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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 139

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139: La Ultima Pieza (3) 139: La Ultima Pieza (3) Rodelos estaba siendo sometido por los Vichus cuando, de repente, algo lo jaló hacia afuera.

Confundido pero aliviado, levantó la vista para encontrarse con Ron.

“¿Estás bien?” preguntó Ron, ayudándolo a incorporarse.

“Vaya, muchacho… ¿Qué haces aquí?” respondió Rodelos, limpiándose el polvo mientras trataba de recuperar el aliento.

A pesar de su tono cansado, se notaba que apreciaba la ayuda.

“No se preocupe, nosotros lo ayudaremos,” aseguró Ron con una sonrisa confiada.

“¿Nosotros?” preguntó Rodelos, mirando alrededor con curiosidad.

“Yo estoy aquí para ayudarlo,” dijo Chiki en su forma de lobo rojo, apareciendo detrás de ellos con una expresión decidida.

“Bien, me había olvidado de lo fuerte que eres, muchacho,” comentó Rodelos, dirigiéndose a Ron con una pequeña sonrisa de agradecimiento.

“Bueno, al menos usted lo cree… No como alguien,” murmuró Ron, lanzando una mirada rápida a Chiki.

“¡Dejen de decir tonterías y peleen!

¿No ven que estas cosas no dan tregua?” gritó Chiki mientras lanzaba un par de potentes patadas que derribaban a dos Vichus cercanos.

“Tienes razón,” dijo Rodelos, desenvainando una espada brillante que parecía hecha de oro puro.

Con movimientos precisos, comenzó a enfrentar a las bestias deformes que seguían atacando sin descanso.

Chiki, con sus garras afiladas y patadas devastadoras, derribaba a los Vichus uno tras otro, moviéndose con la agilidad y ferocidad de un depredador nato.

Mientras tanto, Ron extendía sus brazos, revelando que los antebrazos de su armadura de diamante estaban afilados como cuchillas.

Con cada movimiento preciso y calculado, cortaba a las criaturas que intentaban acercarse, su expresión concentrada reflejando la tensión del combate.

Poco a poco, la pelea comenzó a inclinarse a su favor mientras el número de Vichus disminuía.

Sin embargo, la batalla aún no terminaba.

“¡Nada mal, muchacho!

Pero te faltó este,” dijo Chiki, dando un golpe mortal a una de las bestias que había intentado atacar a Ron por la espalda.

“¡Cabeza hueca!

Te dije que siempre mires a tu alrededor y estés concentrado,” regañó Chiki, cruzando las patas delanteras con gesto severo.

“Lo siento, maestro,” respondió Ron, rascándose la nuca con nerviosismo.

“Aún te falta más carácter.

Luego de esto, te pondré mil… no, ¡un millón de rocas para que cargues!” bromeó Chiki, aunque su tono dejaba claro que no estaba completamente bromeando.

“¡Ay, no!

Maldito pulgoso… Siempre diciéndome que no está bien.

¿Acaso quiere matarme con tanto entrenamiento?” pensó Ron, suspirando mentalmente mientras volvía a enfocarse en la batalla.

El equipo siguió luchando, sabiendo que los Vichus no se rendirían fácilmente.

Simultáneamente, con Paltio y compañía: A la vez, Paltio y su grupo observaban cómo Lume se enfrentaba a las criaturas jurásicas de fuego.

El zorro de tres colas demostraba una increíble habilidad estratégica.

“Ahora, ¡ataquen!” ordenó el Lume central a sus otras dos ilusiones verdaderas.

Los tres lanzaron un potente rayo azul hacia las bestias.

Este ataque, una mezcla de agua y aire, tenía como objetivo enfriar a las criaturas que emanaban lava de sus cuerpos, deteniendo así su poder destructivo.

“Nunca había visto ese tipo de bestias… Si es que querías preguntarme eso, Paltio,” dijo Lukeandria, mirando al príncipe con una sonrisa ligera.

“¡Vamos!” gritó Lume a sus copias, quienes aumentaron la potencia de su ataque.

Las criaturas retrocedieron, visiblemente afectadas por el frío intenso.

Con eso, el Lume verdadero aprovechó el momento y salió a toda marcha hacia las criaturas ahora debilitadas.

Con sus enormes garras de zorro, cortó a uno de los monstruos por la mitad.

Sin embargo, los otros dos se enfurecieron aún más, aumentando su calor hasta límites insospechados.

Lume retrocedió rápidamente, pero las criaturas ya lo esperaban con un gran rayo de calor que lo hizo caer al suelo.

Sus copias desaparecieron al instante, dejándolo solo frente a las bestias furiosas.

Las dos bestias jurásicas, al ver que Lume estaba desprotegido, decidieron avanzar con las fauces abiertas, listas para devorarlo.

Sin embargo, algo —o más bien alguien— las detuvo antes de que pudieran completar su ataque.

Lume abrió un ojo, sorprendido, y murmuró: “Paltio…” Paltio había llegado justo a tiempo.

Vestía un equipo impresionante: guantes verdes esmeralda, brazales, codales, grebas de combate hasta las rodillas, y un cinturón que brillaba con un resplandor casi mágico.

Su mirada era decidida mientras bloqueaba el avance de las criaturas con una sola mano.

“Probemos el cincuenta por ciento de tu poder, Golden,” dijo Paltio con calma, enfrentando a las bestias sin vacilar.

Estas rugieron con furia, pero esta vez Paltio no se amilanó.

Sabía exactamente lo que debía hacer.

Con rapidez sobrenatural, Paltio corrió hacia una de las bestias.

Con un movimiento preciso, extendió su mano y realizó un corte transversal sobre la criatura, partiendo su cuerpo a la mitad.

Observó su obra con frialdad antes de comentarle a Golden: “Vaya, sí que es poderosa tu fuerza a este nivel.” “Sí, pero lo que me sorprende es que ya puedas manejarla tan bien,” respondió Golden, visiblemente impresionado.

“Bueno, puedo hacer más… Pero estas bestias no están a la altura.

Es momento de recolectar la última pieza,” afirmó Paltio con seguridad en sus palabras.

“¡Vaya, mi papi sí que es asombroso!” exclamó Rykaru desde lejos, observando cómo Paltio acababa con una de las bestias sin esfuerzo aparente.

“Solo falta una… Y es la que tiene la cosa brillante en la cabeza,” indicó Paltio, señalando a la criatura restante.

La bestia, furiosa, comenzó a gruñir y dar pisotones al suelo, provocando que ríos de lava brotaran por todas partes.

Era evidente que estaba usando su último recurso para intentar acabar con ellos.

“¡Maldición!

Esta bestia sí que piensa.

Sabe que eres fuerte, Paltio.

Por eso, como último recurso, nos quiere calcinar con la lava,” advirtió Golden.

“¡Pronto, muchachos!

¡Huyan!” gritó Paltio, dirigiéndose al grupo.

“¿A dónde?” preguntaron los demás, confundidos.

“Es verdad… No hay a dónde ir.

Para subir necesitarían trepar o usar la magia de Alita.

Además, Mok está herido,” reflexionó Paltio, analizando rápidamente la situación.

“Tranquilo, yo los puedo salvar,” dijo Lume, volviendo a su forma normal y conjurando una plataforma para sacarlos de allí.

La criatura parecía reírse de ellos, sabiendo que no podían escapar fácilmente.

En ese momento, Geki intervino.

Volviendo a su forma original, lanzó una especie de flecha con una cuerda atada al techo de la cueva.

Rápidamente, Paltio entendió el plan.

Con velocidad sobrenatural, corrió hacia la cuerda, se columpió y saltó justo antes de que el piso comenzara a llenarse completamente de lava.

Paltio aterrizó directamente sobre la cabeza de la criatura.

Con un golpe certero, terminó de derrotarla.

La bestia comenzó a caer producto del impacto.

Sin perder tiempo, Paltio arrancó la parte brillante incrustada en su cráneo.

“¡Sí!

Es la última parte… ¡Es Tropalia!” exclamó Paltio, sosteniendo el objeto con satisfacción.

Sin embargo, no había tiempo para celebraciones.

La lava seguía expandiéndose rápidamente, y la cuerda que había utilizado para llegar a la criatura ya había desaparecido.

Estaba atrapado, sin salida visible.

“¡Se va a caer en ese fuego intenso y morirá!” gritó Lukeandria, observando con horror cómo Paltio comenzaba a ser rodeado por ríos de lava que subían rápidamente.

Aunque el monstruo derrotado era inmune al calor abrasador, la lava no mostraba misericordia y seguía ascendiendo sin control.

“¡Geki, lánzale una cuerda!” ordenó Mok mientras el grupo flotaba sobre una plataforma creada por Lume.

“¡Hazlo, Geki!

¡Recuerda que mi magia ilusoria verdadera no dura mucho, y no sé cuánto tiempo podemos mantenernos flotando hasta llegar a la salida!” añadió Lume, concentrándose al máximo para evitar que su creación desapareciera.

Geki entendió la urgencia de la situación.

Rápidamente lanzó una soga hacia el príncipe Paltio, quien logró agarrarla justo antes de que la lava lo alcanzara.

Con todas sus fuerzas, Paltio comenzó a trepar mientras todo debajo de él se convertía en un mar de fuego líquido.

Sin embargo, eso no era lo peor: la lava empezó a brotar no solo del suelo, sino también de las paredes y hasta del techo, como si el lugar entero estuviera colapsando.

“Parece que siempre estuvimos en un volcán inactivo,” comentó Ban, mirando a su alrededor con asombro.

“Eso explica por qué hay tanto fuego,” añadió Ludra, tragando saliva ante la magnitud del peligro.

“¡Vamos, Paltio, sube!” gritó Lukeandria, jalando la soga junto con Lucca y Dall, quienes pusieron todo su esfuerzo en ayudarlo a alcanzar la plataforma.

Sin embargo, justo cuando parecía que Paltio estaba a salvo, todo el entorno comenzó a derretirse aún más rápido.

Una enorme boca cubierta de fuego emergió del magma, abriéndose vorazmente y tragándose a Paltio antes de que pudiera llegar a la plataforma.

“¡No!

¡Señorito!” exclamó Mok, horrorizado al ver cómo el príncipe desaparecía bajo el torrente ardiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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