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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 163

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163: Reuniones (1) 163: Reuniones (1) “Bueno, es hora de tener la conversación con los demás,” dijo Rodelos mientras entraba a una tienda improvisada que funcionaba como su base de operaciones.

En su interior estaban Ariafilis y Ban, ambos inmersos en sus pensamientos.

Jock, Ludra y Dall no se encontraban; habían sido enviados en una misión para localizar el paradero del cristal oculto en este reino.

“Hola, profesor Kuang, ¿qué tal?” saludó Rodelos al ver al profesor proyectado en una pantalla, un artefacto avanzado creado por el mismísimo profesor.

“¡Hey!

¿Qué tal, señor Rodelos, señor Ban?

Y usted debe ser la señorita Ariafilis de Reedalia,” respondió el profesor con cortesía, inclinándose ligeramente en señal de respeto hacia la reina.

“No necesita hacer eso, profesor.

Por ahora, hay cosas más importantes que simples saludos reales,” replicó Ariafilis con firmeza, pero sin perder su compostura regia.

“Entiendo,” dijo el profesor, ajustando sus gafas mientras asentía.

“Entonces iremos directo al grano.” Hizo una pausa y continuó: “Como saben, debemos reunir una gran cantidad de soldados para luchar contra las sombras.

Creo haber encontrado a los aliados que necesitan.” Acto seguido, un holograma cobró vida frente a ellos, mostrando al general Romeo Madeus.

En otro holograma apareció Galatea.

“Así que el gran señor Rodelos está en esta reunión,” comentó Romeo con un tono sarcástico, recorriendo con la mirada a los presentes.

“Y también una Reedaliana por parte de Ariafilis, y una de la familia Fuerte, por Galatea,” añadió con desdén.

“¿Qué le pasa, señor?” intervino Galatea, elevando el tono de su voz.

“Al parecer, los de Hassdalia no se llevan bien con los de Fuertelia ni Reedalia…

Bueno, ninguno de los demás reinos parece llevarse bien tampoco.” “Yo debería decir lo mismo,” respondió Galatea tras un breve silencio.

“Pero desde que conocí a Paltio y sus amigos, he podido dejar esas cosas de lado.” “Inútil Hassdaliano,” murmuró Ariafilis con fuerza, cruzando los brazos.

“Tranquilos, no peleen,” intentó mediar Ban, aunque su voz quedó prácticamente ahogada entre las tensiones crecientes.

La discusión escaló rápidamente, hasta que Rodelos, con una expresión severa, lanzó un grito que resonó en toda la tienda: “¡Silencio!

¡Todos!” Su voz era como un trueno, imposible de ignorar.

“Hoy no estamos aquí para pelear entre nosotros.

Es por eso que las sombras nos ganaron en un principio.

Hoy estamos aquí para salvar a nuestros reinos y limpiarlos del control de las fauces de las sombras.” Las palabras de Rodelos cayeron como un manto frío sobre el grupo.

Todos guardaron silencio, reflexionando sobre lo que acababan de escuchar.

Fue Galatea quien rompió el silencio después de unos instantes.

“Tiene razón, señor Rodelos.

Hoy no es momento de pelear entre nosotros, sino de apoyarnos mutuamente.

Además, su nieto nos ayudó a liberar nuestro pueblo.

Por ahora, estamos libres del control de las sombras amarillas, y todos aquí estamos listos para cualquier batalla que se avecine.

Nos uniremos sin dudar.” Romeo la miró fijamente, pero no dijo nada.

Ariafilis, tras exhalar un largo suspiro, añadió: “Bien, si tienes razón.

Paltio, sus amigos y Rodelos aquí presente también nos ayudaron a defender nuestro pueblo, y ahora estamos libres del control de las sombras negras.

Así que voy a darle mi apoyo con lo que tenga.” “Muchas gracias,” respondió Rodelos, genuinamente agradecido.

Miró a Ban y luego al holograma donde estaba Romeo.

“Como ustedes saben, mi resistencia y yo les daremos todo el apoyo necesario,” aseguró Ban con firmeza.

“Es bueno escuchar eso, Ban,” dijo Rodelos, asintiendo con gratitud.

Luego clavó su mirada en el holograma de Romeo y preguntó: “¿Qué hay de usted, general Romeo?” Romeo lo miró fijamente y le dijo: “Pues bien, veo que ese muchacho logró liberar a sus pueblos.

Pero el mío, sin embargo, aún sigue bajo el control de las sombras azules.

Lástima que el príncipe Paltio no pudo salvar a los demás.” Una sombra de tristeza cruzó su rostro antes de continuar.

“Como sabrán, mi vida está ligada al pueblo de Hassdalia; ellos son mi prioridad.

Así que debo ir a rescatarlos.

Lo siento, pero sin la orden directa de mi rey, no podré ayudarlos.” En ese preciso momento, la puerta detrás de Romeo se abrió lentamente.

Una voz profunda y calmada resonó en la sala: “Está bien, Romeo.

Vamos a apoyar a los demás reinos como siempre debió ser.” Romeo giró rápidamente, con los ojos desorbitados por la sorpresa.

“¿Es usted…?

¡Su majestad Hass!” exclamó, incapaz de contener las lágrimas que brotaban de sus ojos mientras corría hacia el recién llegado para abrazarlo.

“Ya estoy aquí, amigo mío,” dijo el rey Hass con una sonrisa cálida, devolviendo el abrazo.

Tras un breve momento de reencuentro, el rey avanzó hacia la máquina holográfica y saludó con cortesía: “Buenas tardes.

Gracias a la ayuda de los guardianes, mi pueblo y yo pudimos salir de ese infierno impuesto por las sombras azules.

Así que estamos más que dispuestos a luchar.” “Eso es excelente,” respondió Rodelos, visiblemente aliviado.

“Con ellos ya tenemos a tres reinos unidos.

Pero aún hay dos que necesitan nuestra ayuda, y nosotros también necesitaremos la de ellos.

Si logramos liberarlos, esos dos reinos podrían ser una gran ayuda.” Mientras hablaba, su mente trabajaba frenéticamente, buscando estrategias para enfrentar el próximo desafío.

El profesor Kuang permaneció pensativo, analizando diversas maneras de liberar a los dos reinos restantes.

Sin embargo, justo cuando comenzaba a formular una teoría, el holograma de Galatea se iluminó nuevamente.

“Algo se acerca,” dijo ella con urgencia.

“Será mejor que nos veamos más tarde.” Antes de que alguien pudiera responder, su imagen cambió abruptamente, transformándose en Troba.

“¡Una enemiga!” exclamó Romeo, alarmado.

“¡Este plan se va a la ruina antes de empezar!” “Tranquilos,” interrumpió Strongia, la reina de Fuertelia, con firmeza.

“Es una magia que Meliradal le obsequió a mi general.

No es una amenaza.” “Al parecer, hay problemas,” continuó la reina, adoptando un tono más serio.

“Un sujeto encapuchado se acercó al reino.

Vino a través de una especie de portal y ha pedido que Troba lo acompañe.

Galatea nos estará informando muy pronto.” “¿Por qué se llevarían a la líder de la facción amarilla?” preguntó Ariafilis, frunciendo el ceño.

“Eso parece inusual.” “Eso no es todo,” intervino el profesor Kuang, ajustando nerviosamente sus gafas mientras observaba un monitor cercano.

En él, aparecieron lecturas alarmantes que mostraban anomalías similares en los otros reinos, pero de magnitud mucho mayor.

De repente, una luz roja comenzó a tintinear en el ordenador del profesor.

Una voz mecánica y repetitiva emergió del sistema: “Inmensa energía transdimensional localizada.

¡Peligro!

¡Peligro!” “¿Qué está pasando, profesor?” preguntó Karpi, su voz temblorosa mientras observaba los niveles de energía desbordarse en los monitores.

Su rostro pálido reflejaba el miedo que sentía ante lo desconocido.

“No lo sé,” respondió el profesor Kuang, ajustando nerviosamente sus gafas mientras analizaba las lecturas.

“Pero algo sin precedentes está ocurriendo, muchacha.” Sus dedos volaban sobre el teclado, tratando de encontrar lógica a lo que parecía escapar de toda explicación científica.

Luego de unos momentos, las alarmas cesaron abruptamente.

Los niveles de energía regresaron a la normalidad, y las señales de actividad en los reinos desaparecieron del mapa holográfico que flotaba frente al profesor.

Era como si el fenómeno nunca hubiera ocurrido, dejando tras de sí solo silencio y preguntas sin respuesta.

“Señor profesor,” dijo Ban, mirando preocupado a Karpi en la pantalla.

Su compañera aún lucía alterada, con los ojos fijos en los monitores que ahora mostraban datos inertes.

“¿Qué fue eso?

¿Qué significa?” El profesor se tomó un momento antes de responder.

Inspiró profundamente, como si buscara ordenar sus pensamientos.

“Es algo que no puedo descifrar a simple ciencia, muchacho,” dijo finalmente, con una mezcla de frustración y asombro en su voz.

“Pero lo que sí puedo decirte es que…

al parecer, algo se movió entre los reinos.” Hizo una pausa, escaneando nuevamente los datos en busca de alguna pista.

“Algo o alguien ha cruzado de un lugar a otro, y ahora no puedo encontrar su ubicación.” La sala quedó en silencio mientras todos procesaban sus palabras.

El peso de la incertidumbre llenaba el aire, tan denso que casi podía tocarse.

Karpi, aun visiblemente afectada, se llevó una mano al pecho, intentando calmar su respiración acelerada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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