La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 135
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135: Magia e Inteligencia 135: Magia e Inteligencia Alita se lanzó hacia la enorme bestia con determinación.
Al tocar el suelo frente a ella, comenzó a mover sus manos rápidamente, haciendo que la tierra bajo las patas de la criatura se hundiera como arena movediza.
La bestia intentó liberarse, pero estaba atrapada, como una mosca pegada en papel con goma.
Para protegerse de la tenaza libre de la criatura, Alita conjuró una barrera de agua que brillaba como cristal líquido.
Parecía ser increíblemente resistente, deteniendo cada ataque sin ceder ni un ápice.
Sin embargo, al ver que no lograba dañarla, la bestia posó sus enormes ojos sobre ella y lanzó su cola afilada directamente hacia la joven.
Con rapidez, Alita conjuró un bloque de roca que interceptó el aguijón.
El impacto hizo que el bloque se partiera en pedazos, levantando una nube de polvo que cubrió el área.
Cuando el polvo se disipó, moviendo la cola para ventilarlo, la criatura descubrió que Alita ya no estaba donde había estado momentos antes.
“¡Toma esto!” gritó Alita desde el otro lado de la bestia.
De los costados de su cuerpo emergieron cientos de dagas de hielo, filosas y letales, que volaron directamente hacia los ojos de la criatura.
Las cuchillas heladas perforaron sus enormes globos oculares, causándole un dolor insoportable.
La criatura rugió y se retorció, soltando finalmente su agarre.
Ron aprovechó el momento para escapar de las tenazas, llevando a Chiki en brazos.
“¡Bien hecho, Alita!
¡Gracias!” exclamó mientras corría hacia un lugar seguro.
“Esa chica es genial… Y pensábamos que la habían traído para nada,” comentó Dall, admirado.
Los demás soldados asintieron al unísono, murmurando palabras de aprobación.
“Vaya, esa Alita es buena.
Sabe exactamente dónde atacar.
Es una chica inteligente,” dijo Ludra con admiración.
“Como tú,” le respondió ‘X’ con una sonrisa traviesa, provocando que Ludra se sonrojara levemente.
“Esa chica es interesante,” comentó Ariafilis a Jock, quien simplemente asintió en silencio, impresionado por lo que acababa de presenciar.
La bestia, ahora cegada gracias a Alita, comenzó a moverse erráticamente, destrozando todo a su paso.
Lanzaba rayos anaranjados de su boca en todas direcciones, sin saber hacia dónde apuntar.
Las paredes de la cueva temblaban mientras los rayos abrían enormes agujeros en ellas.
“¡Cuidado!” gritó Alita, creando una pared de agua que protegió a los demás de los ataques descontrolados de la criatura.
“Esa cosa está completamente descontrolada,” observó Nakia, sobrevolando el campo de batalla.
“Será mejor que acabemos con ella antes de que destruya la cueva entera y nos mate a todos en el proceso.” “Sí, tienes razón, Nakia,” respondió Alita, concentrándose nuevamente.
“Voy a usar magia de fuego.” La joven extendió sus manos, generando bolas de fuego que ardían con una intensidad abrasadora.
Las lanzó hacia la criatura, envolviéndola en llamas.
La bestia rugió de dolor, retorciéndose violentamente mientras el fuego consumía su cuerpo.
“Bien, es mi turno,” anunció Ron.
En su segunda forma de armadura, corrió hacia la criatura y, con un movimiento preciso, utilizó su brazo como si fuera una hoja afilada para cortar el aguijón de la cola de la bestia.
El aguijón cayó al suelo con un golpe sordo.
Pero la criatura, aunque gravemente herida, seguía llena de odio.
Continuó lanzando rayos descontroladamente, destrozando aún más la cueva.
“¡Esa cosa se está descontrolando!” gritó Nakia mientras sobrevolaba el caos, esquivando los rayos que la criatura lanzaba en todas direcciones.
“¡Vamos, muévanse!” ordenó Ariafilis a los demás al ver cómo las rocas comenzaban a desprenderse del techo de la cueva.
El lugar entero temblaba, amenazando con colapsar en cualquier momento.
“¡Yo me encargo!” exclamó Ludra, quien con una patada digna de un karateka rompió varias rocas que caían sobre ellos.
“¡Protegeré a mi señor ‘X’!” Por su parte, ‘X’ sacó algo que parecía un simple lapicero, pero este rápidamente se transformó en una espada brillante.
Con movimientos precisos, cortaba las rocas más pequeñas que amenazaban con aplastarlos.
Sin embargo, las más grandes eran difíciles de detener.
Fue entonces cuando Ron intervino, usando su increíble fuerza para destruirlas antes de que cayeran sobre los demás.
“¡Bah!
Presumido,” murmuró Ludra, aunque no pudo evitar sonreír al ver lo efectivo que era Ron.
“¡Muchachos, a la derecha, ¡no, a la izquierda!” indicaba Ariafilis con urgencia, guiando a todos para evitar ser aplastados por las rocas que seguían cayendo.
“Bien, Alita, es tiempo de acabar con ese monstruo,” dijo Nakia mientras volaba cerca de ella.
“Sí, pero será mejor que saquemos algo de provecho de esa cosa,” respondió Alita con una sonrisa astuta.
“¿Algo como qué?” preguntó Nakia, intrigada.
“Eso déjamelo a mí,” indicó Alita con determinación.
La joven flotó en el aire gracias a su magia de viento, colocándose frente a la criatura que seguía lanzando rayos descontroladamente.
De sus manos emergieron unos rayos que se transformaron en látigos brillantes.
Los usó para controlar a la bestia, manejándola como si fuera un caballo salvaje.
“Vaya, lo malo es que no soy tan fuerte como el tonto de Ron,” murmuró Alita, frunciendo el ceño.
“Pero no puede ayudarme ahora, está ocupado parando las rocas.” De repente, una voz familiar resonó en el lugar.
“Sé lo que quieres hacer, niña.” Desde una pared cercana emergió Rodelos, cubierto de polvo, pero vivo.
“¡Señor Rodelos, está vivo!” exclamó Alita, sorprendida.
“Claro, un tonto rayo no me va a matar, muchachita,” respondió él con una sonrisa confiada.
“Bien, lo que quiero es mover a esta criatura hacia esa pared,” explicó Alita rápidamente.
“Según los planos que tenía Ariafilis, hay un camino oculto detrás de esa pared.
Podríamos usar a la bestia para abrirnos paso.” “Buena idea, niña,” afirmó Rodelos.
Sin perder tiempo, se acercó a la criatura y agarró los cables eléctricos que sobresalían de su cabeza.
Con una fuerza sobrenatural, jaló a la bestia y la dirigió hacia el punto indicado.
La criatura gemía de dolor debido a la ceguera y las quemaduras, pero Rodelos no aflojó su agarre.
Finalmente, apuntó hacia la pared y la criatura lanzó su último rayo, uno tan enorme que perforó todo el muro, abriendo un gran camino hacia el otro lado.
“Vaya, esa criatura está muerta,” comentó Ron al llegar donde estaban Alita y Rodelos.
“Así es, muchacho.
Creo que ha dado su último aliento,” señaló Rodelos con tono solemne, mientras observaba cómo la criatura se arrastraba débilmente por el túnel que había perforado.
Las llamas devoraban su cuerpo, consumiéndolo lentamente, hasta que finalmente se desplomó, inmóvil, envuelta en el fuego que la reducía a cenizas.
“Miren, ¿qué hay del otro lado?” preguntó Alita, mirando hacia el nuevo camino abierto.
“No sé, pero escucho voces,” respondió Ron, alerta.
“Hay que mover esta cosa,” dijo Ron, quien también poseía una fuerza extraordinaria como todos los miembros de la familia Fuerte.
Empujó el cuerpo de la criatura para limpiar el área.
“¡No puede ser!
¿Será cierto?
¿Son ustedes, chicos?” se escuchó una voz conocida desde el otro lado del túnel.
“Es…,” murmuró Ron, reconociendo inmediatamente la voz.
“Sí, es él.
Esa voz es inconfundible,” añadió Alita con una mezcla de asombro y alegría.
Ambos chicos corrieron hacia el túnel recién abierto.
Al salir, se encontraron cara a cara con Paltio y los demás.
“¡Chicos!
Pero, ¿cómo es posible?
No puedo creerlo,” exclamó Paltio, visiblemente emocionado.
“¡Paltio!
¡En verdad eres tú!
No puede ser… ¿Estoy soñando?
¡Que alguien me pellizque!” dijo Ron con una mezcla de asombro y alegría.
“Con mucho gusto,” respondió Chiki, quien ya había recuperado el movimiento tras la parálisis que le había causado la criatura.
Sin dudarlo, saltó hacia Ron y le dio un buen pellizco en el brazo.
“¡Auch!
¡Maldito pulgoso!” exclamó Ron, sobándose el brazo mientras miraba a Chiki con fingida indignación.
Pero no pudo evitar sonreír al ver al pequeño perro tan animado.
Por cierto, “Gracias, muchacho, por rescatarme,” dijo Chiki con seriedad, mirando a Ron directamente a los ojos.
Su tono era sincero, casi solemne, como si estuviera haciendo un esfuerzo especial por expresar gratitud.
Pero Ron, en lugar de tomarlo en serio, soltó una risita burlona.
“Vaya, tú dándome las gracias… Eso quisiera volver a escucharlo,” respondió con sorna, claramente disfrutando del momento.
Chiki frunció el ceño, sus orejas se inclinaron hacia atrás mientras su paciencia llegaba al límite.
Antes de que Ron pudiera reaccionar, el perro saltó hacia él y le propinó una patada directa en la cara.
“¡Auch, eso dolió!” exclamó Ron, sobándose la mejilla mientras miraba indignado al pequeño pero determinado Chiki.
“¡Yo me abro mostrando mi gratitud, dejando salir mis sentimientos, y tú me sales con estas cosas, mocoso!” murmuró Chiki, visiblemente molesto.
Cruzó sus patas delanteras con gesto indignado y, sin mirar atrás, se alejó a otro lado, dando pequeños pasos que reflejaban su enfado.
“Vaya, sí que la regaste, Ron,” comentó Alita, tratando de contener una carcajada mientras negaba con la cabeza.
“Es que Chiki es un poco duro con los sentimientos; casi nunca los muestra,” explicó Nakia, volando cerca del grupo.
“A veces eres muy tonto, Ron,” añadió Alita con una sonrisa traviesa, aunque su tono dejaba claro que estaba más divertida que molesta.
Todos se volvieron a reunir, compartiendo abrazos y palabras de alivio.
Sin embargo, la alegría más grande fue la de Paltio al ver a su abuelo, Rodelos.
“¡Abuelo!” gritó Paltio, corriendo hacia él con los ojos brillantes.
“Hola, mi niño,” respondió Rodelos con una amplia sonrisa.
Ambos se fundieron en un abrazo lleno de cariño y alivio, demostrando lo mucho que significaban el uno para el otro.
“Señor Rodelos,” dijo Mok con respeto, acercándose al grupo.
“¡Mok!
Ya te dije que dejes de ser tan formal,” replicó Rodelos con tono amistoso, aunque con un dejo de exasperación.
“Nunca, mi señor,” respondió Mok con una sonrisa traviesa, sabiendo que eso sacaría una reacción de Rodelos.
Este último, resignado pero divertido, despeinó a Mok con una mano mientras negaba con la cabeza.
“Vaya, ¿qué se le va a hacer con este muchacho?” comentó Rodelos, provocando risas entre todos.
El ambiente estaba lleno de felicidad y alivio.
Además de los viejos amigos, también había caras nuevas que se sumaban al grupo, trayendo consigo una sensación de esperanza renovada.
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