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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 130

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130: La Trampa (1) 130: La Trampa (1) “¡Bueno, ya es el día esperado!

¡Es momento de despertar!” anunció Jock en voz alta mientras se paseaba entre los soldados con máscaras blancas.

Su tono resonó decidido, pero uno de los soldados permaneció profundamente dormido, ajeno al llamado.

“Un ratito más…” murmuró el joven soldado, aferrándose a su descanso con obstinación.

Jock lo observó un instante antes de acercarse sigilosamente.

Con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia él y gritó justo al lado de su oreja.

El muchacho dio un brinco tan alto que parecía haber sido impulsado por un resorte.

Aturdido, se levantó de golpe y se ajustó nerviosamente la máscara blanca sobre su rostro.

Era evidente que era uno de los reclutas más jóvenes.

“¡Si, señor!

¡Ya me desperté!” exclamó tembloroso, intentando recuperar la compostura.

Jock lo miró con una mezcla de severidad y diversión antes de dirigirse al grupo.

“Bien, muchachos.

Nuestro señor, el Señor de la Máscara Dorada ósea nuestro líder, quiere decirles algo importante.” En ese momento, entró el hombre con la máscara dorada.

Su presencia imponente llenó la sala mientras comenzaba a hablar, dirigiéndoles un discurso cargado de propósito.

Jock, sin embargo, no despegaba la vista de sus compañeros.

Lentamente, se quitó la máscara, revelando un rostro maduro, marcado por los años, con cabello plateado que brillaba bajo la tenue luz.

“Pongan atención a lo que dice nuestro líder,” ordenó Jock, y todos dejaron de hacer ruido para escuchar atentamente.

“Gracias, Jock,” dijo el Señor de la Máscara Dorada con un gesto de agradecimiento.

Aclaró su garganta antes de continuar.

“Hoy vamos a lograr liberar a nuestro pueblo.

Este mapa contiene una ruta oculta que será clave para alcanzar nuestro objetivo.” Extendió un pergamino desgastado frente a ellos, señalando puntos estratégicos.

“Bien dicho,” añadió Jock, asintiendo con firmeza.

“Lo que vamos a realizar hoy es crucial.

Espero que todos den lo mejor de sí mismos y se preparen para la acción.” “¡Sí!” respondieron los soldados al unísono, con emociones vibrantes en cada voz.

“Bien.

Vayan por sus armas,” concluyó Jock, dando por finalizada la reunión.

“¿Va a ir usted también, mi señor?” preguntó Jock, girándose hacia el líder.

“Así es,” respondió el Señor de la Máscara Dorada con determinación.

“Pero, mi señor… si esto es una trampa, podría perder la vida,” replicó Jock, preocupado.

“Tranquilo, Jock.

No caeré.

Además, contamos con nuestros aliados de confianza, así como con el gran Rodelos y su compañía,” aseguró el líder, infundiendo calma en el ambiente.

Todos empezaron a alistarse, ajustando sus armas y preparándose mentalmente para la batalla que les esperaba.

Sin más dilación, partieron en fila hacia el oscuro bosque, donde las sombras parecían susurrar secretos ancestrales.

“Vaya, ¿hay unos cincuenta, por lo menos?” comentó Ron, contando rápidamente a los presentes.

“Sí, pero espero que sean lo suficientemente fuertes para lo que se avecina,” respondió ‘X’, con un tono serio que hizo eco entre los demás.

“Mi señor, ¿usted también va a ir?” preguntó Ludra, acercándose al líder.

“Claro que debo ir.

Necesito estirar las piernas y participar en la lucha.

Además, tengo urgencia de conocer al tal Paltio,” afirmó ‘X’ con convicción.

“Bien, iré con usted,” respondió Ludra sin titubear.

“Bueno, ya están todos listos,” declaró Alita, mirando alrededor.

“Es momento de partir, señor Rodelos.” “Sí, muchacha.

Vamos ya.

Ansió ver a mi joven nieto y saber cómo ha estado; no lo he visto en siete años,” dijo Rodelos con nostalgia.

“¡Eh!

Bueno, señor, no se pierde de nada.

Aún sigue igual de perdido y soñador,” bromeó Alita, provocando una carcajada general.

“¡Típico de ese niño!” rio Rodelos, sacudiendo la cabeza con cariño.

“Vamos, Nakia,” indicó Alita al ave que revoloteaba cerca.

Ambas se dirigieron hacia donde estaba Ron.

“Y… ¿dónde está el perro pulgoso?” preguntó Ron, mirando a su alrededor en busca de Chiki.

Antes de que pudiera terminar de hablar, una voz aguda resonó detrás de él.

“¿A quién llamas perro pulgoso, pelos de puercoespín?” espetó Chiki, apareciendo de repente y lanzándole una patada directa al trasero.

“¡Auch!

¡Eso dolió, tonto perro!” protestó Ron, frotándose el lugar golpeado con gesto adolorido.

“¡Oigan ustedes dos!

Dejen de pelear, es momento de irnos,” intervino Alita, mientras Nakia graznaba en señal de acuerdo.

“Sí, vámonos, Alita,” respondió Ron, aun sobándose.

“Recuerden que necesitamos comunicarnos con el profesor.

Para eso necesitaremos el carruaje en el que viaja Paltio.” “Sí,” asintieron todos al unísono.

El grupo comenzó a caminar por el inmenso y oscuro bosque, cuyas ramas parecían susurrar secretos al viento.

Sin embargo, lo que ellos no sabían era que alguien los observaba desde lejos, oculto entre los árboles.

“Parece que se dirigen exactamente al sitio que les indicaron.

Esto va de acuerdo al plan,” murmuró el encapuchado para sí mismo antes de sacar una caracola de uno de sus bolsillos.

La llevó a sus labios y sopló suavemente, activando una conexión mágica.

“Señor, los sujetos van hacia el lugar previsto,” informó con voz baja pero clara.

“Bien.

Sigue observándolos, muchacho, y mantenme informado,” respondió una voz fría y autoritaria desde el otro lado de la línea.

“Así lo haré, mi señor Blaget,” confirmó el encapuchado antes de desvanecerse entre las sombras del bosque como un fantasma.

En otro lugar, dentro de una sala iluminada por velas titilantes, Blaget sonrió con satisfacción.

“Vaya, Godar, quien diría que tu plan va saliendo a la perfección,” comentó con tono sarcástico.

“Naturalmente, solo sirvo para las sombras, mi amigo,” respondió Godar, inclinándose ligeramente.

Su actitud era servil, pero había un destello calculador en sus ojos.

“Quién diría que un avocado como tú traicionaría a los suyos.

¿Por qué lo haces?

¿Es acaso venganza?

¿Poder?

¿O algo más?” preguntó Blaget, evaluándolo cuidadosamente.

“Es algo muy simple, mi señor.

Quiero estar del lado ganador cuando todo esto termine.

Además, me prometieron grandes riquezas y un poco de poder del señor Urugas,” explicó Godar sin vacilar.

“¡Ah!

Eres un maldito vendido, mestizo.

Seguramente no encajas en la sociedad con los otros avocados, ¿verdad?” dijo Blaget con desprecio, dejando entrever su verdadera opinión sobre él.

“Quizá sí, quizá no.

Pronto lo sabrá, mi colega,” replicó Godar con una sonrisa enigmática.

“Pero dejemos de hablar y concentrémonos en lo que viene.

Si acabamos con todo el ejército rebelde de Reedalia, su señor Blajon estará muy complacido.

Además, ya se acerca el Alba Marina.

Solo quedan seis días según ese gran reloj de arena de esa pared.” “Bien dicho.

Pero dime, ¿qué hay del principito?

¿Crees que encuentre la última pieza a tiempo?” preguntó Blaget con ironía.

“¿Principito?

Ese mocoso ni siquiera llega a ser un príncipe de cuarta.

Es débil, siempre perdido en sus pensamientos, soñando despierto.

Yo debería ser el próximo monarca,” declaró Godar con arrogancia.

“Pero, lamentablemente, aquí solo funciona la sucesión por linaje de sangre, ¿no es así?” replicó Blaget con un tono burlón.

“Exacto.

Pero cuando Urugas llegue, esas reglas cambiarán.

Me prometieron que yo sería el nuevo rey, y por eso apoyo este plan,” afirmó Godar con determinación.

“Vaya, que villano tan predecible resultaste ser.

Además, me contaste todos tus planes sin titubear.

¿De verdad vale la pena traicionar a tu gente?

Eres una escoria, Godar,” concluyó Blaget con una risa burlona.

“Ja, ja.

Me agradas.” “Bueno, ¿y tú qué dices, Blaget?

Te portaste bien con el principito, haciéndole creer que eras bueno.

Pero en realidad, eres otra cosa,” comentó Godar con una sonrisa torcida mientras observaba a su compañero.

“Solo son gajes del oficio,” respondió Blaget con indiferencia, al tiempo que aplastaba con desdén a un soldado capturado de Reedalia que yacía indefenso en el suelo.

Ambos hombres estallaron en carcajadas, risas frías y despiadadas que resonaron en la sala como ecos de un abismo oscuro.

Eran tal para cual, dos figuras cuya crueldad parecía alimentarse mutuamente.

“Ah, antes de irnos, mi señor Blajon me entregó esto para ti,” dijo Blaget, sacando un anillo de uno de sus bolsillos.

“Dijo que sería un honor que lo usaras.” “¿Es del gran líder de las Sombras Negras?” preguntó Godar, tomando el objeto con reverencia.

Observó las inscripciones extrañas grabadas en el centro del anillo, que parecían vibrar con un brillo siniestro bajo la luz tenue.

“Lo usaré con honor,” afirmó, colocándoselo en el dedo con orgullo mal disimulado.

“Nos vamos entonces,” declaró Blaget, ajustándose la capa oscura mientras se dirigía hacia la salida.

Godar asintió en silencio, siguiendo a su compañero.

Antes de cruzar el umbral, Blaget se detuvo frente al soldado que aún jadeaba débilmente en el suelo.

Sin decir una palabra, ejecutó al prisionero con un movimiento rápido y brutal, dejando tras de sí un rastro de sangre que brillaba tétricamente bajo la luz mortecina.

“Tontos avocados,” pensó Blaget mientras cerraba la puerta tras de sí.

“Ya pagarán todos por creerse superiores.

Los exterminaré como el terror de las Sombras Negras que soy.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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