La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 141
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141: El Titan de la Mina 141: El Titan de la Mina Todos ya estaban sumidos en la tristeza y la desesperanza.
Habían sido rodeados por el ejército de las Sombras Negras, listos para ser enviados de vuelta a las minas bajo condiciones brutales.
Las duras labores que los aguardaban eran un destino cruel que nadie deseaba enfrentar.
Sin embargo, justo cuando parecía que no había escapatoria, la tierra comenzó a temblar violentamente.
De repente, la mina colapsó, liberando una gran cantidad de lava que emergió con furia desde las profundidades.
Entre los escombros apareció una criatura titánica cubierta en fuego.
Era un enorme Kaiyu, con un cuello largo y majestuoso, una cabeza similar a la de un dragón, enormes alas que brillaban como brasas ardientes y cuatro poderosas patas, dos de las cuales terminaban en garras gigantescas que parecían manos.
La criatura lanzó un rugido ensordecedor que heló la sangre de todos los presentes.
Su presencia era imponente, casi divina, como si hubiera surgido directamente de las entrañas del infierno.
“¿Qué es eso, señor?” preguntaron algunos de los soldados a Blaget, visiblemente asustados.
“No lo sé, pero ¡dispárenle!” ordenó Blaget, intentando mantener su compostura frente a sus hombres.
Aunque por dentro estaba tan aterrorizado como ellos, sabía que cualquier signo de debilidad lo haría perder el control de la situación.
Rápidamente, los toros mecánicos lanzaron bolas cubiertas de fuego morado hacia el pecho de la criatura.
Cada proyectil impactó con fuerza, pero ni uno solo logró penetrar su piel escamosa.
La bestia respondió con un chillido de furia, su mirada cargada de ira mientras observaba a todos los presentes.
Luego, la lava que brotaba de su cuerpo comenzó a acumularse en su enorme hocico.
Con un movimiento rápido, disparó un rayo de fuego líquido hacia el ejército de Blaget, derritiendo los toros mecánicos y reduciendo a cenizas a quienes los manejaban.
El pánico se apoderó de todos.
Los soldados, en lugar de seguir reteniendo a los Reedalianos, decidieron huir despavoridos ante la amenaza de la criatura.
El Kaiyu volvió a cargar energía en su boca, preparándose para lanzar otro ataque devastador.
“¡A dónde van, cobardes!
¡Regresen!” gritó Blaget, tratando de imponer autoridad.
Sin embargo, su voz temblaba ligeramente, revelando el miedo que lo carcomía por dentro.
Mientras tanto, en el castillo… “¡Mi señor, mi señor Blajon!” llamó una voz con urgencia.
“¿Qué pasa, soldado?
¿Por qué estás tan temeroso?” preguntó Blajon, levantando la vista de los documentos que revisaba.
“El señor Blaget ya ha capturado al ejército rebelde,” informó el soldado, aunque su tono seguía siendo nervioso.
“Bien, eso es bueno.
Pero, ¿por qué te siento con pánico al hablar?” preguntó Blajon, frunciendo el ceño.
“Es que… ha surgido una enorme criatura desde las profundidades del infierno donde estaba la mina.
Está causando daño y destrucción.
El ejército de Blaget está en el lugar, pero está siendo aniquilado por esa cosa.” “¡¿Qué?!
Eso no puede ser.
Es la cuarta parte de mi ejército,” exclamó Blajon, claramente alarmado.
“Ah, respecto a eso…” interrumpió otra voz.
“Ah, eres tú, Ribras.
¿Qué haces por aquí?
¿No estabas haciendo tus experimentos?” “Así es, mi señor.
Pero veo que esa criatura es extremadamente fuerte.
Será mejor que abandone este lugar.
Ya no es seguro y pronto será destruido por esa cosa,” aconsejó Ribras con seriedad.
“No puedo darme el lujo de perder este sitio.
Tejod lo vería como una deshonra y me quitaría mi poder,” replicó Blajon, negándose a aceptar la sugerencia.
“Sobre eso… será mejor que se olvide de eso y regrese a Tehtra de inmediato,” insistió Ribras.
“No puedo regresar con la cola entre las patas.
No cuando estaba tan cerca,” respondió Blajon, apretando los puños con frustración.
De repente, una de las paredes del castillo se derrumbó violentamente, derretida por un torrente de lava que comenzó a filtrarse en el lugar.
El ambiente se volvió sofocante, cargado de calor y humo.
“Si tienes razón… Que se frieguen los Reedalianos,” murmuró Blajon con desdén mientras se dirigía a uno de sus soldados.
“Pronto, ve y reúne a las fuerzas sobrantes.
Nos vamos.” Luego, en voz baja, añadió para sí mismo: “Además, ya escondí el cristal en un lugar muy secreto.” Blajon estaba visiblemente asustado ante la idea de enfrentar lo que fuera que había destruido una parte del castillo.
Con manos temblorosas, preguntó: “Esa cosa… ¿Debe ser poderosa?” “Así es, señor.
Y además es enorme,” respondió Ribras, entregándole unos binoculares especiales para que pudiera observar mejor.
Blajon sudaba frío mientras enfocaba el dispositivo hacia el exterior.
Lo que vio lo dejó paralizado: un colosal monstruo cubierto en fuego y lava, con un aura intimidante que parecía desafiar cualquier resistencia.
Esto reafirmó su decisión de huir sin mirar atrás.
“¿Qué esperan?
¿Una invitación?
¡Vámonos de este infierno!” gritó Blajon, perdiendo la compostura por completo.
“¡Todos a los vehículos!
¡Ahora!
¡Regresamos a casa!
¡Es una orden!” Ribras, observando la escena desde lejos, murmuró para sí mismo: “Vaya, vaya… Esta facción está llena de desquiciados, pero veo que también valoran su vida.
Qué pérdida de tiempo.” Luego, tras una breve pausa, continuó pensando en voz alta: “Me gustaría examinar esa cosa… Tal vez pueda ayudarnos a completar el arma final.
Pero es demasiado fuerte.
Será mejor que regrese a mi laboratorio a ver a nuestro invitado.” En el ínterin, todas las Sombras Negras estaban en alerta máxima, comenzando a evacuar el reino tan rápido como podían.
En el campo de batalla… “¡Señor Blaget!
¡El líder Blajon se está yendo del reino con sus fuerzas!
¿Qué hacemos?” informó un soldado que llegó corriendo al lugar, jadeando por el esfuerzo.
“Bueno, si el señor Blajon se está yendo, será mejor que también nos larguemos de este lugar infernal,” respondió Blaget con desprecio.
“No vale la pena seguir aquí.
Es mejor retirarnos antes de que esa cosa nos aniquile a todos.” “Sí, señor,” respondió el soldado, levantándose rápidamente.
Sin embargo, antes de dar un paso más, un rayo de fuego líquido lanzado por la bestia lo alcanzó, derritiéndolo instantáneamente frente a Blaget.
“Será mejor que me vaya de aquí con cuidado,” murmuró Blaget mientras huía despavorido, sin importarle los soldados que quedaban en el campo.
Estos fueron exterminados uno a uno por el Kaiyu, cuya furia parecía no tener fin.
Entre tanto, con el equipo de Ariafilis… “¡Cuidado!” gritó Rodelos mientras ayudaba a los demás a ponerse a salvo.
“Será mejor que salgan de aquí.
Ariafilis, deben evacuar a los ciudadanos.” “Pero ¿qué pasa con las Sombras Negras?” preguntó Jock, señalando a los enemigos que aún estaban cerca.
“No creo que sean un problema.
Están huyendo por culpa de esa cosa,” respondió Rodelos con una mezcla de alivio y preocupación.
“Será mejor que salgan con los sobrevivientes del reino,” añadió Rodelos, mirando a Ariafilis con determinación.
Su voz era firme, pero en sus ojos se reflejaba la preocupación por el destino de todos.
“Sí, es lo mejor,” respondió Ariafilis tras un breve momento de reflexión.
Su tono era calmado, aunque su expresión revelaba la gravedad de la decisión.
“¿Pero, mi señora?” dijo Jock, alarmado, acercándose rápidamente.
Su voz temblaba ligeramente mientras intentaba procesar la situación.
“No podemos abandonar el reino, así como así.
Esto es todo lo que hemos protegido.” “No hay tiempo para dudas, Jock,” replicó Ariafilis con serenidad, aunque su mirada se endureció por un instante.
“El reino puede reconstruirse, pero si perdemos a nuestra gente, no habrá nada que salvar.
Nuestra prioridad ahora es asegurar sus vidas.” “Mi señora, cuando ha crecido…” comentó Jock, sorprendido por la madurez y sabiduría que Ariafilis mostraba en ese momento.
“Bien, empezaré la evacuación,” respondió Jock, decidido a cumplir con su deber.
Los soldados de Reedalia comenzaron a escoltar a los ciudadanos lejos de la zona devastada, aunque no tenían claro a dónde ir.
El aliento del Kaiyu era devastador, extendiéndose por vastas áreas y dejando poco espacio seguro para refugiarse.
“Paltio, Golden… ¿Están ahí?” preguntó Mok a través de la conexión mental.
“Sí, estamos dentro de esta bestia,” respondió Golden con urgencia.
“¿Cómo está todo por fuera?” “Bueno, estamos todos fuera de la mina, pero la criatura también logró escapar y está destruyendo el reino,” explicó Mok, su voz cargada de preocupación.
“Ya veo,” murmuró Paltio mientras analizaba la situación.
“Pero ¿qué pasa con el enemigo?” “Al parecer se están retirando.
Las Sombras Negras están saliendo del reino,” respondió Mok.
“¿Podríamos salir de esa cosa como lo hiciste con el Oroboros, eh, Golden?” preguntó Paltio, buscando desesperadamente una solución.
Su tono reflejaba urgencia, pero también un ápice de esperanza.
“Podríamos… Pero a diferencia de ese monstruo, el cuerpo de esta criatura está cubierto de lava tanto por dentro como por fuera.
No pasa lo mismo dos veces,” explicó Golden con seriedad, su voz firme pero cargada de preocupación mientras evaluaba la situación.
Paltio, tras un breve silencio, comunicó a Mok: “Golden está tratando de bloquear con su poder que no me caiga lava, pero se está agotando rápidamente.” “Quizá con la esfera protectora podré protegerme, pero no podré atacar ni moverme dentro de ella, y eso es un gran problema,” añadió Paltio, pensando en voz alta.
“Y si usas el cien por ciento del poder de Golden, quizá puedas salir rápidamente,” sugirió Mok.
“Quizá pueda hacerlo,” reflexionó Paltio, “pero si lo hago, voy a estar tan agotado que dormiré durante dos días o quizá más.” “Eso sí es un problema, señorito,” dijo Mok, preocupado.
“Pero tal vez podamos hacerle un hueco a esa cosa por donde puedas salir.
Como dijeron ustedes antes, Golden puede guiarte hacia el punto exacto.” Con la espada que me dio Geki,” continuó Mok, su tono decidido.
“Es muy buena rebanando cosas muy resistentes.” “Entonces lo que podemos hacer es golpear en un mismo lugar repetidamente,” propuso Paltio.
“Golden, te encargarás de guiarnos hacia dónde debemos atacar.” Sin perder un segundo más, ambos se pusieron de acuerdo para intentar sacar a Paltio de ese infierno ardiente.
Mientras tanto, la bestia seguía lanzando sus ataques devastadores, avanzando implacablemente por el reino.
Su rugido resonaba como un trueno, sembrando el caos a su paso.
“No se va a poder, Paltio.
Todavía estoy adolorido y apenas puedo moverme,” dijo Mok con frustración.
“Además, la bestia ya comenzó a moverse.” “De eso yo me encargo,” interrumpió Alita con determinación, uniéndose al plan junto con Nakia.
“Y yo también,” añadió Ron con determinación, uniéndose al plan sin dudarlo.
“Y yo,” dijo Rodelos, su voz firme y cargada de resolución.
“Después de todo, es mi nieto.” “Nosotros ayudaremos,” dijeron Lume, Geki y Chiki al unísono, listos para darlo todo.
“¡Y yo también, papi!” exclamó Rykaru, emocionado por participar.
Todos estaban listos para llevar a cabo esa última carta que tenían en mente, sabiendo que era su única oportunidad de salvar a Paltio y tener más posibilidades de poder enfrentarse a la criatura.
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