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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 138

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138: La Ultima Pieza (2) 138: La Ultima Pieza (2) “¡¿Qué es eso?!” gritó Lucca al ver una enorme mandíbula surgir del suelo, lista para tragarse a Dall en un solo bocado.

Antes de que la criatura pudiera cerrar su gigantesca boca, Toco-Toco apareció como un rayo y rescató al muchacho justo a tiempo.

“Gracias,” balbuceó Dall, aun temblando mientras miraba a la bestia con ojos desorbitados.

“Sí, de nada… ¡Miau!” respondió el felino, sin quitar la vista de la criatura que ahora emergía completamente del suelo.

La bestia era una especie de tiranosaurio, pero en lugar de tener patas delanteras cortas, poseía extremidades largas y afiladas garras que brillaban bajo la tenue luz de la cueva.

Su piel rugosa parecía estar hecha de roca derretida, y sus ojos ardían como brasas vivas.

“Es una bestia abominable,” murmuró Lucca, retrocediendo instintivamente mientras observaba al colosal depredador frente a ellos.

Sin perder tiempo, Toco-Toco entró en su “FELICA FORM”, aumentando su tamaño y poder.

A pesar de su transformación, la criatura seguía siendo mucho más grande que él.

Con agilidad felina, el minino se acercó a la bestia y comenzó a atacarla con zarpazos certeros en las patas y el pecho, haciéndola tambalearse.

Sin embargo, la criatura no estaba ni cerca de rendirse.

De pronto, todo su lomo —desde la cabeza hasta la cola— comenzó a emanar lava ardiendo, obligando a Toco-Toco a retroceder rápidamente.

La criatura se hundió en el suelo como si fuera agua y reapareció instantes después, lanzándose hacia Toco-Toco con un violento coletazo lleno de fuego.

El impacto lanzó al felino lejos, estrellándolo contra una de las paredes de la cueva.

“¡Oh, no!

¡Toco-Toco!” gritó Golden, lleno de preocupación por su compañero.

“Esa debe ser la razón por la que no encontrábamos el cetro,” reflexionó Paltio, observando cómo la criatura rugía con furia.

En la cabeza de la bestia había algo incrustado que brillaba intensamente.

“Debe ser el cetro.

Está atrapado en su cráneo.” La bestia lanzó un rugido ensordecedor que hizo temblar toda la cueva, levantando polvo y piedras del suelo.

“¡Eh, Paltio!” llamó Lukeandria, notando algo inquietante.

“Creo que esa cosa no está sola.

Siento cómo el piso se mueve en dos direcciones además de dónde venía esta bestia.” “¿Por qué lo dices?” preguntó Paltio, frunciendo el ceño mientras intentaba percibir los movimientos.

De repente, del suelo emergieron dos criaturas idénticas a la primera.

Las tres bestias comenzaron a lanzar rayos de lava hirviendo desde sus fauces, quemando todo a su paso.

Era evidente que no iban a detenerse ante nada ni nadie.

“Más problemas,” murmuró Mok, tratando de incorporarse de su improvisada cama.

Aunque había recuperado algo de fuerza tras su enfrentamiento con Aresus, aún estaba débil y apenas podía moverse.

Geki y Lume intercambiaron miradas, sabiendo que no había tiempo que perder.

Ambos animales decidieron actuar, dispuestos a proteger a sus compañeros mientras las criaturas avanzaban inexorablemente, destruyendo todo lo que encontraban a su paso.

Geki comenzó a dirigirse a Paltio y su equipo con urgencia.

“¡Retrocedan!

Vayan donde Mok,” ordenó mientras llamaba a su propia “FELICA FORM”.

En un instante, una enorme tortuga acorazada emergió frente a ellos, imponente y protectora.

“Yo los cubriré,” dijo Geki con determinación, su voz resonando con fuerza.

“¡Vaya!, ¡qué enorme!” exclamó Lucca, impresionado por la transformación de Geki.

Rykaru, observando la escena con sus grandes ojos curiosos, no pudo evitar emocionarse.

“Quiero probar ser un animal gigante también,” dijo el pequeño cubierto de pelaje blanco.

“Tranquilo, pequeñín.

Si creces más, ya no podré cargarte,” respondió Paltio con una sonrisa cálida.

“No ser cargado por mi papi… Mejor me quedo como estoy,” dijo Rykaru, resignado pero contento con su decisión.

Mientras tanto, Lukeandria miró hacia Lume, quien se acercaba decididamente a las bestias.

“Maestro Lume, ¿qué va a hacer?” preguntó, sorprendida por su valentía.

“Pues mi trabajo, niña.

No estoy pintado todos pusieron de mi parte y yo aun no,” respondió Lume con firmeza.

De pronto, las bestias jurásicas continuaron lanzando alientos de lava por donde caminaban, calentando el suelo y acercándose peligrosamente al equipo de Paltio.

Lume, ya cerca de las criaturas, gritó: “¡Van a caer!” Acto seguido, activó su “FELICA FORM”.

Se transformó en un majestuoso zorro de tres colas, casi del mismo tamaño que las bestias.

“¡Vaya, esa es la forma de Lume!” exclamó Lukeandria, asombrada.

“Zorro presumido,” murmuró Toco-Toco, quien había vuelto a su forma normal, pero lucía heridas producto del ataque anterior.

“Dos podemos jugar este juego, enormes bestias,” dijo Lume con confianza.

Comenzó a girar sus colas tan rápido que parecían las hélices de un helicóptero.

De pronto, dos copias exactas de él aparecieron, brillando con la misma energía que el original.

“Mi magia ilusoria real me permite crear dos versiones idénticas a mí, con los mismos poderes,” explicó el gran zorro verde.

“Debemos ir y ayudarle,” dijo Paltio, dirigiéndose a Golden.

“Tranquilo, ese zorrito tiene varias artimañas.

Te avisaré cuando sea el momento,” respondió Golden, observando la escena con atención.

“Pero no hemos hecho casi nada en la pelea contra Aresus, y ahora contra esta bestia debemos hacer algo,” protestó Paltio, visiblemente frustrado.

“Tranquilo, muchacho.

En la anterior batalla no podías porque tu semilla estaba aprisionada, y eso te jugó en contra.

Ahora deja que Lume se luzca ante nosotros,” replicó Golden con calma.

Los tres clones de Lume se lanzaron contra las tres bestias jurásicas de lava que rugían furiosamente frente a ellos.

En otro frente de batalla: Mientras tanto, los soldados de Ariafilis se preparaban para enfrentar a los Vichus, unas criaturas deformes con características de vizcachas que se abalanzaban sobre ellos como posesas.

Rodelos salió al frente, bloqueando el primer ataque con una poderosa tacleada.

Sin embargo, no era suficiente.

Veinte Vichus más rodearon al anciano guerrero, mostrando sus fauces afiladas.

“Yo me encargo.

Vayan por los ciudadanos,” ordenó Rodelos con voz firme.

“Esto creo que se va a poner feo incluso para Rodelos,” comentó Jock, preocupado.

“Ya oyeron: él los distraerá.

Ustedes liberen y salven a los ciudadanos,” dijo Ariafilis, tomando el liderazgo.

Los soldados, al escucharla, decidieron obedecer.

Sabían que no eran lo suficientemente fuertes para enfrentar a esas criaturas, así que se enfocaron en rescatar a los prisioneros Reedalianos.

El Vichus que había sido tacleado por Rodelos se levantó lentamente, limpiándose la sangre oscura que emanaba de su boca con una garra deformada.

“Vaya, sí que son resistentes estas cosas… Esto va a estar un poco difícil,” murmuró Rodelos, mostrando una mezcla de admiración y preocupación en su voz.

Rodelos peleaba con destreza: esquivó a uno, contraatacó a otro, pero los demás Vichus no se quedaron como simples espectadores.

En un movimiento coordinado, las criaturas deformes se lanzaron sobre él desde todas direcciones.

A pesar de su habilidad y fuerza, incluso el gran señor dorado sabía que no podría enfrentarse a los veinte al mismo tiempo.

Además, las bestias poseían una fuerza sobrenatural que las hacía aún más peligrosas.

“¡Malditas bestias, aléjense!” gritó Rodelos mientras intentaba liberarse del peso opresor de las criaturas que lo sometían.

Desde la distancia, Alita observó la escena con preocupación.

“Debemos ayudarlo, Nakia,” dijo, señalando hacia donde Rodelos luchaba desesperadamente.

“Déjamelo a mí,” respondió Chiki con decisión, transformándose nuevamente en su forma de lobo rojo.

Su pelaje brilló intensamente mientras su tamaño aumentaba, listo para el combate.

“Si el maestro va, yo también voy,” dijo Ron, haciendo aparecer su armadura.

“Además, ustedes dos deben conservar sus fuerzas para levantar ese velo de fuego y abrirnos paso hacia la salida.” “Está bien,” aceptó Alita, aunque su tono mostraba cierta inquietud.

“Pero cuídate,” le dijo a Ron mientras este asentía con firmeza.

“Tranquila, lo haré,” respondió Ron antes de salir corriendo hacia la refriega.

Chiki, sin perder tiempo, miró a Ron con una sonrisa traviesa.

“Pues bien, muchacho, veamos si eres tan fuerte después de mi entrenamiento.” Ron lo miró de reojo.

“Ya te mostré cuando peleé con esa cosa en la que se convirtió Godar.” “¿Crees que eso es fuerza?

Entonces eres más tonto de lo que pensé,” replicó Chiki con sarcasmo mientras corría hacia los Vichus.

“Vaya, tendré que demostrarle a ese perro que no soy alguien con quien se pueda jugar… O me estará reprochando todo el tiempo” de dijo a si mismo Ron mientras corría.

Ambos avanzaron hacia el campo de batalla, listos para enfrentarse a las criaturas que amenazaban a Rodelos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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