Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 149

  1. Inicio
  2. La Ultima Esperanza de Avocadolia
  3. Capítulo 149 - 149 Los Cinco Reunidos
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

149: Los Cinco Reunidos 149: Los Cinco Reunidos “¿Pero muchachos?, ¿qué hacen aquí?

¡Incluso Meliradal está con ustedes!” dijo Golden, sorprendido al ver a los guardianes reunidos.

“Así es.

Parece que toda la pandilla está de vuelta,” comentó Krasper con una sonrisa traviesa, cruzándose de brazos.

“¿Cómo que ya es el momento?” preguntó Golden, mirando a Silver con curiosidad.

“Sí, es hora de buscar a nuestro señor Avocios,” respondió Silver con seriedad, su tono firme pero calmado.

“¿Tú, perro pulgoso, qué andas diciendo cosas sin sentido?

¿Acaso sabes dónde está él?” replicó Golden, arqueando una ceja con sarcasmo.

“¡Ay!

Ya empezaron con su teatrito,” intervino Meliradal con un suspiro exasperado, negando con la cabeza.

“¿Pueden comportarse?

Hay personas mirándonos,” dijo Kilibur, señalando discretamente a Paltio y sus amigos, quienes observaban la escena con una mezcla de asombro y confusión.

“Oye, Paltio, ¿quiénes son estos enormes seres del tamaño de Golden?” preguntó Ban, acercándose con curiosidad.

“Pues ellos son los guardianes de Avocios,” explicó el príncipe con admiración en su voz.

“¿Los guardianes?

Entonces son grandes eminencias…

¿Deberíamos hacer alguna reverencia o algo así?” preguntó Ban, inclinándose ligeramente como si fuera a hacerlo.

“No, tranquilo,” respondió Alita, colocando una mano sobre el hombro de Ban para detenerlo.

“Mi señor Silver, he entrenado bien a este chico de pelos parados como el césped, aunque veo que aún le faltan algunas cosas.

Un mes o dos más en el campo de entrenamiento mental, y quedará listo,” dijo Chiki, señalando a Ron con orgullo, pero también con cierta franqueza.

Luego añadió: “Pero si nos vamos, iré con usted, mi señor.” “Tranquilo, Chiki.

Todos ustedes se quedarán con ellos.

Sé que te dije que una vez terminaras de entrenar a Ron regresarías conmigo, pero hay cosas que los guardianes debemos hacer.

Así que ustedes, nuestros apoyos espirituales, deben quedarse,” explicó Silver con calma.

“Eso te pasa por confiado, miau,” bromeó Toco-Toco, riéndose de lo que Silver acababa de decirle a Chiki.

“Tú también te quedarás con ellos,” dijo Golden, mirando severamente al felino.

“¡Ja, ja!

A ti tampoco te dejarán ir,” replicó Chiki, burlándose ahora de Toco-Toco.

“Yo, miau, mi señor, ¡yo también quiero ir con usted!” protestó el felino, inflando el pecho con indignación.

“No, Toco-Toco.

Debes quedarte.

Es algo de guardianes,” dijo Golden con firmeza, poniendo fin a la discusión.

“Si tienes razón…

Si ibas a objetar algo, Nakia,” dijo Meliradal, mirando al ave que parecía estar a punto de hablar.

“Lo mismo va para ustedes, Lume y Geki,” añadieron Kilibur y Krasper al unísono.

“Un momento…

¿Eso quiere decir que no volveré a verte, Golden?” preguntó Paltio, con un tono de preocupación en su voz.

“La verdad, muchacho, creo que no por ahora.

Pero espero apoyarte en tu gran batalla,” respondió Golden con una sonrisa tranquilizadora, colocando una mano sobre el hombro de Paltio.

“¿Y quién me va a ayudar a terminar el entrenamiento?

Recuerda que falta el 20 por ciento, además de que no voy a obtener tu poder para que me lo prestes,” dijo Paltio, sintiéndose impotente ante la situación.

“Tranquilo.

Como dijo Silver, ya no vas a necesitar de mí.

Era algo que te iba a decir: en tu semilla llevas impregnado mi poder, así que te será fácil usarlo cuando lo necesites.

Además, Toco-Toco se quedará en mi lugar y terminará el entrenamiento.

También te enseñará cómo activarlo,” explicó Golden, guiñándole un ojo.

“Bueno, qué me queda, miau,” murmuró el felino, resignado, pero aceptando su nueva responsabilidad.

“¿Ustedes saben dónde está Avocios?” interrumpió Rodelos con voz fuerte, su mirada llena de determinación.

“Porque yo también lo estoy buscando y no he podido dar con su paradero.” “Bien, no necesariamente conocemos el lugar, pero los cinco podemos encontrar a nuestro creador,” respondió Silver con confianza.

“Entiendo,” dijo Rodelos, asintiendo lentamente.

“Entonces, iré con ustedes.” “No puedes venir,” replicó Meliradal con calma, pero firmeza.

“Krasper solo puede transportar a los guardianes, y a nadie más.

Por eso, solo iremos los cinco.” “¡Oh!

Entiendo,” murmuró Rodelos, bajando la mirada, un poco apenado, aunque también se le notaba algo envidioso de no poder formar parte de la misión que había estado persiguiendo desde el principio: encontrar a Avocios.

“Paltio, yo lo siento.

Pensé que no tendríamos más tiempo juntos, pero ahora veo que tengo que dejarte solo para que cumplas tu destino,” dijo Golden, mirando al príncipe con una mezcla de orgullo y preocupación.

“Bueno, no estoy solo.

Tengo muchos amigos ahora, y encontraremos la forma de ganarle a las sombras mientras tu regresas,” respondió Paltio con determinación, aunque su voz traicionaba un ligero temblor.

“Pero ya que estás aquí, antes de que te vayas…

¿Cómo uso el cetro ahora que está restaurado?” preguntó Paltio, sosteniendo el objeto con curiosidad.

“Bien, esa es una buena pregunta, pero no sabría cómo explicártelo.

Es un arma de Avocios.

Quizá Krasper pueda saber algo,” respondió Golden, mirando hacia el dragón de cómodo.

Krasper examinó el cetro brevemente y negó con la cabeza.

“No tengo idea de cómo usarlo,” admitió, observando el artefacto.

“Tal vez tu abuelo sepa,” intervino Ron, mirando a Rodelos con expectativa.

“Puede que el cetro siempre haya estado en nuestra familia, pero nunca supe su uso correcto.

A lo mucho, le enseñé a mi hijo cómo desarmarlo y esparcirlo para que el mal no lo obtuviera.

Pero eso es todo lo que sé, lo siento, muchacho,” dijo Rodelos, mirando a Paltio con genuino pesar.

“Es algo que tú debes descifrar entonces, chico,” añadió Golden con seriedad.

“Pero no te demores mucho, porque solo te quedan cuatro días, contando con hoy,” recordó Kilibur, cruzándose de brazos.

“Sí, eso sí lo sé,” respondió Paltio con decisión.

“Trataré de hallar la manera de usarlo.” “¿Oigan, pero no sería bueno usarlo para encontrar a Avocios?” sugirió Lukeandria, esperanzada.

“Sí, pero como el príncipe no sabe cómo usarlo, necesitaremos hacerlo por nuestra cuenta,” concluyó Silver, ajustando su postura como si estuviera listo para partir.

“Bien, nos vamos ya, muchachos,” dijo Krasper, impaciente por reencontrarse con Avocios, aunque trató de ocultar su emoción bajo una máscara de indiferencia… claro, no tanto como Golden, cuya ansiedad era evidente.

“Sí,” dijeron los demás antes de prepararse para partir.

Kilibur, justo antes de irse, recordó algo: “Es verdad, me olvidaba.

Esto es lo que me dio el profesor Kuang para ustedes.

Les ayudará con lo de los cristales.” Entregó el dispositivo a Alita, quien lo recibió con cuidado.

“Ya es hora de irnos,” anunció Silver, mirando a todos con seriedad.

“Toco-Toco, te entrego esto para que lleves al príncipe al siguiente nivel,” dijo Golden, entregándole una llave dorada al felino.

“También ya creé los diversos lugares en los planos mentales de entrenamiento para sus últimos días,” añadió, guiñándole un ojo a Paltio.

“Nos volveremos a ver, Paltio.

Eso espero,” dijo Golden mientras comenzaba a desvanecerse junto con los otros guardianes.

Una vez que los guardianes se fueron, el grupo quedó en silencio por unos momentos.

Finalmente, uno de los amigos de Paltio rompió el silencio: “Y ahora, ¿qué vamos a hacer, Paltio?” “Bien, de momento, solo nos queda volver a Avocadolia.

Pero antes, debemos preparar la estrategia para lograr la victoria,” respondió Paltio con firmeza, aunque sus ojos reflejaban la magnitud del desafío que tenían por delante.

“Oigan, entonces necesitaremos un gran ejército,” dijo Alita, su voz cargada de preocupación mientras miraba a Paltio con seriedad.

“Bueno, eso es verdad,” respondió Paltio, pensativo, mientras evaluaba sus opciones de apoyo.

Su mente trabajaba rápidamente, buscando estrategias que pudieran inclinar la balanza a su favor.

Mientras tanto, los guardianes reunidos llegaron a una especie de ruinas antiguas en una tierra árida y desolada.

El viento soplaba con fuerza, levantando remolinos de polvo que parecían danzar alrededor de ellos.

Todo estaba cubierto por una atmósfera pesada, como si el lugar hubiera sido abandonado por siglos.

“¿Por qué hemos venido aquí?” preguntó Golden, mirando a su alrededor con curiosidad y algo de desconfianza.

“Aquí es donde está la fuente, el único lugar donde podremos buscar una pista,” explicó Silver con calma, su voz firme pero llena de determinación.

“Este es el lugar donde empezó todo,” añadió, señalando hacia el suelo frente a ellos.

De pronto, el suelo comenzó a temblar levemente.

Una especie de círculo emergió desde la tierra, y dentro de ese círculo se podía ver un hoyo negro profundo, como si fuera una puerta hacia lo desconocido.

“Ya saben qué hacer todos,” dijo Silver, girándose hacia los demás con expresión decidida.

“¿No?, ¿qué hay que hacer?” preguntaron Golden, Kilibur y Meliradal casi al unísono, mirándose entre sí con confusión.

“Pues debemos tomarnos de las manos,” respondió Krasper con una sonrisa sarcástica.

Luego murmuró para sí mismo: “Creo que eso también les quitó de la memoria…

¡Ay, señor!, ¡qué les hicieron a estos tres!” “Rápido, tómense de las manos sin protestar,” ordenó Silver, su tono tan serio que no dejaba espacio para réplicas.

Los demás intercambiaron miradas, aunque querían saber más sobre lo que estaban haciendo, decidieron confiar en Silver cuando lo vieron tomar la mano de Krasper sin dudarlo.

“Bien, ya que,” dijo Meliradal con un suspiro resignado, tomando la mano de Krasper.

Kilibur, sin mucho preámbulo, tomó la mano de Meliradal.

Solo faltaba Golden, quien se quedó mirando a Silver con una mezcla de orgullo herido y reticencia.

Los demás lo observaron con expresiones que claramente decían: “Apúrate.” “Bien, ya qué.

Todo sea por el señor Avocios,” dijo Golden finalmente, tomando la mano de Silver con cierto dramatismo.

Todos se tomaron de la mano alrededor del círculo en el suelo, preparándose para canalizar sus energías.

En ese momento, una corriente eléctrica recorrió sus cuerpos, intensa pero no dolorosa.

Sus ojos se pusieron en blanco casi al instante, y sus mentes se sumergieron en un estado de conexión profunda, como si estuvieran accediendo a un plano superior de conocimiento.

El hoyo negro en el centro del círculo comenzó a vibrar, emanando una luz tenue pero poderosa que iluminó el paisaje desolador.

El aire se llenó de un zumbido constante, como si el lugar mismo estuviera vivo y respondiera a la energía combinada de los guardianes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo