La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 169
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169: El Transporte (1) 169: El Transporte (1) El profesor Kuang estaba sumergido en un mar de cálculos, rodeado por prototipos fallidos y restos metálicos esparcidos por todo su laboratorio.
Su mente trabajaba a toda velocidad, tratando desesperadamente de encontrar una solución para transportar a miles de personas en menos de dos días.
Sin embargo, sus intentos seguían terminando en fracaso; cada invención que probaba acababa en explosiones o destrucción controlada.
“Tranquilo, profesor,” dijo Karpi mientras entraba al laboratorio con una taza humeante de café en una mano y un Kbot flotando a su lado.
“Tómese un respiro.” “¿Qué me tranquilice, muchachita?” respondió el profesor, ajustándose las gafas mientras lanzaba una mirada exasperada hacia ella.
“¡Debemos encontrar la solución para llevar a tanta gente en menos de dos días!
Si no lo hacemos, Paltio y sus amigos estarán indefensos contra nuestros enemigos.” Tomó el café rápidamente, como si fuera un combustible necesario para seguir adelante.
“Quizá si hubiera realizado más pruebas con la ayuda del señor Kilibur…
¡quizá ya habría encontrado alguna solución!” “Sí, tiene razón,” respondió Karpi, colocando una mano sobre el hombro del científico.
“Es por eso que nosotros también lo estamos apoyando.” Señaló hacia un rincón del laboratorio donde aún quedaba un robot operativo, mientras los demás habían sido enviados a desactivar los cristales Luz-Oscura.
Luego señaló a Paris, Chip y un Gikel que cargaba equipo pesado como si fuera una pluma.
“No está solo, profesor.” “Lo sé, mi niña,” murmuró el profesor, tomando otro sorbo rápido de café antes de regresar a sus cálculos.
Sus dedos volaban sobre el teclado, garabateando ecuaciones y dibujando bocetos frenéticos.
En ese momento, un guardia irrumpió en el laboratorio, buscando a su líder con urgencia.
“Señor ‘X’, ¿alguien lo ha visto?” preguntó, mirando a su alrededor.
Karpi, sabiendo lo que venía, se excusó rápidamente y se dirigió a un cuarto contiguo.
Momentos después, salió disfrazada como ‘X’, usando un modulador de voz creado por el propio profesor para imitar la voz de Ban.
Inspiró profundamente, tratando de calmarse, y luego carraspeó para modular su voz antes de hablar.
“¿Qué se le ofrece, soldado?” preguntó, adoptando el tono serio y autoritario que caracterizaba al líder de Fruitalia.
“Bien, señor ‘X’,” respondió el soldado, un joven de unos 16 años perteneciente a la raza de las alcachofas.
“Vengo con el reporte.
Ya hemos estado entrenando al equipo, y están mejorando mucho.
También estamos implementando nuevas tácticas y apoyando a los refugiados que no pueden pelear, asegurándonos de que tengan comida y otros recursos.
Además, nos están ayudando con las cosechas y los huertos creados por el profesor.” “Eso es bueno, muchacho,” respondió Karpi, tratando de mantener la compostura bajo el disfraz.
Sentía gotas de sudor formarse en su frente mientras intentaba imitar cada gesto y tono de Ban.
“Sí, señor,” continuó el soldado, mirándola con ojos suplicantes, como un cachorro abandonado.
“Pero necesitamos que venga a verlos más seguido.
Queremos un poco de su sabiduría para subirnos el espíritu de lucha.
Algunos también han estado peleando entre ellos, y realmente necesitamos que les dé un poco de dirección.” Karpi tragó saliva, sintiendo cómo su improvisación comenzaba a tambalearse.
Miró de reojo a Paris y Chip, quienes observaban la escena con expresiones divertidas pero comprensivas.
Ambos le hicieron señas silenciosas, indicándole que fuera con el soldado y que ellos se encargarían de ayudar al profesor.
“¡Ay!
En lo que me he metido,” murmuró Karpi para sí misma mientras el soldado la tomaba de la mano y la llevaba hacia la salida.
Antes de cruzar la puerta, miró desesperadamente a sus compañeros, con señas que parecían gritar “¡Sálvenme!” Pero Paris y Chip simplemente le mostraron un pulgar hacia arriba, sonriendo mientras veían cómo se alejaba.
El profesor seguía trazando garabatos frenéticos sobre hojas de papel, creando bocetos que apenas lograban capturar lo que tenía en mente.
Aunque su mente era un torbellino de ideas brillantes, sus dibujos eran poco más que líneas confusas y formas abstractas.
“Oiga, profesor,” interrumpió Paris con una sonrisa traviesa mientras observaba los intentos artísticos del científico.
“Si quiere, yo le puedo dibujar mejor para que entienda exactamente lo que necesita.” “Bien, hazlo,” respondió el profesor, encogiéndose de hombros.
“Pero no sé si puedas capturar la esencia de lo que tengo en mente.” “Sé que no estoy dentro de su cabeza, pero puedo hacer un gran esfuerzo,” replicó Paris con determinación.
“Déjeme ser útil.” El profesor la miró por un momento antes de comenzar a explicarle sus ideas.
Con rapidez, empezó a describir componentes y mecanismos, hablando tan rápido que parecía que las palabras se atropellaban unas a otras.
Paris, sin perder la calma, tomó su lápiz y comenzó a dibujar con arte y gracia.
Era evidente que tenía talento; cada línea que trazaba parecía cobrar vida propia.
El profesor continuó dictando instrucciones a toda prisa: “Esto va con esto, y esto debe conectarse aquí…” Su voz era un torrente incesante de conceptos técnicos, pero Paris trataba de seguirle el ritmo con destreza.
Sin embargo, llegó un punto en que el científico fue demasiado rápido incluso para ella.
“¡Espere un momento, profesor!
Tranquilícese, va muy rápido,” dijo Paris levantando una mano, tratando de detener el flujo de información.
El profesor parecía que se iba a enojar por la expresión en su rostro.
“Tranquilos, tranquilos,” intervino Chip, quien había estado observando la escena desde un rincón del laboratorio.
Sabía que, si no intervenía, Paris y el profesor podrían terminar discutiendo.
“¿Por qué no piensan en algo como esa lagartija enorme que vino a llevarse a Kilibur?
¿Recuerdan?” “¿Qué dijiste?” preguntó el profesor, frunciendo el ceño, pero visiblemente intrigado.
“Sí, como ese tal…
¿cómo se llamaba?
Krasper, creo.
Apareció y desapareció en un instante,” explicó Chip, haciendo gestos con las manos como si estuviera recreando el movimiento de teletransportación.
“¡Exacto!” exclamó el profesor, iluminándose al comprender la idea.
“Transferir un cuerpo de un lugar a otro mediante la trasmutación de la materia.
¡No como un teletransportador de corto alcance, sino algo que pueda llevarnos a cualquier lugar usando mis Kbots!” En ese momento, su mente comenzó a trabajar a toda velocidad, conectando ideas como piezas de un rompecabezas.
Se llevó una mano a la barbilla, pensativo, mientras imágenes de inventos y diagramas cruzaban su mente.
“¡Listo!
¿Qué te parece esto?” dijo el profesor, tomando un lápiz y comenzando a dibujar con renovada energía.
“Esto puede ser lo que necesitamos.” “Deje, profesor, yo lo arreglo,” dijo Paris, tomando el dibujo incompleto.
Con precisión casi mágica, corrigió las líneas y añadió detalles que lo hicieron lucir increíblemente realista.
Era como si hubiera entrado en la mente del profesor y plasmado exactamente lo que él imaginaba.
“Sí, lo has hecho bien.
Discúlpame por el altercado,” dijo el profesor con sinceridad, inclinando ligeramente la cabeza.
“Esto es lo que vamos a construir.” Paris aceptó la disculpa con una sonrisa.
“¿Qué esperamos?
¡Manos a la obra!” exclamó el profesor, lleno de entusiasmo.
Comenzó a recolectar herramientas y materiales dispersos por el laboratorio, preparándose para dirigirse donde Rose, su gran amiga Ciertarias, quien seguramente tendría las respuestas finales para perfeccionar el invento.
Mientras tanto, Karpi, disfrazada de ‘X’, fue llevada por el joven soldado hacia un campo de entrenamiento donde un grupo diverso de soldados, compuestos por diversas razas de frutas y verduras, aguardaba ansioso.
“Bien, muchachos, aquí está el señor ‘X’,” anunció el soldado con orgullo, señalando a Karpi.
“Lo hiciste bien, Alcho,” indicó un hombre mayor, cuya apariencia sugería que era un veterano experimentado.
Alcho, el joven soldado con un peinado similar al de una alcachofa y vestido con un uniforme verde militar, sonrió tímidamente ante el reconocimiento.
Karpi, aunque nerviosa bajo el disfraz, sabía que tenía que mantener la compostura.
Inspiró profundamente y, modulando su voz para imitar a Ban, comenzó a hablar: “Soldados, su dedicación y esfuerzo han sido admirables.
Pero recuerden: esta guerra no solo se trata de fuerza bruta, sino también de unidad y estrategia.
Confío en que cada uno de ustedes dará lo mejor de sí para proteger nuestro hogar.” Los soldados la miraron con renovada determinación, algunos asintiendo con firmeza, otros murmurando entre ellos sobre las palabras de su líder.
Karpi, aunque aliviada de haber cumplido su tarea, seguía deseando que alguien viniera a rescatarla pronto.
“¡Silencio!” ordenó el señor mayor llamado Kol, cuyos distintivos de coliflor se asemejaban a nubes esponjosas que flotaban sobre su cabello y barba.
Su voz resonó con autoridad, y los soldados al frente rápidamente obedecieron, aunque los que estaban al fondo seguían murmurando entre sí.
Sin embargo, cuando alguien les susurró: “Miren quién está adelante,” todos callaron de inmediato.
Sus ojos se posaron en su líder, ‘X’, quien estaba parado frente a ellos.
“Señor, qué bueno que está aquí.
Esperamos que nos guíe y nos entrene para lo que viene,” dijo uno de los soldados con entusiasmo.
“Sí, gracias,” respondió ‘X’ con un tono modulado que ocultaba el nerviosismo de Karpi bajo el disfraz.
Mientras trataba de mantener la compostura, pensó para sí misma: “Ay, en qué me he metido.” “Por favor, siéntense todos,” indicó ‘X’, tratando de imitar la calma que caracterizaba a Ban.
Los soldados obedecieron, aunque algunos seguían intercambiando miradas curiosas.
Kol se acercó lentamente a ‘X’, inclinándose ligeramente para hablarle en voz baja.
“Por favor, señor, deles un discurso motivador a los jóvenes.
Algunos querían desertar, mi señor,” añadió, su rostro marcado por la preocupación.
“Vamos, ustedes pueden,” dijo ‘X’, levantando una mano como si fuera a dar un discurso épico.
Pero antes de continuar, Alcho, el joven soldado alcachofa, le dio una palmadita en la espalda con intención amistosa.
Sin embargo, su fuerza desmedida hizo que ‘X’ perdiera el equilibrio y cayera al suelo con un golpe sordo.
“¡Señor!” exclamó Kol, apresurándose a ayudar a levantar a ‘X’.
Mientras lo hacía, el disfraz de Karpi se desajustó, revelando su verdadera identidad ante todos los presentes.
El silencio que siguió fue sepulcral.
Luego, las voces comenzaron a elevarse, llenas de indignación y confusión.
“Pero ¿qué es esto?
¿Un chiste de mala broma?” dijo uno de los soldados, cruzándose de brazos.
“¿Por qué traen a la técnica Karpi disfrazada de nuestro señor?
¿Es que acaso nos menosprecian?” protestó otro, su tono cargado de resentimiento.
El ambiente se volvió hostil rápidamente.
Los murmullos crecieron en intensidad, convirtiéndose en un coro de voces airadas.
Karpi, sintiendo cómo el sudor frío comenzaba a recorrer su nuca, miró a su alrededor con nerviosismo.
“¿Qué hago?
¿Qué haría el señor ‘X’ en este momento?” pensó desesperadamente, buscando una salida.
En ese preciso instante, las puertas detrás de ella se abrieron con un sonido estruendoso.
Una figura familiar entró en la sala, su presencia imponente capturando de inmediato la atención de todos.
El silencio regresó, pero esta vez era diferente: era un silencio de asombro absoluto.
Karpi giró rápidamente y, con una mezcla de alivio y admiración, exclamó: “¡Mi señor!”
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