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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Raitrobal
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17: Raitrobal 17: Raitrobal ¡Cuidado!, gritó Mok, tomando a Paltio de la mano y sacándolo del camino.

Ron temblaba de miedo, pero hizo lo mismo con Alita librándose del peligro, mientras Pax daba dos saltos hacia un costado.

Todos lograron esquivar el enorme puño que impactó contra el suelo, aunque no pudieron evitar el golpe de la onda expansiva, que los lanzó varios metros hacia atrás.

—¿Qué demonios es esto?

—preguntó Pax, encendiendo una antorcha con su característico fuego azul.

La luz reveló algo que emergía lentamente del suelo: un montículo que crecía a medida que se desprendía de la tierra.

El montículo continuó ascendiendo hasta que dio paso a un gigantesco monstruo cubierto de tierra y césped en lugar de cabello.

Era comparable al tamaño de una casa de tres pisos.

El colosal ser soltó un rugido ensordecedor que resonó en todo el bosque, provocando que los árboles temblaran como si estuvieran hechos de papel.

—Gracias por salvarme —dijo Alita, mirando a Ron con una mezcla de gratitud y molestia.

—No hay de qué.

Somos amigos, haría cualquier cosa por ti —respondió él, tratando de ocultar su nerviosismo y el leve sonrojo que apareció al notar que aún seguía abrazándola.

—Ya me puedes soltar —dijo ella con tono cortante.

—Ah, sí… claro —murmuró Ron, separándose rápidamente, aunque ella también parecía incómoda y sonrojada.

—¿Todos están bien?

—preguntó Mok, con Paltio a su lado.

—Sí —respondieron en coro.

—Creo que estamos ante el Raitrobal —indicó Pax, ajustándose la capa mientras sostenía su espada.

—Déjame adivinar… ¿otra de las creaciones fallidas de Tejod?

—comentó Alita con sarcasmo, sacudiéndose el polvo de la ropa tras levantarse del suelo.

—Así es —confirmó Pax, sin apartar la vista del monstruo.

—Y bien, ¿qué hace esta cosa?

—preguntó Ron, visiblemente ansioso.

—No quiero quedarme a averiguarlo —replicó Alita con determinación.

—Es un troll de tierra —explicó Pax—.

Le gusta plantarse en los caminos y bloquearlos para luego devorar a los viajeros desprevenidos.

—Entonces, ¿cómo acabamos con él?

—preguntó Mok, empuñando su espada con firmeza.

—Destruyendo sus ojos amarillos —respondió Pax—.

Pero será difícil llegar hasta ellos.

Además, debes destruir ambos al mismo tiempo; si solo eliminas uno, se regenerará.

Si logras dañar ambos simultáneamente, se convertirá en piedra y se desmoronará.

—Entendido —dijo Mok, asintiendo con decisión—.

Ya que tú lo despertaste, me ayudarás con esto.

—Yo no recibo órdenes tuyas —contestó Pax con arrogancia—, pero si necesito seguir adelante por el señor Tejod, lo haré.

—Bien, entonces deberemos sincronizarnos si queremos acabar con esta criatura —indicó Mok, pero Pax ya había comenzado a actuar.

—¡Muere, maldita cosa!

—gritó, desenvainando su espada y corriendo hacia uno de los brazos del troll.

—Ustedes, resguárdense allá —ordenó Mok a los muchachos, señalando un grupo de rocas cercanas.

—Pero yo puedo ayudarte —insistió Paltio.

—No, por ahora no señorito—respondió Mok con firmeza—.

Todavía no tienes suficiente experiencia.

No queremos que te desmayes otra vez como la última vez.

—Está bien… —aceptó Paltio a regañadientes.

—Es mejor así —intervino Golden—.

Aún no dominas mi poder del todo.

Si intentaras usarlo ahora, probablemente terminarías noqueado durante días.

Quizá deberíamos entrenar más.

—De acuerdo, si tú lo dices… —accedió Paltio, aunque claramente frustrado.

Mientras tanto, Mok avanzó hacia el monstruo con paso decidido, espada en mano.

Pax ya había escalado por la pierna del troll con movimientos ágiles, para luego llegar hasta su rostro.

Con un cuchillo en la mano, se preparó para atacar.

—¡Yo llegué primero, tonto mayordomo!

—gritó, lanzándose hacia los ojos del troll.

Sin embargo, solo logró alcanzar uno, ya que la criatura alzó su enorme mano para bloquear el segundo ataque.

“Maldición, estuve cerca”, murmuró Pax, cerrando la boca con frustración para callar al presumido mayordomo.

“Ahora tendré que ser más preciso y esperar un poco”, pensó en silencio.

Sin aguardar apoyo de Mok, Pax regresó al ataque.

—¡Espera!

—gritó Mok, pero ya era demasiado tarde.

Pax se lanzó nuevamente hacia los ojos del troll, aunque esta vez no logró asestar ningún golpe.

La criatura había desarrollado pequeños brazos adicionales desde sus hombros, los cuales se alargaron para proteger sus frágiles puntos débiles.

—Este troll tiene conciencia… Pensé que solo era una creación simplona, pero veo que el señor Tejod lo diseñó con inteligencia —reflexionó Pax mientras blandía su espada para cortar esos nuevos apéndices.

Sin embargo, antes de que pudiera alcanzar los ojos, surgieron látigos de tierra que comenzaron a danzar frente a ellos, bloqueando cualquier intento de dañar ambos ojos simultáneamente.

Mok logró impactar uno, pero ahora debía esperar a que se regenerara su objetivo.

Así transcurrió un rato: ataques fallidos, movimientos frenéticos y un desgaste evidente en ambos combatientes.

El cansancio empezaba a hacer mella en sus cuerpos.

—¡Oigan, soldado de las sombras rojas!

—gritó Mok mientras esquivaba otro puño gigantesco del troll.

—¿Qué?

—respondió Pax, molesto.

—¡Debemos coordinar nuestros golpes!

¡Juntos, al mismo tiempo!

—No necesito ayuda —replicó Pax con terquedad—.

Yo puedo solo.

En ese momento, Golden intervino, visiblemente irritado por la falta de cooperación entre ambos.

Observó cómo intentaban abatir al troll, solo para fallar repetidamente debido a su orgullo y egoísmo.

Se acercó a Pax y le dijo con severidad: —Deberías dejar de lado tu arrogancia por una vez.

Este es un trabajo para dos personas.

Si no colaboras, no dudaré en revelar tu secreto aquí y ahora.

No me importa lo que diga Paltio.

Pax se detuvo un instante, esquivando otro latigazo de tierra mientras sopesaba la situación.

Finalmente, masculló con evidente fastidio: —Bien, si no me queda otra opción, lucharé junto a este mayordomo insufrible —refiriéndose a Mok.

Golden también se dirigió a Mok: —Eres un excelente guerrero, pero no te cierres tanto ante él.

A veces, algunas personas simplemente no entienden razones hasta que se les obliga —dijo, refiriéndose claramente a Pax.

El mayordomo asintió con calma.

—Entendido.

Entonces, Golden, danos la señal.

—Como desees —respondió Golden, observando cómo ambos se posicionaban estratégicamente en los pies del troll, listos para escalar y coordinar su ataque final.

—Mok, tú al derecho.

Pax, tú al izquierdo —ordenó Golden mientras ambos se posicionaban estratégicamente, esquivando los puños del troll que seguían cayendo con fuerza devastadora.

—Tres… dos… uno… ¡Ya!

—gritó Golden, dando la señal.

Instantáneamente, el mayordomo y Pax comenzaron a escalar por las piernas del monstruo con una velocidad impresionante.

Juntos llegaron a la cabeza del troll, saltando frente a sus enormes ojos amarillos.

La criatura lanzó sus pequeños brazos de tierra hacia ellos, intentando protegerse, pero Mok los cortó limpiamente con su espada.

En ese momento, ambos guerreros intercambiaron una mirada rápida antes de lanzar sus espadas en perfecta sincronía.

Las hojas trazaron un arco cruzado en el aire: la espada de Pax impactó directamente en el ojo derecho, mientras que la de Mok se clavó en el izquierdo.

El troll soltó un rugido agonizante que resonó por todo el bosque.

Su cuerpo comenzó a endurecerse, convirtiéndose en piedra, hasta que finalmente se desmoronó en una lluvia de fragmentos.

Mok y Pax descendieron rápidamente para recuperar sus armas.

Una vez que las cogieron, Pax rompió el silencio.

—Nada mal —dijo, guardando su espada con gesto indiferente—.

Buen tiempo de respuesta.

—Igualmente —respondió Mok con calma, aunque su tono sugería cierta tensión bajo la superficie.

Sin más palabras, Pax simplemente asintió y se alejó a buscar el carruaje ya que los caballos se alejaron ante la presencia del troll.

Cuando el troll desapareció, el camino volvió a su estado original, como si nunca hubiera estado bloqueado.

—Bien, es hora de seguir adelante —indicó Pax, ya sentado nuevamente en el asiento del conductor del carruaje.

—Bien —respondieron los demás, sonriendo satisfechos por haber trabajado juntos y derrotado al gigantesco troll.

Golden se acercó a Pax con una media sonrisa, claro que este último no la veía porque Golden estaba con la armadura puesta.

—Nada mal —comentó—.

A veces hay que hacerte entrar en razón, pero cuando colaboras, eres realmente bueno.

—Ni lo menciones.

Vamos ya —replicó Pax, evitando cualquier muestra de gratitud.

Paltio, por su parte, usó sus habilidades curativas para atender a Mok, quien aún mostraba signos de cansancio tras la intensa batalla.

—No te preocupes, estoy bien —le dijo Mok, pero el príncipe insistió.

—Es mejor prevenir —respondió Paltio con determinación, completando la curación con la pieza esférica.

Luego, Paltio se dirigió hacia Pax con intención de curarlo también.

Sin embargo, Alita y Ron lo detuvieron por un momento.

—Déjalo —susurró Alita—.

Quizá esta sea su oportunidad para aprender algo.

—Sí, déjalo —añadió Ron—.

Tal vez así entienda que no está solo.

A pesar de sus palabras, Paltio decidió continuar.

Cuando tocó a Pax con su magia, este sintió cómo sus energías regresaban completamente.

Miró al príncipe con seriedad, aunque un ligero destello de gratitud cruzó su rostro, aunque estaba oculto por el casco de la armadura.

—Gracias —murmuró, subiendo al asiento del conductor sin agregar más.

Todos abordaron el carruaje y continuaron su camino hacia el siguiente reino, dejando atrás los restos del troll y llevando consigo una pequeña victoria que había fortalecido, aunque fuera mínimamente, la cooperación entre ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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