La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 133
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133: La Horrenda Bestia 133: La Horrenda Bestia “Bueno, es el turno de que hagas algo, mi querido amigo Godar,” declaró Blaget con una sonrisa siniestra.
Sin darle tiempo a responder, lanzó a Godar hacia el campo de batalla, activando previamente el anillo que Blajon le había entregado.
“Esto lo usaremos en momentos extremos,” había dicho Blajon, y este era precisamente uno de ellos.
Godar cayó al suelo con un grito ahogado mientras su cuerpo comenzaba a transformarse.
Su forma de avocado humanoide se desvaneció rápidamente, dando paso a una criatura monstruosa y grotesca.
Era enorme, con la cabeza de una abeja, pero con una espiral metálica donde debía estar su boca, y el cuerpo segmentado de un alacrán gigante.
Su cola, larga y robusta, terminaba en un aguijón afilado que brillaba bajo la tenue luz de la caverna.
La criatura resultante era tan aterradora como letal.
Al ver la transformación completa del mestizo avocado, Blaget no dudó ni un segundo.
Decidió marcharse del lugar, no sin antes burlarse cruelmente.
“Buena suerte, Godar,” dijo con tono sarcástico mientras se adentraba en un pasaje secreto que lo llevó lejos del caos.
Desde las sombras, Blaget se rio de los tontos enemigos que ahora debían lidiar con esa aberración.
Ni siquiera sus propios soldados se salvaron; los dejó atrás para enfrentar su destino junto con sus enemigos.
“¿Pero qué demonios es esa cosa?” preguntó Ron, incrédulo ante la escena.
“No lo sé, pero se ve peligroso,” respondió Alita, empuñando su arma con nerviosismo.
“¡Todos, retrocedan!” ordenó Ariafilis a sus soldados, quienes ya estaban paralizados por el terror al ver a la criatura frente a ellos.
Los soldados de las Sombras Negras también dejaron de pelear, olvidándose momentáneamente de los Reedalianos.
En cambio, miraron con horror cómo el monstruo se erguía imponente, preguntándose dónde estaba su general.
Mientras tanto, los soldados de mascara blanca obedecieron la orden de Ariafilis y comenzaron a retroceder hacia la salida, aunque esta seguía bloqueada por las rocas de la explosión anterior.
La enorme criatura no perdió tiempo.
Con un movimiento brusco, se abalanzó sobre los soldados restantes de Blaget.
Estos, al verla acercarse, intentaron luchar contra ella, pero fue inútil.
La bestia era increíblemente fuerte, y sus enormes pinzas atrapaban a los soldados como si fueran simples juguetes.
Una vez capturados, los arrastraba hacia su espiral bucal, donde eran triturados sin piedad.
Otros soldados, presas del pánico, intentaron correr hacia donde estaban Rodelos y los demás, pero fueron rápidamente alcanzados por el aguijón venenoso de la criatura.
Este los paralizaba instantáneamente, dejándolos indefensos antes de ser devorados.
El caos reinaba en el lugar, y solo se escuchaban los desesperados gritos de los enemigos siendo consumidos.
“Pero ¿Cómo vamos a poder con esa cosa?” murmuraban los soldados Reedalianos mientras observaban cómo el enemigo era repelido y devorado por la criatura.
“Pobre Godar… Eso le pasa por juntarse con el ejército de las Sombras Negras,” comentó uno de los soldados, sacudiendo la cabeza con tristeza.
“Bueno, obtuvo lo que se merecía,” añadió Jock, dirigiéndose a Ariafilis.
“No diría eso,” replicó Ariafilis con un suspiro.
A pesar de la traición de Godar, sentía cierta lástima por él.
“Aunque me lastimó profundamente con su traición, siento pena por ese pobre hombre.
También fue traicionado y convertido en esa horripilante criatura.” “Escuché que mencionaron el nombre de Godar.
¿No era uno de los consejeros de Avocadalia?” preguntó Ron, frunciendo el ceño mientras intentaba recordar detalles sobre el misterioso personaje.
“Así es, ese sujeto trabajó en Avocadalia,” respondió Ariafilis con tono pensativo.
“Aunque no lo sabía… Esto me sorprende.” “Creo haber escuchado ese nombre,” interrumpió Alita, frunciendo el ceño mientras intentaba recordar.
“Si es la persona que tengo en mente, era ese sujeto que siempre miraba mal a Paltio y andaba con una actitud de pocos amigos.” “Pues sí, creo que esa persona de cara de pocos amigos… Niña, pero nunca pensé que fuera una persona traicionera,” añadió Rodelos con un suspiro.
“Me caía bien; nunca vi ninguna señal de traición o de malas intenciones en él, aunque el tipo no mostraba muchas emociones que digamos.
Una lástima.” “¿Cómo que miraba mal a mi querido nieto Paltio?
Explícate, muchacha,” interrumpió Rodelos, clavando su mirada en Alita.
“Sí, siempre lo miraba con aún más seriedad cada vez que pasaba,” explicó Alita rápidamente.
“Entonces creo entender o sacar una suposición de que ese sujeto fue quien permitió que las sombras entraran tan fácilmente en Avocadalia ese fatídico día,” reflexionó Alita en voz baja, sintiendo cómo las piezas comenzaban a encajar.
“Bueno, después hablamos de eso,” dijo Ron con urgencia mientras señalaba al enorme monstruo frente a ellos.
“Ahora tenemos que lidiar con esa cosa.” La criatura ya había terminado con el ejército enemigo y ahora posaba su mirada directamente en ellos.
Un rugido ensordecedor resonó por toda la caverna, proveniente de la bestia.
Desde el espiral en su boca, se pudo observar un líquido giratorio que rápidamente se convirtió en un rayo anaranjado de energía pura.
Este fue lanzado directamente hacia ellos.
“¡Cúbranse!” gritó Rodelos, intentando detener el rayo con su escudo.
Todos los presentes se dispersaron desesperadamente.
El rayo era tan poderoso que empujó a Rodelos hacia atrás hasta que chocó contra una de las paredes del lugar.
Su fuerza destructiva hizo pedazos el escudo de Rodelos, traspasó la pared y abrió un gran hueco, provocando que partes del techo de la cueva se derrumbaran y bloquearan el área.
“¡Maldición!
¡Vamos a morir!” exclamó Dall, visiblemente aterrorizado al ver cómo el más fuerte de su equipo, el gran Rodelos, sucumbía ante el ataque.
Recordó cómo este había destruido dos toros mecánicos él solo, y ahora parecía indefenso.
“¡Tranquilos!
Algo podremos hacer contra esa cosa,” dijo otro soldado, tratando de ganar valor.
Sin embargo, su voz temblaba tanto como sus manos, igual que los demás.
“¡Señor Rodelos!” gritaron desesperados Alita y Ron al ver cómo el abuelo de Paltio caía víctima del ataque de la criatura.
La bestia volvió a rugir, esta vez avanzando lentamente hacia ellos con paso pesado y amenazante.
“¡Cuidado!
¡Esquívenla!” ordenó Ariafilis mientras todos retrocedían.
“Será mejor que intervenga,” murmuró Chiki, listo para entrar en su FELICA FORM y enfrentarse a la criatura.
Pero antes de que pudiera activar su transformación, la criatura lo paralizó con el aguijón de su cola.
“¡Chiki!” gritó Ron al ver cómo la enorme criatura dirigía su atención hacia el perro.
Rápidamente, Ron activó la segunda forma de su armadura para repeler el ataque de la bestia con su tenaza que estaba a punto de aplastar al can.
Esta nueva transformación era impresionante: su armadura se volvió tan dura como el diamante, mucho más resistente que su primera forma.
Su brillo plateado se intensificó bajo la luz de las antorchas, reflejando una fuerza inquebrantable.
“¡Vaya!
¿Quién imaginaba que ese chico tenía esa armadura?” comentaron los soldados, maravillados por el espectáculo frente a ellos.
“Bueno, después de todo, es alguien de la familia ‘Fuerte’,” añadió Dall con aire casual.
Todos lo miraron sorprendidos, aunque Dall no sabía mucho más sobre el tema.
“¡Te tengo, Chiki!” exclamó Ron mientras sostenía al perro en sus brazos.
Pero antes de que pudiera cantar victoria, la criatura lo atrapó con la otra tenaza, apretándolo con una fuerza descomunal.
“¡Vamos, muchacho, resiste!” gritó Chiki, paralizado pero consciente de la situación.
Sentía cómo el agarre de la bestia aumentaba de intensidad, mientras su aguijón se acercaba peligrosamente, intentando clavarse en Ron para paralizarlo.
A pesar de la presión, la armadura de Ron resistía… o eso parecía.
Alita levantó la mirada al ver a Ron en problemas.
Sus ojos se llenaron de angustia mientras evaluaba la escena con desesperación.
“¿Qué hago?
¿Qué hago?” murmuró para sí misma, su mente trabajando a toda velocidad.
Sabía que cualquier ataque mágico que lanzara podría dañar gravemente a Ron, e incluso poner fin a su vida… y también a la de Chiki, atrapado en sus brazos.
Observó cómo su amigo era brutalmente aprisionado por la bestia, sintiendo cómo su corazón se aceleraba con cada segundo que pasaba.
El peso de la situación le aplastaba el pecho, bloqueando su capacidad de pensar con claridad.
Su magia, normalmente su mayor herramienta, ahora parecía inútil.
No podía arriesgarse a lanzar un hechizo sin poner en peligro a quienes intentaba salvar.
Estaba paralizada, no solo por el miedo, sino también por la presión de tomar una decisión imposible.
A su alrededor, los rostros de sus aliados reflejaban miedo y pánico.
Todos sabían que, si no hacían algo pronto, correrían la misma suerte.
Además, no había ningún lugar hacia donde escapar.
Estaban atrapados, rodeados por las ruinas de la caverna y la amenaza inminente de la criatura.
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