necesito de su lástima”.
El hombre soltó una carcajada suave, pero sin burla.
“Ja, ja…
Tan pequeño y hablando de esas cosas como un adulto.
Hay muchas cosas en la vida, muchacho.
Aún no se acaba todo; esto solo es un primer paso.
Oye, ¿no quieres venir conmigo?
Te puedo entrenar y darte de comer.
¿No quieres convertirte en alguien muy fuerte?” El muchacho miró al sujeto con desconfianza y preguntó: “¿De verdad no le causa ningún problema que yo sea un gemelo?
Por lo de la maldición…”.
“¿Maldiciones?
¡Tonterías!” respondió el hombre con firmeza, agitando una mano como si espantara moscas.
“No creo en esas cosas ni me dejo llevar por cuentos de la gente ilusa.
Déjame ayudarte”.
“No, señor”, replicó el niño con terquedad, aunque su estómago rugió fuertemente poco después, traicionándolo.
“Vaya, creo que tienes hambre”, dijo el hombre con una sonrisa amable mientras sacaba un pedazo de pan de una bolsa que llevaba en su cinturón.
Era la bolsa mágica, aquella que años más tarde entregaría a Paltio.
El muchacho dudó al principio, pero el aroma del pan fresco inundó sus sentidos, haciendo que se le hiciera agua a la boca.
Finalmente, cedió y devoró el trozo de pan con voracidad.
“¡Sí que tenías hambre, muchacho!” comentó el hombre con una risa cálida mientras observaba al niño disfrutar de la comida.
“¿Y cómo te llamas?” preguntó el hombre tras unos momentos de silencio.
El niño tragó el último bocado antes de responder: “Mi nombre es Filio.
Ese es el nombre que me dieron”.
El hombre frunció el ceño ligeramente, como si estuviera evaluando algo.
“Ese nombre no te va”, declaró con seriedad.
“Además, si vas a tener una nueva vida y resurgir, necesitarás un nombre digno para ti, muchacho.
Veamos…” El hombre se quedó pensativo, observando al niño con atención mientras buscaba el nombre perfecto.
Finalmente, su rostro se iluminó con una sonrisa.
“Ya sé.
Necesitas un nombre que te haga fuerte.
Desde ahora te llamarás Mok, que significa ‘fuerte y valiente’ en el antiguo lenguaje de los avocados”.
El niño parpadeó, sorprendido, antes de que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro.
Tomó otro pedazo de pan y lo mordió con entusiasmo mientras decía: “Entiendo.
Así que desde hoy seré conocido como ‘Mok’.
Me gusta”.
Luego, miró al hombre con curiosidad y preguntó: “¿Y usted cómo se llama, señor?” El sujeto abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo, un soldado llegó corriendo, visiblemente agitado.
Parecía haber estado persiguiendo algo o a alguien durante mucho tiempo.
Se detuvo frente al hombre y exclamó entre jadeos: “¡Por fin lo encuentro, su majestad Rodelos!”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com