La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 171
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171: KTeleport 171: KTeleport “Mi señor volvió…
pero ¿cómo fue posible?” se preguntaba Karpi en su mente, mirando a Ban con una mezcla de asombro y alivio.
Sin embargo, los presentes no parecían compartir su entusiasmo.
Al verlo vestido con las mismas ropas que ‘X’, algunos murmuraron entre sí: “Seguro es otro imitador.” Otros, al notar lo apuesto que era, comentaron: “Si encima este es un modelo.” Algunos incluso soltaron risitas burlonas.
“¿De dónde salió este loco?” dijeron otros, señalándolo con desconfianza.
En ese momento, unos soldados que estaban fuera entraron corriendo, alertados por el escándalo y el barullo dentro de la sala.
Sin dudarlo, agarraron a Ban de ambos brazos.
“Aja,” dijo uno de los guardias que lo sujetaba con firmeza.
“Llévense a este sujeto; seguro es un loco que se viste como nuestro líder.
Nosotros queremos ver a ‘X’, ¡no a un modelo!” Ban miró a los guardias con incredulidad, tratando de mantener la compostura.
“No, no se lleven al señor Ban,” gritó Karpi, intentando intervenir.
“¡Él es nuestro señor ‘X’!” Pero sus palabras solo provocaron más confusión.
“No lo creo,” respondió un grupo de soldados.
“El señor ‘X’ seguramente usa esa máscara y esos lentes para ocultar su horrible rostro.
Claro, debe ser alguien mayor, no un niño como este.” Otros intervinieron, señalando hacia donde estaba Karpi.
“Además, ella también dice ser ‘X’.
¡Qué está pasando aquí!” Todos comenzaron a discutir sobre el individuo frente a ellos.
Lo único en lo que coincidían era en que debían llevarse al “farsante”.
Nadie conocía a ese extraño, y todos estaban convencidos de que merecía ser encerrado.
Ban, por su parte, permanecía en silencio, sorprendido por las acusaciones.
No podía culparlos; nunca había mostrado su rostro en público.
Solo Karpi y Ludra sabían quién era realmente.
Con una expresión triste, miró a los presentes como si quisiera decir: “Soy yo, soy ‘X’.” Cuando los guardias intentaron llevárselo, algo inesperado ocurrió.
Uno de los guardias recibió una patada de karate que lo lanzó hacia atrás, mientras que al otro le aplicaron rápidamente una llave de artes marciales, dejándolo inmovilizado.
“¡Hagan silencio!” gritó una voz potente desde la entrada.
Era Ludra, quien acababa de entrar con paso firme y autoritario.
Su presencia inmediatamente acalló todas las voces en la sala.
“¡Señora Ludra!” exclamaron todos, inclinándose respetuosamente.
Ludra era conocida no solo por entrenar a los soldados, sino también por su habilidad para mantener el orden y su liderazgo indiscutible.
“Tontos,” dijo Ludra con severidad, mirando a los presentes con una expresión que podría congelar el infierno.
“Están cometiendo dos errores graves.
Primero: él es el verdadero ‘X’.” Señaló a Ban con firmeza, su tono dejaba claro que no admitiría réplicas.
“Y segundo: no me llamen ‘señora.’ Soy señorita.
¡Soy joven aún!” Les lanzó una mirada fulminante que hizo que todos se encogieran de miedo.
Tras el silencio sepulcral que siguió, Ban decidió hablar.
“Ya no hay necesidad de que me llamen ‘X’,” dijo con calma, pero firmeza.
“Me llamo Ban, y soy el príncipe de Fruitalia.
Gracias a Paltio, pude curar las heridas en mi rostro.” Hizo una pausa, permitiendo que las palabras resonaran en la sala.
“Muchos pensaban que el príncipe había muerto en el ataque de las sombras, pero aquí estoy.” Los presentes lo miraron con asombro, finalmente comprendiendo la verdad.
Las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar, y poco a poco, el respeto y admiración por su líder regresaron a sus rostros.
“Bien, aclarado ese punto,” dijo Ban, ajustándose ligeramente las ropas que aún llevaba como ‘X’.
“Ahora será mejor que todos se reúnan.
Les daré un discurso muy alentador, como todos querían.” Alzó la voz para captar la atención de los presentes, se secó la garganta con un gesto teatral y comenzó: “Pues bien, muchachos, son momentos difíciles, y la hora de la verdad está a la vuelta de la esquina.
Es momento de defender lo nuestro y salvar a nuestro reino…
bueno, no solo a nuestro reino, sino a todo nuestro mundo de esas asquerosas sombras.
¡Vamos todos juntos!
Paltio necesita nuestra ayuda.” Un breve silencio siguió al discurso.
“Y…
¿eso es todo?” preguntó Alcho, levantando una ceja con incredulidad.
“¡Oye, niño, más respeto con ‘X’, digo, ¡con el líder Ban!” intervino Kol, fulminando a Alcho con la mirada.
Ludra, que había estado observando todo con los brazos cruzados, lanzó una mirada siniestra a los presentes.
Sin decir una palabra, su expresión bastó para que todos comenzaran a aplaudir, aunque algunos lo hicieron con menos entusiasmo que otros.
“¿Qué tal estuvo?
Lo dije con el corazón, ¿no te pareció bueno?” le preguntó Ban a Karpi, buscando una palmada en la espalda o algún tipo de reconocimiento.
Karpi, sin embargo, solo rodó los ojos, evitando responder directamente.
“Bien, ¿qué esperan, muchachos?
¡A entrenar y prepararse!
Solo quedan dos días para el gran encuentro,” ordenó Ludra con firmeza.
“¡Sí!” respondieron todos al unísono, saliendo rápidamente hacia el campo de entrenamiento con una actitud renovada.
Una vez solos, Karpi miró a Ludra y Ban con curiosidad.
“A veces pienso que Ludra es realmente la líder aquí,” comentó con una sonrisa pícara.
“¿Qué tonterías dices?
Yo solo sirvo a mi señor Ban,” respondió Ludra, cruzándose de brazos, aunque un leve rubor apareció en sus mejillas, delatando su incomodidad.
“Ya, claro,” bromeó Karpi, guiñándole un ojo.
Luego, volviendo al tema principal, preguntó: “Y, ¿cómo llegaron aquí tan rápido?” Ban fue el primero en responder: “Pues, el profesor me hizo usar su máquina sin previo aviso.
Casi muero en el proceso, pero aquí estoy.
Por cierto, eso me recuerda que tengo algo que decirle al profesor cuando lo vea,” dijo Ban, frunciendo el ceño al recordar el experimento.
“¿Y tú, Ludra?” preguntó Karpi, mirándola expectante.
“Pues yo también fui al laboratorio del profesor.
Estaba buscando a Ban cuando uno de los Kbots sacó una especie de manguera con un platillo.
Antes de que pudiera reaccionar, aparecí aquí.
Paris y Chip me explicaron la situación, y vine lo más rápido posible porque, bueno…” Ludra hizo una pausa, mirando a Ban con una media sonrisa.
“…ya saben que el señor Ban no es exactamente conocido por sus discursos alentadores.
Además, ya no traía su disfraz de ‘X’.” Ban, sintiéndose herido en su orgullo, bajó la cabeza y murmuró algo ininteligible mientras se alejaba hacia un rincón, fingiendo estar profundamente afectado.
“Presumida,” murmuró entre dientes.
“Señor, no se sienta mal, pero es la verdad,” dijo Ludra, incapaz de contener una pequeña risa.
“No seas tan directa,” le reprochó Karpi, dándole un codazo juguetón a Ludra.
“Muy bien, señor Ban,” intervino Alcho, acercándose con una sonrisa burlona.
“¡Tú también, niño!
¡Vete a entrenar!” dijo Ludra, lanzándole una mirada fulminante a Alcho.
Kol, viendo la escena, jaló al joven soldado del cuello de su traje y lo sacó del lugar antes de que pudiera meterse en más problemas.
“¡Adiosito!” gritó Alcho mientras era arrastrado por Kol, despidiéndose con una mano mientras intentaba zafarse del agarre.
Una vez arreglado el malentendido y con el ambiente más calmado, los tres —Ban, Ludra y Karpi— decidieron regresar al laboratorio donde estaba el profesor.
Sabían que aún quedaban muchas cosas por resolver, y el tiempo corría en su contra.
“¡Profesor!
¡Aún no terminamos la conversación de hace rato!” exclamó Ban con los brazos cruzados, visiblemente molesto por el experimento que el profesor había realizado sin avisarle.
Sin embargo, al mirar a su alrededor, notó que el laboratorio estaba vacío.
Ni Paris ni Chip estaban ahí, y tampoco había señales del profesor.
“¿Dónde se metieron todos?” preguntó Karpi, frunciendo el ceño mientras comenzaba a caminar hacia la salida.
Los tres —Ban, Ludra y Karpi— empezaron a revisar el lugar, buscando alguna pista sobre lo que había ocurrido.
Fue entonces cuando escucharon voces provenientes del exterior.
Curiosos, abrieron la puerta que daba al patio trasero del laboratorio…
y se quedaron boquiabiertos ante lo que vieron.
Frente a ellos, se alzaba una enorme cúpula del tamaño de una casa.
La estructura era impresionante: brillaba con luces intermitentes de colores azules y blancas, como si estuviera viva.
De ella salían varias personas, entre ellas Rodelos, quien parecía tan sorprendido como los demás al encontrarse en ese lugar.
“¡Sean todos bienvenidos!” exclamó el profesor Kuang con entusiasmo, apareciendo desde detrás de la cúpula con su característica sonrisa desenfrenada.
“Este es mi nuevo invento: el KTeleport.
¡Y con esto podemos llegar mucho más rápido al campo de batalla!” El profesor soltó una carcajada siniestra, aunque para él era simplemente una expresión de felicidad absoluta.
Había logrado algo que consideraba imposible hasta hacía poco, y su orgullo brillaba en cada palabra que pronunciaba.
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