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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 162

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162: Cansado 162: Cansado “5, 4, 3, 2, 1… ¡Listo!”, gritó Krasper con fuerza, su voz resonando con determinación.

Pero justo antes de que pudieran actuar, Meliradal levantó una mano, interrumpiendo el momento.

“¡Espérense!

Momento, momento,” dijo rápidamente, sus ojos agudos inspeccionando el recipiente con atención.

“Veo que está cubierta por los cuatro elementos: Fuego, Aire, Agua y Tierra.

Invisible para ustedes, pero no para mí.” Krasper asintió, comprendiendo la situación.

“Bien, entonces…” Meliradal no esperó más.

De sus manos surgieron poderosos torbellinos de energía que comenzaron a desplazar algo invisible alrededor del artefacto.

Gradualmente, los cuatro elementos se manifestaron, rodeando la prisión como barreras vivientes.

Con un movimiento preciso, Meliradal condensó los elementos en una pequeña caja que brillaba con intensidad.

Al enterrarla en el suelo, una gran luz estalló hacia el cielo, iluminando el firmamento por un breve instante y disipando cualquier rastro de los elementos opresores.

“Listo, ya está.

Y ahora podemos continuar,” dijo Meliradal, secándose el sudor de la frente con evidente satisfacción.

Kilibur sonrió, admirado por la habilidad de su compañera.

“Vaya, eres increíble, amiga.” Meliradal respondió con modestia, aunque su tono tenía un dejo de orgullo.

“Sí, lo sé.” Golden intervino rápidamente, devolviendo la atención al objetivo principal.

“Bueno, ahora sí volvamos a lo que íbamos a hacer.” Krasper tomó nuevamente el liderazgo del momento, preparándose para dar la señal definitiva.

“Prepárense,” les indicó, mirando a cada uno de sus compañeros con firmeza.

Volvió a contar, su voz clara y autoritaria resonando en el aire.

“5, 4, 3, 2, 1… ¡Listo!”, gritó con fuerza.

Los cinco guerreros se lanzaron con determinación hacia los puntos indicados en la prisión de Avocios.

Con todas sus energías concentradas, empujaron las armas cargadas hacia el tanque donde estaba su creador.

“¡Empujen con fuerza, muchachos!

¡Nosotros podemos!”, animó Krasper, su voz llena de convicción.

A pesar de sus esfuerzos, la prisión no cedía fácilmente.

Los guardianes, sin embargo, no estaban dispuestos a rendirse.

Sabían que habían llegado demasiado lejos para fracasar ahora.

Con renovada determinación, decidieron canalizar aún más energía en sus armas, alimentándolas con todo lo que tenían.

Finalmente, su esfuerzo combinado dio frutos.

Un gran crack resonó en el aire, seguido de un estruendo ensordecedor.

La supuesta prisión “super resistente”, hecha del material más poderoso, comenzó a desquebrajarse.

Una explosión repentina lanzó a los cinco guardianes hacia atrás, envolviéndolos en una nube de polvo y energía.

Cuando el polvo se disipó, pudieron ver que la prisión finalmente se había roto.

De ella emergió Avocios, convertido inicialmente en una forma gaseosa que lentamente tomó la apariencia de un Avocado dorado.

Sin embargo, era evidente que estaba muy débil, incapaz de hablar o incluso abrir los ojos.

Golden fue el primero en acercarse, preocupado por el estado de su creador.

“¡Mi señor, responda!

¿Está bien?

¡Responda!”, exclamó, poniéndose de pie tras haber sido repelido por la explosión.

Los demás guardianes también se levantaron rápidamente, rodeando a Avocios con urgencia.

“¡Señor, responda!”, dijeron al unísono, sus voces llenas de angustia.

Finalmente, Avocios respondió telepáticamente, su voz mental débil pero reconfortante.

“Aún no he recuperado mis fuerzas, mis queridos guardianes.

Lo hicieron bien y lograron salvarme.” Golden insistió, su tono lleno de preocupación.

“Señor, ¿va a estar bien?” Avocios respondió con calma, aunque su debilidad era evidente.

“Quizá en unos días, o tal vez meses, lo estaré.

Pero por ahora, mi cuerpo está demasiado debilitado.

Solo soy una carga para ustedes.” Los guardianes intercambiaron miradas, sintiendo cómo la preocupación se mezclaba con la frustración.

“Pero, señor, lo necesitamos para acabar con la guerra de las sombras,” dijeron, casi como una súplica colectiva.

Avocios suspiró mentalmente, su tono lleno de resignación, pero también de confianza en sus guardianes.

“Por ahora no puedo ser de utilidad, mis muchachos.

Mi cuerpo está demasiado débil.

Deben ir con Paltio y los demás para apoyarlos en su lucha.

No pierdan tiempo conmigo.” Golden negó con la cabeza, su voz cargada de emoción.

“Pero, señor, lo necesitamos aquí.

No podemos hacer esto sin usted.” “Paltio ya debe estar lejos.

Seguramente ya está por llegar a Avocadolia,” dijo Golden, observando el cielo con preocupación al notar que ya habían pasado un día desde su última comunicación.

Meliradal asintió, su rostro reflejando frustración.

“Sí, pero con Avocios en esa condición no vamos a poder hacer nada.

Además, Krasper no lo puede transportar; solo puede teletransportar a los mismos guardianes.” Los demás bajaron la mirada, sintiendo cómo la impotencia se apoderaba de ellos.

“Sí, qué mala suerte,” murmuraron, sus voces llenas de decepción al darse cuenta de lo limitados que estaban.

Kilibur, sin embargo, recordó algo importante.

“Es verdad lo que me dijo Chiro…” Silver soltó una risa irónica, interrumpiéndolo.

“Ahorita no estamos para hablar sobre tu noviecito.” Kilibur frunció el ceño, molesto.

“No, él no es mi novio.

Y, además, lo que me dijo era algo importante.

Debemos decirle a Paltio que Tertrol y Meloc están preparando un arma destructiva… Una que podría ser el fin de todo lo que conocemos.

También están orquestando un plan contra Tejod.” Golden gruñó, visiblemente furioso.

“Vaya, qué traidores resultaron ser todos esos, como los roedores que son.” Golden volvió a centrarse en el problema inmediato.

“Pero ahora, ¿qué hacemos?

No podemos dejar al señor aquí.” Meliradal levantó una mano, proponiendo una solución práctica.

“Ya sé.

Podemos usar mi poder de convocar nubes.

Nos tomará un día o dos llegar hasta Avocadolia.” Kilibur asintió rápidamente.

“Está bien.

Puedo llevar al señor en un colchón hecho de mis ilusiones.

Así estará protegido durante el viaje.” Silver, siempre realista, planteó una objeción.

“Pero no será fácil llevarlo en ese estado al campo de batalla.” Avocios, aún débil, intervino mentalmente, su voz resonando en la mente de sus guardianes con firmeza.

“Eso no importa, muchachos.

Yo… si debo estar presente sí o sí en ese lugar.

Es una premonición que tuve.

Así que tengo que ir.” Krasper asintió, tomando el liderazgo del momento.

“Entonces está decidido.

Meliradal nos llevará hasta allá.” Golden sonrió con determinación, mirando hacia la distancia.

“Bien, entonces eso haremos.

¡Espéranos, Paltio!

Nosotros te vamos a apoyar.” Entre tanto, antes de que esto pasara… Paltio y sus amigos decidieron partir listos con rumbo a Avocadolia.

Antes de emprender el viaje, Paltio le dijo a Lukeandria: “Debes avisarle a Tejod que hemos encontrado la última pieza y que nos dirigimos hacia Avocadolia.” Lukeandria asintió, enviando un mensaje por aves de fuego al tejón.

Este, emocionado, respondió casi al instante.

“El tejón se emocionó y les dijo que estaría esperándolos con los brazos abiertos, con el último objeto de luz de Avocios que existe en el mundo.” Tejod, con una mezcla de orgullo y esperanza, añadió: “Pronto se acerca el alba marina.

Lo has hecho bien, Pax.

Lo has hecho bien.” Paltio, Lukeandria, Mok, Alita, Ron, Rykaru y Lucca subieron al carruaje-tanque, listos para partir.

Se despidieron de sus nuevos amigos, quienes permanecerían en Reedalia para continuar la lucha desde allí.

Rodelos, quien había sido rey anteriormente, decidió quedarse en lo que quedaba de Reedalia.

Sabía que su experiencia sería crucial para unir a los diversos grupos que se habían formado y coordinar un ataque conjunto contra las sombras.

Con una sonrisa cálida, Rodelos se dirigió a Paltio y Rykaru.

“Suerte, mi nieto y mi bisnieto.

Les deseo lo mejor.” Paltio respondió con gratitud, aunque una sombra de preocupación cruzó su rostro.

“Te vamos a estar esperando en casa.

Solo espero que sea satisfactoria nuestra victoria.” Rodelos colocó una mano sobre el hombro de Paltio, infundiendo confianza en él.

“Claro que sí, mi niño.

Vas a ver que lo vamos a lograr.” Con esa promesa en mente, el grupo partió hacia Avocadolia, dejando atrás a sus aliados en Reedalia.

El camino sería largo, pero la esperanza los impulsaba hacia adelante.

Todos despidieron a Paltio y sus amigos con gratitud, sus voces cargadas de esperanza mezclada con preocupación.

Sabían que el viaje sería arduo, pero confiaban en que su misión traería un futuro mejor.

Mientras tanto, Toco-Toco, Nakia, Chiki, Lume y Geki se reunieron con los demás, listos para iniciar su entrenamiento.

“Es hora de entrenar, muchachos,” dijeron al unísono, sus voces llenas de determinación mientras se preparaban para entrar en el espacio mental de entrenamiento.

Este lugar, donde las habilidades y estrategias podían perfeccionarse sin límites, sería crucial para fortalecerse antes de la batalla final.

Lucca, sería el que cuidaría de sus cuerpos mientras los demás estaban en el plano de entrenamiento a la vez que estaba alerta en el camino de regreso a Avocadalia.

“Yo me quedaré aquí para cuidarlos en caso de algún tropiezo en el camino,” dijo, asumiendo su rol como protector del grupo.

Su voz transmitía seguridad, aunque en sus ojos se notaba un brillo de nostalgia por no acompañarlos.

Una vez que el carruaje-tanque desapareció en el horizonte, Rodelos tomó la palabra.

Con la autoridad propia de un antiguo rey, se dirigió a Ban y Ariafilis.

“Es momento de llamar a la reunión con los demás líderes de la resistencia.

Debemos unirnos para crear un plan que nos permita vencer a nuestro enemigo en común: las sombras.” Ban asintió con seriedad, ajustando su armadura mientras respondía: “Tienes razón.

No podemos permitir que las divisiones sigan debilitándonos.

Es hora de actuar como uno solo.” Ariafilis, siempre reflexiva, añadió: “La unión será nuestra mayor fortaleza.

Si logramos coordinar nuestros esfuerzos, tendremos una oportunidad real de derrotarlas.” Rodelos miró hacia el horizonte, donde el carruaje-tanque ya no era visible, pero su corazón seguía conectado con Paltio y los demás.

“Hoy comenzamos a tejer una red de alianzas que cambiará el destino de todos.

No podemos fallar.” Con esa determinación compartida, los tres se dirigieron al punto de encuentro, listos para convocar a los líderes de la resistencia dispersos por las tierras devastadas.

Sabían que el tiempo corría en su contra, pero también sabían que la esperanza aún ardía en sus corazones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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