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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Primera Pieza Encontrada
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14: Primera Pieza Encontrada 14: Primera Pieza Encontrada —Creo que no podrás con todos estos soldados —indicó Golden desde el enlace mental que compartía con Paltio y sus amigos—.

Lo mejor es salir de aquí, chico.

Déjalo.

Ya habrá otra oportunidad para salvarlos.

Más soldados se acercaban al lugar, rodeándolos lentamente.

—Cálmate, Paltio.

No podremos ganar —le dijo Mok con seriedad, mientras observaba la situación con preocupación—.

Incluso yo no podré enfrentarme a todos ellos y cuidarlos a ustedes al mismo tiempo.

En ese momento, un hombre corpulento, claramente el líder del calabozo se adelantó con paso firme.

—¿Quiénes son y por qué están fuera del calabozo?

—preguntó con voz autoritaria.

Uno de los guardias respondió rápidamente: —Señor, los encontramos merodeando este lugar.

El líder asintió, cruzándose de brazos.

—Ya veo…

Entonces métanlos a sus celdas de nuevo.

—¡Sí, señor!

—respondieron los guardias al unísono, avanzando hacia el grupo.

Justo cuando parecía que no había escapatoria, Pax apareció frente a ellos, interponiéndose entre los guardias y el grupo.

—¿Aquí estaban?

¿Por qué se demoraron tanto?

Debemos encontrar la pieza para Tejod —dijo Pax con impaciencia, su armadura negra brillando bajo la luz de la esfera que Tertrol había colocado en el cielo.

El líder del calabozo lo miró con desconfianza.

—¿Usted está con esta gente, aguacate?

—Así es —respondió Pax con firmeza, colocándose erguido ante todos ellos—.

Vengo con ellos para buscar las piezas del Cetro de Avocios para el señor Tejod.

¿Acaso su líder, Tertrol, no les dejó instrucciones claras?

El líder frunció el ceño, visiblemente molesto.

—No, no me han avisado nada de eso.

Para mí, estos son prisioneros y deben estar dentro de este complejo.

Pax levantó una mano, cerrando el puño con fuerza.

—Esperen.

¿Van a desobedecer y no hacerle caso a un soldado de las Sombras Rojas?

¿Y aún más, a la mano derecha de Tejod?

Algunos de los guardias comenzaron a murmurar entre ellos.

—Creo conocerlo…

Es Pax —dijo uno de ellos en voz baja—.

Es de temer.

Sin embargo, el líder no se amilanó.

—No me asustas, Pax, o como te llames.

Aquí no tienes jurisdicción.

Solo un alto mando de la Sombra Azul puede decirme qué hacer.

Pax dio un paso al frente, su mirada ardiendo de ira.

—Maldito tonto de la Sombra Azul, ya verás cuando mi jefe Tejod se entere de ti.

Te partirá en dos, pero antes te hará sufrir.

Estaba a punto de enfrentarse al líder cuando Mok, pensando rápidamente, sacó la caracola que Opal les había dado y sopló.

De pronto, una burbuja holográfica emergió, revelando el rostro calmado de Opal.

—Sí, ¿qué deseas, Mok?

—Disculpe que lo interrumpa, señor Opal, pero tenemos un inconveniente con estos soldados que no saben quiénes somos —explicó Mok con rapidez.

Opal frunció el ceño ligeramente.

—Señor Milok, ¿por qué está tratando así a nuestros invitados?

El líder del calabozo intentó defenderse: —Pero, señor Opal, estos individuos estaban merodeando por los alrededores del calabozo, y es por eso por lo que iba a actuar todo de acuerdo al protocolo establecido por el amo Tertrol.

Opal suspiró, su expresión cambiando de tranquilidad a una seriedad escalofriante.

—Señor Milok, aplaudo su devoción al señor Tertrol, pero también su insolencia al no confiar en lo que acabo de decir.

¿Queda claro que comunicamos a todo el reino para que apoye a estas personas en encontrar el pedazo del cetro para nuestro amo Tejod?

Y si usted y su gente no estuvieron al tanto, serán castigados.

El líder tragó saliva, visiblemente nervioso.

—Perdóneme, señor, y no le diga nada al señor Tertrol.

Por esta vez lo dejaré pasar.

Discúlpense con el príncipe Paltio indico Opal con cara aun seria.

Milok, aún terco, intentó replicar: —Pero, señor…

Opal alzó una ceja, su mirada transformándose en algo helado y amenazante, como la de comadreja humanoide que era acechando a su presa.

Su postura relajada de hacía unos momentos había dado paso a una rigidez calculadora que no dejaba lugar a réplicas.

—Discúlpese —ordenó con un tono cortante, tan frío que parecía cortar el aire mismo.

Era evidente que no estaba dispuesto a tolerar más desacatos.

Ron se inclinó hacia Alita, susurrando lo suficientemente bajo como para que solo ella pudiera oírlo, aunque sus ojos seguían fijos en Opal: —No quisiera ver de qué es capaz ese sujeto…

Alita asintió rápidamente, su expresión mezcla de nerviosismo y admiración contenida.

—Sí, qué miedo… Parece que podría fulminarnos solo con mirarnos mal.

El ambiente se cargó de tensión mientras Milok, intimidado por la presencia imponente de Opal, bajó finalmente la cabeza en señal de sumisión.

—Vaya, eso fue intenso —comentó Ron, secándose el sudor de la frente.

—Sí, pero gracias a Opal salimos de esta, quien iba a decir que el enemigo nos salvaría de su propia gente —añadió Alita, suspirando aliviada.

Paltio, sin embargo, seguía tenso.

Sabía que el verdadero peligro apenas comenzaba.

—Disculpe, príncipe Paltio —dijo Milok, inclinándose ligeramente—.

No fue mi intención tratar de meterlo en el calabozo; solo seguía órdenes.

Cada palabra que salía de su boca era forzada, cargada de dureza, aunque en su interior ardía de frustración y rabia contenida.

Opal, con su habitual serenidad, intervino: —Bien, ahora que está arreglada la situación, me despido.

Y espero no tener otro incidente.

La burbuja holográfica desapareció, dejando al grupo en silencio.

—Así que Milok… Recordaré ese nombre —murmuró Pax, guardando su espada con un gesto deliberado—.

Vámonos, señorito.

No puedes hacer nada por esta gente…

aún.

Habrá un momento exacto para liberarlos, pero por ahora solo nos queda agachar la cabeza y seguir adelante dijo Mok.

Esas palabras, aunque intentaban reconfortarlo, también le recordaban a Paltio la cruda realidad de su situación.

Sin más remedio, el joven príncipe avanzó hacia el carruaje, subiendo con pesadez.

—Pobre gente… Me necesitan.

Odio estar con los brazos cruzados —dijo Paltio, molesto, mientras se sentaba con los puños apretados.

Alita y Ron intercambiaron una mirada antes de dirigirse a Pax.

—Nos salvaste, Pax —dijo Alita con una sonrisa traviesa—.

Así que sí te importamos.

Pax resopló, visiblemente irritado.

Un leve hilo de humo comenzó a salir de su casco.

—¡Bah!

Vi que se bajaron rápido y se demoraban estando tan cerca del objetivo.

Además, fui solo a salvar al príncipe.

Ustedes no me importan.

—Sí, claro, que le caemos bien y se preocupó quien diría que tiene su corazoncito —bromeó Alita, riendo.

Pax se molestó aún más, cruzando los brazos con brusquedad.

—Me deben una.

—No te debemos nada —replicó Ron con firmeza—.

Fue Mok quien nos salvó llamando a Opal.

—Bien, entonces es un empate.

Solo por esta vez —dijo Pax, esbozando una sonrisa irónica bajo su casco—.

Pero cuando suceda algo, me lo van a pagar con intereses.

Ron lo miró con una ceja alzada.

—¿Ah?, ¿sí?

Y tú también nos deberás si es al revés.

Subieron al carruaje y cruzaron hacia el frente, dirigiéndose finalmente al sitio donde estaba el molino destruido.

Una vez allí, Paltio rompió el silencio con tono frustrado: —Bien, Golden, ¿y ahora qué?

El muchacho estaba visiblemente disgustado por no haber podido hacer nada para salvar a esa gente, como había hecho con los de la “sala”.

Golden respondió con calma desde el enlace mental: —Sé cómo te sientes, muchacho, pero no es tan fácil como piensas.

Solo tienes una vida, además de que tus padres y tu pueblo están a merced de las sombras.

Un movimiento en falso, y todo lo que amas será destruido.

Toda esta travesía sería en vano.

Paltio se quedó pensativo por unos instantes.

Finalmente, suspiró y asintió.

—Tienes razón.

A veces soy muy impaciente y actúo por instinto al tratar de salvar a alguien que está en problemas.

Mok, siempre atento, le dio una palmadita en el hombro.

—Lo sabemos, señorito Paltio.

—Entonces, ¿qué debo hacer para liberar a toda esta gente?

No es justo todo lo que está pasando… —Paltio casi se desquebrajó en ese lugar, su voz temblorosa reflejando su angustia.

Ron y Alita se acercaron rápidamente, abrazándolo para reconfortarlo.

—Lo lograremos, amigo —dijeron al unísono.

Golden intervino, guiando al grupo hacia la siguiente acción: —Pon la mano en el suelo, muchacho.

Paltio obedeció sin dudarlo.

En cuanto tocó el suelo, sintió algo extraño palpitando bajo sus dedos.

—¿Lo sientes?

—preguntó Golden.

—Sí —respondió Paltio, con los ojos bien abiertos—.

Entonces aquí es.

Comenzaron a cavar entre los escombros del molino, encontrando algo raro que no encajaba con los restos de la edificación.

Era un objeto metálico, brillante y cubierto de polvo, que parecía pulsar con una energía propia.

Ron, curioso como siempre, trató de tocarlo, pero la cosa lo repelió con una descarga eléctrica.

El joven retrocedió de golpe, sacudiendo su mano.

—¡Auch!

¿Qué fue eso?

¡Me dolió todo el cuerpo!

—exclamó, sorprendido.

Golden explicó con calma: —Esa cosa, muchacho, es la pieza del cetro.

Solo un descendiente directo de Avocios puede cargarla, y únicamente si es rey.

Pero en el caso de Paltio, su padre puso un hechizo especial para que solo él pueda tocarla.

Paltio se acercó lentamente al objeto, extendiendo su mano.

Cuando sus dedos lo rozaron, una luz cálida emergió, envolviendo la pieza y reconociéndolo como su legítimo portador o eso pensaba.

—¡Rápido, Paltio, sácalo de ahí!

—exclamó Ron con urgencia, aun frotándose la mano donde había sentido la descarga.

Su voz denotaba un dolor palpable, aunque trató de aligerar el momento con una broma—.

Espero que no te deje los cabellos de punta…

como los míos.

Paltio lo miró, confundido por un momento, hasta que Alita intervino con una sonrisa traviesa: —Ja, sí, pero los tuyos ya están así de fábrica… Solo que no chamuscados como ahora.

Ron fingió indignación, pero antes de que pudiera replicar, Alita se dirigió a Pax con picardía: —Quizá quieras tocarlo tú, Pax.

Pax, que había estado observando desde una distancia prudente, resopló con desdén.

—No, gracias.

No soy tonto —respondió secamente, dándose la vuelta para evitar más bromas.

Paltio, nervioso y tembloroso, dejó caer un pedazo de escombro que había estado sosteniendo en una de sus manos.

Con cautela, se acercó al objeto, temiendo que le ocurriera lo mismo que a Ron.

Sin embargo, cuando sus dedos rozaron la pieza, esta comenzó a emitir un suave sonido resonante, acompañado de un brillo cálido que coincidía con el tono dorado de su piel.

El grupo observó en silencio mientras la energía del objeto parecía reconocer a Paltio como su legítimo portador.

—Bien, señorito, ha encontrado la pieza —dijo Mok con satisfacción, viendo cómo Paltio levantaba el objeto con ambas manos, sus ojos reflejando asombro y determinación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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