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La Ultima Esperanza de Avocadolia - Capítulo 173

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173: La Llave Dorada 173: La Llave Dorada Paltio y Toco-Toco estaban entrenando intensamente en un campo abierto, rodeados por el eco de sus golpes.

Paltio, con las manos extendidas, chocaba contra las patas del gato felino, quien respondía con movimientos ágiles y precisos.

Ambos se movían como sombras bajo el sol, sus cuerpos desprendiendo energía a cada ataque.

“Nada mal, muchacho…

¡Miau!” exclamó Toco-Toco, retrocediendo unos pasos antes de lanzar otro contraataque con una velocidad impresionante.

Paltio, ahora más seguro de sí mismo, podía predecir los movimientos del felino con el poder que Golden le había otorgado.

Con el ochenta por ciento del poder activado, su velocidad casi igualaba la de Toco-Toco.

“¡Ya puedo manejar mejor este poder!” dijo el príncipe, emocionado por su progreso.

“No te creas tanto, ¡miau!” respondió Toco-Toco con una sonrisa traviesa, dando vueltas alrededor del joven mientras lo observaba con ojos críticos.

En ese momento, no muy lejos de allí, Rykaru estaba enfrentándose a algunos monstruos que Golden había dejado para entrenarlo.

Con una mezcla de admiración y determinación, el pequeño miraba hacia donde su padre entrenaba.

“¡Guau!

¡Mi papi es más fuerte que antes!” exclamó, esquivando uno de los ataques de un monstruo.

“Será mejor que yo también me haga más fuerte,” se dijo a sí mismo, apretando los puños con decisión.

Después de varios enfrentamientos intensos, Paltio detuvo el entrenamiento y miró a Toco-Toco con frustración.

“Esto es inútil.

Por más que entrenemos y entrenemos, no logramos hacerme más fuerte.

¿No tienes otra forma?” preguntó el joven, secándose el sudor de la frente.

“¡Tonterías, miau!

Aún te falta destreza, y ni siquiera me has alcanzado,” replicó Toco-Toco, cruzándose de brazos mientras su cola se movía de un lado a otro con arrogancia.

Paltio, decidido a demostrarle algo al gato, se colocó frente a él y lo tocó rápidamente.

“Listo,” dijo con una expresión aburrida en su rostro.

“¿Qué no te dejó algo Golden para mejorar?” “¿Algo como qué?” preguntó Toco-Toco, inclinando la cabeza con curiosidad.

“Algo como…

una llave.

¿No te acuerdas?” respondió Paltio, arqueando una ceja.

“¡Ah!

¡Es cierto, la llave!” exclamó el gato, rascándose la cabeza con una pata.

“Pero no sé si estés listo para manejar semejante poder.

Incluso yo no sé a dónde te llevará esa llave.” “Entonces, ¿no sabes dónde colocarla?” preguntó Paltio, mirándolo incrédulo.

“¡Claro que sé!

¡Soy el fiel ayudante del señor Golden!” respondió Toco-Toco, claramente irritado por el comentario.

Su pelaje se erizó ligeramente mientras intentaba mantener la compostura.

Toco-Toco comenzó a mover la llave por todas partes, buscando un lugar donde pudiera encajar.

Sin embargo, nada parecía funcionar.

Paltio, viendo la escena, no pudo evitar fastidiarlo un poco más.

“No sabes nada, gatito,” comentó con una sonrisa burlona, disfrutando del momento.

“¡Déjame concentrarme, miau!” gruñó Toco-Toco, sus orejas aplastadas contra su cabeza mientras su paciencia llegaba al límite.

“Solo quieres un poder más grande…

¡Miau!” murmuró entre dientes, molesto por la actitud de Paltio.

El gato siguió moviendo la llave sin éxito, hasta que, en un momento de frustración, la agitó bruscamente como si dibujara un rectángulo en el aire.

Para sorpresa de ambos, de la nada se materializó una puerta majestuosa, que comenzó a abrirse lentamente.

Paltio estaba escéptico.

Parpadeó varias veces, incluso se frotó los ojos para asegurarse de que no estaba alucinando.

“¿Qué demonios…?” murmuró, observando cómo la puerta revelaba un camino oscuro y misterioso.

Toco-Toco, por su parte, se sintió orgulloso de haber “descubierto” la puerta.

Sacó pecho, como si fuera un héroe triunfante.

“¡Ja!

¡Lo hice, miau!” exclamó, aunque en realidad había sido pura casualidad.

En la puerta frente a ellos, una ranura apareció de repente como si hubiera sido tallada por una mano invisible.

Era una abertura pequeña pero perfectamente definida, resplandeciendo con un brillo dorado que parecía pulsar al ritmo de un latido ancestral.

Toco-Toco no perdió tiempo; con movimientos rápidos pero precisos, colocó la llave en la ranura.

Sus garras temblaban ligeramente mientras giraba la llave, completando el movimiento que sabía que abriría lo que fuera que se ocultaba detrás.

“Espero que esto no sea una mala idea,” murmuró Toco-Toco, aunque sus palabras quedaron casi ahogadas por el sonido creciente que comenzó a surgir de la puerta.

El aire a su alrededor vibró como si estuvieran parados en medio de un terremoto silencioso, y un zumbido bajo y resonante llenó el espacio.

La puerta, que hasta ahora había permanecido inmóvil y estática, comenzó a abrirse lentamente.

La puerta misteriosa comenzó a emanar un fuerte viento que parecía tener vida propia, arrastrando todo lo que estaba cerca hacia su interior.

Paltio luchaba desesperadamente por mantenerse firme, pero la fuerza era abrumadora.

“¡Toco-Toco, ayúdame!

¡No puedo moverme!

¡Este fuerte viento me está jalando!” gritó, extendiendo una mano hacia el gato felino.

“¡Tranquilo, miau!” respondió Toco-Toco, intentando sujetar a Paltio con sus patas.

Sin embargo, la fuerza del torbellino era demasiado poderosa.

En cuestión de segundos, ambos fueron arrastrados como hojas en una tormenta, siendo tragados por la puerta antes de que esta se cerrara de golpe y desapareciera completamente, dejando tras de sí un silencio sepulcral.

Rykaru, quien había estado ocupado enfrentándose a los monstruos de entrenamiento, notó la repentina quietud.

Al girarse hacia donde estaban su padre y Toco-Toco, se dio cuenta de que ya no estaban.

Con el corazón acelerado, corrió hacia el lugar, buscándolos frenéticamente.

Pero por más que gritaba sus nombres, no había respuesta.

Un sentimiento de tristeza invadió su pequeño cuerpo, y lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

“¡No quiero quedarme solo en este lugar!” exclamó entre sollozos, mirando alrededor con desesperación.

“¿Dónde te fuiste, papi?” Mientras tanto, dentro del torbellino, Paltio y Toco-Toco estaban atrapados en una vorágine de oscuridad que los mantenía inmovilizados.

El remolino los separó bruscamente, lanzando a cada uno en direcciones opuestas mientras una densa penumbra los envolvía por completo.

“Pero ¡qué es esto!” gritó Toco-Toco, tratando inútilmente de liberarse.

“¿Tan poderoso es lo que mi jefe Golden tenía escondido aquí?

¡No puedo ni moverme!

Es como si la oscuridad me estuviera tragando, ¡miau!” El gato, que siempre había sido orgulloso y seguro de sí mismo, ahora se sentía indefenso por primera vez en su vida.

“¿Qué clase de secreto conlleva esta llave dorada?” se preguntaba una y otra vez, mientras era arrastrado hacia un vacío infinito.

Por otro lado, Paltio también luchaba contra la oscuridad que lo jalaba sin piedad.

“¡Golden, qué clase de prueba es esta!

¿Nos va a devorar la oscuridad?

¿Y no hay salvación?” pensó, sintiendo cómo el torbellino lo empujaba hacia una pared de penumbra impenetrable.

“Estoy indefenso, como esa vez contra Aresus…

No puedo invocar el poder,” murmuró frustrado, mientras era lanzado hacia el fondo de aquel abismo oscuro.

En otro lugar, muy lejos de allí, Alita estaba entrenando bajo la atenta mirada de Nakia.

El ave extendió sus alas, transformándose en su forma más poderosa.

“Empecemos con los entrenamientos avanzados, muchacha,” dijo con voz autoritaria, mientras plumas mágicas comenzaban a desprenderse de su cuerpo, convirtiéndose en una amalgama de elementos: fuego, aire, tierra y agua.

Estos elementos se fusionaron en un conjunto de ataques letales que se dirigieron hacia Alita como misiles teledirigidos.

“¡Sí!” respondió Alita, lista para actuar.

Sin embargo, Nakia no le dio tiempo ni para respirar.

Las plumas mágicas se dispararon directamente hacia ella, obligándola a reaccionar rápidamente.

Alita retrocedió unos pasos antes de lanzar su propio contraataque: una combinación de hielo y rayos que chocaban entre sí, creando una barrera defensiva.

Ambos ataques colisionaron, causando una explosión ensordecedora que iluminó el campo de entrenamiento.

“Nada mal, Alita,” reconoció Nakia, aunque su tono seguía siendo exigente.

“Pero aún no es hora de jactarse.” Sin darle tregua, el ave lanzó otro torrente de ataques mágicos, esta vez más rápidos y precisos, como si supieran exactamente dónde encontrarla.

Alita apretó los dientes, concentrándose al máximo.

Sabía que este entrenamiento sería decisivo para mejorar sus habilidades, pero también entendía que Nakia no iba a ir con contemplaciones.

Cada movimiento, cada decisión, contaba.

Y ella no estaba dispuesta a rendirse.

En el campo de entrenamiento, Nakia continuaba presionando a Alita con ataques implacables.

“¡Eso es, Alita!

¡Debes poder contra todo el poder que tengo!

Si no, no vas a dominar la magia por completo,” exclamó el ave, mientras lanzaba otro torrente de plumas mágicas hacia su discípula.

En su mente, Nakia se repetía: “En situaciones normales tendríamos más tiempo…

pero ya no lo hay.” Su mirada reflejaba determinación, sabiendo que cada segundo contaba.

En otro plano de entrenamiento, Chiki gritaba a Ron con severidad, su voz resonando como un trueno.

“¡Eres un inútil, muchacho!

Tu desempeño en la anterior pelea con Lavafire, esa lagartija gigante, no fue bueno.

Así que hoy seré más exigente contigo.

¡Nada de cosas fáciles!” “¡Eh!

Pero usted nunca hace nada fácil conmigo,” protestó Ron, jadeando bajo el peso de diez mil rocas que cargaba en su espalda.

Antes de que pudiera recuperar el aliento, Chiki se transformó en su forma más poderosa y se lanzó directamente hacia él.

“¡Así pues, esto te parece fácil?

¡Qué tal esto!” rugió, aumentando la intensidad de su ataque.

En su mente, Chiki se repetía: “Debo hacer esto, muchacho.

No hay tiempo.

Es por tu bien.” Aunque su expresión era dura, sus acciones estaban motivadas por un profundo sentido de responsabilidad hacia el crecimiento de Ron.

Por otro lado, Lukeandria y Lume estaban sumergidos en un enfrentamiento épico.

Lume, en su nueva forma, había invocado enormes zorros místicos que rugían con furia mientras avanzaban hacia Lukeandria.

Sin dudarlo, la joven respondió creando cientos de clones de sí misma, cada uno armado con una espada brillante que reflejaba la luz del sol.

Los clones rodearon a las bestias, formando un anillo impenetrable.

“¿Es esto todo?

Prepárate, porque con un solo soplido puedo dispersar a estas copias,” dijo Lume con una sonrisa confiada, exhalando una ráfaga de energía que hizo desaparecer a varios de los clones.

“¡Hay más de donde vinieron esas!” respondió una de las copias de Lukeandria, saltando ágilmente hacia la cabeza de uno de los zorros mientras blandía su espada con precisión.

“Nada mal…

pero aún te falta,” replicó Lume, esquivando el ataque con la gracia de un zorro.

El enfrentamiento continuó, cada movimiento cargado de estrategia y fuerza, demostrando que ambos estaban empujándose al límite.

En otro plano de entrenamiento, Mok y Geki parecían estar simplemente sentados frente a frente, como si meditaran en silencio.

Sin embargo, a su alrededor, decenas de armas flotaban en el aire, moviéndose a gran velocidad para bloquearse mutuamente.

Cada arma lanzada por uno era interceptada por el otro con precisión milimétrica.

“Nada mal,” comentó Geki, observando cómo una lanza pasaba rozando su hombro.

“Usted tampoco lo hace mal, maestro Geki,” respondió Mok con una leve inclinación de cabeza, aunque su concentración no decayó ni por un momento.

Todos los entrenamientos transcurrían con una intensidad palpable, cada personaje empujándose al límite en preparación para lo que se avecinaba.

Sin embargo, nadie se percató de lo que Paltio estaba a punto de enfrentar.

La llave dorada de Golden lo había llevado a un lugar desconocido, un plano oscuro e inexplorado donde los secretos más profundos de Golden aguardaban ser revelados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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