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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 164

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164: Reuniones (2) 164: Reuniones (2) “¿Qué fue todo eso, profesor?” preguntó Karpi, observando el monitor con atención.

“Los niveles de energía que marcaba la máquina han vuelto a la normalidad.” “Sí, eso parece,” respondió el profesor Kuang, ajustando sus gafas mientras analizaba los datos restantes.

Una sombra de preocupación cruzó su rostro.

“Algo grave ocurrió, pero será mejor que investiguemos qué pasó en cada uno de los lugares afectados.” En su mente, comenzó a relacionar estos eventos con la visita del encapuchado en Fuertelia.

Tal vez otros seres similares habían ingresado en cada reino.

“Profesor, pero aquí no hubo nada extraño,” intervino Ariafilis, frunciendo el ceño.

“Pues no en tu reino,” explicó el profesor, señalando un punto específico en el mapa holográfico.

“Pero algo cercano ocurrió en las afueras de tus dominios.

Sin embargo, ya no lo verán porque ha desaparecido.” “Debemos investigar,” sugirió Rodelos con urgencia.

“Quizás enviemos a alguien a investigar al reino cercano.” Luego miró al profesor, notando su expresión intranquila y pensativa.

“¿Qué piensa hacer, profesor?” El profesor levantó una mano, indicando que necesitaba tiempo.

“Les hablo luego a todos ustedes,” dijo antes de desconectarse abruptamente de la reunión holográfica.

Todos los presentes en sus respectivas ubicaciones se mostraron preocupados por el repentino comportamiento del profesor.

Sin embargo, para Rodelos y Ban, quienes apenas lo conocían desde hacía poco, esa actitud excéntrica ya era algo habitual.

“¿Qué estará haciendo ese viejo loco?” gruñó Romeo, visiblemente molesto por la interrupción.

“Tranquilo, no te impacientes,” intervino el rey Hass con calma.

“Démosle unos minutos al profesor,” añadió Rodelos, intentando apaciguar los ánimos.

En su laboratorio, el profesor Kuang trabajaba rápidamente.

Preparó a uno de sus Kbots, equipándolo con herramientas esenciales para la misión.

Luego, lo lanzó como si fuera un cohete hacia el reino más cercano: Pinkertalia.

El pequeño robot llegó casi instantáneamente, como si se moviera por arte de magia.

Sobrevoló el territorio como una sonda sigilosa, capturando imágenes detalladas del lugar.

“Ten cuidado de no ser encontrado,” murmuró el profesor mientras controlaba al Kbot a distancia.

El robot exploró lo que quedaba de Pinkertalia.

Las cicatrices de las explosiones causadas por Chip, cuando Rodelos hizo uso de estas para salvar a Alita y Ron, aún eran evidentes.

Edificios reducidos a escombros y calles desiertas dibujaban un panorama desolador.

Sin embargo, algo llamó la atención del Kbot: no había ni rastro del ejército de las sombras moradas.

Siguió avanzando hasta que divisó un edificio en ruinas donde se veían montones de personas aprisionadas en celdas electrificadas.

Con cautela, el Kbot entró al lugar.

Dentro, confirmó que se trataba de los ciudadanos de Pinkertalia, encerrados en cinco pisos diferentes.

Tras salir del primer edificio, el robot detectó otro similar a pocos metros de distancia, también lleno de prisioneros.

En total, descubrió cinco edificios donde los residentes estaban cautivos.

Lo más inquietante de todo era que no había ningún enemigo a la vista.

“Vaya, eso es raro,” murmuró el profesor Kuang, frunciendo el ceño mientras analizaba las imágenes enviadas por el Kbot en Pinkertalia.

Decidido a confirmar sus sospechas, envió otro Kbot al segundo reino cautivo: Bacadolia.

Los resultados fueron idénticos.

Los ciudadanos estaban atrapados en grandes edificios, incapaces de moverse o escapar, pero no había ni rastro de las sombras verdes que antes dominaban el lugar.

El profesor se recostó en su asiento, frotándose las sienes mientras procesaba la información.

Era inexplicable.

¿Por qué los enemigos habrían abandonado repentinamente los reinos, dejando a los ciudadanos prisioneros sin vigilancia?

Parecía como si alguien hubiera intervenido milagrosamente para eliminar a las fuerzas opresoras, aunque fuera solo temporalmente.

Kuang revisó nuevamente los videos capturados por sus máquinas, buscando algún detalle que pudiera explicar lo ocurrido.

“Esto parece una locura,” pensó en voz alta.

“¿Acaso alguna bendición del cielo nos ha ayudado con este problema?” Finalmente, el profesor encendió de nuevo la pantalla holográfica, apareciendo frente a todos los líderes reunidos.

Muchos de ellos estaban impacientes, especialmente el general Romeo Madeus y Ban, quienes intercambiaron miradas de preocupación al verlo regresar tan emocionado.

“Tranquilos, y disculpen por la demora,” dijo el profesor con una sonrisa nerviosa pero decidida.

“Pero creo tener la solución a nuestros problemas numéricos.” “¿Así como?” preguntó el general Madeus, cruzándose de brazos con escepticismo.

“Muy fácil,” respondió el profesor, ajustándose los lentes con gesto confiado.

“Liberaré a todos los habitantes de Bacadolia y Pinkertalia.

Así ambos reinos podrán unirse a nuestra causa y ayudarnos en la lucha.” “¿Y cómo piensa hacer eso, profesor?” preguntó Madeus, incrédulo.

“Tranquilo, Romeo Madeus,” intervino el rey Hass con calma.

“El profesor debe tener algo en mente.

No creo que esté diciendo cosas sin fundamento.” “Así es,” confirmó el profesor con entusiasmo.

“Porque en unos instantes procederé a hacerlo.” “Pero, profesor,” interrumpió Rodelos, visiblemente escéptico, “sé que es muy inteligente y sabe mucho de tecnología, pero ¿cómo piensa usted solo liberar a dos reinos sin ayuda de otro ejército?” El profesor se inclinó hacia adelante, moviendo ligeramente sus gafas con una expresión brillante.

“Porque no hay enemigos en dichos reinos,” reveló con emoción contenida.

Todos quedaron impactados ante la afirmación.

Algunos pensaron que el profesor estaba soñando despierto, otros incluso llegaron a cuestionar su cordura.

Sin embargo, Karpi apareció en la pantalla, mostrando las imágenes capturadas por los Kbots.

“Es verdad,” dijo ella con firmeza.

“Solo están los residentes de esos reinos, pero aprisionados en celdas electrificadas y con collares que les impiden moverse.” “Eso…

eso es algo alentador,” balbuceó Ban, aun procesando la información.

“Pero ¿cómo planea liberarlos a todos?” “Con mis Kbots, desde luego,” respondió el profesor, quien ya estaba tecleando frenéticamente en su consola.

Sus dedos volaban sobre los botones mientras soltaba una risa desenfrenada, casi inquietante, pero llena de determinación.

Finalmente, presionó el último botón.

En ese instante, sus dos creaciones entraron en acción.

Simultáneamente, los Kbots enviados a cada reino comenzaron a desactivar todas las celdas electrificadas y a retirar los collares que mantenían a los ciudadanos cautivos.

Las puertas metálicas se abrieron con un chirrido metálico, y los prisioneros salieron tambaleándose, aturdidos pero eufóricos al darse cuenta de que eran libres.

Los ciudadanos de Pinkertalia y Bacadolia estallaron en vítores, algunos llorando de felicidad, otros abrazándose entre sí.

Agradecieron fervientemente a los pequeños robots que los habían liberado, aunque no entendían completamente qué fuerza misteriosa había permitido esta oportunidad.

Los ciudadanos de Pinkertalia y Bacadolia comenzaron a reunirse espontáneamente en los centros de sus respectivos reinos, saliendo de los edificios que hasta hacía unos momentos los mantenían prisioneros.

En medio de la multitud, los robots del profesor Kuang proyectaron una pantalla holográfica con su imagen.

Su voz resonó clara y firme por todo el lugar.

“Queridos amigos,” dijo el profesor, ajustándose las gafas mientras sonreía con calidez.

“Yo, el profesor Kuang, los acabo de liberar de las sombras.

Es momento de que todos se alcen y se unan a nuestra cruzada.” El profesor hizo una breve pausa antes de continuar.

“Bueno, eso se lo dejo a Rodelos; él sabe más de esto.” Con un gesto rápido, cambió la transmisión, proyectando ahora la figura de Rodelos en las pantallas de los robots.

Desde el cielo de cada reino, su imagen flotaba como una presencia imponente pero familiar.

“Estimados compatriotas avocados,” comenzó Rodelos, su voz profunda y cargada de convicción.

“Ha llegado el momento de luchar.

Únanse a mi nieto en la batalla para vencer, de una vez por todas, a las sombras.” Entre la multitud surgieron murmullos.

Algunos reconocieron al instante la figura dorada de Avocadolia.

“¡Es el señor dorado!” exclamaron algunos, admirados.

Sin embargo, otros no estaban tan convencidos.

“¿Y este quién es?

¿Por qué quiere que luchemos por él?” cuestionaron otros con desconfianza.

“Es una trampa,” murmuraron algunos, retrocediendo lentamente.

“Tengo miedo; mejor huyamos,” dijeron otros en voz baja.

Karpi observó las reacciones desde la pantalla junto al profesor.

“Parece que no fue buena idea solo colocar a Rodelos,” comentó preocupada.

“Algunos tienen miedo.” El profesor asintió, comprendiendo la situación.

Sin perder tiempo, modificó la transmisión nuevamente.

Ahora, además de Rodelos, aparecieron también Hass, Ban, Ariafilis y Strongia en las pantallas holográficas.

Sus rostros serios y determinados se proyectaron sobre el cielo de ambos reinos, captando la atención de todos.

“Señores,” intervino Ariafilis, su voz firme y llena de autoridad.

“Rodelos tiene razón.

Por años nos hemos dividido en reinos, dejando de comunicarnos como debíamos hacerlo.

Nuestras alianzas se dispersaron, y eso permitió que las sombras tomaran el control.” Hizo una pausa, mirando directamente a la cámara.

“Por eso, yo propongo que nos unamos.

No les hablo como la reina de Reedalia, sino como una ciudadana que necesita librarse del yugo enemigo.” Strongia tomó la palabra a continuación, su tono calmado pero apasionado.

“Yo también les digo que, si dejemos nuestras diferencias por unos instantes y nos unimos a esta causa, por fin podremos librarnos de las sombras de una vez por todas.

¿No quieren que vuelva a reinar la paz?” Hass asintió con solemnidad.

“Así es.

Nosotros apoyaremos a Paltio y sus amigos para vencer a las sombras.

Ellos nos ayudaron cuando más lo necesitábamos, y por eso estamos en deuda con ellos.

Además,” añadió con una sonrisa orgullosa, “los guardianes de Avocios también están de nuestro lado.

Me consta porque nos salvaron de las garras de las sombras azules.” Las palabras de los líderes resonaron entre la multitud.

Las dudas y el miedo comenzaron a disiparse lentamente, reemplazados por un sentimiento de esperanza y unidad.

Era evidente que, aunque el camino sería difícil, la posibilidad de un futuro libre de las sombras era un sueño que todos compartían.

“¿Quién es Paltio?” se preguntaban algunos entre la gente que observaba las pantallas holográficas con curiosidad.

“Oh, si se preguntan quién es Paltio,” respondió Rodelos con una sonrisa orgullosa, “es el príncipe de Avocadolia y mi nieto.

Él me ha enseñado que dividirnos en reinos y no comunicarnos fue nuestro peor error.” Su voz ganó fuerza mientras continuaba: “Por eso, desde hoy debemos ser un solo frente, una sola voz, y acabar con el enemigo de una vez por todas.

¿Quién está con nosotros?” Su pregunta resonó como un trueno, cargada de determinación.

La multitud quedó en silencio por unos instantes, procesando sus palabras.

Entonces Ban tomó la palabra, su figura apareciendo junto a Rodelos en las pantallas.

“Paltio es alguien que ha ayudado a mis amigos y siempre pone la vida de los demás antes que la suya.

A mí me consta,” dijo con firmeza, ajustándose el cinturón de su chaqueta.

“Me conocen como ‘X’ líder de la resistencia, pero mi nombre es Ban, el príncipe de Fruitalia, y con mi ejército de la resistencia también lo apoyaremos.” Su tono era decidido, lleno de orgullo.

Algo que Ludra, su fiel compañera, habría celebrado con lágrimas en los ojos de haber estado presente.

“¿Un príncipe de otro reino?” murmuraron algunos, impresionados al ver las imágenes proyectadas en las pantallas.

Las pantallas comenzaron a mostrar escenas de las hazañas de Paltio y sus amigos, capturadas gracias al estudio del poder de Kilibur por parte del profesor Kuang.

Cada imagen mostraba momentos de valentía, sacrificio y unidad: Paltio enfrentándose a las sombras, liberando pueblos y luchando junto a sus aliados.

La multitud estaba fascinada.

Los murmullos se transformaron en exclamaciones de asombro.

“Es increíble,” decían algunos, mientras otros señalaban las imágenes con admiración.

El joven príncipe no solo era un líder; era un símbolo de esperanza.

“¿Quiénes están con nosotros?” repitieron Rodelos, Strongia, Ariafilis, Hass y Ban al unísono, sus voces resonando como un eco celestial.

Karpi y el profesor Kuang también se unieron a la llamada, sus rostros proyectados en las pantallas con expresiones llenas de confianza y determinación.

Uno a uno, los ciudadanos de Pinkertalia y Bacadolia levantaron sus manos hacia el cielo, sus voces llenas de renovada esperanza y decisión.

“¡Yo!” gritaron al unísono, sus palabras resonando como un eco poderoso.

Luego, un grito aún más fuerte emergió de ambos reinos, uniendo a todos en una sola voz: “¡Nosotros!” El cielo parecía vibrar con la energía de aquel momento.

Era el nacimiento de una nueva alianza, un frente unido dispuesto a enfrentarse a las sombras.

La esperanza brillaba en los ojos de cada persona, reflejando la promesa de un futuro mejor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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