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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 129

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129: Un Salvador Inesperado 129: Un Salvador Inesperado El cuerpo de Aresus comenzó a emanar un aura demoniaca que lo envolvió por completo.

Ya no era un más un avocado; se había transformado en una bestia salvaje sin alma ni pensamientos racionales.

Sus ojos se volvieron de un rojo intenso, brillando con una luz infernal, y con una velocidad sobrehumana se lanzó hacia Mok.

Este último ya lo esperaba, con su espada en mano, preparado para contraatacar.

Ambos chocaron con fuerza devastadora, sus armas encontrándose en un duelo de poderes opuestos.

La espada de Aresus estaba envuelta en flamas oscuras, mientras que la de Mok irradiaba una energía pura y controlada.

Al impactar, desplegaron una onda expansiva tan poderosa que parecía como si dos cometas hubieran colisionado en el cielo.

“¿Qué está pasando?” gritó Rykaru, quien casi salió volando por la fuerza del choque de energías.

“Tranquilo, te tengo”, dijo Paltio, acercándose rápidamente al pequeño y sosteniéndolo con firmeza.

“Gracias, papi”, respondió Rykaru, aferrándose a él con fuerza.

“Será mejor crear una barrera antes de que todos salgamos volando por esa onda”, sugirió Lume, quien rápidamente conjuró una barrera protectora alrededor del grupo.

“¡Miau!

Ese tonto sujeto me las va a pagar”, gruñó Toco-Toco, levantándose con dificultad y dirigiéndose hacia los demás para entrar en la barrera creada por Lume.

“Estuviste bien, Toco-Toco”, le dijo Golden con un tono de ánimo.

“Sí, estuviste bien, gatito”, añadió Lucca, siendo curado por Paltio después de haber sido derrotado por Aresus.

“Ese tipo es demasiado fuerte, pero estuviste bien minino”, comentó Lukeandria, observando la escena con preocupación.

“Sí, tienen razón”, dijo Toco-Toco, sonrojándose ligeramente ante los halagos.

“Dejen todo en manos de Mok.

Él podrá hacerlo”, afirmó Paltio con confianza.

“Así es, muchacho.

Él va a poder vencer a ese ente maligno”, agregó Geki con determinación.

En el campo de batalla, Aresus, ahora completamente poseído por la oscuridad, rugió con furia: “¡¡¡¡Moookkkk!!!!”.

Se lanzó hacia Mok con golpes cargados de pura ira, cada uno más rápido y brutal que el anterior.

Mok bloqueaba con precisión, pero el asalto era implacable.

Buscaba una abertura para contraatacar, pero Aresus no le daba tregua.

De repente, de la boca de Aresus surgió un gran resplandor morado, como un láser letal que avanzaba directamente hacia Mok.

“¡Mok, ten cuidado!” gritó Geki, conjurando rápidamente varios escudos espejo para reflejar el ataque.

“¡No te metas, maldita lagartija!” rugió Aresus, lanzando una mirada endemoniada hacia Geki y los demás.

“¡Qué miedo, papi, sálvame!” dijo Rykaru, escondiéndose detrás de Paltio.

“Está bien, yo te cuido”, respondió Paltio, pensando que, aunque Rykaru era fuerte, seguía siendo un niño pequeño que necesitaba protección.

“Ya voy a ir por ustedes, malditas alimañas.

Van a sufrir, y este mayordomo lo verá”, dijo Aresus con una voz gutural y demoniaca que helaba la sangre.

“¡No lo harás!” gritó Mok, lanzando un golpe que hizo retroceder a Aresus momentáneamente.

Pero Aresus no se detuvo.

En medio de su furia, comenzó a cargar energía, soltando un grito de dolor mientras de su espalda emergía una cola oscura y retorcida.

Con ella, atrapó a Mok desprevenido por la cintura y lo lanzó con fuerza contra el suelo, dejándolo aturdido.

Aprovechando su estado endemoniado, Aresus volteó su atención hacia Paltio, sus ojos rojos brillando con malicia.

“Paltio, todo esto es tu culpa, maldito príncipe”, rugió Aresus con una voz cargada de odio.

“Si no le hubieras dado esperanzas a ese tonto mayordomo hermano mío, no me habría lastimado”.

Con un grito furioso, Aresus cargó hacia la posición de Paltio.

Abrió su boca descomunalmente, y de ella emergió un resplandor morado que anunciaba el lanzamiento de un rayo letal dirigido hacia Paltio y los demás.

“Esa cosa es muy poderosa”, dijo Lume con urgencia, su voz tensa.

“No creo que mi campo de fuerza pueda resistir ese ataque”.

“Tranquilo, yo pondré unos escudos para protegernos”, intervino Geki rápidamente, concentrándose en conjurar barreras adicionales.

“Pero será suficiente solo para un ataque.

Espero que no lance más de uno seguido, o estaremos en graves problemas”.

“¡Miau!

¿Señor Golden, no puede hacer algo contra eso?” preguntó Toco-Toco, mirando al ser dorado con preocupación.

“Solo podré levantar rocas para usarlas como una segunda barrera, pero eso es todo lo que puedo hacer”, respondió Golden, moviendo sus manos para crear una muralla improvisada frente al grupo.

Aresus ya estaba listo para disparar cuando algo lo detuvo.

Una mano firme sujetó su cola oscura con fuerza.

Era Mok, quien se había levantado del suelo con determinación.

“No lo harás”, dijo Mok con voz severa, tirando de la cola de Aresus con todas sus fuerzas.

Lo lanzó contra el suelo con un estruendo y luego lo arrojó fuera del alcance de Paltio y los demás.

El rayo oscuro de Aresus se desvió hacia una de las paredes, salvando a todos de su ira destructiva.

“¡No interfieras, Mok!

¿No ves que voy a matarlos?” gritó Aresus, incorporándose rápidamente y volviendo al ataque.

“Primero tendrás que acabar conmigo”, respondió Mok con calma, colocándose nuevamente delante de Aresus para bloquearle el paso.

“Tengo que hacerte a un lado”, gruñó Aresus con una voz demoniaca.

Sacó su espada, ahora cubierta por llamas oscuras, y comenzó a lanzar ataques indiscriminadamente en todas direcciones.

Mientras tanto, aprovechaba el caos para cargar nuevamente su rayo mortal sin que nadie lo notara.

Su objetivo seguía siendo Paltio y sus amigos.

“No me importa si necesitan al principito vivo”, se dijo Aresus a sí mismo, sus pensamientos llenos de crueldad.

“Con tal de usar su cuerpo inerte para conseguir el cetro para mi amo, todo estará bien”.

El campo de batalla se llenó de polvo y escombros producto de los ataques continuos y erráticos de Aresus.

La visibilidad era casi nula.

“No puedo ver nada”, dijo Paltio, intentando distinguir algo entre la nube de polvo.

“Yo sí puedo ver”, intervino Toco-Toco, utilizando su ojo verde para observar a través del caos.

“¡Ese sujeto planea lanzar su rayo otra vez hacia aquí, miau!” “Será mejor que coloque una protección adicional”, dijo Geki, preparándose para conjurar otro escudo.

“¡Basta ya de tanta tontería!” exclamó Mok, utilizando su anillo de viento para dispersar el polvo y limpiar el campo de batalla.

Al hacerlo, vio a Aresus, quien ya estaba completamente cargado y listo para atacar.

“Debo acabar con él de una vez”, murmuró Mok, corriendo hacia Aresus con decisión.

Pero fue demasiado tarde.

Aresus lanzó su rayo directamente hacia Paltio y los demás.

Mok no pudo llegar a tiempo y solo pudo ver con horror cómo el rayo avanzaba inexorablemente hacia sus amigos.

“¡Es hora de que ardan en el infierno!” gritó Aresus, riendo con una carcajada malvada y desenfrenada.

“¡No!

¡Paltio!” gritó Mok desesperado al ver que el rayo impactaba directamente sobre el grupo, levantando una gran nube de polvo que cubrió todo a su alrededor.

“Listo.

Acabé con todos estos inútiles”, dijo Aresus, siseando con desprecio mientras movía su lengua como una serpiente.

“Solo faltas tú, Mok”.

Mok cayó de rodillas, sintiendo cómo su espíritu de lucha comenzaba a desvanecerse.

Pero entonces, una voz familiar lo sacó de su desesperación.

“Estamos bien”, dijo alguien desde la nube de polvo.

Cuando esta se disipó, reveló a Paltio y los demás sanos y salvos gracias a la ilusión creada por Lume.

“Pero ¿qué?

¿Cómo puede ser posible?

¡Si lancé mi ataque!” exclamó Aresus, visiblemente molesto y confundido al ver que sus enemigos seguían con vida.

“Menos mal que usé una de mis ilusiones reales”, comentó Lume con una sonrisa astuta.

“Con eso engañamos al enemigo.

Por poco y no la contamos”, añadió el pequeño hurón, sacudiendo su cabeza con alivio.

“Vamos, Mok, acaba con él.

Nosotros estamos bien”, dijo Paltio, animando al mayordomo con una mirada llena de confianza.

“Sí”, respondió Mok, recuperando su determinación.

Con su espada en mano, corrió hacia Aresus, listo para dar el golpe final.

Aresus intentó contrarrestar el avance de Mok con su espada envuelta en llamas oscuras, pero este último, con una precisión asombrosa, logró desarmarlo.

Desesperado, el endemoniado sujeto recurrió a su cola y extremidades, lanzando golpes torpes y descontrolados.

Sin embargo, algo extraño estaba ocurriendo: sus movimientos eran cada vez más lentos, como si estuviera perdiendo energía rápidamente.

Mok aprovechó el momento.

Con un movimiento rápido y decisivo, clavó su espada en el centro del cuerpo de Aresus.

Un líquido oscuro brotó de la herida, y el villano cayó al suelo retorciéndose de dolor.

Finalmente, sus ojos se apagaron, señalando su derrota definitiva.

“Esto se acabó”, declaró Mok con firmeza, guardando su espada.

Los demás, al ver que el combate había terminado, corrieron hacia él para felicitarlo.

Sin embargo, el mayordomo, exhausto por el esfuerzo, cayó al suelo.

Paltio y Lucca lo sostuvieron antes de que tocara el piso.

“Lo hiciste bien, Mok”, dijeron ambos al unísono, sonriendo con admiración.

“Fue un sujeto muy fuerte, miau, pero lo derrotaste, mayordomo.

No eres débil después de todo”, comentó Toco-Toco, cruzando sus patas con orgullo.

“Mira quién habla”, replicó Rykaru con una sonrisa traviesa.

“¿Quieres pelear, niño?” respondió el gato, fulminándolo con la mirada, aún molesto porque él mismo no había podido vencer a Aresus.

“Bien, señorito, es hora de buscar la última pieza del cetro”, dijo Mok, tratando de levantarse a pesar de su agotamiento.

“Tranquilo, descansa, Mok.

Ya déjamelo a mí.

Encontraré la pieza.

Está en este lugar, no sé exactamente dónde, pero aquí debe estar.

Buscaré en cada rincón si es necesario”, aseguró Paltio con determinación.

Todos rieron ante su entusiasmo.

Pero justo antes de que la calma se asentara por completo, Golden interrumpió con urgencia.

“¡Cuidado!

Siento que Aresus se está poniendo de pie…

y está cargando su rayo nuevamente”.

“¡Maldición!

¿Es que esa cosa no se muere?” exclamó Lukeandria con frustración, observando cómo Aresus comenzaba a recuperarse.

“Mok ya no está en condiciones de pelear”, dijo Paltio, mirando al mayordomo exhausto con preocupación.

“No hay otra opción… tendré que entrar yo”.

“Golden, préstame tu poder”, pidió Paltio con urgencia, su voz firme pero cargada de determinación.

Golden asintió sin dudarlo, listo para canalizar su energía hacia el joven príncipe.

“¡Morirán todos!” rugió Aresus, terminando de cargar su rayo mortífero.

Con un grito desgarrador, lanzó el ataque hacia ellos.

Pero antes de que pudiera impactar, un gran rayo anaranjado surgió de la nada, interceptándolo y abriendo un enorme hoyo en una de las paredes, desapareciendo a Aresus por completo.

Todos quedaron boquiabiertos ante lo que acababa de suceder.

Del polvo y los escombros emergió una criatura colosal, cuya silueta imponente proyectaba sombras por toda la sala.

“¿Qué es eso?” se preguntaron los presentes en voz baja, sus ojos llenos de asombro y confusión.

Se escucharon voces acercándose desde la oscuridad.

“Así que esa cosa está por aquí.

Pronto acabemos con ella”, dijeron dos voces familiares, resonando con seguridad entre los ecos de la caverna.

Paltio sintió un vuelco en el corazón al reconocerlas.

Junto a la criatura aparecieron dos jóvenes, cuyas figuras resultaban inconfundibles incluso en medio del caos.

“¡Paltio!” gritó uno de ellos, saludando con entusiasmo.

El príncipe no pudo contener su emoción.

“¡No puedo creerlo!

¡Son ustedes!” exclamó, su voz vibrando de alegría y alivio al ver a sus amigos nuevamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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