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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 146

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  3. Capítulo 146 - 146 Unir a los Guardianes 1
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146: Unir a los Guardianes (1) 146: Unir a los Guardianes (1) “Bueno, mi trabajo aquí ha terminado.

Nos vemos,” dijo Silver mientras recogía algunas de sus cosas de la cueva.

Antes de despedirse de Paltio y sus amigos, le encargó a Chiki una tarea importante: entrenar a Ron en su ausencia.

Mientras se preparaba, Silver percibió la llamada mental de Avocios.

Como siempre, su creador lo contactaba directamente, sin preámbulos ni dudas.

“Mi querido Silver, debes ir a Fuertelia.” Sin cuestionar, Silver asintió para sí mismo.

“Entendido,” murmuró con determinación, y salió apresuradamente hacia el lugar indicado.

Aunque Silver no era tan rápido como Toco-Toco, era un ser formidable en fuerza y resistencia.

En lugar de tomar el camino principal, decidió escalar las montañas, buscando la ruta más rápida y evitando cualquier posible enfrentamiento innecesario.

Con agilidad sorprendente, trepaba por las rocas sin necesidad de equipo, saltaba entre los árboles del bosque y utilizaba las ramas como catapultas naturales para avanzar aún más rápido.

Cada movimiento estaba calculado para ahorrar tiempo y mantenerse alejado de las fuerzas enemigas.

Finalmente, llegó al destino señalado por Avocios.

Frente a él se alzaba una entrada impresionante, flanqueada por estatuas majestuosas de una mujer.

Algunas sostenían balanzas en sus manos; otras, cetros mágicos.

Todas estaban talladas con detalles exquisitos, adoptando poses diferentes, pero igualmente imponentes.

Silver ingresó al lugar, atravesando pasillos adornados con más estatuas e imágenes intrincadas.

El ambiente era solemne, cargado de una energía antigua que resonaba en cada paso que daba.

Finalmente, llegó a una puerta donde distinguió una figura a lo lejos.

“Vaya, así que aquí es donde estabas, Meliradal.

Parece un lugar acogedor,” comentó Silver, limpiándose el sudor de la frente tras el largo trayecto.

“¡Hey!

Hace tiempo que no te veía.

¿Qué ha sido de tu vida, Silver?” preguntó la mujer-pájaro con tono amistoso.

“Pues he estado haciendo algunas cosas por aquí y por allá para nuestro creador,” respondió Silver con calma.

“¿En serio?

Vaya, así que has estado muy ocupado todos estos años.

Cuéntame, ¿cómo está nuestro señor?” inquirió ella con genuina curiosidad.

Silver frunció ligeramente el ceño.

“¿No recuerdas?

Está perdido y fue capturado por el enemigo después de la guerra que tuvimos.” Ella bajó la mirada, pensativa.

“Bueno…

no logro recordarlo del todo.

Hay lagunas en mi mente de ese día.” Silver suspiró, comprendiendo que no había tiempo para explicaciones detalladas.

“No tengo mucho tiempo para contarte todo ahora.

Lo que necesitamos es reunirnos.

Es momento de que todos los guardianes volvamos a estar juntos,” dijo con firmeza, aunque su tono se suavizó al hablar.

Meliradal negó con la cabeza, resignada.

“Pues te ayudaría con eso, pero, como puedes ver, por algún motivo no puedo salir de este lugar.

Ya lo intenté, pero hay una especie de campo de fuerza que me impide avanzar.

Este lugar se ha convertido en mi santuario y también en mi prisión.” Silver observó el entorno cuidadosamente, analizando la situación.

Luego de unos momentos de reflexión, declaró con confianza: “A ver, déjame intentarlo a mí.

Con mi superfuerza, seguro que puedo romperlo.” Señaló hacia adelante.

“Hazte para atrás.” “Bien, si tú lo dices…” Meliradal retrocedió, cruzándose de brazos mientras observaba con atención.

De pronto, Silver comenzó a descargar una ráfaga de golpes contra el lugar donde Meliradal estaba atrapada.

Con cada impacto, quedaba claro que había una barrera invisible, resistente e implacable.

Intentó romperla innumerables veces, aplicando toda su fuerza descomunal, pero la barrera no cedía ni un ápice.

“¡Para, para!” le dijo Meliradal al ver que sus esfuerzos no tenían resultado.

“Es inútil.

Esta barrera es demasiado poderosa.

Yo también lo intenté todo, pero creo que me quedaré aquí por el resto de mi vida,” añadió con un suspiro resignado, dejándose caer sobre una roca cercana.

Su tono era una mezcla de cansancio y aburrimiento.

“Maldición… Pensé que a la fuerza podría quebrar esta magia,” murmuró Silver mientras lanzaba un último puñetazo al suelo, frustrado.

Observó la barrera una vez más, pero esta seguía intacta, sin mostrar ni una grieta ni un indicio de debilidad.

“Bueno, déjalo.

No lograrás nada,” dijo Meliradal con calma.

“Ya me acostumbré a este lugar; no está del todo mal.” Hizo una pausa, como si recordara algo.

“Oye, ¿y si me cuentas lo que pasó en ese momento cuando saliste del campo de batalla?

Tal vez así recupere algunos detalles,” sugirió ella, mirándolo con curiosidad.

Silver asintió lentamente.

“Está bien.

No tengo otra opción por ahora, así que te haré compañía mientras pienso en algo para liberarte.” Se sentó frente a ella, cruzando las piernas, y comenzó a hablar.

“Pues…

¿recuerdas que estábamos siendo atacados por muchos soldados de las sombras, liderados por Tejod y siete encapuchados conocidos como el Consejo de las Sombras?” “Sí, creo recordar algo: un tejón enorme y feo, y otros que no dejaban ver sus rostros,” respondió Meliradal, aunque su voz denotaba cierta incertidumbre.

“Continúa,” lo animó.

“Nos atacaron con todo lo que tenían.

Algo venía del mundo de las tinieblas, una fuerza oscura que nos hizo retroceder.

El señor Avocios dijo que todo estaba perdido en esa ocasión, pero que aún había un rayo de esperanza, una pequeña oportunidad.

Sin embargo, para que eso sucediera, tendrían que pasar muchos años.” Silver hizo una pausa, como si estuviera reviviendo aquellos momentos en su mente.

“Entonces, me dio la tarea de llevar un cetro a Avocadolia, el lugar donde vivían sus seguidores más fervientes y los elegidos para velar por este mundo.

Como no tenía otra cosa que hacer más que obedecer, decidí cumplir su orden.

Pero no se lo dije a Golden porque…

bueno, ya sabes cómo se pone cuando alguien le da órdenes,” continuó Silver con una sonrisa irónica.

“Ese sujeto doradito…

Bueno, no recuerdo muchas cosas de él, pero algo me dice que es bastante melodramático.

Seguramente no te perdonó por lo ocurrido, según lo que me cuentas,” interrumpió Meliradal, riendo suavemente.

“Pero sigue, continúa.” “Bien, entonces salí del lugar de la batalla y fui directamente hacia ese reino.

Pero estaba demasiado lejos del campo final donde luchamos contra las sombras.

Cuando regresé, todos se habían ido, incluso tú, Meliradal.” Silver bajó la mirada, pensativo.

Meliradal frunció el ceño, tratando de recordar.

“Bueno, vienen algunas imágenes vagas a mi mente, pero no recuerdo mucho de lo que pasó.

Solo sé que una luz me cegó, y luego aparecí en este lugar.” “Sí, así es.

Por eso me odia Golden.

Pero, como dices, es terco y no entiende explicaciones,” concluyó Silver con un suspiro pesado.

“Sí, así parece.

Solo porque es el consentido de Avocios,” comentó Meliradal con un tono ligeramente burlón.

Ella hizo una pausa y luego añadió: “Así que fuiste al lugar de donde viene Paltio, el muchacho que pasó hace tiempo con sus amigos.” “Así que conoces a Paltio y sus amigos…

Bueno, parecen ser buenas personas.

Espero que logren lo que se les encomendó,” dijo Silver pensativo, cruzando los brazos.

“Yo también espero que hagan algo más de lo que nosotros no pudimos.

Les dejé a Nakia para que ayude a una muchachita llamada Alita; ella le enseñará magia,” explicó Meliradal con un leve orgullo en su voz.

“Ah, yo también les dejé a Chiki para que prepare al muchacho Ron,” respondió Silver con una sonrisa.

“Ya veo.

Menos mal que tu chihuahua entrena a ese chico; necesitaba volverse más fuerte, además de contar con la armadura de los antiguos,” señaló Meliradal mientras asentía con aprobación.

Tanta charla había abierto el apetito de Meliradal.

“Tanta plática me ha dejado con hambre.

¿Quieres comer algo?” preguntó, levantándose de donde estaba sentada.

“Bueno, no será mucha molestia,” respondió Silver cortésmente.

“No, no lo es.

Puedo servirte té y unas galletas que recién horneé,” ofreció ella con una sonrisa amable.

“Bien, todo lo que haces tú me gusta,” dijo Silver con sinceridad, provocando que Meliradal sonriera aún más.

“Está bien, voy por ellas,” respondió ella antes de retirarse hacia el interior de su refugio.

Mientras Meliradal iba por los bocadillos, Silver decidió intentar nuevamente romper la barrera que la mantenía atrapada.

Con determinación renovada, descargó varios golpes poderosos contra la barrera invisible, pero ocurrió lo mismo de siempre: nada.

La barrera permanecía intacta, imperturbable ante su fuerza descomunal.

“Es una lástima que no pueda quebrar esta barrera,” murmuró Silver con frustración, apretando los puños.

“Mi señor Avocios me dijo que liberara a Meliradal.

Necesitamos estar los cinco juntos…

Y ahora, ¿qué voy a hacer?

Si Krasper estuviera aquí, tal vez él podría hacer algo,” reflexionó en voz alta, con un tono cargado de preocupación.

“¿Yo qué?” preguntó una voz familiar detrás de él.

Silver giró rápidamente, sorprendido y emocionado al mismo tiempo.

“¡Krasper!” exclamó, sintiendo una oleada de esperanza inundarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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