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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 145

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145: ¿Lavafire Vencido?, ¡Tu Rostro!

145: ¿Lavafire Vencido?, ¡Tu Rostro!

“¡Es ahora o nunca!” exclamaron Paltio y Rykaru al unísono.

Ambos lanzaron una ráfaga de ataques desenfrenados hacia los puntos críticos de la bestia.

Con una mano, la criatura intentaba sacar a Paltio de su cabeza, mientras con la otra buscaba atrapar a Rykaru.

Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano.

Padre e hijo eran demasiado rápidos, protegidos por una poderosa aura que los envolvía.

El lazo entre ellos, fortalecido por el Domadoin, se había fusionado en una conexión casi indisoluble.

Finalmente, llegaron al clímax de su ataque.

Paltio atravesó hasta la mandíbula inferior de la bestia con un golpe devastador, mientras Rykaru cortaba la última parte del cuello con su espada.

La criatura realizó sus últimos intentos desesperados, pero fue inútil.

Entre ambos lograron separar la cabeza de la bestia de raíz.

La bestia comenzó a sobrevolar el lugar erráticamente, como una gallina sin cabeza cuando le cortan el pescuezo.

Dio vueltas frenéticas en el aire hasta que, finalmente, cayó con un estruendo ensordecedor en el mismo lugar de donde había emergido.

El impacto fue tan fuerte que provocó un temblor que resonó por todo el campo.

Parecía que la tierra misma vibraba bajo el peso de la caída.

Los presentes observaron con asombro cómo el cuerpo de la bestia comenzaba a transformarse lentamente, tomando la forma de una montaña volcánica.

Solo que esta vez, ya no emanaba lava.

Poco después, Paltio y Rykaru salieron de entre los restos de la bestia, ahora inmóvil y derrotada.

Al ver a sus amigos y aliados celebrando, sintieron una oleada de gratitud y alivio.

Habían logrado lo imposible.

Una vez que bajaron de los restos de la criatura y se acercaron al grupo, notaron algo sorprendente: el cuerpo de la bestia continuaba transformándose.

Lo que antes era una amenaza ardiente ahora se había convertido en una montaña silenciosa, como si hubiera regresado a su estado original.

“Vaya, qué raro fue eso,” comentó Lukeandria, observando la escena con asombro.

“Sí, fue algo poéticamente hermoso,” dijo Alita con una sonrisa nostálgica.

“Es como esa historia que leímos en clase de literatura.” “¿Sí?

¿Esa?” preguntó Paltio, fingiendo entender a qué se refería, aunque no tenía ni la más mínima idea de lo que Alita estaba hablando.

“¿A quién le dices eso, Alita?

Sabes que Paltio nunca presta atención,” intervino Ron con una risa ligera.

“Tienes razón,” respondió Alita, devolviéndole la sonrisa.

Mientras tanto, los soldados comenzaron a regresar a la ciudad para revisar si había algún sobreviviente entre los escombros.

Paltio, aun recuperándose del esfuerzo, comentó: “Usar tu poder al 80 por ciento ya no me cansa como antes.” A medida que hablaba, las piezas del poder de Golden comenzaron a desvanecerse de su cuerpo.

“Vaya, con eso quiere decir que si entrenas un día más —o sea, un mes en mi plano mental—, por fin podrás controlar ese poder por completo,” dijo Golden, visiblemente orgulloso de los avances de Paltio.

“Lo hiciste bien, Rykaru,” dijo Paltio, acariciando el pelaje de su hijo con ternura.

“¡Verdad que sí, papi!

¡Rykaru y su papi son los más fuertes!” exclamó el pequeño, emocionado y lleno de orgullo.

Ariafilis se acercó al grupo con una expresión de gratitud.

“Gracias por su apoyo.

Sin su ayuda, nunca hubiéramos podido vencer a esa cosa ni hacer que las fuerzas de las Sombras Negras desaparecieran.” “No hay de qué.

Siempre me encanta ayudar,” respondió Paltio con una sonrisa sincera.

“Es verdad, ¡me olvidé de llamar al profesor!” exclamó Alita, recordando repentinamente su descuido.

Con toda la conmoción y la pelea contra la bestia, ese detalle había pasado desapercibido.

“No te preocupes, eso ya está arreglado,” respondió Lukeandria con calma.

“Ya me puse en contacto con él mientras transportaba a la gente lejos.

Me indicó que está desarrollando un aparato junto con Karpi que nos puede ayudar a buscar esas cosas.” “¡Eso es genial!” dijo Alita, visiblemente emocionada por la noticia.

“Espero que no lo manden en esa cosa que llamó ‘cohete’,” comentó Ludra con una mueca, recordando el accidentado viaje en el que se estrellaron.

“Oigan, ¿y no creen que mejor hubiéramos usado tu bolsa para meter a la gente dentro?” interrumpió Ron, dirigiendo su pregunta hacia Paltio.

“¡Ups!

Es verdad, se me olvidó,” admitió Paltio con una sonrisa algo avergonzada.

“Pero bueno, hicieron un buen trabajo, nieto y bisnieto.

Estoy orgulloso de ustedes,” dijo Rodelos, abrazando a Paltio y Rykaru con afecto.

A pesar de la destrucción del reino, el ambiente comenzó a llenarse de alegría y esperanza.

“¿Cómo sabías qué hacer, Paltio?” preguntó Mok, que ya se había puesto de pie con la ayuda de Lucca.

“Pues verán, la última pieza me hablo y me dijo que la usara,” explicó Paltio, recordando el momento clave en la batalla.

“Interesante,” dijeron Ron y Alita al unísono, impresionados por la revelación.

“Vaya, muchacho, estás lleno de sorpresas,” comentó Ban con una sonrisa mientras escuchaba la conversación.

“Bueno, esto es solo un ápice.

Aún falta vencerlas por completo y liberar al mundo de las Sombras Negras,” añadió Paltio con seriedad.

“Es verdad,” coincidió Paltio.

“Todavía debo regresar a Avocadolia para enfrentarme a Tejod, y voy a necesitar toda la ayuda posible.” “Bien, pero por ahora necesito reorganizar a mi gente, atender a los heridos y buscar a los desaparecidos,” dijo Ariafilis, asumiendo el liderazgo en la situación.

“Quizá yo pueda ayudar a curar a los heridos con la esfera,” ofreció Paltio.

“Podrás muchas gracias,” respondió Ariafilis con gratitud.

Durante el resto del día, Paltio dedicó su tiempo a sanar a los ciudadanos heridos.

Sus amigos, por su parte, se ocuparon de buscar comida, armar tiendas de campaña para todos y organizar equipos de búsqueda para encontrar a los desaparecidos.

Una vez que terminaron de ayudar a la gente, Paltio se tomó un momento para respirar y relajarse.

El ambiente estaba más tranquilo, aunque aún se percibía el eco de la batalla reciente.

“Paltio, ¿cómo te sientes?” preguntó Golden en un tono calmado, aprovechando el breve lapso de paz.

Paltio levantó la vista, pensativo.

“Cansado, pero bien,” respondió con sinceridad.

“Aún queda mucho por hacer.” Golden asintió con seriedad.

“Creo que deberíamos empezar con la parte final de tu entrenamiento.

Solo falta pulir ese 20 por ciento restante.

Si lo dominas, estarás listo para enfrentarte a cualquier desafío que se cruce en nuestro camino.” “Sí, creo que tienes razón.

Solo falta el 20 por ciento de tu poder para que pueda combatir con todo contra las fuerzas oscuras,” reflexionó Paltio.

“Quizá en el camino a Avocadolia podamos terminarlo, pero primero quiero armar el cetro.” Paltio sacó todas las piezas del cetro que había recolectado hasta ahora.

Las cinco piezas comenzaron a brillar intensamente, como si se reconocieran entre sí, irradiando una energía mágica palpable.

“Así que esas son las piezas del cetro… Interesante,” comentó Ban, admirando las reliquias junto con Dall y los demás.

El príncipe Paltio unió las piezas del cetro con cuidado, formando el Cetro de Avocios.

Al juntarlas, una gran luz emergió del artefacto, iluminando el lugar como si por primera vez todo volviera a ser como antes de que las sombras oscurecieran los cielos.

El fenómeno duró apenas unos segundos, pero su impacto fue inolvidable.

Cuando la luz se desvaneció, el cetro flotaba en el aire, emanando un brillo renovado y mágico.

Paltio lo tomó en sus manos y, observándolo con asombro, exclamó: “¡Guau!

Así que así era el cetro completo… Nunca me dieron permiso para verlo.” Luego miró a su abuelo, quien fingió estar distraído silbando inocentemente.

“Ahora que lo tienes, puedes buscar a Avocios,” dijo Golden, esperanzado en reencontrarse con su señor.

Sin embargo, Paltio no siguió esa sugerencia de inmediato.

En lugar de eso, colocó el cetro en su semilla.

Ambos objetos comenzaron a brillar con una luz dorada intensa y resplandeciente.

Era algo que el muchacho quería probar desde hacía tiempo.

De repente, a su lado apareció Golden, ya no como un holograma, sino en carne y hueso.

Todos miraron sorprendidos al recién llegado.

“¿Golden?” preguntó Paltio, incrédulo.

“¡El mismo, en vivo y en directo, muchacho!” respondió el ser dorado con una sonrisa orgullosa.

“Vaya… ¿Cómo sabías que iba a funcionar así?” preguntó Golden, mirando a Paltio con curiosidad.

“No lo sé, fue una intuición,” respondió Paltio encogiéndose de hombros.

“Típico de Paltio,” comentaron los demás entre risas.

Golden, emocionado por estar nuevamente en su forma física, decidió probar algo más: quitarse el casco.

Con ambas manos lo levantó lentamente, revelando un resplandor que parecía contener letras antiguas.

Finalmente, mostró su rostro por primera vez a todos los presentes.

“Así eres tú, Golden… ¿Qué cosa eres exactamente?” preguntó Paltio, visiblemente confundido.

“Soy un guepardo,” respondió Golden con orgullo.

Su apariencia humanoide tenía características felinas distintivas: piel similar a la de un guepardo, cabello dorado con puntas negras al final, líneas que partían desde sus ojos hasta su boca y unos grandes ojos ámbar con iris negro.

“¿Un guepardo?” preguntó Paltio, aun procesando la información.

“Sí, un guepardo, o un chita, como prefieras.

El animal más rápido que existe.

Mi señor Avocios me creó inspirándose en esas características.” “Estoy muy emocionado de poder ver mi rostro de nuevo,” dijo Golden, mirando sus manos con nostalgia.

“¡Mi señor miau está de nuevo en el mundo real!” exclamó Toco-Toco, feliz de ver a su compañero restaurado.

“Entonces, ahora puedes pelear a mi lado,” dijo Paltio, emocionado por tener a Golden físicamente presente.

“Sí, creo que sí, muchacho,” respondió Golden con determinación.

Pero antes de que pudieran continuar hablando, Ron intervino con una pregunta lógica: “Si tú estás afuera, entonces… ¿Paltio ya no podrá usar tu poder?” Golden estaba a punto de responder cuando una voz interrumpió la conversación: “Eso no será necesario.” Al voltear, vieron a Meliradal, Krasper, Silver y Kilibur frente a ellos.

Los cuatro tenían una expresión seria pero esperanzada.

“Es momento, Golden,” dijeron los cuatro al unísono.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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